jueves, 29 de julio de 2010

El Viento


La Cineteca Nacional tiene un ciclo permanente, "Historia del Cine Mudo", en el que exhibe, cada jueves, alguna obra maestra del cine silente. Aquí trataremos de darle seguimiento a este invaluable trabajo de divulgación y educación fílmica. Por supuesto, no todos los lectores de este blog pueden asistir a la Cineteca, pero las cintas de las que escribiremos aquí se pueden conseguir en cualquier parte, incluyendo la red y, aclaro, legalmente, pues muchos de estos filmes están disponibles en sitios especializados en cine silente clásico.
Y "clásico" es el adjetivo, precisamente, que merece El Viento (The Wind, EU, 1928), séptimo largometraje hollywoodense del sueco-americano Victor Sjöström -o Victor Seastrom, como se le conoció en USA-, quien había llegado a Hollywood en 1923, después de una larga, prolífica y exitosa carrera en el cine sueco. Sjöström tenía en su haber una cuarentena de cintas en su natal Suecia -aunque muchas de ellas de dos o tres rollos, como era común en el cine de los años diez-, algunas consideradas como las primeras grandes películas escandinavas de todos los tiempos. La influencia de Sjöström en el cine de su país fue de tal grado que es fácil identificar muchos de sus temas preferidos en el cine sueco realizado posteriormente, incluyendo el de Ingmar Bergman, quien homenajeó a Sjöström invitándolo a protagonizar Fresas Silvestres (1957).
En El Viento aparecen nítidamente los temas centrales de la obra de Sjöström: la redención lograda a través del amor y la naturaleza vista como una expresión de los deseos/ambiciones/locuras/noblezas de los personajes. Frente a la naturaleza, Sjöström propone una posición casi estoica: hay que abrazarla, formar parte de ella, fusionarse con ella. Combatir la naturaleza es inútil e insensato.
Filmada en locaciones auténticas del Desierto del Mojave, la cinta inicia con la protagonista, Letty Mason (preciosa Lilian Gish), viajando en tren y luego en una carreta, desde su natal Virginia hasta la casucha tejana en donde vive su primo tísico Beverly (Edward Earle), casado con un tosco mujerón llamado Cora (notable Dorothy Cumming). En el tren, Letty conoce al petimetre Wirt Roddy (el gran villano Montagu Love), quien le advierte que en esas tierras alejadas de Dios, el viento siempre rugiente puede volver loco a cualquiera, especialmente a una damita tan educada como ella.
Letty es una especie de proto-Scarlet O'Hara: una niña sureña preciosa, sofisticada, que no ha lavado un plato en toda su vida y que ve con horror cómo la arena del desierto cubre todo lo que le rodea, incluyendo el pan que una desconfiada Cora le sirve. En cierta escena clave, Cora sella el destino de Letty: mientras la ruda mujer destaza literalmente una res, ve cómo su bella primita política le gana la atención del marido y de sus tres hijitos. Ella es una amenaza sexual/sensual aunque no lo quiera, por lo que tendrá que salir de esa casa. El único camino es un matrimonio al vapor: cuando Roddy, quien le había jurado amor, se descubre como un cinicazo que sólo la quería como nalguita de emergencia, Letty acepta casarse con el buenazo pero bruto vaquero Lige (el astro sueco Lars Hanson). Lige no tendrá educación, pero sí sensibilidad: muy pronto se da cuenta que la muñequita de sololoy con la que se casó no lo ama realmente. Y, para acabarla, vuelve a aparecer en la escena el nefasto Roddy, con sus moditos (dizque) muy educados.
Pero Roddy no es el antagonista, en realidad, de Letty. El enemigo es, por supuesto, el viento, que interrumpe una fiesta levantando el techo, que amenaza la estabilidad de los cuerpos y las mentes de todos, que penetra por debajo de las puertas cerradas, que lleva la arena del desierto al cabello, a la ropa, a la boca, a los ojos... Es el viento el que descubre un crimen cometido pero, también, es el mismo viento que "perdona" a Letty cuando ella finalmente acepta amar a Lige. En la visión casi panteísta de Sjöström, las fuerzas naturales premian, castigan y señalan el destino de los personajes.
Sjöström es famoso por sus impresionantes escenas en exteriores -aquí, por ejemplo, se usaron ocho hélices de aeroplanos para levantar el viento y la arena que vemos en pantalla-, aunque también era un maestro en su manejo del encuadre en interiores y un auténtico virtuoso en la sugerencia sexual. Véase aquí, por ejemplo, cómo se resuelve visualmente la noche de bodas entre Letty y Lige: con una narrativa paralela centrada en los encuadres de los pies de los recién casados, caminando nerviosamente en habitaciones contiguas.
El desenlace de El Viento fue cambiado de último minuto. Aparentemente, los exhibidores le pidieron a la MGM que cambiaran el final, que se les antojaba excesivamente cruel. Al final de cuentas, el supuesto happy-end que vemos en pantalla, resulta ser mucho más audaz de lo que habría sido el moralista desenlace originalmente planeado. Paradojas de la censura: por eso estaba a favor de ella Buñuel. Si no, recuerden Viridiana (1961).

La presentación de El Viento, por Lilian Gish, aquí abajito:





El Viento se exhibe hoy jueves en la Cineteca Nacional.

2 comentarios:

Guillermo dijo...

Y además que buena actuación en Fresas salvajes...

Diezmartinez dijo...

De hecho, Sjöström tuvo una larga carrera de actor y a veces fue el protagonista en sus propias películas.