lunes, 3 de julio de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXXIX



Tras la tormenta (Umi yori mo mada fukaku, Japón, 2016), de Hirokazu Koreeda. El más reciente largometraje del maestro Koreeda es otra notable shomin-geki (o melodrama de clase media) centrada en un padre de familia divorciado cuyo talento "es de los que florece tarde", pues no puede pagar a tiempo la pensión alimenticia a su exesposa y solo ve a su hijito una vez al mes. Como es común en el mejor cine de Koreeda, la cinta se queda rezumando en la memoria mucho tiempo después de haberla visto. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del pasado viernes. (***)

Cercas (Fences, EU, 2016), de Denzel Washington. Cuando ya tiene tiempo de estar disponible legalmente en la red -para ser concretos, en Cinepolis Klic, con el título de Barreras-, la Cineteca ha estrenado en pantalla grande el tercer largometraje como director de Denzel Washington.
Se trata de la reverente adaptación cinematográfica de la obra teatral homónima ganadora del Pulitzer escrita por August Wilson, estrenada en 1985 y ganadora del Tony a Mejor Obra en 1987. La adaptación es tan fiel que, de hecho, en los créditos aparece el propio Wilson como guionista, a pesar de que el dramaturgo murió en el 2005. El mensaje de Washington, el protagonista y director, es claro: el respeto a la pieza original está por encima de todo.
Esto, por supuesto. provoca que el filme parezca no tanto un teatro filmado -una tontería: solo que la cámara no cambiara nunca de lugar- sino, en todo caso, un tele-teatro mucho más interesado en el respeto absoluto a la fuente original y a sus actores que en cualquier otra cosa. El resultado es una cinta visualmente monótona que, de cualquier forma, termina resultando hipnotizante gracias a un notable cuadro de actores.
Washington -que interpretó al protagonista en teatro y ganó un Tony por ello- es Troy Maxson, un resentido recolector de basura que vive en el Pittsburgh de los años 50 recordando sus pasadas glorias deportivas, cuando llegó a ser un buen bateador en las Ligas Negras, poco tiempo antes de que Jackie Robinson abriera las puertas para la integración racial en Grandes Ligas. Troy trabaja sin descanso, le lleva el sustento a su sufrida segunda esposa Rose (Viola Davis, justicieramente ganadora del Oscar 2017 por este papel), se echa unos alcoholes con su fiel camarada y vecino Bono (Stephen Henderson) en el patio de su casa -al que rodea las cercas del título-, lidia con su hermano dañado mentalmente por la guerra Gabriel (Mykelti Williamos) y le hace la vida imposible a sus dos hijos, el mayor Lyons (Russell Hornsby), dedicado a la música y nacido de su primer matrimonio, y el joven Cory (Jovan Adepo), hijo también de Rose, quienes resultan ser unas decepciones constantes para el siempre agresivo y demandante Troy.
Aunque la película está centrada en el frustrado protagonista masculino, bien interpretado por un carismático Washington, el personaje y la actriz que tiene la última palabra es la Rose de Viola Davis, que va despertando lentamente de su supuesto letargo existencial hasta llegar a las explosivas escenas finales que comparte tanto con Troy como con el hijo pródigo Cory que, apenas hacia el final, llega a empezar a entender a su madre, su relación con su difícil padre y la elección que ha hecho de vida. Hasta ese momento Cory entiende que la palabra víctima no le hace ninguna justicia. Ni a Rose ni a Viola. (**)

No hay comentarios: