martes, 31 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVII





La maldad (México, 2015), de Joshua Gil. Vista en Riviera Maya 2015 -y listada en mi selección de lo peor que vi ese año-, finalmente llega al circuito cultural capitalino esta película de Gil, que muestra los esfuerzos de un anciano con una enfermedad terminal por levantar una película que él escribió basado en la vida de su esposa -de hecho, viaja hasta el IMCINE para conseguir presupuesto. La premisa podía haber servido para realizar una sátira bastante realista sobre un cierto tipo de cine que se hace en México, pero Gil se toma poéticamente todo muy en serio. Demasiado. (+)

El incendio (Argentina, 2015), de Juan Schnitman. Lucía (Pilar Gamboa) y Marcelo (Juan Barberini) son una pareja aún joven -estarán pasando apenas de los 30 años-, no tienen hijos todavía y están a punto de dar un paso importante en sus vidas: van a comprar un departamento. El problema -el primero de varios- es que, al parecer, la compra-venta tiene que ser en efectivo -estamos en Argentina, hay que recordar- y en dólares. El segundo problema es que después de que ambos piden el día para ir al banco y hacer la compra, el trato no se puede cerrar hasta el día siguiente, así que tienen que guardar los cien mil dólares en efectivo en su departamento, mientras el trámite se concreta.
El segundo largometraje -primero en soledad- de Juan Schnitman tiene la premisa y, a veces, la ejecución de un thriller urbano -cierta tensión en el aire, cien mil dólares a la vista, una pistola que aparece por ahí- pero, en realidad, estamos ante algo más cercano a la experiencia cotidiana del espectador. Me refiero a una relación de pareja como cualquier otra, con sus días buenos y sus días malos. El asunto es que El incendio nos muestra un día particularmente malo: 24 horas en las que el estrés por la inminente compra, los problemas en sus respectivos trabajos -ella en un restaurante, él en una preparatoria- y las pequeñas y grandes omisiones -o, a veces, francas mentiras- que suelen ocultarse entre las parejas hacen crisis. Incendian la relación, pues.
Schnitman, su fotógrafa Soledad Rodríguez y su par de espléndidos actores han creado un tenso drama urbano matrimonial en el que las palabras, como suele suceder cuando dos personas han vivido algún tiempo juntos ("Voy a cambiar", "No me provoques") son una batalla alternativa a los gritos, los golpes, las heridas o el franco amor apache que Lucía y Marcelo comparten. Y seguirán compartiendo, como dijo Don Teofilito. (** 1/2)

Luz de luna (Moonlight, EU, 2016), de Barry Jenkins. A través de la vida de un afroamericano en tres etapas vitales claves -su niñez, adolescencia y juventud-, Jenkins nos entrega una sensible crónica de crecimiento, maduración y auto-aceptación final. Una película notable. Mi crítica en el suplemento Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

El matrimonio Loving (Loving, EU-GB, 2016), de Jeff Nichols. El quinto largometraje del inevitable cronista del sur gringo Jeff Nichols es una conmovedora historia de amor que bien podría haberse convertido en un emotivo y emocionante drama liberal de juzgado. Nichols eligió un tono menor narrativo, acaso para serle fiel a su apacible pareja protagónica aunque, en el camino, ha realizado una película que, dramáticamente hablando, nunca termina por elevarse por completo. De cualquier forma, otra cinta valiosa de Nichols. Mi crítica, in extenso, mañana mismo. (**)

miércoles, 25 de enero de 2017

Un monstruo viene a verme



El protagonista de Un monstruo viene a verme (A Monster Calls, EU-España, 2016), tercer largometraje del catalán hollywoodizado J. A. Bayona (efectivas cintas de género El orfanato/2007 y Lo imposible/2012) es un tal Conor (notable Lewis McDougal) que, según la voz en off inicial, “es demasiado viejo para ser un niño y demasiado joven para ser un adulto”. O sea, tiene 12 años.
A las dificultades naturales de la edad, hay que sumarle que sus papás se han divorciado, que un bully no lo deja en paz en la escuela, que no le hacen nada de gracia las visitas inesperadas de su estricta abuela (Sigourney Weaver)… Ah, y que su mamá (Felicity Jones) tiene cáncer.
Para lidiar con todo ello, Conor se imagina o invoca al monstruo del título, un enorme ser arbóreo que surge de un viejo y descomunal tejo negro que llega a visitar al chamaco en su idílica casita de la campiña inglesa para, con la inconfundible voz de Liam Neeson, contarle tres historias con la promesa que luego el propio Conor le contará a él una cuarta, llena de verdad.
Sobre la espléndida novela infantil homónima de Patrick Ness, bien adaptada por él mismo, Bayona entrega aquí un sensible melodrama infantil que trata no solo sobre el duelo o la pérdida, sino sobre algo menos traumático y más natural: la madurez.
En cierto momento, el monstruo cuenta-cuentos –que siempre llega a visitar a Conor a las 12:07 horas por razones que descubriremos hasta el final- le dice al jovencito que los seres humanos somos “bestias complejas”. Y, en efecto, Conor lo descubrirá no solo a través de los relatos del tejo –sobre una bruja dizque malvada, un curandero egoísta o un niño invisible- sino a través de su vida misma, al lidiar con el bully de la escuela, al platicar con su padre (Toby Kebbel) que ha llegado desde Estados Unidos, al empezar a entender a su abuela, al enfrentar la enfermedad de su adorada y adorable madre.
A través de los cuentos del tejo –atractivos fragmentos animados entre la acuarela y el stop-motion-, Conor no solo se dará cuenta que no todas las historias pueden tener un final feliz –la suya no lo tendrá, eso es obvio-, sino que aprenderá a aceptarlo como un hecho natural de la vida y, en el camino, se conocerá a sí mismo y sus propios límites en el amor y en el dolor que, a veces, no son más que dos caras de la misma moneda. 

lunes, 23 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVI



Perdidos (México, 2014), de Diego Cohen. El segundo largometraje de Cohen -curiosamente estrenado después del tercero, Luna de miel (2015), una torture-porn movie que se pudo ver hacia el final del año pasado- es un convencional pero muy efectivo filme de horror de la fórmula del found-footage. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma. (* 1/2)

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls, EU-España, 2016), de J. A. Bayona. El tercer largometraje del catalán hollywoodizado Bayona es un inteligente y sensible filme de crecimiento y maduración infantil basado en la espléndida novela homónima de Patrick Ness. En la semana, mi crítica in extenso en este blog. (** 1/2)

La caridad (México, 2016), de Marcelino Islas Hernández. El segundo largometraje de Marcelino Islas -meritoria opera prima Martha (2010)- inicia con un accidente automovilístico que cambia radicalmente la vida de José Luis (reaparecido Jaime Garza) y Angélica (intachable Verónica Langer), que han estados casados durante 30 años. José Luis pierde una pierna y tiene que estar recluido en su casa, cuidado por una guapa enfermera (Adriana Paz, bienvenida como siempre), mientras Angélica se da cuenta que más allá del accidente y la amputación de la pierna de su marido, el matrimonio entre ambos está a la deriva... y ha estado así desde hace tiempo.
Islas vuelve a demostrar, como en Martha, que tiene una enorme capacidad de observación y de empatía: los guiños de buen humor -¡ese programa televisivo hipnotizante que ve José Luis todas las mañanas!- se alternan con una discreta sensualidad -las platicas entre la enfermera y el convaleciente- y con la mirada solidaria, comprensiva, hacia la mujer madura, Angélica, que de repente tiene la curiosidad de vivir de otra manera. De entre lo mejor del cine nacional del año pasado. (Un último detalle: ojo al homenaje a Los caifanes/Ibáñez/1967). (** 1/2)


viernes, 20 de enero de 2017

El evangelio del 2016... según ustedes/XIV y última



Pues como dijo el clásico, haiga sido como haiga sido, después de un centenar de votos de los lectores asiduos de este blog -mucho más distribuidos que en años anterioress-, el top-5 del 2016 fue:

1. Estación Zombie: Tren a Busán: 26 votos

2. La bruja: 22 votos

3. Revenant: el Renacido: 19 votos.

4. Anomalisa: 10 votos

5. Café Society: 7 votos

Ora sí que la nación se los demande. A ustedes, digo. 

martes, 17 de enero de 2017

Shin Godzilla



Hacia la mitad de Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), trigésima-primera película japonesa del inmortal monstruo de origen radioactivo, uno ya ha visto como el “Dios encarnado” “Gojira” le ha pasado por encima a buena parte de la ciudad de Tokio ante la estupefacción de la clase política japonesa que, por supuesto, ya ha preparado las armas, los aviones, los misiles, para detenerlo. En ese momento uno se acuerda de un detalle fundamental: ¿y por qué este nuevo Godzilla no echa fuego, como solía hacerlo? En ese instante, como si hubiera estado esperando nuestra pregunta, el monstruo de marras no solo incendia todo lo que tiene a su alrededor sino que después echa hartos rayos radiactivos por su lomo y hasta por la cola.
Se trata de una escena particularmente inspirada en esta película dirigida a cuatro manos por Hideki Anno (responsable de la teleserie Neon Genesis Evangelion y varias versiones cinematográficas) y Shinji Higuchi (especialista en cine de género en Japón), acaso el mejor momento de todo el filme, por lo menos en cuanto a Godzilla se refiere. Dan ganas de levantarse del asiento a aplaudir.
Los directores Anno y Higuchi no gastan mucho tiempo en el planteamiento: la película inicia con algo que parece una erupción volcánica subterránea en la bahía de Tokio. A los cinco minutos vemos que del mar sale una cola enorme y antes de que lleguemos a los diez minutos Godzilla ya está chiroteando en Tokio, destruyendo todo a su paso. Estos primeros minutos son especialmente divertidos: el guion escrito por el codirector Anno se ríe de la franca ineptitud de los políticos nipones –deberían de ver a los nuestros- que no aciertan a hacer otra cosa que tener reuniones en el despacho del primer ministro, en la sala de juntas, de vuelta a la oficina del primero ministro y así sucesivamente, sin tomar una sola decisión trascendente.
Sin embargo, no todo está perdido: el joven y comprometido burócrata Rando Yaguchi (Hiroki Hasegawa) y la enviada de origen japonés del gobierno estadounidense, Miss Patterson (Satomi Ishihara), harán equipo –junto a un grupo de “nerds” y desplazados- para detener al monstruo sin destruir a Japón –y al planeta entero- de pasada.
Es curioso atestiguar la mirada benigna que tiene el filme sobre las instituciones y los políticos de su propio país: si bien es cierto que al inicio se muestra con filoso sarcasmo su pasmo y su falta de iniciativa, también es cierto que posteriormente se muestra cómo todos ellos tratan de hacer todo lo que está en sus manos para salvar a Japón. Puede que los políticos nipones sean torpes, pero no son malvados, corruptos o cobardes. De hecho, la cinta le apuesta a una nueva generación de gobernantes como Yaguchi, ese joven y talentoso burócrata que no teme decir lo que piensa.
Otro elemento curioso del filme: su orgulloso discurso nacionalista y la relación de colaboración y, al mismo tiempo, desconfianza con Estados Unidos, representados por la guapa Miss Paterson, nieta de una japonesa que sobrevivió al ataque nuclear en la Segunda Guerra Mundial. El Japón de Shin Godzilla es, pues, un país seguro de sí mismo –lo cual, por cierto, no sé si sea una buena señal.
Por lo demás, Godzilla sigue siendo el Godzilla de siempre: surge de la estupidez humana –en este caso, de la contaminación de las aguas del Pacífico por desechos nucleares- y no puede ser destruido sino, cuando mucho, congelado. Es decir, quedó listo para volver a dar lata cuando la casa Toho lo necesite.

lunes, 16 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXV




Fuocoammare: Fuego en el mar (Fuocoammare, Italia-Francia, 2016), de Gianfranco Rossi. La vida simple de un adolescente italiano que vive en la pequeña isla de Lampedusa se alterna con el desastre humanitario causado por la inmigración proveniente de la guerra y la miseria. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (**)

Juanicas (México-Canadá, 2014), de Karina García Casanova. Vista en Guadalajara 2015 en donde ganó una mención en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano, la opera prima de García Casanova se ha estrenado, finalmente, en el circuito cultural chilango. Escribí de ella por acá. (**)

Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), de Hideaki Anno y Shinji Higuchi. El más reciente filme sobre el inmortal monstruo de origen radioactivo Gojira es una muy entretenida entrada en el esta interminable saga nipona. Además del buen humor, hay que notar algunos curiosos apuntes políticos que hablan de cómo es el Japón del siglo XXI. Escribo in extenso mañana mismo. (**)

Rara (Chile-Argentina, 2016), de Pepa San Martín. La premiada opera prima de San Martín está basada en un caso real: en el 2014, una jueza chilena perdió la custodia de sus hijos debido a su abierta homosexualidad. El capcioso guion escrito por la propia cineasta debutante -en colaboración con la también cineasta Alicia Scherson- está muy lejos del mero panfleto militante pro-LGBT: estamos ante un sensible híbrido, entre el melodrama familiar y la cinta de crecimiento juvenil. 
Sara (Julia Lübbert) es una niña de 12 años a punto de entrar a la adolescencia, con todo lo que ello implica. Además de los retos "normales" -que si le van quitar los frenos, que si  va a saber cómo dar su primer beso, que si se fuma su primer cigarillo- Sara tiene que lidiar con el divorcio de sus padres, con un agregado no muy común: su mamá Paula (Mariana Loyola) tiene como nueva pareja a otra mujer, la veterinaria Lía (Agustina Muñoz). De cualquier manera, la relación de Sara y de su hermanita Cata (Emilia Ossandon) no es mala con su ¿otra mamá? ni, mucho menos, con la amable esposa de su papá (Daniel Muñoz).
Sin embargo, Sara está creciendo, la adolescencia empieza a ganar terreno y las tensiones entre Paula y Víctor alimentan más los arranques de la jovencita que, a decir verdad, no parece molestarle la relación lésbica de su madre. Sara es una adolescente normal, en el más amplio sentido del término: molesta, volátil, berrinchuda. Por supuesto, los exabruptos de Sara -después de un pleito con la madre, la muchacha se va a la casa del papá- son el pasto perfecto para todos quienes rodean a Paula y Lía: ¿es natural que dos mujeres críen a dos niñas? La homofobia que ahoga a estas mujeres -y, sin darse cuenta, a las dos niñas- es, acaso, aún más dañina porque, por supuesto, no se expresa abiertamente.
San Martín logra un notable trabajo de todos sus actores -especialmente de las dos niñas- en una puesta en imágenes muy funcional que, curiosamente, inicia con una elegante toma extendida de casi tres minutos de duración. La excepción estilística que confirma la regla de una realización discreta pero efectiva. (** 1/2)

sábado, 14 de enero de 2017

Juanicas



Presentada hace casi dos años en Guadalajara 2015 -en donde ganó una mención especial en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano- Juanicas (México-Canadá, 2014), opera prima de Karina García Casanova, tuvo su periplo festivalero nacional/internacional -estuvo en Morelia 2015, Riviera Maya 2015 y Atlanta 2015, donde ganó el Premio Especial del Jurado- hasta que, finalmente, ha llegado a estrenarse en la Cineteca Nacional y, supongo, salas afines.
El documental de García Casanova inicia con la revisión de una cajas que contienen los objetos de Juan -el "Juanicas" del título-, hermano mayor de la cineasta. La madre de ambos, de la directora y de Juan, es la alegre y rechoncha Victoria. No sabemos bien a bien qué ha pasado con Juan -¿murió?, ¿se fue?-, así que, letrero de por medio, viajamos ocho años atrás, cuando el citado Juan llegó a Montreal a vivir con su mamá y su hermana. 
Karina, desde entonces, tomó su cámara -estaba haciendo un ejercicio para su escuela- y filma el re-encuentro con el hermano a lo largo de varias semanas. Al principio, todo parece ir perfecto -el inquieto Juan comparte sus "sueños guajiros" frente a la cámara- pero poco a poco, a través del regreso al pasado remoto mediante fotos y películas caseras y a través del retorno al presente, con madre e hija revisando las cajas y platicando, nos damos cuenta que la familia García Casanova ha vivido un infierno durante muchos años.
La madre, diagnosticada como maníaco-depresiva y bipolar, nos parece una mujer alegre, articulada, hechona, pero los testimonios del pasado nos entregan un retrato muy diferente. Su discapacidad mental le ha sido heredada a Juan, quien desde adolescente, le hizo la vida imposible a la madre y a la hermana. Ese retorno a Montreal, señalado por letreros en los que se nos indica las constantes recaídas del muchacho -seis meses encerrado sin salir de su cuarto, tres años sin salir de la casa, ataques constantes a la madre, intentos de suicidio, detención en la cárcel para llevarlo a juicio- forman el centro de un duro documental sobre la depresión y la bipolaridad y de qué manera se puede sobrevivir -o no- a ella. Porque si vemos a Victoria salir adelante, siempre contenta, siempre cantando, ¿no podrán los demás hacer lo mismo? 
Hacia el final de la película, la propia cineasta, en off, menciona que en estos casos hay que separar la enfermedad del enfermo. Es decir, hay que odiar a la enfermedad, pero no a la persona. Por supuesto, es lo recomendable, es lo justo, es lo humano. Pero, ¿qué pasa cuando la enfermedad es indistinguible de la persona, de los recuerdos infantiles, de la vida misma?

viernes, 13 de enero de 2017

Y la película del 2016 es...



Ahora les toca a los lectores de este blog. Me refiero a elegir a la película del año entre las treces votadas -en agosto hubo empate-, a saber: Revenant: el renacido, Anomalisa, Nuestra pequeña hermana, El libro de la selva, La bruja, El nuevo Nuevo Testamento, El último turno, Te prometo anarquía, El Buen Amigo Gigante, 7:19 la hora del temblor, Justo ahora mal entonces, Café Society, Estación Zombie: Tren a Busán.
Es decir, los lectores de este blog eligieron a lo largo del año un par de notables espectáculos hollywoodenses, tres filmes de autores americanos fundamentales, dos cintas mexicanas, un filme de horror, una meritoria B-movie, una cinta de autor japonesa, dos coreanas (una de género, otra de autor) y solo un filme europeo -ni modo: así votaron.
Abajo, a la derecha, pueden votar por su cinta preferida. En una semana, los resultados. 

domingo, 8 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasada/CCLXIV




Florence: la mejor peor de todas (Florence Foster Jenkins, GB, 2016), de Stephen Frears. El más reciente largometraje del veterano Frears es una agradable biopic sobre la "peor cantante de la historia", la excéntrica mecenas Florence Foster Jenkins (1868-1944), una millonaria que estaba convencida que tenía voz de soprano. A saber si Meryl Streep se ganará, para variar, otra nominación al Oscar, pero en este caso quienes merecen mayor atención es Hugh Grant y un muy gracioso Simon Helberg, que se roba cada escena en la que aparece. Un palomazo de lujo. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma

sábado, 7 de enero de 2017

Hasta el último hombre



Pasado el prólogo de Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), quinto largometraje del icono del cine de acción y gran cineasta ocasional Mel Gibson, vemos por vez primera el rostro adulto de nuestro protagonista, el sonriente, amable y apacible Desmond Doss, interpretado por el treintón cara de niño Andrew Garfield.
Hay algo extraño en la manera en la que Garfield encarna al futuro héroe de guerra Doss, quien llegó a salvar a 75 hombres en la batalla de Okinawa de la Segunda Guerra Mundial, acción que le valió la Medalla de Honor, máxima condecoración posible. Más que inocencia o, incluso, santidad, el Doss de Garfield llega a parecer, al inicio, un idiota. Es como si estuviéramos frente a alguien que no tiene la suficiente madurez intelectual para entender lo que le rodea. El tipo resulta encantador, cierto, pero también parece medio tonto.
Evidentemente, Doss no es ningún imbécil aunque a ratos lo parezca, más todavía cuando empieza a enamorar a una bellísima enfermera (Teresa Palmer) a la que conoce en un hospital al ir a donar sangre. En realidad, es fácil confundir la bondad innata de Doss por simple tontería o algo peor, así que cuando el muchacho se enlista voluntariamente para ir a la guerra pero no quiere llevar arma alguna, todo mundo –sus compañeros del regimiento, su sargento gritón (Vince Vaughn), su serio capitán (Sam Worthington)- pensará que Doss está enfermo de la cabeza o, de plano, es un cobarde. Otra vez: ese rostro de Garfield, ese tonito infantil al hablar, esa mirada a ratos juguetona, confunden a cualquiera.
Esta es una de las muchas contradicciones que están en el centro de esta película –acaso la mejor- dirigida por Mel Gibson, a saber: un jovencito inocente y bondadoso en medio de una de las batallas más violentas del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, la biopic de un extraordinario héroe de guerra que fue no solo un genuino pacificista sino hasta un objetor de conciencia, el impulso casi febril de un santo protegido por el Señor -¡esa toma en la que Doss, en camilla, parece flotar en el aire!- al lado de una serie de violentísimas escenas sanguinolentas con toques de humor gore -¡ese momento en el que un soldado usa el torso de un muerto para protegerse!
Gibson no resuelve ninguna de estas contradicciones. Al contrario, como cineasta, no parece preocuparse por ellas: hay tanta sinceridad en el edificante retrato moral de Doss como en las impresionantes escenas bélicas que son el centro de la segunda parte del filme, imágenes que uno como espectador no puede dejar de ver, por más que la sangre, la mutilación, el sufrimiento, el caos, el dolor, la muerte, nos obligue a cerrar los ojos, a apartar la vista de la pantalla.
Estamos ante una cinta tan febril como el impulso de Doss por salvar las vidas de sus compañeros, tan incongruente como el hecho de enlistarse en una guerra para elegir no portar arma alguna y, también, tan honesta y transparente como la visión del mundo de Mad Mel: venimos a este valle de lágrimas a sufrir, pero alguien más vino primero a morir por nosotros. Así que por Él, y sólo por Él, valen la pena todos los sacrificios. Y si no, pregúntenle a Doss. O a Mel. 

jueves, 5 de enero de 2017

Fotogramas 2016



"-¡Sí estoy en los fotogramas, sí estoy, sí estoy!"


Escenas, presencias, imágenes, actuaciones, sonidos, música... Lo que se quedó en mi memoria del cine visto (el extraordinario, el bueno, el malo, el regular) durante el 2016...

**"The 'In' Crowd", que se escucha, una y otra vez, casi compulsivamente, en la hitchockiana Un hombre irracional. A propósito de Allen, el impulso novelístico de Café Society. Y el último episodio de su Crisis in Six Scenes, uno de los grandes momentos cómico-logísticos del año.

**La clase de economía que da Margot Robbie en La Gran Apuesta.

**El programa de televisión de Tv-Azteca (ya sé que no es de esa televisora, pero parece) que ve Jaime Garza en La caridad. El homenaje a Los caifanes en esa misma cinta.

**El hedonismo contagioso de Mañana psicotrópica.

**La osa y DiCaprio, el deslave de nieve cronometrado a la perfección, el feroz ataque indio, la caída hacia el abismo de DiCaprio con todo y caballo... Revenant: el renacido, claro.

**La aparición de Alejo Carpentier en Entre Cuba y México, todo es bonito y sabroso.

**La losa moral que, muy lentamente, va cayendo sobre el personaje central -y sobre nosotros los espectadores- en Krigen.

**El cruce de miradas en el desenlace de Carol.

**Sam Elliott en Mi abuela.

**La tensión creciente, insoportable, en el notable cortometraje alemán Alles wird gut.

**Un codísimo LeBron James en Esta chica es un desastre. Y Tilda Swinton, claro. Pero Tilda Swinton donde sea.

**El perezoso burócrata de Zootopia, un running gag tan elemental como efectivo.

**El montaje rapero del final en Somos lengua.

**La carnalidad de Boi Neon.

**El diálogo entre Luis Gnecco y Agustín Silva en la playa de Coñaripe en Aquí no ha pasado nada

**Cathrine Deneuve como la encarnación de lo mejor de la justicia francesa en Con la frente en alto.

**La sonrisita aviesa de Vincent Cassel en el final de Amor mío. El mismo Cassel, con los nudillos amenazantes, a punto de golpear, en No es el fin del mundo. En esta divisiva cinta de Dolan, la conmovedora y lúcida inarticulación de Marion Cotillard.

**Las lineas iniciales de El nuevo Nuevo Testamento. La historia de amor entre Catherine Deneuve y... bueno, usted vea la película.

**La violencia insoportable -pero fascinante- de esa locura llamada Bone Tomahawk.

**La relación padre/hijo en Starred Up.

**La mirada fría, muerta, de Guillermo Francella en El clan.

**El horror que uno ve sin verlo en El hijo de Saúl.

**Los trabajos vocales de Bill Murray y Christopher Walken en El libro de la selva.

**La canción-tema del gracioso corto nacional Los ases del corral.

**La "comida familiar" repetida en Las elegidas.

**Vincent Lindon en La loi du marché.

**John Goodman en Avenida Cloverfield 10, uno de los más convincentes monstruos fílmicos del año.

**"¿Quieres vivir deliciosamente?"... Y, claro, ese delirante final goyesco de La bruja.

**Raphael en Mi gran noche. Según dicen que dijo él mismo, "El divo de Linares" se inspiró para su horrendo villano en... Camilo Sesto.

**El viril (y homoerótico) número musical genekellyano. Tilda Swinton por partida doble. Y, por supuesto, Alden Ehrenreich como el vaquero incapaz de pronunciar cierta frase adecuadamente. Ah, y la hilarante exasperación de Ralph Fiennes. Todo en ¡Salve, César!, claro está.

**La historia de amor, vía cámara de vigilancia y danza contemporánea de por medio, en el encantador cortometraje español Timecode.

**La carcajada franca y constante que, hacia el final, se vuelve tan incómoda como lúcida en Ha vuelto. Después de la elección de Trump, cierto diálogo del desenlace se volvió profético.

**Xabier Coronado cual suerte de proto-Lope de Aguirre subiendo al Popo en Epitafio. Su voz enloquecida, entre la niebla, retumbando.

**Lin May en Bellas de noche, presencia fascinante e inquietante si las hay. Rossy Mendoza, cual Scarlett O'Hara nacional afirmado -y afirmándose a sí misma- que "no más".

**Los berridos de Catherine Frot en Marguerite. La hilarante escena dadaísta en este mismo filme. En cuanto a la versión inglesa y oscareable de esta misma historia a punto de estrenarse y llamada Florence Foster Jenkins, el rostro de asombro de Simon Helberg cuando se da cuenta que ha sido contratado como pianista de "la peor cantante de la historia".

**El suspenso sostenido y creciente en Enemigo invisible. Alan Rickman. 

**La elección de "Go West" de los Pet Shop Boys en la banda sonora de Las montañas deben partir.

**Isabelle Huppert en Más fuerte que las bombas, Elle y, sobre todo, en El porvenir. La actriz del año. (Ah, y los gatos que aparecen en Elle y El porvenir también).

**La presencia hiper-articulada de Roberto Behar, centro de ese documental criminalmente poco visto llamado Sunka Raku (alegría evanescente).

**La voz en off narrativa. Las hipnóticas imágenes. La desolación y, al mismo tiempo, la esperanza. Esa obra mayor llamada Tempestad.

**La violencia creciente que no ofrece tregua de Green Room.

**Blake Lively en Miedo profundo. Y en Café Society también.

**Los quejidos capulinescos de Ryan Gosling en Dos tipos peligrosos. Su impecable vis cómica. La precoz adolescente Angourice Rice, una de las revelaciones del año. 

**Intensa, febril, Juana Acosta en Anna.

**El padre de Sergio Oksman viendo el mundial de fut, casi resignadamente, en algún bar brasileiro en O futebol.

**El pulpo de Buscando a Dory. Y, por supuesto, la delirante secuencia final de acción.

**La definición que un personaje da sobre el nacimiento de la fe religiosa en Esa sensación. Y, por supuesto, la obsesión amorosa de una mujer en esa misma película. Una cinta que habría hecho sonreír a Buñuel.

**Erica Rivas en La luz incidente.

**La complicada solidaridad femenina en el centro argumental de Mi amiga del parque.

**Impresionante Dani Nefussi en Mae só há uma. Naomi Nero, que no se queda atrás. Y esa escena en la tienda de ropa.

**La indomable mamá Ane Dahl Torp en La última ola.

**La alusión billywilderiana de La vida secreta de tus mascotas.

**La aparición de la verdadera doctora Nise da Silveira hacia el final de Nise: O coracao da locura.

**Las luces brillando en la noche en el desenlace de La invitación.

**Lisa Owen en el cortometraje Australia.

**Los dengues de Kate McKinnon en Cazafantasmas (en realidad, mejor McKinnon como Hillary Clinton en Saturday Night Live). Ah, y la vis cómica de Chris Hemsworth finalmente bien explotada.

**La escena del pedorreo en El buen amigo gigante.

**Las profesiones que tienen los personajes de El plan de Maggie.

**La aparición de cierta rola de Rockdrigo en Me estás matando, Susana. Un patético y carismático Gael García Bernal en su mejor papel en mucho tiempo.

**La elipsis por la cual Adriana Ugarte se convierte en Emma Suárez en Julieta. La conversación en el tren entre Adriana Ugarte y Tomás del Estal. 

**El flujo imparable de recuerdos y confesiones de Todo comenzó por el fin.

**Sonia Braga en Aquarius. Su revanchista gesto final.

**Los cambios de indumentaria según van cambiando las influencias musicales en Sing Street. La escena del baile escolar. 

**La efectiva rutina de amistad/rivalidad entre Karl Urban y Zachary Quinto en Star Trek: Sin límites.

**Mel Gibson casi confesando sus verdaderos pecados en Sangre de mi sangre.

**Mark Wahlberg como la encarnación perfecta del profesionista gringo de pocas palabras y menos pulgas en Horizonte profundo. En una versión más suavizada y mucho más amable, Tom Hanks como Sully en la cinta del mismo nombre.

**El erotismo edípico del cortometraje La madrastra.

**El número inicial de La La Land. Y Emma Stone, solita-solita, cantando "Another Day of Sun".

**La maraña de corrupción en la que se enredan todos los personajes de Bacalaureat, la película rumana más mexicana que he visto. 

**La idea y su ejecución -pero no la duración- de Todo lo demás.

**El desenlace de Animales nocturnos, tranquilo y cruel. Por lo tranquilo, doblemente cruel. 

**Los diálogos rasposos y genuinamente divertidos de Manchester by the Sea. El encuentro entre Casey Affleck y Michelle Williams. 

**El monstruo de La región salvaje. Ruth Ramos, esperando ansiosa el encuentro con el monstruo. Y a propósito de monstruosos aliens de varias patas, los heptápodos de La llegada y su escritura en el aire. Y Amy Adams, por supuesto. 

**La arisca Claudia Saint-Luce de La caja vacía

**Tilda Swinton de nuevo, ahora en Doctor Strange. Y Benedict Wong escuchando a Beyoncé.

**El médico a punto de soltar el llanto en Fuoccoamare: Fuego en el mar

**Lo que sucede con una jirafa en Safari.

**El hablantín exterminador Ratas. La autopsia que le hacen a uno de los roedores. 

**Natalie Portman como Jackie. Las pláticas/confesiones de ella con el sacerdote John Hurt. 

**Los desafiantes gestos y tonos de Paulina García en Little Men.

**Craig Robinson en Morris from America. El rapport entre él y su hijo Markees Christmas. (-"¿Entonces no estoy castigado? -"¡Cómo chingados no!"). 

**La construcción narrativa circular en el abismo de Indignation

**Krisha Fairchild en Krisha

**Las one-liners en Love and Friendship. Ignoro si todas vienen en la novela original de Jane Austen o fueron adaptadas por Whit Stillman. Sea como sea, los diálogos más divertidos del año. 

**El rudo rapport entre el sheriff tejano Jeff Bridges y su asistente, el mexicano-nativo Gil Birmingham. Tantos insultos racistas solo se pueden intercambiar cuando hay un auténtico respeto y cariño. En Hell or High Water, claro está, el mejor western del año. Y de varios años. 

**Brian de Palma, hablando de sí mismo, de su cine y del cine de otros en De Palma

**Lily Gladstone en Certain Women. La revelación del año. 

**La inesperada sinceridad de Newt Gingrich en Enmienda XIII.

**"De nada", la canción interpretada por el vanidoso Maui en Moana. Ah, y los coquitos piratas. 

**Las escenas de acción en Estación Zombie: Tren a Busán. El futuro y rudo padre de familia y su aún más ruda mujer embarazada.

**El inesperado desenlace conciliador, humanista, de Kubo y la búsqueda samurái. Y las hermanas malévolas que, la verdad, sí dan miedito.

**El robot con voz de Alan Tudyk en Rogue One. Y Donnie Yeng y Wen Jiang.  Y la reencarnación de Peter Cushing. 

**Otra lúcida cabeza parlante más: la de Manuel Felguerez en El orden y el caos

**La cursi y ridícula sinceridad y buena voluntad de Andrew Garfield que es, al final de cuentas, la del director Mel Gibson en Hasta el último hombre. Vince Vaughn eficaz como el típico sargento mal-pagado. Las escenas de combate, que no puedes verlas, no puedes dejar de verlas.

**Sandra Hüller cantando con mucha enjundia "The Greatest Love of All". Y la fiesta de cumpleaños, claro, de Toni Erdmann

martes, 3 de enero de 2017

El evangelio del 2016... según yo/XIII




CINE

La regla es simple: este es el listado de lo mejor del cine que vi a lo largo de 2016, sea en alguna sala cine comercial, sea en los festivales a los que asistí, sea en la red (Netflix y demás plataformas), sea a través de uno que otro screener, como sigue: 

1. El hijo de Saúl (Saul fia, Hugría, 2015), de Laszló Nemes. La ganadora del Gran Premio del Jurado y del Premio FIPRESCI en Cannes 2015 así como del Oscar 2016 a Mejor Película en Idioma Extranjero se estrenó en México a inicios de este año. Se trata de una impresionante opera prima que hace suyo el imperativo ético/estético de Claude Lanzmann y su monumental Shoah (1985) al evitar el espectáculo épico y el chantaje sentimental para, en contraste, sugerirnos elusivamente los horrores del Holocausto.

2. La La Land: una historia de amor (La La Land, EU, 2016), de Damien Chazelle. Partiendo de dos clásicos irrebatibles del género -Cantando bajo la lluvia (Donen y Kelly, 1952) y Los paraguas de Cheburgo (Demy, 1964)-, Chazelle logra transmitir un estado de ánimo alegre, exultante, que luego, en un solo número musical, se transforma en uno melancólico. El musical hollywoodense más logrado desde... ¿desde cuándo? 

3. Aquarius (Ídem, Brasil, 2016), de Kleber Mendonca Filho. El ascendente Mendonca Filho ha dirigido una de las cintas más pertinentes del año: la historia de una viuda indomable (Sonia Braga) que, ella solita, sin más, se enfrenta a una compañía inmobiliaria que la quiere expulsar del departamento en el que ella vive. El poder de observación del cineasta brasileño, ya demostrado en la también notable Sonidos vecinos (2012), empuja aquí no solo al coraje, sino a la movilización. No es de extrañar que la mezquindad política de los actuales gobernantes brasileños haya bloqueado el envío de este filme al Oscar 2017.

4. Carol (Ídem, EU-GB-Australia, 2015), de Todd Haynes. Una exquisita historia de amor lésbico que, contra todo pronóstico -por el tema y por estar basada en una novela de la inolvidable escritora misántropa Patricia Highsmith-, no es la crónica de un oscuro amor trágico y reprimido, sino el de un despertar sensual a la vida. Exquisitamente dirigida y con un trío de actuaciones memorables -porque sí, además de las muy alabadas de Cate Blanchett y Rooney Mara, hay que aplaudir, de pie, la de Kyle Chandler. Mi crítica en Reforma. 

5. El Buen Amigo Gigante (The BFG, EU-India, 2016), de Steven Spielberg. Casi todos los años, el más grande narrador clásico hollywoodense vivo -al lado de Clint Eastwood, claro está- nos entrega una pieza de género que, dentro de los márgenes del cine industrial más poderoso de la tierra y siempre con una ejecución impecable, plantea algo diferente. Para muestra, esta película dizque menor, por su calidad de infantil, que está imbuida de una melancolía que pega en serio cuando menos uno lo espera.

6. Revenant: el Renacido (Revenant, EU, 2015), de Alejandro González Iñárritu. Un apabullante espectáculo visual hollywoodense gracias a la cámara de Emmanuel Lubezki y la indudable capacidad de González Iñárritu para montar impresionantes escenas de acción. Sí, pues, González Iñárritu cae mal a veces -o casi siempre- pero no se le puede negar su capacidad para hacer cine.

7. Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), de Mel Gibson. Estamos frente a un cineasta que filma con tal fuerza y convicción que da miedo. Gibson es uno de los más grandes autores hollywoodenses vivos: su sinceridad e integridad artísticas son irrebatibles. Geniales y ridículas a la vez. 

8. La llegada (Arrival, 2016), de Denis Villeneuve. Sobre un espléndido cuento de Ted Chiang, libremente adaptado por Eric Heisserer, Villeneuve entrega una cinta de ciencia ficción que podría haber estado a la altura de Solaris (Tarkovski, 1972) pero que se quedó un tanto cuanto corto, pues fórmulas hollywoodenses obligan. De cualquier manera, que se pueda escribir sobre la obra maestra de Tarkovski y esta cinta de Villeneuve en una misma oración sin que haya airados reclamos -5, 4, 3... para que aparezca uno entre los comentarios de esta entrada- no es un logro menor del cineasta canadiense.

9. Hell or High Water (EU, 2016), de David Mackenzie. Un western que, cumpliendo las reglas básicas del género, invita a una lectura social que resultó profética. El oeste contemporáneo gringo retratado en este filme es el caldo de cultivo perfecto para la frustración y el resentimiento que eligieron a Trump. Jeff Bridges debería ganar otro Oscar.

10. El porvenir (L'avenir, Francia-Alemania, 2016), de Mia Hansen-Love. Isabelle Huppert ha recibido, con toda razón, todos los elogios posibles por su papel protagónico en Elle (Verhoeven, 2016). Sin embargo, la Huppert que quiero recordar es la de esta tranquila cinta de madurez -en más de un sentido- de Hansen-Love, una de las directoras francesas más consistentes de la última década. Estamos ante la crónica de vida de una mujer que, en un corto periodo de tiempo, ve cómo su existencia se va transformando poco a poco. Como sucede, de hecho, con la vida de todos nosotros. 


¿Que el 2016 fue un mal año para el cine? Eso he estado leyendo en muchas partes. Honestamente, no sé qué vieron los que escribieron esta aseveración porque además de este top-10, he aquí una lista de casi cuarenta filmes que, algunos de ellos, podrían haber sustituido uno que otro de los arriba listados. En el orden en el que los vi:

La gran apuesta, Krigen, Vigilancia extrema, La academia de las musas, Nuestra pequeña hermana, Aquí no ha pasado nada, El nuevo Nuevo Testamento, Bone Tomahawk, Starred Up, El clan, El libro de la selva, La bruja, ¡Salve, César!, Midnight Special, Ha vuelto, El niño y la bestia, Sunka Raku, Tempestad, Green Room, Everybody Wants Some!!, Mae sú há uma, Me estás matando Susana, Julieta, Todo comenzó por el fin, Sing Street, Café Society, Bacalaureat, Animales nocturnos, Manchester by the Sea, La región salvaje, Indignation, Elle, Love and Friendship, Under the Shadow, Estación zombie: Tren a BusánKubo y la búsqueda samurái

Cinco cortometrajes, en orden en el que los vi: World of Tomorrow, Alles wird gurt, Historia de un oso, Timecode y 24°51' Latitud norte.

Una película que de haberla visto cuando debía, habría estado en mi lista de lo mejor de ese año: Attack the Block, de Joe Cornish (GB-Francia, 2011).







TELEVISIÓN

2016 fue el año en el que, probablemente, he visto más televisión en toda mi vida. Según mis cuentas, vi casi 40 programas televisivos, básicamente series y mini-series, aunque por ahí se coló alguno que otro programa especial. En todo caso, en orden de preferencia, mi six-pack personal:

1. Horace and Pete (EU, 2016), creada, dirigida y escrita por Louis C. K. Esta inclasificable pieza en diez episodios de variada duración se puede calificar como comedia, pero Louis C. K. está muy lejos del sitcom tradicional. Bien podría alegarse que, más bien, estamos en los terrenos de una tragedia familiar que propone claves sobre el estado de una sociedad estadounidense que estaba a punto de elegir a Trump.

2. The Americans (EU, 2016), creada por Joseph Weisberg. Cuarta temporada. La saga del matrimonio formado por los espías soviéticos Elizabeth y Philip Jennings (estoica Madre Rusa y su dubitativo esposo) en los Estados Unidos de Ronald Reagan alcanzó algunos de sus mejores momentos en esta emocionante y, también, emotiva temporada.

3. American Crime Story: The People vs. O. J. Simpson (EU, 2016), creada por Scott Alexander y Larry Karaszewsky. Esta crónica del celebérrimo caso de O. J. Simpson alcanza sus mejores momentos cuando se convierte en acerba sátira social de un país dividido racialmente -no como ahora, claro está. Sarah Paulson, como la terca abogada destinada al fracaso y a la humillación nacional, se merece todos los premios que ha recibido y que, seguramente, recibirá.

4. Happy Valley (GB, 2016), creada por Sally Wainwright. Segunda temporada. Una suerte de thriller procedimental hakwsiano ubicado en la campiña inglesa y con una eficaz mujer policía en el centro de la historia. El desenlace combina lo genuinamente hilarante con el más ridículo patetismo. Sarah Lancashire, todo un descubrimiento -para mí, digo.

5. The Night Of (EU, 2016), creada por Steven Zaillian y Richard Price. Sobre la primera temporada de una interesante mini-serie británica, Criminal Justice (2008), Zaillian y Price entregan una fascinante drama de juzgado que también es thriller que también es agudo comentario social. A pesar de lo oscuro del tema, la ejecución y su desenlace terminan siendo esperanzador.

6. Game of Thrones (EU-GB, 2016), creada por David Benioff y D. B. Weiss. Sexta temporada. La serie de los senos y los dragones (no sé por qué alguien se molesta en que salgan tanto: los dragones, digo) nos presentó, como de costumbre, la mezcla perfecta de espectacularidad (hay una batalla genuinamente impresionante), entretenida grilla política copiada de los clásicos (desde la primera temporada es obvia la influencia de, por ejemplo, Suetonio) y one-liners citables para toda ocasión (cortesía, generalmente, de Tyrion Lannister). Sin embargo, acaso como en ninguna de las anteriores temporadas, la fuerza de Game of Thrones recayó esta vez en el papel clave de algunos personajes secundarios. Un par de ejemplos: Lyanna Mormont y, por supuesto, Hodor.


Bonus: Capítulo quinto (Men Against Fire) de la tercera temporada de Black Mirror (GB, 2016), creada por Charlie Brooker, episodio dirigido por Jakob Verbruggen. De alguna manera, ya vivimos en ese mundo del futuro desde hace rato y sin necesidad de implantes de ninguna especie.

lunes, 2 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIII



Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), de Mel Gibson. El ex-Mad Max ha dirigido una cinta bélica con tal fuerza y convicción que, honestamente, da un poco de miedo. Estamos ante la emotiva biopic del primer objetor de conciencia estadounidense -el adventista Demon Doss en la Segunda Guerra Mundial- que, sin portar nunca un arma, fue ampliamente condecorado por su coraje y valentía. Al terminar de ver esta cinta uno queda convencido que solo pudo haber sido realizada por Mel Gibson. (*** 1/4)

Animales nocturnos (Nocturnal Animals, EU, 2016), de Tom Ford. Sobre una novela de Austin Wright, he aquí una absorbente historia de amor frustrado -que de alguna manera también es de odio- ubicada en el pasado, el presente y la ficción literaria. Elegante y cruel, con sus personajes y con el espectador. Mi crítica en el suplemento Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

domingo, 1 de enero de 2017

El evangelio del 2016... según Mauricio González Lara/XII



Finalmente, la CFE logró reanudar el suministro de energía eléctrica en el búnker del periodista y crítico (de cine, televisión y comida) Mauricio González Lara, así que pudo mandar su top-20 como sigue:


Estas son mis 20 películas favoritas de 2016. Sólo consideré las que se exhibieron en alguna sala del Distrito Federal o se estrenaron en Netflix (como es el caso de The invitation, Into the inferno y Blue Jay). 

1 Corazón de perro (Laurie Anderson). De acuerdo con El libro tibetano de los muertos –o mejor expresado, de acuerdo con la interpretación de Laurie Anderson de esa obra-, tras fallecer todas las criaturas pasan 49 días en el “bardo”, un estadio intermedio donde la memoria se disuelve para dar paso a una nueva conciencia que les permita entrar a otro ciclo de vida. En un inicio, los habitantes del “bardo” no se dan cuenta que están muertos, por lo que repiten los procesos cotidianos de su vida pasada hasta que la fragmentación mental barre con las imágenes y sensaciones que daban fe de su existencia. En un momento clave de Heart of a Dog acompañamos a Lolabelle, la perrita de Laurie Anderson,  en su viaje por el “bardo”. El pasaje es portentoso: un flujo de conciencia que desemboca en muerte, memoria y amor, sobre todo amor. Heart of a dog es el “bardo” de Laurie Anderson, un espacio mental en el que enfrenta recuerdos infantiles con el dolor de la pérdida  (la de su perra, la de su madre, la de Lou) para seguir adelante. Entrañable y vanguardista. Laurie Anderson es la heredera de Chris Marker.   

2 Carol (Todd Haynes). La pasión amorosa como vértigo estético. ¿Hay algo más angustiante que esos minutos finales donde el temor de haber llegado tarde casi se materializa en tragedia? Menos mal que no hay nada que la mirada de Cate Blanchett no pueda vencer.  El trabajo más luminoso de Todd Haynes.

3 Elle (Paul Verhoeven). El personaje de Isabelle Huppert es la variación antigenérica de la femme fatale de Stone en Basic Instinct. Encantadora, letal, enferma, divertida. La secuencia del ave y el gato es la clase de abstracción perversa que se espera de Peckinpah o Hitchcock. Verhoeven roza ese nivel. Bravo.

4 El demonio neón (Nicolas Winding Refn).  “Beauty isn´t everything, it´s everything”. La decadencia moral es un trance narcótico de escapatoria imposible en la que quizá sea la cinta más lograda y disfrutable de Winding Refn. Vibrante, ojete, inmersiva.  Jena Malone ratifica que es lo mejor que le ha pasado al mundo desde Chloe Sevigny.   

5 El hijo de Saúl (Laszlo Nemes). Si asumimos que la estética y ética son conceptos inseparables, ¿cómo filmar lo amoral, lo monstruoso, lo inmostrable? El realizador hungaro Laszlo Nemes intenta una respuesta con este brutal tour de force. En estos días en que todos compiten por hacer el plano secuencia más fantoche, y la crítica los celebra como si fueran un fin en sí mismo, El Hijo de Saúl es todo un desafío.

6 Animales nocturnos (Tom Ford). Falsedad, desgarramiento, venganza. Un perturbador noir que bien podría programarse en una función triple con Mulholland drive y Les salauds. Un trabajo controlado y grave de Ford, quien parece tener una obsesión autoral con hombres que lidian con la tragedia y el rechazo en mundos superficiales y ajenos.

7 Manchester junto al mar (Kenneth Lonergan).  Un contenidísimo Casey Affleck da la actuación masculina del año como un hombre traumatizado que busca conectarse de nuevo con el mundo. El segundo trabajo mayor de Lonergan (Margaret).

8 La invitación (Karyn Kusama). Una bomba de tiempo calibrada con inteligencia y oficio. La imagen de la ciudad de Los Angeles llena de lámparas rojas es el material del que están hechas las pesadillas.

9 Blue jay (Alexandre Lehmann). Sarah Paulson y Mark Duplass son una de las parejas más memorables de la década.  ¿Cómo no amarlos cuando cantan “No more I love you´s” en un ataque de nostalgia amorosa? La fuerza creativa de los hermanos Duplass es encomiable. 

10 Bellas de noche (María José Cuevas). Los mexicanos estamos muy peleados con nuestra cultura popular. Más allá de las conmovedoras historias de lucha de Olga Breeskin, Lyn May, Wanda Seux y la Princesa Yamal, Bellas de noche nos reconcilia sentimentalmente con una parte importante de la cultura urbana del México del siglo pasado; con nuestro “pop”, pues. La secuencia de Wanda en Plaza Galerías es uno de los pasajes más conmovedores del cine mexicano reciente.

11 La bruja (Robert Eggers)

12 El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra)

13 Tren a Busán (Yeon Sang-ho)

14 Sully (Clint Eastwood)

15 El buen amigo gigante (Steven Spielberg)

16 Un hombre irracional (Woody Allen)

17 La Langosta (Yorgos Lanthimos)

18 El libro de la selva (Jon Favreau)

19 Into the inferno (Werner Herzog)

20 Me quedo contigo (Artemio)

Bonus track: Dos buenos tipos (Shane Black)

Obra maestra del 2015 que vi en 2016 y de la que escribiré en 2017: Bone Tomahawk (Frontera caníbal, S. Craig Zahler)


Series: Horace and Pete, The Americans, The night of, Bojack Horseman, The people vs. OJ Simpson, Better Call Saul.