domingo, 25 de septiembre de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLIX



Sing Street: Este es tu momento (Sing Street, Irlanda-GB-EU, 2016), de John Carney. El octavo largometraje de Carney -apenas segundo que se estrena comercialmente en México- es, de nuevo, otro filme musical, como su anterior cinta Empezar otra vez (2013) y como la película con la que se dio a conocer hace casi una década, la encantadora Once (2007). Al igual que estos dos filmes, Sing Street está centrada en el poder transformador de la música: su protagonista es un adolescente en el Dublín de 1985 que, nomás por apantallar a una jovencita, le dice que la quiere como protagonista de su próximo vídeo musical. El asunto es que el chamaco en cuestión no tiene cámara, grupo musical ni canción que cantar. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma. (***)

7:19. La hora del temblor (México, 2016), de Jorge Michel Grau. El tercer largometraje de Grau (opera prima gore Somos lo que hay/2010, segundo largometraje gringo Blue Sky/2015 no visto por mí) inicia con un plano secuencia de siete minutos de duración, en el que vemos llegar, muy temprano, a todos los burócratas de cierto edificio gubernamental, incluyendo a uno de los jefes, un tal Lic. Pellicer (Demián Bichir). 
El día es el 19 de septiembre de 1985, el lugar es la Ciudad de México y la hora en la que termina el mencionado plano secuencia son las 7:19 de la mañana. La cámara de Juan Pablo Ramírez Ibáñez, que se había estado moviendo todo el tiempo, se ha quedado fija en la pequeña televisión portátil del velador, Don Martín (Héctor Bonilla) y en la pantalla está una sonriente Lourdes Guerrero tratando de tranquilizar a sus compañeros y, de pasada, a todo el país: "Está temblando un poquitito...". En este momento, la pantalla se va a negros y, por supuesto, nosotros sabemos que no tembló "un poquitito".
Durante el resto del filme, a través de una pantalla que se va ensanchando lentamente -después del temblor, inicia en formato académico 4:3 hasta que termina en el widescreen del plano secuencia inicial- veremos a dos sobrevivientes entre los escombros -Pellicer y Don Martín- y escucharemos a otros más, que se encontraban en algún otro piso del enorme edificio derrumbado. La cámara de Ramírez Ibáñez no volverá a salir, encerrada con estos hombres que representan la pirámide social mexicana de antes y de ahora: el modesto trabajador a punto de jubilarse y el encumbrado burócrata corrupto. 
Más allá del planteamiento argumental tan elemental, 7:19 se sostiene sobre todo por su puesta en imágenes -la ya mencionada cámara de Ramírez, la eficaz edición de Miguel Schverdfinger, el espléndido diseño de producción de Alejandro García- y por el impecable diseño sonoro de Christian Giraud, que logra convertir cada ruido -cada crujido, cada eco, cada grito, cada llanto, cada resuello- en el ominoso preámbulo de la muerte. (**)

jueves, 22 de septiembre de 2016

No respires



Al inicio de No respires (Don’t Breathe, EU, 2016), segundo largometraje del uruguayo hollywoodizado Fede Álvarez (opera prima Posesión infernal/2013, remake no visto por mí del clásico gore El despertar del diablo/Raimi/1981), un ladrón le dice a otro que robarle a un pobre ciego “está muy jodido”. El otro ladrón contesta, simplemente, que por el hecho de que la víctima sea ciega, no significa que sea una santa. (Buñuel, por cierto, estaría completamente de acuerdo en esta afirmación).
El hecho es que este diálogo resultará profético, pues cuando el trío de jóvenes ladrones Money (Daniel Zovatto), su novia Rocky (Jane Levy) y el apocado amigo de ambos –más de ella- Alex (Dylan Minnette) entren a la casa del cieguito en cuestión (Stephen Lang), habrán caído en una trampa mortal, pues el invidente resultará un correoso veterano de la Guerra del Golfo que, además de guardar varios cientos de miles de dólares en algún lugar de su casa, también esconde algún otro secreto más. O sea, no es ninguna blanca paloma.
El escenario social que plantean Álvarez y su coguionista Rodo Sayagues es la de un barrio –más bien una ciudad entera, Detroit- en estado crítico: casas semi-derruidas, cuadras abandonadas, desempleo rampante. El sueño americano hecho trizas, protegido por alguna agencia de seguridad y un feroz perro rottweiler para lo que se necesite.
Álvarez ha dirigido un buen thriller con el mínimo de recursos dramáticos. Hay básicamente cuatro personajes –los tres ladrones y el ciego-, un escenario –el laberíntico hogar del invidente sin nombre-, un McGuffin –el dinero escondido en algún lado- y una motivación sencilla que enfrenta a los dos bandos: de parte de los ladrones –especialmente de Rocky, que terminará siendo, cliché obliga, la protagonista-, quedarse con los cientos de miles de dólares; de parte del Ciego, evitarlo.
La simpleza del planteamiento está compensada por la espléndida ejecución de Álvarez y su equipo: un diseño de producción que dota de genuina y ominosa personalidad a la casa del veterano de guerra, un perfecto manejo del sonido en el que cada pequeño ruido puede detonar el siguiente ataque, una edición eficaz que nunca deja que perdamos la orientación de lo que está pasando y, por supuesto, la presencia de Stephen Lang como ese implacable ciego que no está dispuesto a que le quiten lo único que le queda… y que no necesariamente es el dinero.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El cliché que yo ya vi/CXLIV




Joel Meza propone:

Si mi película tuviera ruedas, sería bicicleta ochentera: En las películas, cuando los protagonistas son niños que viven la aventura de sus vidas a fines de los '70s/principios de los '80s, es inevitable la escena en que se trepan en sus bicicletas para moverse en bola por las calles del pueblo. 
El cliché, sin duda, lo inauguraron Elliot y compañía en E.T. El Extraterrestre, para ser revivido y reciclado en este siglo, nostálgico por los '80s. Lo podemos ver en Super 8, en la mini serie Stranger Things (en netflix) y esta semana, sin venir al caso pero, pues hay que honrar el cliché, en Mi amigo el dragón, de Disney.

martes, 20 de septiembre de 2016

El cliché que yo ya vi/CXLIII




El lector Miguel Ángel Ruiz propone:

Cuando naces pa' malosa, del cielo te cae la naveEn Prometheus (2012) de Ridley Scott, el personaje femenino antagónico (protagonizado por Charlize Theron) es aplastada por una nave espacial circular, por supuesto después de infructuosos intentos de escapar a su destino. 

Lo mismo sucede con Kalara, personaje femenino que ejecuta una traición a la tripulación del U.S.S Enterprise durante la trama de Star Trek Beyond (2016) de Justin Lin. Las mismas peripecias, pero no son suficientes para evitar que su circular destino, literalmente caiga sobre ella. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVIII




Matria (México, 2014), de Fernando Llanos. El mejor largometraje documental en Morelia 2014 es la exploración de un curioso nieto -el propio cineasta debutante Llanos- por la vida de un abuelo al que no conoció. Lo que encuentra Llanos es un abuelito que, a ratos, parece protagonista de alguna olvidada película del "Indio" Fernández (Soy puro mexicano, 1942). Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (**)

Ante la naturaleza (Mot naturen, Noruega, 2014), de Ole Giaever y Marte Vold. Martin (el director/guionista/protagonista Ole Giaever) deja a su mujer y pequeño hijo un fin de semana -esposa e hijo en la vida real- para irse a acampar al cercano bosque de Stavassgarden. Lo que sigue no es un viaje a ese idílico lugar en la montaña sino una suerte de odisea hacia el interior de Martin, como si estuviéramos ante la adaptación fílmica de algún relato de la corriente de la conciencia -¿un Mrs. Dalloway en versión patéticamente masculina?
La realidad es que Giaver no trata a su personaje -¿a sí mismo?- muy bien que digamos. El treintañero aburrido Martin vive agobiado por pequeñeces y mezquindades, sueña con divorciarse de su esposa, piensa que sería mejor si ella muriese -o si él quedara inválido para siempre: así tendría asegurada la simpatía de todos hasta morir-, recuerda su inexistente relación con su distante papá y, eso sí, faltaba más, piensa cada rato en el sexo, imaginándose felaciones con la empleada de un supermercado o algún coito espontáneo con su propia mujer y, cuando ya no aguanta, de plano se masturba en medio del bosque porque ¿quién está viéndolo?
El retrato de este aburrido clasemediero nunca es condescendiente aunque, al final, el grado de patetismo al que llega Martin exige algo de nuestra solidaridad... ¿o de nuestra inconfesada identificación?  (** 1/2)

No respires (Don't Breathe, EU, 2016), de Fede Álvarez. El segundo largometraje del uruguayo hollywoodizado Fede Álvarez (opera prima Posesión infernal/2013) es un eficaz thriller en el que una jovencita que quiere huir hacia Los Ángeles, su ojete novio malandrín y el apocado amigo de ambos -más de ella, en realidad-, se meten a la casa de un veterano de guerra ciego (Stephen Lang) pues creen que por ahí tiene guardados varios cientos de miles de dólares.
Por supuesto, se supone que robarle a un ciego debería ser muy fácil, pero ya se imaginará usted que no es así. Además, resulta que el cieguito de marras no esconde nada más dinero, sino algo más. Aunque hacia el final la película termina saliéndose de madre, Álvarez demuestra que tiene la suficiente capacidad para sostener la emoción y el suspenso, por más que exija demasiada suspensión de incredulidad por parte del espectador. Mi crítica in extenso, próximamente aquí. (**1/2)

jueves, 15 de septiembre de 2016

Star Trek: sin límites



Al inicio de Star Trek: sin límítes (Star Trek Beyond, EU, 2016), tercer filme del reboot trekkie iniciado con StarTrek (Abrams, 2009) y décimo tercer largometraje sobre la tripulación del USS Enterprise desde la ya lejana Viaje a las Estrella: la Película (Wise, 1979), el otrora ingobernable Capitán James Tiberius Kirk (Chris Pine) graba en su bitácora que, la verdad, está medio aburrido. Tiene 966 días en el espacio, le quedan más o menos 600 más para que su misión termine y empieza a sentir que lo que hace –que lo que es- no tiene mucho sentido.
Interesante la premisa planteada en el guion escrito por el actor y comediante Simon Pegg en colaboración con Doug Joung: si tomamos en cuenta las doce cintas anteriores y las decenas de episodios de las series televisivas, ¿no será tiempo de jubilar al USS Enterprise y a toda su tripulación?
Por supuesto, a pesar de las dudas de Kirk –y también del Comandante Spock (Zachary Quinto), que tiene sus propias razones para querer colgar los bártulos-, el logro de Star Trek: sin límites radica en que, al final, uno queda convencido, al igual que los protagonistas, que hay USS Enterprise y tripulación para rato.
El McGuffin es elemental, como suele suceder en este tipo cintas. Sucede que hay un pequeño chunche llamado Abronath que el malvado de este episodio –un Idris Elba escondido detrás de kilos de maquillaje- desea con el único y cansino fin de destruir el mundo. ¿La razón?: quesque hay mucha paz en el Universo desde que la Federación es la mandona y él, un antiguo militar, se ha quedado sin chamba. Nomás por eso.
El nuevo realizador Justin Lin –mejor conocido por dirigir cuatro episodios de la exitosa saga Pelones y Homoeróticos (2006-2009-2011-2013)- le imprime su estilo visual a la cinta, que puede resumirse con dos adjetivos: vistosa pero confusa. Es decir, sin duda la puesta en imágenes es atractiva –en especial, el diseño de la ciudad espacial Yorktown-, pero basta que se suelten la acción para que Lin demuestre que lo suyo no es el manejo adecuado de los espacios cinematográficos. De hecho, cuando se da el ataque al USS Enterprise –sí, otra vez vuelven a destruir la nave- es difícil mantener la claridad de lo que está pasando en pantalla, quién está disparando a quién, qué se está destruyendo, para dónde está corriendo aquél, qué está pasando allá…
Por fortuna, la película se sostiene más bien por la química existente entre la tripulación del Enterprise y, por supuesto, entre los actores que la encarnan. La mano del Pegg guionista –que además, interpreta al ingeniero Scotty- se nota en un constante y consistente sentido del humor. De hecho, los mejores momentos del filme no están marcados por la solemnidad de las reflexiones iniciales de Kirk o Spock, sino por la eterna rivalidad entre el perpetuamente exasperado Dr. McCoy (excelente Karl Urban) y el siempre imperturbable Mr. Spock, quienes están obligados a convivir –y discutir- durante buena parte de la película. 
¿No habrá manera de que hagan un spin-off trekkie protagonizado por ellos dos? Conste que a mí se me ocurrió primero.

lunes, 12 de septiembre de 2016

El cliché que yo ya vi/CXLII




Joel Meza propone:



Matamoscas galáctico: En las películas, cuando una fuerza extraterrestre quiere acabar con la humanidad, su modus operandi siempre será como el de un enjambre de insectos, por lo que la salvación nunca es más complicada que el matamoscas común. Lo hemos visto en las dos de Día de la Independencia, hasta cierto punto en Starship Troopers, en El Juego de Ender y este verano el Capitán Kirk y compañía honran el cliché en Star Trek Sin Límites.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVII



Star Trek: Sin límites (Star Trek Beyod, EU, 2016), de Justin Lin. La tercera entrega del reboot iniciado en 2009 no es tan lograda como las dos primeras partes -que fueron dirigidas por el más competente J. J. Abrams-, pero de todas formas logra sostenerse en gran medida por la magnífica química entre todos los miembros del reparto -esta vez, entre el Mr. Spock de Zachary Quinto y el Dr. McCoy de Karl Urban- y por el consistente buen humor del cual es responsable, supongo, el coguionista Simon Pegg. Mi crítica próximamente en este blog. (** 1/2)

El especialista: Resurrección (Mechanic: Resurrectión, EU-Francia, 2016), de Dennis Gansel. El especialista (West, 2011), protagonizada por Jason Statham, fue un palomero remake de cierta olvidada B-movie de 1972 en la que Charles Bronson interpretaba a un meticuloso asesino profesional. Esta flojísima secuela no cuenta con la dirección de Simon West y eso se nota: aunque el casi cincuentón Statham todavía puede hacer las escenas de acción como el que más, el nuevo director Gansel es incapaz de montar una buena coreografía de fregadazos o una escena mínimamente emocionante. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (+)

Allende, mi abuelo Allende (Chile-México, 2015), de Marcia Tambutti Allende. Casi coincidiendo con el 43 aniversario de la caía del régimen de Salvado Allende se ha estrenado en México este documental dirigido, como su título lo indica, por una nieta del malogrado presidente chileno, Marcia Tambutti Allende.
No se trata del exaltado retrato público del político socialista sino, por el contrario, de una crónica íntima sobre el padre de familia, el abuelo conocido/atisbado a través de fotografías o testimonios, el hombre "parco para felicitar, bueno para exigir", el marido constantemente infiel ("Todo el tiempo me engañaba", dice la abuela Tencha, recordándolo), ese inolvidable "Chicho" que no ha dejado nunca de estar presente en el seno de la familia Allende, sea en "el segundo hogar" mexicano de la directora, sea en el hogar primigenio en Chile.
En el transcurso del filme -tan convencional en la forma como eficaz en el fondo- la voz narradora de Tambutti nos irá descubriendo facetas no tanto desconocidas pero sí enterradas -por lo traumáticas- no solo de su famoso abuelo sino de la familia entera. Al final, se trata de un filme sobre la memoria, el recuerdo y sobre lo que se hace con ellos en el presente. Se trata de un filme, pues, sobre Chile. (**)

Semana Santa (México, 2015), de Alejandra Márquez Abella. Una mujer de mediana edad, Dali (Anajosé Aldrete Echevarría), llega con su hijo de 8 años "Pepino" (Esteban Ávila) y su novio Gil (Tenoch Huerta) a pasar la Semana Santa del titulo en un hotel rascuacho de Acapulco llamado Rincón Diamante.
En unos cuantos días esta familia en formación/destrucción irá mostrando el cobre una y otra vez, entre intentos fallidos de engaños, una interminable cadena de mentiras y ciertas tensiones irresolubles por un pasado que no se puede dejar atrás -en el caso de Dali- y un futuro que no se puede alcanzar -en el caso de Gil-. En cuanto al niño, Pepino está aprendiendo rápidamente de sus mayores: cuando llegue a formar una familia, la hará tan (in)feliz como su mamá y su novio lo han hecho a él. (* 3/4)

lunes, 5 de septiembre de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVI



La delgada línea amarilla (México, 2015), de Celso García. La opera prima de García es una road-movie a pata bastante convencional que se beneficia de un cuarteto de actores veteranos (Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Gustavo Sánchez Parra y Silverio Palacios) que podrían hacer interesante hasta la lectura del directorio telefónico. Mi crítica en el Primera Fila del  Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

Mis mejores días (Trois souvenirs de ma jeunesse, Francia, 2015), de Arnaud Desplechin. Esta tardía secuela -en realidad, precuela- de Comment je me suis disputé... (ma vie sexuelle) (1996) nos muestra a nuestro viejo conocido, Paul Dedalus (Mathieu Almaric) convertido en un funcionario cincuentón que regresa a París después de haber trabajado una larga temporada en varios países exsoviéticos. En el regreso, vendrán a su memoria los tres recuerdos de su juventud del título original. En concreto, sobre su problemática infancia con una madre suicida y un padre violento y distante; sobre su adolescencia, cuando fue espía por un día en cierto viaje escolar a Minsk; y finalmente sobre el inicio de su tormentosa relación amorosa con Esther (Lou Roy-Lecollinet), a quien conocimos en el filme de los noventa interpretada por Emanuelle Devos.
Aquí esta la clave del fracaso de este nuevo largometraje de Desplechin. Aunque la señorita Roy-Lecollinet es muy guapa y el debutante Quentin Dolmaire no lo hace nada mal en el papel del Paul joven, la realidad es que basta que reaparezca Almaric hacia el final del filme, en el epílogo, para recordar que el triunfo de Comment je me suis disputé... radicaba no solo en la experta apropiación de los ires y venires amorosos rohmerianos de nuestro protagonista con sus tres mujeres (interpretadas por Devos, Marianne Denicourt y Jeanne Balibar), sino en el magnífico reparto que rodeaba al jovencito Almaric. Por desgracia, el reparto de Mis mejores días no tiene el mismo peso ni el talento -Almaric solo está en el inicio y al final, André Dussollier aparece nada más en cameo-, por lo que las aventuras y desventuras de Paul me resultaron, qué remedio, mucho menos interesantes. (-)