martes, 18 de julio de 2017

Melanie: Apocalipsis zombie



Según cuenta Robert Graves (“Los mitos griegos”, tomo I, pp.177-178, Alianza Editorial, 1985), Pandora fue mandada hacer por Zeus para vengarse de Prometeo, que se había robado el fuego del Olimpo para dárselo a los humanos. Esta mujer hecha de arcilla, “la más bella jamás creada”, fue enviada como regalo a Epimeteo, quien se casó con ella contra el consejo de su hermano Prometeo, castigado y torturado cruelmente por Zeus.
Pandora era tan “tonta, malévola y perezosa como bella, la primera de una larga casta de mujeres como ella”. Por lo mismo, a pesar de que se le había advertido no abrir cierta caja, la primera mujer según los griegos la abrió, liberando todos los males que Prometeo había mantenido alejados de la humanidad: “la Vejez, la Fatiga, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión”. Sin embargo, al fondo de la caja se encontraba también “la Esperanza Engañosa” que disuadió a los humanos “con sus mentiras de que cometieran un suicidio general”.
Este celebérrimo y misógino mito del origen de todos los males de la humanidad –primo hermano de su similar judío, con la curiosa y desobediente Eva como protagonista- se cuenta, en versión un poco más positiva, al inicio de Melanie: Apocalipsis zombie (The Girl of All the Gifts, GB-EU, 2016). 
El escenario es un salón de clases, la maestra es la empática profesora Helen Justineau (Gemma Atterton) y los pupilos son una veintena de niños que asisten muy bien portaditos a la sesión. En realidad, no les queda de otra: los chamacos están amarrados a una silla de ruedas, no tienen movilidad en ninguna de sus extremidades y hasta su cabeza está sujeta a la silla para evitar que puedan hacer algún movimiento brusco.
El guion original de Mike Carey –y sí, es original, porque este guion y una novela homónima fueron escritos simultáneamente- nos instala así, in media res, en una situación sin precedentes. ¿Por qué los niños son tratados de esa manera? ¿Por qué están prisioneros en una especia de cárcel militar? ¿Por qué los soldados que los llevan y traen de sus celdas les apuntan con sus armas directamente a la cabeza?
El título en español le quita todo el misterio a estas primeras escenas: estamos en un escenario post-apocalíptico, hay zombis por donde sea –aunque en realidad, se trata más bien de “infectados” al estilo de Exterminio (Boyle, 2002) y no de los lentos zombis tradicionales de los filmes del ya extrañado George A. Romero- y los niños están ahí porque una tal doctora Caldwell (Glenn Close, cerebral y ñacañaquesca) está experimentando con ellos para fabricar una vacuna.
Melanie (extraordinaria Sennia Nanua), la niña protagonista del título en español –y todos los demás chamacos en esa cárcel digna de Día de los muertos vivientes (Romero, 1985)- son una suerte de mutantes zombis que adquirieron la infección directamente de sus madres, a través del útero. Son, pues, una especie de “infectados de segunda generación”, como dice en algún momento Caldwell. Son también, se entiende, la última esperanza para salvar a la humanidad.
El segundo largometraje dirigido por el prolífico realizador televisivo británico Colm McCarthy sigue, en general, los convencionalismos del género con bastante fidelidad. Es decir, el guion de Carey termina centrándose en un grupo de sobrevivientes que van de un lugar a otro para cumplir con un objetivo, solo que esta vez hay un zombi –o una niña medio-zombi- en el equipo. En el aspecto formal, McCarthy se muestra, además, suficientemente capaz para montar las varias escenas de acción y de horror gore que la fórmula exige.
Lo que separa al filme del resto de reciclados zombis de nuestra época es, por un lado, el espléndido reparto que rodea a la casi debutante Nanua y, por el otro, la capciosa relación que tiene la historia de Carey con el mito griego ya señalado. Melanie es, en efecto, una suerte de nueva Pandora –aunque no es nada tonta ni perezosa- que puede que sea la portadora de todos los males habidos y por haber pero, también, representa la última esperanza de la humanidad. Aunque, ¿de qué humanidad estamos hablando? 

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