lunes, 16 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXV




Fuocoammare: Fuego en el mar (Fuocoammare, Italia-Francia, 2016), de Gianfranco Rossi. La vida simple de un adolescente italiano que vive en la pequeña isla de Lampedusa se alterna con el desastre humanitario causado por la inmigración proveniente de la guerra y la miseria. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (**)

Juanicas (México-Canadá, 2014), de Karina García Casanova. Vista en Guadalajara 2015 en donde ganó una mención en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano, la opera prima de García Casanova se ha estrenado, finalmente, en el circuito cultural chilango. Escribí de ella por acá. (**)

Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), de Hideaki Anno y Shinji Higuchi. El más reciente filme sobre el inmortal monstruo de origen radioactivo Gojira es una muy entretenida entrada en el esta interminable saga nipona. Además del buen humor, hay que notar algunos curiosos apuntes políticos que hablan de cómo es el Japón del siglo XXI. Escribo in extenso mañana mismo. (**)

Rara (Chile-Argentina, 2016), de Pepa San Martín. La premiada opera prima de San Martín está basada en un caso real: en el 2014, una jueza chilena perdió la custodia de sus hijos debido a su abierta homosexualidad. El capcioso guion escrito por la propia cineasta debutante -en colaboración con la también cineasta Alicia Scherson- está muy lejos del mero panfleto militante pro-LGBT: estamos ante un sensible híbrido, entre el melodrama familiar y la cinta de crecimiento juvenil. 
Sara (Julia Lübbert) es una niña de 12 años a punto de entrar a la adolescencia, con todo lo que ello implica. Además de los retos "normales" -que si le van quitar los frenos, que si  va a saber cómo dar su primer beso, que si se fuma su primer cigarillo- Sara tiene que lidiar con el divorcio de sus padres, con un agregado no muy común: su mamá Paula (Mariana Loyola) tiene como nueva pareja a otra mujer, la veterinaria Lía (Agustina Muñoz). De cualquier manera, la relación de Sara y de su hermanita Cata (Emilia Ossandon) no es mala con su ¿otra mamá? ni, mucho menos, con la amable esposa de su papá (Daniel Muñoz).
Sin embargo, Sara está creciendo, la adolescencia empieza a ganar terreno y las tensiones entre Paula y Víctor alimentan más los arranques de la jovencita que, a decir verdad, no parece molestarle la relación lésbica de su madre. Sara es una adolescente normal, en el más amplio sentido del término: molesta, volátil, berrinchuda. Por supuesto, los exabruptos de Sara -después de un pleito con la madre, la muchacha se va a la casa del papá- son el pasto perfecto para todos quienes rodean a Paula y Lía: ¿es natural que dos mujeres críen a dos niñas? La homofobia que ahoga a estas mujeres -y, sin darse cuenta, a las dos niñas- es, acaso, aún más dañina porque, por supuesto, no se expresa abiertamente.
San Martín logra un notable trabajo de todos sus actores -especialmente de las dos niñas- en una puesta en imágenes muy funcional que, curiosamente, inicia con una elegante toma extendida de casi tres minutos de duración. La excepción estilística que confirma la regla de una realización discreta pero efectiva. (** 1/2)

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