Envíos gratis a México

martes, 5 de marzo de 2013

Guadalajara 2013/IV



La primera gran sorpresa nacional fue Workers (México-Alemania, 2012), segundo largometraje -primero de ficción- de José Luis Valle González, quien había debutado con el documental El Milagro del Papa (2009). La película dirigida por Valle no está en la competencia iberoamericana pero sí en la del Premio Mezcal, que se otorgará a la mejor película mexicana -ficción o documental, esté en competencia o no- que se exhiba en Guadalajara 2013. Me falta mucho algo por ver, pero Workers podría ser una digna ganadora del primer premio Mezcal en esta nueva etapa del Festival de Guadalajara.
Valle se toma todo el tiempo del mundo para contar su historia o, más bien, sus historias paralelas. Rafael Heredia (Jesús Padilla) se compra un par de zapatos nuevos para ir a solicitar su jubilación a la oficina de Recursos Humanos de la empresa en donde ha trabajado durante tres décadas. Mientras, una anciana ricachona vive sus últimos días en un enorme caserón, mientras encuentra consuelo en la solidaridad de su fiel criada Lidia (Susana Salazar) y, especialmente, en el cariño que siente por su galgo hembra Princesa -me perdonará usted, pero el chucho en cuestión es horrible.
Durante la primera hora, el guión escrito por el propio cineasta nos va dejando pistas más o menos claras, para quien esté lo suficientemente atento: Rafael y Lidia están conectados por un trágico pasado que han compartido y, más aún, por un grisáceo presente en el que no hacen otra cosa más que servir. Rafael, como empleado de limpieza de una fábrica de Phillips; Lidia, como la criada de una mujer a la que ha servido por 30 años y a la que, después de muerta, seguirá atendiendo a través de interpósita persona... O interpósito animal, mejor dicho.
Durante la segunda hora todas las piezas que parecían sueltan empiezan a encajar y hay rasgos de humor que alteran, para bien, el tono dramático del filme. En cuanto a la puesta en imágenes se refiere, Valle y su cinefotógrafo César Gutiérrez Miranda demuestran un notable control de cada recurso usado. Por ejemplo, si la cinta se abre con una toma extendida de varios minutos de duración con delicado paneo hacia la izquierda, la película se cerrará con una toma similar en sentido contrario. Más aún: cada toma fija y/o elíptica resulta estar plenamente justificada y no parece el capricho estilístico del slow-cinema tan en boga. Eso sí: hay cierta vuelta de tuerca argumental que no me terminó de convencer nunca, pero digamos que es un reproche menor frente a una cinta de ficción nacional tan satisfactoria como esta.
Todo lo contrario resultó ser Las Mariposas de Sadourní (Argentina-Alemania, 2012), opera prima de Darío Nardi, cinta que está en la competencia iberoamericana.
El Sadourní del título (Christian Medrano) es un enano que acaba de salir de prisión, aunque todavía le quedan varios años "en tránsito": es decir, sale de la cárcel durante el día con el fin de re-insertarse en la sociedad, pero tiene que regresar por las noches a compartir la celda con un viejo compañero con el que juega ajedrez todos los días.  Por supuesto, eso de encontrar chamba no le resultará tan sencillo: se requiere experiencia que no tiene -su anterior chamba era ser payaso en un circo- y/o buena presentación, que tampoco tiene. Finalmente, encuentra trabajo en una compañía de cine porno-pretencioso, en donde iniciará una historia de amor con una guapa compañera de no malos bigotes.
La película está espléndidamente fotografiada en blanco y negro -con algunos intrusiones de color en escenas claves o cambios en el tono hacia tintos en otros momentos-, el diseño de producción y el manejo de locaciones es de aplaudirse, y tiene tres secuencias (o set-pieces, diría Bordwell) que cortan el aliento, musicalizadas con la "Marcha Eslava" de Tchaikovsky. Sin embargo, no tiene nada más. Es decir, el guión escrito por el propio Nardi se quiere sugerente/simbólico, pero termina fastidiando con en su palabrería dizque poética. Debo decir, sin embargo, en descargo de esta película argentina, que varios de mis colegas afirmaron que les había entusiasmado el filme -aunque hubo otros que compartieron mi impresión. En todo caso, parece que estamos ante una votación dividida.
No hubo tal votación dividida -por lo menos entre los colegas con los que suelo conversar al salir de cada función- con respecto a Inercia (México, 2012), opera prima de la egresada del CCC Isabel Muñoz Cota Callejas. Aunque la cinta no carece de virtudes, pesan más las insuficiencias que los logros.
Por mera casualidad, Lucía (Maricela Peñalosa) se encuentra en un exclusivo hospital privado con Felipe (Flavio Medina), su exnovio al que hace 12 años que no ve. El tipo tiene problemas renales y, por lo grave que está, entra en un estado de violencia y paranoia que sólo la abnegada presencia de Lucía puede calmar. Sin embargo, en la medida que ella se queda más tiempo cerca de él para cuidarlo, empiezan a aflorar las razones por las cuales ellos se separaron hace más de una década.
La cineasta debutante entrega una puesta en imágenes funcional -con una sola escena notable, cuyo encuadre parece calcado de El Séptimo Continente (Haneke, 1989)-, presume un par de sólidos actores que hacen muy bien su trabajo -en especial Medina, quien resulta perfectamente desagradable-, pero creo que la historia no daba para un largometraje.
También se siente laaaaargo el documental Elena (Brasil, 2012), opera prima de Petra Costa, por más que sólo dure 82 minutos. Esta película, por cierto, podría exhibirse en una función doble al lado de la mucho más lograda El Huaso (Proto, 2012). Al igual que en la cinta chilena, aquí seguimos también a un familiar del cineasta -la hermana mayor de la directora Costa, llamada Elena- que tiene problemas depresivos severos que parecen haber sido, de una u otra manera, heredados de la madre y que, también, extienden una ominosa sombra en la vida de, en este caso, la hermana menor.
Como en el caso de El Huaso, el cine es usado aquí como exorcismo personal/existencial y como terapia psicológica abierta ante el espectador, urbi et orbi. Sin embargo, Costa abusa de una puesta en imágenes que se quiere poética y que llega a ser francamente chocante, por lo relamida, hacia el final. Acaso en forma de mediometraje el filme habría resultado más efectivo. Así como está, no lo es. 

3 comentarios:

Joel Meza dijo...

Pues qué buena noticia para Workers. Esero poder verla pronto por el rancho.

Mersandfox dijo...

Muchas Bendiciones para el elenco de Workers, y en hora buena muchas Felicidades por los logros!

Ernesto Diezmartinez dijo...

Joel: Creo que es la mejor cinta de ficción mexicana que he visto en el año... Claro, apenas estamos en marzo.