martes, 17 de enero de 2017

Shin Godzilla



Hacia la mitad de Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), trigésima-primera película japonesa del inmortal monstruo de origen radioactivo, uno ya ha visto como el “Dios encarnado” “Gojira” le ha pasado por encima a buena parte de la ciudad de Tokio ante la estupefacción de la clase política japonesa que, por supuesto, ya ha preparado las armas, los aviones, los misiles, para detenerlo. En ese momento uno se acuerda de un detalle fundamental: ¿y por qué este nuevo Godzilla no echa fuego, como solía hacerlo? En ese instante, como si hubiera estado esperando nuestra pregunta, el monstruo de marras no solo incendia todo lo que tiene a su alrededor sino que después echa hartos rayos radiactivos por su lomo y hasta por la cola.
Se trata de una escena particularmente inspirada en esta película dirigida a cuatro manos por Hideki Anno (responsable de la teleserie Neon Genesis Evangelion y varias versiones cinematográficas) y Shinji Higuchi (especialista en cine de género en Japón), acaso el mejor momento de todo el filme, por lo menos en cuanto a Godzilla se refiere. Dan ganas de levantarse del asiento a aplaudir.
Los directores Anno y Higuchi no gastan mucho tiempo en el planteamiento: la película inicia con algo que parece una erupción volcánica subterránea en la bahía de Tokio. A los cinco minutos vemos que del mar sale una cola enorme y antes de que lleguemos a los diez minutos Godzilla ya está chiroteando en Tokio, destruyendo todo a su paso. Estos primeros minutos son especialmente divertidos: el guion escrito por el codirector Anno se ríe de la franca ineptitud de los políticos nipones –deberían de ver a los nuestros- que no aciertan a hacer otra cosa que tener reuniones en el despacho del primer ministro, en la sala de juntas, de vuelta a la oficina del primero ministro y así sucesivamente, sin tomar una sola decisión trascendente.
Sin embargo, no todo está perdido: el joven y comprometido burócrata Rando Yaguchi (Hiroki Hasegawa) y la enviada de origen japonés del gobierno estadounidense, Miss Patterson (Satomi Ishihara), harán equipo –junto a un grupo de “nerds” y desplazados- para detener al monstruo sin destruir a Japón –y al planeta entero- de pasada.
Es curioso atestiguar la mirada benigna que tiene el filme sobre las instituciones y los políticos de su propio país: si bien es cierto que al inicio se muestra con filoso sarcasmo su pasmo y su falta de iniciativa, también es cierto que posteriormente se muestra cómo todos ellos tratan de hacer todo lo que está en sus manos para salvar a Japón. Puede que los políticos nipones sean torpes, pero no son malvados, corruptos o cobardes. De hecho, la cinta le apuesta a una nueva generación de gobernantes como Yaguchi, ese joven y talentoso burócrata que no teme decir lo que piensa.
Otro elemento curioso del filme: su orgulloso discurso nacionalista y la relación de colaboración y, al mismo tiempo, desconfianza con Estados Unidos, representados por la guapa Miss Paterson, nieta de una japonesa que sobrevivió al ataque nuclear en la Segunda Guerra Mundial. El Japón de Shin Godzilla es, pues, un país seguro de sí mismo –lo cual, por cierto, no sé si sea una buena señal.
Por lo demás, Godzilla sigue siendo el Godzilla de siempre: surge de la estupidez humana –en este caso, de la contaminación de las aguas del Pacífico por desechos nucleares- y no puede ser destruido sino, cuando mucho, congelado. Es decir, quedó listo para volver a dar lata cuando la casa Toho lo necesite.

lunes, 16 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXV




Fuocoammare: Fuego en el mar (Fuocoammare, Italia-Francia, 2016), de Gianfranco Rossi. La vida simple de un adolescente italiano que vive en la pequeña isla de Lampedusa se alterna con el desastre humanitario causado por la inmigración proveniente de la guerra y la miseria. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (**)

Juanicas (México-Canadá, 2014), de Karina García Casanova. Vista en Guadalajara 2015 en donde ganó una mención en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano, la opera prima de García Casanova se ha estrenado, finalmente, en el circuito cultural chilango. Escribí de ella por acá. (**)

Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), de Hideaki Anno y Shinji Higuchi. El más reciente filme sobre el inmortal monstruo de origen radioactivo Gojira es una muy entretenida entrada en el esta interminable saga nipona. Además del buen humor, hay que notar algunos curiosos apuntes políticos que hablan de cómo es el Japón del siglo XXI. Escribo in extenso mañana mismo. (**)

Rara (Chile-Argentina, 2016), de Pepa San Martín. La premiada opera prima de San Martín está basada en un caso real: en el 2014, una jueza chilena perdió la custodia de sus hijos debido a su abierta homosexualidad. El capcioso guion escrito por la propia cineasta debutante -en colaboración con la también cineasta Alicia Scherson- está muy lejos del mero panfleto militante pro-LGBT: estamos ante un sensible híbrido, entre el melodrama familiar y la cinta de crecimiento juvenil. 
Sara (Julia Lübbert) es una niña de 12 años a punto de entrar a la adolescencia, con todo lo que ello implica. Además de los retos "normales" -que si le van quitar los frenos, que si  va a saber cómo dar su primer beso, que si se fuma su primer cigarillo- Sara tiene que lidiar con el divorcio de sus padres, con un agregado no muy común: su mamá Paula (Mariana Loyola) tiene como nueva pareja a otra mujer, la veterinaria Lía (Agustina Muñoz). De cualquier manera, la relación de Sara y de su hermanita Cata (Emilia Ossandon) no es mala con su ¿otra mamá? ni, mucho menos, con la amable esposa de su papá (Daniel Muñoz).
Sin embargo, Sara está creciendo, la adolescencia empieza a ganar terreno y las tensiones entre Paula y Víctor alimentan más los arranques de la jovencita que, a decir verdad, no parece molestarle la relación lésbica de su madre. Sara es una adolescente normal, en el más amplio sentido del término: molesta, volátil, berrinchuda. Por supuesto, los exabruptos de Sara -después de un pleito con la madre, la muchacha se va a la casa del papá- son el pasto perfecto para todos quienes rodean a Paula y Lía: ¿es natural que dos mujeres críen a dos niñas? La homofobia que ahoga a estas mujeres -y, sin darse cuenta, a las dos niñas- es, acaso, aún más dañina porque, por supuesto, no se expresa abiertamente.
San Martín logra un notable trabajo de todos sus actores -especialmente de las dos niñas- en una puesta en imágenes muy funcional que, curiosamente, inicia con una elegante toma extendida de casi tres minutos de duración. La excepción estilística que confirma la regla de una realización discreta pero efectiva. (** 1/2)

sábado, 14 de enero de 2017

Juanicas



Presentada hace casi dos años en Guadalajara 2015 -en donde ganó una mención especial en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano- Juanicas (México-Canadá, 2014), opera prima de Karina García Casanova, tuvo su periplo festivalero nacional/internacional -estuvo en Morelia 2015, Riviera Maya 2015 y Atlanta 2015, donde ganó el Premio Especial del Jurado- hasta que, finalmente, ha llegado a estrenarse en la Cineteca Nacional y, supongo, salas afines.
El documental de García Casanova inicia con la revisión de una cajas que contienen los objetos de Juan -el "Juanicas" del título-, hermano mayor de la cineasta. La madre de ambos, de la directora y de Juan, es la alegre y rechoncha Victoria. No sabemos bien a bien qué ha pasado con Juan -¿murió?, ¿se fue?-, así que, letrero de por medio, viajamos ocho años atrás, cuando el citado Juan llegó a Montreal a vivir con su mamá y su hermana. 
Karina, desde entonces, tomó su cámara -estaba haciendo un ejercicio para su escuela- y filma el re-encuentro con el hermano a lo largo de varias semanas. Al principio, todo parece ir perfecto -el inquieto Juan comparte sus "sueños guajiros" frente a la cámara- pero poco a poco, a través del regreso al pasado remoto mediante fotos y películas caseras y a través del retorno al presente, con madre e hija revisando las cajas y platicando, nos damos cuenta que la familia García Casanova ha vivido un infierno durante muchos años.
La madre, diagnosticada como maníaco-depresiva y bipolar, nos parece una mujer alegre, articulada, hechona, pero los testimonios del pasado nos entregan un retrato muy diferente. Su discapacidad mental le ha sido heredada a Juan, quien desde adolescente, le hizo la vida imposible a la madre y a la hermana. Ese retorno a Montreal, señalado por letreros en los que se nos indica las constantes recaídas del muchacho -seis meses encerrado sin salir de su cuarto, tres años sin salir de la casa, ataques constantes a la madre, intentos de suicidio, detención en la cárcel para llevarlo a juicio- forman el centro de un duro documental sobre la depresión y la bipolaridad y de qué manera se puede sobrevivir -o no- a ella. Porque si vemos a Victoria salir adelante, siempre contenta, siempre cantando, ¿no podrán los demás hacer lo mismo? 
Hacia el final de la película, la propia cineasta, en off, menciona que en estos casos hay que separar la enfermedad del enfermo. Es decir, hay que odiar a la enfermedad, pero no a la persona. Por supuesto, es lo recomendable, es lo justo, es lo humano. Pero, ¿qué pasa cuando la enfermedad es indistinguible de la persona, de los recuerdos infantiles, de la vida misma?

viernes, 13 de enero de 2017

Y la película del 2016 es...



Ahora les toca a los lectores de este blog. Me refiero a elegir a la película del año entre las treces votadas -en agosto hubo empate-, a saber: Revenant: el renacido, Anomalisa, Nuestra pequeña hermana, El libro de la selva, La bruja, El nuevo Nuevo Testamento, El último turno, Te prometo anarquía, El Buen Amigo Gigante, 7:19 la hora del temblor, Justo ahora mal entonces, Café Society, Estación Zombie: Tren a Busán.
Es decir, los lectores de este blog eligieron a lo largo del año un par de notables espectáculos hollywoodenses, tres filmes de autores americanos fundamentales, dos cintas mexicanas, un filme de horror, una meritoria B-movie, una cinta de autor japonesa, dos coreanas (una de género, otra de autor) y solo un filme europeo -ni modo: así votaron.
Abajo, a la derecha, pueden votar por su cinta preferida. En una semana, los resultados. 

domingo, 8 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasada/CCLXIV




Florence: la mejor peor de todas (Florence Foster Jenkins, GB, 2016), de Stephen Frears. El más reciente largometraje del veterano Frears es una agradable biopic sobre la "peor cantante de la historia", la excéntrica mecenas Florence Foster Jenkins (1868-1944), una millonaria que estaba convencida que tenía voz de soprano. A saber si Meryl Streep se ganará, para variar, otra nominación al Oscar, pero en este caso quienes merecen mayor atención es Hugh Grant y un muy gracioso Simon Helberg, que se roba cada escena en la que aparece. Un palomazo de lujo. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma

sábado, 7 de enero de 2017

Hasta el último hombre



Pasado el prólogo de Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), quinto largometraje del icono del cine de acción y gran cineasta ocasional Mel Gibson, vemos por vez primera el rostro adulto de nuestro protagonista, el sonriente, amable y apacible Desmond Doss, interpretado por el treintón cara de niño Andrew Garfield.
Hay algo extraño en la manera en la que Garfield encarna al futuro héroe de guerra Doss, quien llegó a salvar a 75 hombres en la batalla de Okinawa de la Segunda Guerra Mundial, acción que le valió la Medalla de Honor, máxima condecoración posible. Más que inocencia o, incluso, santidad, el Doss de Garfield llega a parecer, al inicio, un idiota. Es como si estuviéramos frente a alguien que no tiene la suficiente madurez intelectual para entender lo que le rodea. El tipo resulta encantador, cierto, pero también parece medio tonto.
Evidentemente, Doss no es ningún imbécil aunque a ratos lo parezca, más todavía cuando empieza a enamorar a una bellísima enfermera (Teresa Palmer) a la que conoce en un hospital al ir a donar sangre. En realidad, es fácil confundir la bondad innata de Doss por simple tontería o algo peor, así que cuando el muchacho se enlista voluntariamente para ir a la guerra pero no quiere llevar arma alguna, todo mundo –sus compañeros del regimiento, su sargento gritón (Vince Vaughn), su serio capitán (Sam Worthington)- pensará que Doss está enfermo de la cabeza o, de plano, es un cobarde. Otra vez: ese rostro de Garfield, ese tonito infantil al hablar, esa mirada a ratos juguetona, confunden a cualquiera.
Esta es una de las muchas contradicciones que están en el centro de esta película –acaso la mejor- dirigida por Mel Gibson, a saber: un jovencito inocente y bondadoso en medio de una de las batallas más violentas del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, la biopic de un extraordinario héroe de guerra que fue no solo un genuino pacificista sino hasta un objetor de conciencia, el impulso casi febril de un santo protegido por el Señor -¡esa toma en la que Doss, en camilla, parece flotar en el aire!- al lado de una serie de violentísimas escenas sanguinolentas con toques de humor gore -¡ese momento en el que un soldado usa el torso de un muerto para protegerse!
Gibson no resuelve ninguna de estas contradicciones. Al contrario, como cineasta, no parece preocuparse por ellas: hay tanta sinceridad en el edificante retrato moral de Doss como en las impresionantes escenas bélicas que son el centro de la segunda parte del filme, imágenes que uno como espectador no puede dejar de ver, por más que la sangre, la mutilación, el sufrimiento, el caos, el dolor, la muerte, nos obligue a cerrar los ojos, a apartar la vista de la pantalla.
Estamos ante una cinta tan febril como el impulso de Doss por salvar las vidas de sus compañeros, tan incongruente como el hecho de enlistarse en una guerra para elegir no portar arma alguna y, también, tan honesta y transparente como la visión del mundo de Mad Mel: venimos a este valle de lágrimas a sufrir, pero alguien más vino primero a morir por nosotros. Así que por Él, y sólo por Él, valen la pena todos los sacrificios. Y si no, pregúntenle a Doss. O a Mel. 

jueves, 5 de enero de 2017

Fotogramas 2016



"-¡Sí estoy en los fotogramas, sí estoy, sí estoy!"


Escenas, presencias, imágenes, actuaciones, sonidos, música... Lo que se quedó en mi memoria del cine visto (el extraordinario, el bueno, el malo, el regular) durante el 2016...

**"The 'In' Crowd", que se escucha, una y otra vez, casi compulsivamente, en la hitchockiana Un hombre irracional. A propósito de Allen, el impulso novelístico de Café Society. Y el último episodio de su Crisis in Six Scenes, uno de los grandes momentos cómico-logísticos del año.

**La clase de economía que da Margot Robbie en La Gran Apuesta.

**El programa de televisión de Tv-Azteca (ya sé que no es de esa televisora, pero parece) que ve Jaime Garza en La caridad. El homenaje a Los caifanes en esa misma cinta.

**El hedonismo contagioso de Mañana psicotrópica.

**La osa y DiCaprio, el deslave de nieve cronometrado a la perfección, el feroz ataque indio, la caída hacia el abismo de DiCaprio con todo y caballo... Revenant: el renacido, claro.

**La aparición de Alejo Carpentier en Entre Cuba y México, todo es bonito y sabroso.

**La losa moral que, muy lentamente, va cayendo sobre el personaje central -y sobre nosotros los espectadores- en Krigen.

**El cruce de miradas en el desenlace de Carol.

**Sam Elliott en Mi abuela.

**La tensión creciente, insoportable, en el notable cortometraje alemán Alles wird gut.

**Un codísimo LeBron James en Esta chica es un desastre. Y Tilda Swinton, claro. Pero Tilda Swinton donde sea.

**El perezoso burócrata de Zootopia, un running gag tan elemental como efectivo.

**El montaje rapero del final en Somos lengua.

**La carnalidad de Boi Neon.

**El diálogo entre Luis Gnecco y Agustín Silva en la playa de Coñaripe en Aquí no ha pasado nada

**Cathrine Deneuve como la encarnación de lo mejor de la justicia francesa en Con la frente en alto.

**La sonrisita aviesa de Vincent Cassel en el final de Amor mío. El mismo Cassel, con los nudillos amenazantes, a punto de golpear, en No es el fin del mundo. En esta divisiva cinta de Dolan, la conmovedora y lúcida inarticulación de Marion Cotillard.

**Las lineas iniciales de El nuevo Nuevo Testamento. La historia de amor entre Catherine Deneuve y... bueno, usted vea la película.

**La violencia insoportable -pero fascinante- de esa locura llamada Bone Tomahawk.

**La relación padre/hijo en Starred Up.

**La mirada fría, muerta, de Guillermo Francella en El clan.

**El horror que uno ve sin verlo en El hijo de Saúl.

**Los trabajos vocales de Bill Murray y Christopher Walken en El libro de la selva.

**La canción-tema del gracioso corto nacional Los ases del corral.

**La "comida familiar" repetida en Las elegidas.

**Vincent Lindon en La loi du marché.

**John Goodman en Avenida Cloverfield 10, uno de los más convincentes monstruos fílmicos del año.

**"¿Quieres vivir deliciosamente?"... Y, claro, ese delirante final goyesco de La bruja.

**Raphael en Mi gran noche. Según dicen que dijo él mismo, "El divo de Linares" se inspiró para su horrendo villano en... Camilo Sesto.

**El viril (y homoerótico) número musical genekellyano. Tilda Swinton por partida doble. Y, por supuesto, Alden Ehrenreich como el vaquero incapaz de pronunciar cierta frase adecuadamente. Ah, y la hilarante exasperación de Ralph Fiennes. Todo en ¡Salve, César!, claro está.

**La historia de amor, vía cámara de vigilancia y danza contemporánea de por medio, en el encantador cortometraje español Timecode.

**La carcajada franca y constante que, hacia el final, se vuelve tan incómoda como lúcida en Ha vuelto. Después de la elección de Trump, cierto diálogo del desenlace se volvió profético.

**Xabier Coronado cual suerte de proto-Lope de Aguirre subiendo al Popo en Epitafio. Su voz enloquecida, entre la niebla, retumbando.

**Lin May en Bellas de noche, presencia fascinante e inquietante si las hay. Rossy Mendoza, cual Scarlett O'Hara nacional afirmado -y afirmándose a sí misma- que "no más".

**Los berridos de Catherine Frot en Marguerite. La hilarante escena dadaísta en este mismo filme. En cuanto a la versión inglesa y oscareable de esta misma historia a punto de estrenarse y llamada Florence Foster Jenkins, el rostro de asombro de Simon Helberg cuando se da cuenta que ha sido contratado como pianista de "la peor cantante de la historia".

**El suspenso sostenido y creciente en Enemigo invisible. Alan Rickman. 

**La elección de "Go West" de los Pet Shop Boys en la banda sonora de Las montañas deben partir.

**Isabelle Huppert en Más fuerte que las bombas, Elle y, sobre todo, en El porvenir. La actriz del año. (Ah, y los gatos que aparecen en Elle y El porvenir también).

**La presencia hiper-articulada de Roberto Behar, centro de ese documental criminalmente poco visto llamado Sunka Raku (alegría evanescente).

**La voz en off narrativa. Las hipnóticas imágenes. La desolación y, al mismo tiempo, la esperanza. Esa obra mayor llamada Tempestad.

**La violencia creciente que no ofrece tregua de Green Room.

**Blake Lively en Miedo profundo. Y en Café Society también.

**Los quejidos capulinescos de Ryan Gosling en Dos tipos peligrosos. Su impecable vis cómica. La precoz adolescente Angourice Rice, una de las revelaciones del año. 

**Intensa, febril, Juana Acosta en Anna.

**El padre de Sergio Oksman viendo el mundial de fut, casi resignadamente, en algún bar brasileiro en O futebol.

**El pulpo de Buscando a Dory. Y, por supuesto, la delirante secuencia final de acción.

**La definición que un personaje da sobre el nacimiento de la fe religiosa en Esa sensación. Y, por supuesto, la obsesión amorosa de una mujer en esa misma película. Una cinta que habría hecho sonreír a Buñuel.

**Erica Rivas en La luz incidente.

**La complicada solidaridad femenina en el centro argumental de Mi amiga del parque.

**Impresionante Dani Nefussi en Mae só há uma. Naomi Nero, que no se queda atrás. Y esa escena en la tienda de ropa.

**La indomable mamá Ane Dahl Torp en La última ola.

**La alusión billywilderiana de La vida secreta de tus mascotas.

**La aparición de la verdadera doctora Nise da Silveira hacia el final de Nise: O coracao da locura.

**Las luces brillando en la noche en el desenlace de La invitación.

**Lisa Owen en el cortometraje Australia.

**Los dengues de Kate McKinnon en Cazafantasmas (en realidad, mejor McKinnon como Hillary Clinton en Saturday Night Live). Ah, y la vis cómica de Chris Hemsworth finalmente bien explotada.

**La escena del pedorreo en El buen amigo gigante.

**Las profesiones que tienen los personajes de El plan de Maggie.

**La aparición de cierta rola de Rockdrigo en Me estás matando, Susana. Un patético y carismático Gael García Bernal en su mejor papel en mucho tiempo.

**La elipsis por la cual Adriana Ugarte se convierte en Emma Suárez en Julieta. La conversación en el tren entre Adriana Ugarte y Tomás del Estal. 

**El flujo imparable de recuerdos y confesiones de Todo comenzó por el fin.

**Sonia Braga en Aquarius. Su revanchista gesto final.

**Los cambios de indumentaria según van cambiando las influencias musicales en Sing Street. La escena del baile escolar. 

**La efectiva rutina de amistad/rivalidad entre Karl Urban y Zachary Quinto en Star Trek: Sin límites.

**Mel Gibson casi confesando sus verdaderos pecados en Sangre de mi sangre.

**Mark Wahlberg como la encarnación perfecta del profesionista gringo de pocas palabras y menos pulgas en Horizonte profundo. En una versión más suavizada y mucho más amable, Tom Hanks como Sully en la cinta del mismo nombre.

**El erotismo edípico del cortometraje La madrastra.

**El número inicial de La La Land. Y Emma Stone, solita-solita, cantando "Another Day of Sun".

**La maraña de corrupción en la que se enredan todos los personajes de Bacalaureat, la película rumana más mexicana que he visto. 

**La idea y su ejecución -pero no la duración- de Todo lo demás.

**El desenlace de Animales nocturnos, tranquilo y cruel. Por lo tranquilo, doblemente cruel. 

**Los diálogos rasposos y genuinamente divertidos de Manchester by the Sea. El encuentro entre Casey Affleck y Michelle Williams. 

**El monstruo de La región salvaje. Ruth Ramos, esperando ansiosa el encuentro con el monstruo. Y a propósito de monstruosos aliens de varias patas, los heptápodos de La llegada y su escritura en el aire. Y Amy Adams, por supuesto. 

**La arisca Claudia Saint-Luce de La caja vacía

**Tilda Swinton de nuevo, ahora en Doctor Strange. Y Benedict Wong escuchando a Beyoncé.

**El médico a punto de soltar el llanto en Fuoccoamare: Fuego en el mar

**Lo que sucede con una jirafa en Safari.

**El hablantín exterminador Ratas. La autopsia que le hacen a uno de los roedores. 

**Natalie Portman como Jackie. Las pláticas/confesiones de ella con el sacerdote John Hurt. 

**Los desafiantes gestos y tonos de Paulina García en Little Men.

**Craig Robinson en Morris from America. El rapport entre él y su hijo Markees Christmas. (-"¿Entonces no estoy castigado? -"¡Cómo chingados no!"). 

**La construcción narrativa circular en el abismo de Indignation

**Krisha Fairchild en Krisha

**Las one-liners en Love and Friendship. Ignoro si todas vienen en la novela original de Jane Austen o fueron adaptadas por Whit Stillman. Sea como sea, los diálogos más divertidos del año. 

**El rudo rapport entre el sheriff tejano Jeff Bridges y su asistente, el mexicano-nativo Gil Birmingham. Tantos insultos racistas solo se pueden intercambiar cuando hay un auténtico respeto y cariño. En Hell or High Water, claro está, el mejor western del año. Y de varios años. 

**Brian de Palma, hablando de sí mismo, de su cine y del cine de otros en De Palma

**Lily Gladstone en Certain Women. La revelación del año. 

**La inesperada sinceridad de Newt Gingrich en Enmienda XIII.

**"De nada", la canción interpretada por el vanidoso Maui en Moana. Ah, y los coquitos piratas. 

**Las escenas de acción en Estación Zombie: Tren a Busán. El futuro y rudo padre de familia y su aún más ruda mujer embarazada.

**El inesperado desenlace conciliador, humanista, de Kubo y la búsqueda samurái. Y las hermanas malévolas que, la verdad, sí dan miedito.

**El robot con voz de Alan Tudyk en Rogue One. Y Donnie Yeng y Wen Jiang.  Y la reencarnación de Peter Cushing. 

**Otra lúcida cabeza parlante más: la de Manuel Felguerez en El orden y el caos

**La cursi y ridícula sinceridad y buena voluntad de Andrew Garfield que es, al final de cuentas, la del director Mel Gibson en Hasta el último hombre. Vince Vaughn eficaz como el típico sargento mal-pagado. Las escenas de combate, que no puedes verlas, no puedes dejar de verlas.

**Sandra Hüller cantando con mucha enjundia "The Greatest Love of All". Y la fiesta de cumpleaños, claro, de Toni Erdmann