lunes, 29 de mayo de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXXIV



Bajo la arena (Under sandet, Dinamarca-Alemania, 2015), de Martin Zandvliet. Estamos en las costas danesas, en el fin de la Segunda Guerra Mundial, en un campo para prisioneros alemanes. Catorce presos de guerra, todos ellos unos jovencitos, son obligados por un oficial danés (Roland Moller) a acometer una tarea suicida: desenterrar y desactivar miles de minas terrestres colocadas en las playas danesas por el ejército nazi. Un convencional pero efectivo filme anti-bélico, nominado al Oscar 2017 como Mejor Película en Idioma Extranjero. (**)

¡Huye! (Get Out, EU, 2017), de Jordan Peele. La opera prima del comediante convertido en cineasta Peele es una sátira de horror centrada en la visita de una pareja post-racial (él, negro; ella, blanca) a la casa de los padres de ella, un par de blancos liberales, multiculturales y acomodados que supuestamente, habrían votado por Obama por tercera vez. A lo mejor sí. Después de todo, "lo negro está de moda". Mi crítica en la sección Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (*** 1/4)

Yo soy la felicidad de este mundo (México, 2014), de Julián Hernández. Más de dos años después de su presentación en Morelia 2014, ha llegado finalmente a las salas comerciales y a la Cineteca Nacional chilanga el cuarto largometraje de Hernández, uno de los pocos cineastas nacionales que merecen el calificativo de autor, por su temática y su distintiva puesta en imágenes. Escribí de esta película por acá cuando la vi en Morelia. (**)

La academia de las musas (España, 2015), de José Luis Guerín. El más reciente largometraje de Guerín (obra mayor En la ciudad de Sylvia/2007) es un falso documental centrado en un maduro profesor de literatura clásica de la Universidad de Barcelona, Raffaele Pinto (él mismo) que maneja "la academia de las musas" del título. 
El tipo, un apasionado y articulado profesor, que cree que enseñar es seducir, tiene como alumnas a un grupo de muy bellas e inteligentes jovencitas a las que trata de educar para convertirlas en "musas" con el fin de que salgan al mundo e inspiren la creación de arte para, así, transformar el mundo en el que vivimos. 
Por supuesto, este proyecto de investigación -proyecto de vida, más bien- obliga a Pinto, qué remedio, a seducir a sus alumnas, ante la mirada escéptica de su esposa, Rosa Delor (ella misma), que ya está acostumbrada a los devaneos e infidelidades de su marido pues, al final de cuentas, ella fue su primera -¿y única?- musa.
Estamos ante una encantadora comedia intelectual en el que se discute muy racional y académicamente lo mismo la invención del amor que el significado de la pasión o la influencia del romanticismo en Occidente, mientras se cuestiona la añeja visión  patriarcal de Pinto, no solo desde la perspectiva de su lúcida mujer a la que no podrá engañar nunca -aunque le sea infiel- sino desde la perspectiva de las propias jóvenes alumnas, pues en estos tiempos feministas y postfeministas del siglo XXI, ¿todavía es posible hablar de musas?
Para Pinto, ser una musa no es un papel pasivo, sino activo: una mujer común y corriente solo desea ser besada; una musa desea y besa y, a través de esa pasión, erótica e intelectual, crea arte a través del artista que ha sido inspirada por ella. Todo esto suena muy bonito, por supuesto, pero doña Rosa no se traga ninguna píldora -las discusiones con su marido, filmadas detrás de ventanas o cristales, son fascinantes-, pues lee perfectamente a Pinto y más aún a su rival más peligrosa, la bella estudiante Mireia Iniesta (ella misma), la más reciente musa de su ¿sátiro? marido. 
El intercambio de ideas entre la avejentada musa y la rozagante muchachita es el mejor duelo femenino/feminista que he visto en mucho tiempo.  ¡Y se están peleando por un profesor de literatura! No cabe duda que el cine es pura fantasía, mero sueño... y los sueños, sueños son. (***)

1 comentario:

Jeremy Ocelotl dijo...

que cosa tan enorme la de Huye, más tratándose de una ópera prima. Su mayor logro quitarse esta autoimpuesta solemnidad del cine contemporáneo para denunciar problemáticas sociales , y volverse lúdica y muy entretenida sin dejar de lado los puntos que quiere tratar. Me hizo recordar mucho a los filmes basados en las novelas de Ira Levin, sobre todo The Stepford Wives, solo que aquí se abordan conflictos raciales no de género.