martes, 3 de enero de 2017

El evangelio del 2016... según yo/XIII




CINE

La regla es simple: este es el listado de lo mejor del cine que vi a lo largo de 2016, sea en alguna sala cine comercial, sea en los festivales a los que asistí, sea en la red (Netflix y demás plataformas), sea a través de uno que otro screener, como sigue: 

1. El hijo de Saúl (Saul fia, Hugría, 2015), de Laszló Nemes. La ganadora del Gran Premio del Jurado y del Premio FIPRESCI en Cannes 2015 así como del Oscar 2016 a Mejor Película en Idioma Extranjero se estrenó en México a inicios de este año. Se trata de una impresionante opera prima que hace suyo el imperativo ético/estético de Claude Lanzmann y su monumental Shoah (1985) al evitar el espectáculo épico y el chantaje sentimental para, en contraste, sugerirnos elusivamente los horrores del Holocausto.

2. La La Land: una historia de amor (La La Land, EU, 2016), de Damien Chazelle. Partiendo de dos clásicos irrebatibles del género -Cantando bajo la lluvia (Donen y Kelly, 1952) y Los paraguas de Cheburgo (Demy, 1964)-, Chazelle logra transmitir un estado de ánimo alegre, exultante, que luego, en un solo número musical, se transforma en uno melancólico. El musical hollywoodense más logrado desde... ¿desde cuándo? 

3. Aquarius (Ídem, Brasil, 2016), de Kleber Mendonca Filho. El ascendente Mendonca Filho ha dirigido una de las cintas más pertinentes del año: la historia de una viuda indomable (Sonia Braga) que, ella solita, sin más, se enfrenta a una compañía inmobiliaria que la quiere expulsar del departamento en el que ella vive. El poder de observación del cineasta brasileño, ya demostrado en la también notable Sonidos vecinos (2012), empuja aquí no solo al coraje, sino a la movilización. No es de extrañar que la mezquindad política de los actuales gobernantes brasileños haya bloqueado el envío de este filme al Oscar 2017.

4. Carol (Ídem, EU-GB-Australia, 2015), de Todd Haynes. Una exquisita historia de amor lésbico que, contra todo pronóstico -por el tema y por estar basada en una novela de la inolvidable escritora misántropa Patricia Highsmith-, no es la crónica de un oscuro amor trágico y reprimido, sino el de un despertar sensual a la vida. Exquisitamente dirigida y con un trío de actuaciones memorables -porque sí, además de las muy alabadas de Cate Blanchett y Rooney Mara, hay que aplaudir, de pie, la de Kyle Chandler. Mi crítica en Reforma. 

5. El Buen Amigo Gigante (The BFG, EU-India, 2016), de Steven Spielberg. Casi todos los años, el más grande narrador clásico hollywoodense vivo -al lado de Clint Eastwood, claro está- nos entrega una pieza de género que, dentro de los márgenes del cine industrial más poderoso de la tierra y siempre con una ejecución impecable, plantea algo diferente. Para muestra, esta película dizque menor, por su calidad de infantil, que está imbuida de una melancolía que pega en serio cuando menos uno lo espera.

6. Revenant: el Renacido (Revenant, EU, 2015), de Alejandro González Iñárritu. Un apabullante espectáculo visual hollywoodense gracias a la cámara de Emmanuel Lubezki y la indudable capacidad de González Iñárritu para montar impresionantes escenas de acción. Sí, pues, González Iñárritu cae mal a veces -o casi siempre- pero no se le puede negar su capacidad para hacer cine.

7. Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), de Mel Gibson. Estamos frente a un cineasta que filma con tal fuerza y convicción que da miedo. Gibson es uno de los más grandes autores hollywoodenses vivos: su sinceridad e integridad artísticas son irrebatibles. Geniales y ridículas a la vez. 

8. La llegada (Arrival, 2016), de Denis Villeneuve. Sobre un espléndido cuento de Ted Chiang, libremente adaptado por Eric Heisserer, Villeneuve entrega una cinta de ciencia ficción que podría haber estado a la altura de Solaris (Tarkovski, 1972) pero que se quedó un tanto cuanto corto, pues fórmulas hollywoodenses obligan. De cualquier manera, que se pueda escribir sobre la obra maestra de Tarkovski y esta cinta de Villeneuve en una misma oración sin que haya airados reclamos -5, 4, 3... para que aparezca uno entre los comentarios de esta entrada- no es un logro menor del cineasta canadiense.

9. Hell or High Water (EU, 2016), de David Mackenzie. Un western que, cumpliendo las reglas básicas del género, invita a una lectura social que resultó profética. El oeste contemporáneo gringo retratado en este filme es el caldo de cultivo perfecto para la frustración y el resentimiento que eligieron a Trump. Jeff Bridges debería ganar otro Oscar.

10. El porvenir (L'avenir, Francia-Alemania, 2016), de Mia Hansen-Love. Isabelle Huppert ha recibido, con toda razón, todos los elogios posibles por su papel protagónico en Elle (Verhoeven, 2016). Sin embargo, la Huppert que quiero recordar es la de esta tranquila cinta de madurez -en más de un sentido- de Hansen-Love, una de las directoras francesas más consistentes de la última década. Estamos ante la crónica de vida de una mujer que, en un corto periodo de tiempo, ve cómo su existencia se va transformando poco a poco. Como sucede, de hecho, con la vida de todos nosotros. 


¿Que el 2016 fue un mal año para el cine? Eso he estado leyendo en muchas partes. Honestamente, no sé qué vieron los que escribieron esta aseveración porque además de este top-10, he aquí una lista de casi cuarenta filmes que, algunos de ellos, podrían haber sustituido uno que otro de los arriba listados. En el orden en el que los vi:

La gran apuesta, Krigen, Vigilancia extrema, La academia de las musas, Nuestra pequeña hermana, Aquí no ha pasado nada, El nuevo Nuevo Testamento, Bone Tomahawk, Starred Up, El clan, El libro de la selva, La bruja, ¡Salve, César!, Midnight Special, Ha vuelto, El niño y la bestia, Sunka Raku, Tempestad, Green Room, Everybody Wants Some!!, Mae sú há uma, Me estás matando Susana, Julieta, Todo comenzó por el fin, Sing Street, Café Society, Bacalaureat, Animales nocturnos, Manchester by the Sea, La región salvaje, Indignation, Elle, Love and Friendship, Under the Shadow, Estación zombie: Tren a BusánKubo y la búsqueda samurái

Cinco cortometrajes, en orden en el que los vi: World of Tomorrow, Alles wird gurt, Historia de un oso, Timecode y 24°51' Latitud norte.

Una película que de haberla visto cuando debía, habría estado en mi lista de lo mejor de ese año: Attack the Block, de Joe Cornish (GB-Francia, 2011).







TELEVISIÓN

2016 fue el año en el que, probablemente, he visto más televisión en toda mi vida. Según mis cuentas, vi casi 40 programas televisivos, básicamente series y mini-series, aunque por ahí se coló alguno que otro programa especial. En todo caso, en orden de preferencia, mi six-pack personal:

1. Horace and Pete (EU, 2016), creada, dirigida y escrita por Louis C. K. Esta inclasificable pieza en diez episodios de variada duración se puede calificar como comedia, pero Louis C. K. está muy lejos del sitcom tradicional. Bien podría alegarse que, más bien, estamos en los terrenos de una tragedia familiar que propone claves sobre el estado de una sociedad estadounidense que estaba a punto de elegir a Trump.

2. The Americans (EU, 2016), creada por Joseph Weisberg. Cuarta temporada. La saga del matrimonio formado por los espías soviéticos Elizabeth y Philip Jennings (estoica Madre Rusa y su dubitativo esposo) en los Estados Unidos de Ronald Reagan alcanzó algunos de sus mejores momentos en esta emocionante y, también, emotiva temporada.

3. American Crime Story: The People vs. O. J. Simpson (EU, 2016), creada por Scott Alexander y Larry Karaszewsky. Esta crónica del celebérrimo caso de O. J. Simpson alcanza sus mejores momentos cuando se convierte en acerba sátira social de un país dividido racialmente -no como ahora, claro está. Sarah Paulson, como la terca abogada destinada al fracaso y a la humillación nacional, se merece todos los premios que ha recibido y que, seguramente, recibirá.

4. Happy Valley (GB, 2016), creada por Sally Wainwright. Segunda temporada. Una suerte de thriller procedimental hakwsiano ubicado en la campiña inglesa y con una eficaz mujer policía en el centro de la historia. El desenlace combina lo genuinamente hilarante con el más ridículo patetismo. Sarah Lancashire, todo un descubrimiento -para mí, digo.

5. The Night Of (EU, 2016), creada por Steven Zaillian y Richard Price. Sobre la primera temporada de una interesante mini-serie británica, Criminal Justice (2008), Zaillian y Price entregan una fascinante drama de juzgado que también es thriller que también es agudo comentario social. A pesar de lo oscuro del tema, la ejecución y su desenlace terminan siendo esperanzador.

6. Game of Thrones (EU-GB, 2016), creada por David Benioff y D. B. Weiss. Sexta temporada. La serie de los senos y los dragones (no sé por qué alguien se molesta en que salgan tanto: los dragones, digo) nos presentó, como de costumbre, la mezcla perfecta de espectacularidad (hay una batalla genuinamente impresionante), entretenida grilla política copiada de los clásicos (desde la primera temporada es obvia la influencia de, por ejemplo, Suetonio) y one-liners citables para toda ocasión (cortesía, generalmente, de Tyrion Lannister). Sin embargo, acaso como en ninguna de las anteriores temporadas, la fuerza de Game of Thrones recayó esta vez en el papel clave de algunos personajes secundarios. Un par de ejemplos: Lyanna Mormont y, por supuesto, Hodor.


Bonus: Capítulo quinto (Men Against Fire) de la tercera temporada de Black Mirror (GB, 2016), creada por Charlie Brooker, episodio dirigido por Jakob Verbruggen. De alguna manera, ya vivimos en ese mundo del futuro desde hace rato y sin necesidad de implantes de ninguna especie.

3 comentarios:

Christian dijo...

Otra película que deberías ver, aunque sea fuera de tiempo, es The Raid 2, Ernesto.

Si no fuera buena y no hubiera buen cine de acción ahí, no te la recomendaría tanto. Ahí para cuando tengas un tiempito.

Saludos

PD: Buena lista, me da gusto ver que solo me faltaron tres a pesar de haber tenido poco tiempo para ir al cine este año. Les voy a echar un ojo en cuanto pueda.

Champy dijo...

Las listas cinefilas mal que bien estamos acostumbrados a ellas, ya sabemos que en gustos se rompen géneros y cada quien su Cine.
Lo interesante aquí en lo que va del nuevo Milenio es está "nueva cultura" que poco a poco va metiéndose entre los que antes nos escandalizabamos y poco a poco hemos sido seducidos, las series.
Esta seducción es propia de los nuevos estilos de vida? O el Cine ha cedido espacio a nuestros "exquisitos" gustos?
Porque Los Americanos ha sido tan bien recibida? La espectacularidad de Game of Thrones aunado a su fácil acceso dan como resultado su tremenda penetración? El formato innovador de Horace & Pete sólo es factible en TV?

A que se debe que estemos aceptando de lo que antes renegabamos?

2046


Ernesto Diezmartínez dijo...

Champy: Buenas preguntas. Creo que la respuesta, por lo menos en mi caso, tiene que ver con la creciente variedad de las series televisivas y la facilidad para acceder a ellas legalmente -e ilegalmente, ya ni se diga. Es decir, hoy se pueden ver series televisivas no solo gringas sino también europeas con relativa facilidad a unos cuantos clics de distancia.
Otro elemento que, de nuevo, explica mi caída en la tentación de las series televisivas: su impulso narrativo. Me explico: frente a los blockbusters de Hollywood (películas de monitos y de pelones homoeróticos) cuyo fuerte no es la historia y frente a un cine "de arte" que en muchas ocasiones no hace más que verse el abstruso ombligo de su creador, las series (las buenas, en todo caso, pero incluso a veces hasta las malonas) son un remanso narrativo. En las series pasan cosas, hay personajes interesantes y, al final de cuentas, contagian el virus decimonónico de la historia que continuará en el siguiente capítulo, la próxima semana o, ahora, en el siguiente clic.