sábado, 17 de marzo de 2012

Cosas Feas



Kriko Krakinsky (notable Mijael Askenazi) no encaja en su familia, no encaja en la escuela, sabe que es inmigrante -vamos, su nombre lo dice todo-, se siente diferente a los demás y vive perpetuamente confundido. Nada de qué preocuparse: Kriko tiene once años y a esa edad suelen suceder esas cosas. El problema es que Kriko sí es diferente. Aunque pensándolo bien: ¿no es como cualquier otro chamaco de su edad?
Cosas Feas (México, 2010), mediometraje de corte fantástico de 33 minutos  de duración dirigido/producido/escrito/editado de manera independiente por el egresado de la Universidad Iberoamericana Isaac Ezban  -productor del largometraje en cartelera Ocean Blues (Askenaki, 2011) y director de otra media docena de cortometrajes no vistos por mí- es un delirante ejercicio cronenbergiano en el que un tímido preadolescente empieza a descubrir el mundo que le rodea después de asistir a cierta clase de educación sexual.
Atosigado por los abusones de siempre, despreciado por ser "el niño raro" de la escuela, harto de los espectáculos que su papá y su mamá (Miguel Couturier y Aida Torres) dan en todas partes, avergonzado de su ultra-nerd hermano mayor Erbert (Víctor Bonilla) que no se separa de su horrenda novia Filda (Julia Carrillo), Kriko Krakinsky -nos dice la voz omnisciente/narradora de Carlos Aragón- no haya la puerta. El mundo, para él, es un lugar misterioso, amenazante, inexplicable, y más aún después de la clase de educación sexual que tiene en la escuela. 
Las preguntas no lo dejan ni pensar: ¿Esos gritos, esos pujidos, esos aullidos que escucha cada noche provenientes del cuarto en el que duermen Erbert y Filda son debidos al sexo? ¿Qué hacen los dos en ese cuarto? ¿Qué son esas "cosas feas" que le dice su papá que no debe de ver porque aún no tiene edad para hacerlo? ¿O no será, más bien, que está entrando a la edad perfecta para entenderlo?
La cámara de Francisco Ohem utiliza de principio a fin un lente de ultra gran angular que deforma todo lo que vemos en pantalla. Y el mundo, visto así, aparece, en efecto, extraño, grotesco, tan ridículo como siniestro. Provoca repulsión, sin duda, pero también resulta fascinante. Se trata del mundo de los adultos en el que está a punto de entrar Kriko. Y cuando lo haga, terminará por entender todo y encontrará finalmente, su lugar. Ya no está solo. Nunca lo ha estado. Tiene a su familia. Y, ahora, una novia con la cual hacer esas "cosas feas". No quiero ver. Bueno, sí... Aunque luego cierre los ojos. 

5 comentarios:

Joel Meza dijo...

Ah, pa' que la hizo en mediometraje? Si de por si los largos mexicanos no se distribuyen...
En fin, nadie es perfecto.
Eso pasa por estudiar en la Ibero.

Agustín T. Galván dijo...

Uy, yo vi esta cinta junto a "la cosa" esa que sale a la mitad de la película. Y nos invitaron a tocarla y la tocamos.

Diezmartinez dijo...

Joel: Hubiera estudiado en el ITAM, como dijera un clásico -más bien, clásica- reciente.

Agustín: Guácala (es elogio).

Abraham dijo...

Deberían haber hecho la doble función junto con Ocean Blues que dura sólo poco más de una hora.

Nada más de pensar en Carlos Aragón como el narrador ya da ñáñaras.

Diezmartinez dijo...

Abraham: Ocean Blues... Esa la tengo pendiente. En esta semana santa me la hecho.