miércoles, 1 de febrero de 2017

El matrimonio Loving



El sureño Jeff Nichols (Little Rock, Arkansas, 1978) se ha convertido en el más importante cronista fílmico del sur americano. En sus cinco largometrajes dirigidos hasta el momento -todos, en mayor o en menor medida, filmes logrados-, Nichols se ha preocupado por mostrar las costumbres, las tensiones, las formas de vida de los habitantes del sur gringo, alejándose tanto de la caricaturización ofensiva como de la condescendencia que, a veces, puede ser incluso más ofensiva.
En sus primeros dos filmes, las notables Shotgun Stories (2007) y Atormentado (2011), Nichols se movió en los escenarios del cine indie de bajo presupuesto, casi minimalista; en sus siguientes dos cintas, El niño y el fugitivo (2013) y Midnight Special (2016), el cineasta se ha movido hacia espacios más cercanos al mainstream, con estrellas reconocidas y mayores presupuestos. Su quinto largometraje, El matrimonio Loving (Loving, EU-GB, 2016), es su filme más convencional en la forma y en el fondo, su primera cinta hecha por encargo -los productores llegaron con él para proponerle la historia- y su primer trabajo "oscareable".
La historia, escrita por el propio cineasta, está ubicada en el Virginia de 1958. El filme inicia cuando Mildred (la nominada al Oscar Ruth Negga) le informa a su novio, el silencioso Richard Loving (Joel Edgerton) que está embarazada. "Bien", es lo único que alcanza a murmurar, sonriente, Richard. El tipo compra un terreno, planea construirle una casa a Mildred y finalmente la feliz pareja se casa... pero lejecitos, en Washington, D.C. 
El "problemita" es que Mildred es negra y Richard es blanco y, por supuesto, en la Virginia segregacionista de los 50's el matrimonio interracial está prohibido so pena de prisión para quien desafíe la ley. Y, claro, como están en un condado pequeñito, no falta quien le avise a la autoridad que por ahí hay una nigger y un redneck que violaron la ley. A mitad de la noche, Richard y Mildred son detenidos, condenados a un año de cárcel pero como su abogado no es tan inepto, logra un arreglo salomónico: condena suspendida con la condición de que los dos no vuelvan a entrar a Virginia, juntos, en 25 años. El chiste es que no den mal ejemplo a los demás con su sola presencia.
La historia está basada en un hecho real -hay por ahí un documental y un telefilme anteriores a esta cinta- y terminó bien: el caso terminó llegando a la Suprema Corte nueve años después gracias a la heroica y siempre bienvenida ACLU (la Unión Americana de Libertades Civiles, que le está dando lata a Trump). Así, en Loving vs. Virginia, la Suprema Corte falló a favor de los Loving -que gran apellido para esta historia- y, de paso, declaró inconstitucional toda prohibición de matrimonio interracial.
La paradoja de la historia -y de la película, de hecho- es que este crucial momento en la historia de Estados Unidos fue protagonizada por una pareja completamente apolítica. Richard es presentado aquí como un hombrón noble y silencioso, que no quiere broncas con nadie. Ruth es una encantadora mujer que lo único que desea es vivir su vida en el pueblo en el que nació. Los Loving no son militantes de nada, no desean cambiar el mundo, no tienen claro por qué alguien se molesta por su amor. Es ella, en su exilio en Washington, y solo porque deseaba criar a sus tres hijos en los campos de Virginia, quien inicia la demanda, vía la ACLU, sin pensar un solo momento en las consecuencias de lo que iba a provocar. No estaba en su sangre la confrontación sino el más simple, puro y cotidiano amor, como la legendaria fotografía de ellos que apareció en la portada de la revista Life. 
La película es, por todo ello, genuinamente conmovedora aunque, dramáticamente hablando, nunca termina de despegar por completo. En gran medida esto se debe, sospecho, a la decisión de Nichols de centrarse en ellos como pareja y rechazar la estructura tradicional del drama liberal de juzgado, como, acaso, demandaba la historia. De hecho, nunca vemos la discusión que se dio en la Suprema Corte de Justicia, los Loving no asisten a ella y la única declaración que los abogados de la ACLU le sacan con tirabuzón a Richard es: "Díganles a los jueces que la amo". Eso nos queda muy claro, Richard. Muy claro.

3 comentarios:

Christian dijo...

Ruth Negga es la que sale en World War Z en el último episodio del laboratorio verdad??

Órale qué loco...

Christian dijo...

Oigan pero Ruth Negga no es propiamente negra no?

Ernesto Diezmartínez dijo...

Christian: Bueno, güerita no es. Es mitad irlandesa y mitad de Etiopía, según se. De hecho, encaja con la verdadera señora Loving, que era mitad negra y mitad nativo-americana (lo cual hacía más insoportable el desafío para los abuelitos de los votantes de Trump).