domingo, 12 de febrero de 2017

Elle, abuso y seducción




Elle, abuso y seducción (Elle, Francia-Alemania-Bélgica, 2016), décimo-quinto largometraje del veterano cineasta holandés internacionalizado e incansable provocador Paul Verhoeven (obras mayores Conquista sangrienta/1985, El vengador del futuro/1990, Bajos instintos/1992, Invasión/1997, La lista negra/2006) inicia bruscamente, con una escena in media res
Sin conocer todavía a ningún personaje, salimos de la pantalla en negros para ver cómo un hombre enmascarado entra a la elegante mansión de una mujer madura para violarla y atacarla violentamente ante la mirada impasible de un gato negro, la "inútil" mascota de ella. Cuando el violador se va, dejándola a ella golpeada y tundida en el suelo, Michèle (Isabelle Huppert, nominada al Oscar 2017 y al César 2017) se levanta, alza el cochinero, se da un baño... y continúa con su vida, sin presentar ninguna denuncia. Y qué vida, por cierto.
La mujer es la directora de una compañía de videojuegos que no tiene empacho en exigirle a sus empleados más sexo y violencia en sus propuestas, tiene de amante al marido (Christian Berkel) de su socia y mejor amiga (Anne Consigny), le soba el pie debajo de la mesa a su atractivo vecino financiero (Laurent Lafitte), le reprocha a su anciana madre decadente (Judith Magre) su constante ridículo al mantener una relación con un atlético y joven gigoló, y regaña a su hijo cero-a-la-izquierda (Jonas Bloquet) por haberse casado con una muchachita exigente y manipuladora (Alice Isaaz)... De hecho, lo más amable que se le ocurre a Michèle es, por ejemplo, chocarle el carro nomás porque sí a su buenazo exmarido (Charles Berling).
La realidad es que Ella, Michèle, tiene control de todo lo que la rodea y de todos quienes le rodean. El ataque y la violación -y los episodios que seguirán, porque el misterioso enmascarado la seguirá amenazando vía mensajes de texto y luego cumplirá esas amenazas- es un contratiempo, sin duda, pero no tanto como para interrumpir sus rutinas. De alguna manera, ese ataque provoca que la mujer destile con mayor fuerza sus rasgos de personalidad: su afán de control, su amoralidad desafiante, su lúcida crueldad.
Aunque Elle inicia como una suerte de thriller, el género es un mero excipiente para Verhoeven. Como en la obra cumbre hitchockiana De entre los muertos (1958), lo que menos importa aquí es el whodunit. De hecho, mucho antes de que termine la película sabemos la identidad del atacante. En realidad, lo que le interesa al cineasta -trabajando aquí con un guion de David Birke basado en una novela de Philippe Djian- es centrarse en la personalidad de su protagonista, esta mujer segura de sí misma que nunca se ve como víctima, no en las constantes violaciones que sufre, no en el universo laboral en el que ella da las órdenes, no en su complicada vida cotidiana, no en sus traumáticos recuerdos infantiles (pero, ¿qué tan traumáticos serán de verdad?).
La Michèle de Madame Huppert es un personaje fascinante y repelente en partes iguales, pero no es la única de la cinta. Si uno analiza al resto de los personajes -empezando por el enfermizo violador serial y siguiendo con todos los demás-, veremos que las demás criaturas verhovianas comparten infinidad de patologías: se engañan a sí mismos o engañan a otros, permanecen en relaciones enfermizas, transitan con máscaras que esconden lo que realmente son. Una de las escenas finales lo dice todo: incluso el más puro de los personajes, cierta vecina católica, bienintencionada y santurrona, se descubrirá que sabía más de lo que todo mundo imaginaba. En el cine de Verhoeven nadie es inocente. Ni los espectadores, por supuesto. 

2 comentarios:

ale san dijo...

Jamás, ninguna mujer empoderada podrá ser víctima. He leído alrededor de siete críticas entorno a Elle, la suya es la más acertada.

Champy dijo...

Independientemente de todos los acontecimientos alrededor de Michele, creo que nunca se le sale algo de control.
Si así hubiera sido hubiera reaccionado como, Erika Kohut?

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