lunes, 28 de marzo de 2016

60 Muestra Internacional de Cine/II

"-Orita les voy a mandar a Trump, nomás por joder".



"Dios existe. Vive en Bruselas. Es un imbécil. Maltrata a su esposa y a su hija". Esas son casi las primeras líneas que escuchamos en El nuevo Nuevo Testamento (Le tout nouveau testament, Bélgica-Francia, 2015), el más reciente largometraje del cineasta belga Jaco Van Dormael, mejor conocido en México por su muy discutible melodrama El octavo día (1996). 
El planteamiento paródico-herético es el siguiente: Dios (un espléndidamente despreciable Benoît Poelvoorde) vive en un pequeño departamento de la Bruselas contemporánea, en donde le hace la vida imposible a su esposa (Yolande Moreau), a su pequeña hija de diez años Ea (Pili Groyne, Mejor Actriz en Sitges 2015) y, por supuesto, a toda la humanidad de pasada. El tipo es un borrachales, güevón, misántropo, machista y sádico: además de provocar todas las grandes desgracias que nos aquejan -que si inundaciones, terremotos o ciclones-, se entretiene creando leyes de todo tipo, nomás por el gusto de joder. Por ejemplo, "la cantidad perfecta de sueño será siempre de diez minutos más cuando suena el despertador" o "cuando uno elige hace cola en una fila, la cola que está al lado avanzará más rápido que la que uno escogió" (esto, lo juro, es cierto casi todas las veces: ¡maldito seas, Dios!).
El chiste es que Ea ya no aguanta más los abusos del ojete de su padre, por lo que decide abandonar a Dios y venir al mundo para escribir el nuevo Nuevo Testamento del título. Así pues, con los consejos de su hermano mayor (en miniatura de porcelana) "J. C." (David Murguía), Ea hackea la vieja PC del papá, le manda por mensaje de texto la fecha de su muerte a cada ser humano y luego sale a la calle para reclutar a seis apóstoles más para que, con los 12 originales de Jesucristo, sumar 18, el número favorito de su beisbolera mamá (ya se sabe: 18 es la cantidad perfecta para que haya un juego de béisbol sin bateador designado).
La estructura del guion, escrito por el propio cineasta en colaboración con Thomas Gunzig, es inevitablemente episódica, cual re-elaboración monty-pythonesca de La Vía Láctea (Buñuel, 1969). Después del prólogo -"Génesis"- y el planteamiento de la premisa -"Éxodo"-, en el resto del filme seguimos a Ea en el reclutamiento de cada apóstol -"El evangelio según Aurélie", "El evangelio según Jean Claude", "El evangelio del obseso sexual"...- mientras el iracundo Dios busca a su rebelde hija mezclándose con nosotros y sufriendo las de Caín -es decir, sufriendo el propio mundo que él creó. 
Como suele suceder en este tipo de filmes con estructura episódica, algunos segmentos funcionan mejor que otros -el de la apóstol Martine (Catherine Deneuve) es probablemente el mejor, con sus claros ecos buñuelianos-, aunque el planteamiento feminista/herético de la película -digna del ensayista y poeta Robert Graves de La Diosa Blanca (1948)- sobrevive incólume hasta el final. La provocadora idea de un mundo mejor re-creado por la Diosa -aquí, la Madre y la Hija- y alejado de las fantochadas del cruel y sádico patriarca Dios judeo-cristiano, viene aparejada con una necesaria reflexión existencialista/humanista: ¿qué pasaría si todos supiéramos el momento exacto de nuestra muerte? ¿Reaccionaríamos como el imbécil que se graba continuamente efectuando actos suicidas, sabiendo que le quedan 60 años por vivir o trataríamos de vivir mejor nuestra vida haciéndonos responsables de cada uno de nuestros actos? La verdad, no estoy seguro qué haríamos: Dios padre nos tiene ya muy maleados. 

domingo, 27 de marzo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXIII



Rezeta (México, 2012), de Fernando Frías de la Parra. La opera prima de Fernando Frías -vista en Morelia 2012- podrá tener una historia muy convencional -chica conoce a chico, se enamoran, viven juntos, truenan finalmente- pero tiene algo qué decir y lo dice con seguridad y buen humor. 
La Rezeta del título es una guapísima modelo albanesa (Rezeta Velui), quien llega a trabajar y a vivir a México durante una temporada. La muchacha se encama con un fotógrafo -le va muy bien-, luego con un pesado pseudointelectual -le va muy mal- y, finalmente, se une a Alex (Roger Mendoza), quien había sido su amigo/camarada/guía en la Ciudad de México.
La amistad entre los dos se convierte en amor pero, Woody Allen obliga, ya sabemos que cualquier relación amorosa de este tipo está destinada a los problemas, al azote, al fracaso. Velui y Mendoza hacen una magnífica pareja y el guión escrito por el propio cineasta brilla por el sentido del humor. El mejor estreno de la semana. **

Conspiración y poder (Truth, EU-Australia, 2015), de James Vanderbilt. En plena campaña de re-elección de George W. Bush, el equipo del programa televisivo 60 minutos, dirigido por la tenaz productora Mary Mapes (Cate Blanchett) cree haber encontrado evidencias de que el Presidente Bush uso las influencias de su familia para no ir a Vietnam. El problema es que esas evidencias resultan falsas. A pesar del buen reparto -Blanchett está, como de costumbre, impecable-, la película falla en la propia premisa: ¿por qué tenemos que ver como héroes a un grupo de periodistas que la regaron, por más nefasto que nos parezca Bush hijo? Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma. * 1/2

miércoles, 23 de marzo de 2016

En corto, es mexicano/XI

Betzabé García, directora de Los reyes del pueblo que no existe (2015), acaso el mejor largometraje documental mexicano que vi el año pasado, acaba de estrenar Unsilenced (2016), corto documental sobre Atilano Román Tirado, el líder de los comuneros de la presa Picachos, asesinado el 11 de octubre de 2014, mientras estaba transmitiendo su programa de radio, titulado irónicamente "Así es mi tierra". Este es el tercer filme dirigido por la mazatleca García, después de Los reyes del pueblo que no existe -sobre el puñado de familias que decidió quedarse a vivir en su pueblo rodeado de agua- y Venecia, Sinaloa (2011), cortometraje ubicado en el inundado pueblo de San Marcos. 
Unsilenced fue producido por The New York Times, y forma parte de su serie titulada Op-Docs. El corto, aquí abajo:

lunes, 21 de marzo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXII




Un Hombre Irracional (Irrational Man, EU, 2015), de Woody Allen. El largometraje número 45 del incansable cineasta judío-neoyorkino por excelencia abreva de algunas de sus viejas preocupaciones -especialmente el crimen y la moral-, energizadas esta vez por una jazzística banda sonora y un cínico humor hitchcockiano. No es la mejor cinta de Allen, claro, pero es mucho mejor de lo que usted podrá encontrarse en cartelera este fin de semana -o casi cualquier fin de semana. Para acabar pronto, es mejor que las dos cintas de aquí abajito. Mi crítica, en el suplemento Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Con la Frente en Alto (La tête en haute, Francia, 2015), de Emmanuelle Bercot. ¿Alguien tiene idea qué le sabe la señora Bercot a Thierry Fremaux? En Cannes 2015, Bercot presentó dos películas -una como actriz: Mi Amor (Maïwenn, 2015)- y la otra como directora -Con la Frente en Alto- y las dos recibieron trato de privilegio. Bercot ganaría el premio a Mejor Actriz por Mi Amor -exaqueo con Rooney Mara por la muy superior Carol (Haynes, 2015)- mientras que Con la Frente en Alto tuvo el honor de ser la película de apertura del festival. En fin, si sabe usted qué poder tiene Bercot sobre la gente del festival más importante del planeta, cuente el chisme.
En todo caso, hay que aceptar que el cuarto largometraje como directora de Bercot no es, tampoco, ningún churro infecto. Se trata de un serio y convencional melodrama social -escrito por la propia cineasta en colaboración con Marcia Romano- mediante el cual seguimos durante una década la difícil vida de un niño y joven delincuente, Malony (Rod Palany), quien es dejado bajo la custodia del Estado a los seis años de edad por su irresponsable madre (Sara Forestier) y que, desde entonces hasta que cumple 17, entra y sale de correccionales o cárceles juveniles, bajo la mirada serena y comprometida de la jueza Florence Blaque (Catherine Deneuve).
Acaso la gran novedad de la cinta sea que su discurso refleja una visión muy positiva de la justicia y la burocracia francesas, algo refrescante en un entorno político global que siempre le cuelga todos los muertitos posibles al Estado. No sé qué tan cercano sea el retrato a la realidad francesa, pero después de ver Con la Frente en Alto, queda claro que, por lo menos en esta película, el Estado francés tiene servidores públicos muy dedicados y profesionales. 
El debutante Palany -ganador del César 2016 a Actor Más Prometedor- sostiene con eficacia la cinta, bien apoyado por la leyenda viviente que es la Deneuve y por un espléndido Benoît Magimel como el comprometido tutor de Malony que, se entiende, ve en el muchacho un reflejo de quien él mismo fue alguna vez. El desenlace de la película podría pasar por feliz -Malony saliendo del Palacio de Justicia de Dunkerque con su hijito recién nacido en brazos, después de ir a hablar y abrazar a su mamá/jueza-, pero yo no estaría tan seguro. Será que, a pesar de que me encantan los finales felices, tiendo a ser un escéptico.

Tangerine: Chicas Fabulosas (Tangerine, EU, 2015), de Sean Baker. La extrovertida prostituta transgénero Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez) acaba de salir del bote después de estar 28 días en la sombra. No acaba de agarrarle gusto al gusto cuando su amiga, la también prostituta transgénero Alexandra (Mya Taylor), le informa que su novio/padrote Chester (James Ransome) le está haciendo de chivo los tamales y ¡con una mujer blanca y de verdad! ("con vagina y toda la cosa"). Lo único que sabe Alexandra es que, además, la nueva novia de Chester tiene un nombre que empieza con "D". No importa: si la emputecida y emputada Sin-Dee tiene que buscar a todas las mujeres blancas de Los Ángeles cuyos nombres empiecen con "D" para partirles su madre, es lo de menos. Tampoco importa que sea vísperas de Navidad. Para Sin Dee esta Nochebuena sera todo menos una noche de paz. 
Tangerine adquirió cierta notoriedad a partir de que se vendió como "la película que se hizo completamente con un iPhone 5s". En efecto, con todo y que ese aparatejo fue modificado por el uso de algunos lentes y de que la película pasó por una adecuada postproducción, el quinto largometraje del cineasta indie Sean Baker fue realizado en las calles de Los Ángeles -y, además, de ciertos barrios desconocidos por el gran público cinematográfico-, fotografiado con el citado chunche de la Apple y protagonizado por un par de actrices no profesionales transgénero (una latina, otra afroamericana; esta última con un pasado auténtico de prostituta) que, además, improvisaron muchos de sus diálogos.
El resultado es simpático y consistentemente entretenido -incluso en esa medio inútil subtrama digresiva en la que un taxista armenio (Karren Karagulian) tiene sus propios problemas personales y de identidad-, en gran medida por el buen rapport entre Rodríguez y Taylor, una divertida pareja/dispareja como la que más. El guion escrito por el propio hombre orquesta Baker en colaboración con Chris Bergoch no evita los clichés -Rodríguez encarna a una ingobernable latina en el molde creado hace casi un siglo por Lupe Vélez y su "Mexican Spitfire"-, pero también es cierto que dota a todos sus personajes de una reconocible humanidad que no puede ser soslayada. 

domingo, 20 de marzo de 2016

60 Muestra Internacional de Cine/I



El Patrón: Radiografía de un Crimen (Argentina, 2014), primer largometraje del ficción del documentalista Sebastián Schindel, nos remite en su título a la obra mayor de Otto Preminger, Anatomía de un Asesinato (1959) y, en efecto, hay algo de ella en esta suerte de thriller social, procedimental y de juzgado. 
El joven y ascendente abogado Di Giovanni (Guillermo Pfenning) presiona a Nora (Andrea Garrote), la secretaria de un juzgado de instrucción, para que le dé preferencia a un caso de extradición que él está llevando. La mujer accede con una condicionante: que tome la defensa, pro bono, de un pobre diablo acusado del asesinato de su patrón. El caso es muy claro: el tipo es culpable de haber apuñalado a su víctima, él mismo ha pedido la pena de muerte para sí -aunque no existe en Argentina- y el abogado de oficio ha renunciado de plano a defenderlo. El asunto no es, por supuesto, de culpabilidad sino, como se dice en un diálogo clave, de responsabilidad. ¿Qué llevó a ese dócil empleado a cometer, en 15 segundos, un acto violento de esa naturaleza?
El director Schindel y su co-editor Andrés Ciambotti alternan, corte directo de por medio, los acontecimientos pasados que llevaron a Hermógenes (el galán televisivo Joaquín Furriel, irreconocible) a matar a su patrón Latuada (Luis Ziembrowski) con el tiempo presente, en el que Di Giovanni trata de saber las razones que hay detrás de ese crimen. Lo que encuentra es el retrato de una situación de esclavitud informal: un analfabeta provinciano con esposa en ristre (Mónica Lairana) que cae en las redes de un atrabiliario dueño de una cadena de carnicerías. El tipo es un gangster: vende carne podrida, explota a quien se deje, gritonea a la primera provocación y tiene como mano derecha a un brillante carnicero inescrupuloso (el ubicuo Germán de Silva, robándose cada escena).
Lenta e implacablemente, vemos cómo Latuada le va arrebatando a Hermógenes la poca dignidad que posee: le cambia el nombre por Santiago, toma a su esposa como criada sin sueldo, lo humilla delante de la clientela, lo empuja a cometer trácala tras trácala sin descanso, hasta que el pobre diablo, silencioso y pasivo, no puede más. Aunque sabemos desde el inicio del asesinato del patrón, cuando la escena sucede, Schindel y sus actores logran estremecernos de manera genuina: hay algo de inevitable en ese súbito, demencial, acto de violencia.
El guión, escrito por el propio cineasta y basado en un hecho real, parece desbarrancarse en ciertos momentos, en la medida que vemos cómo el cínico abogado Di Giovanni se convierte en el esforzado salvador de Hermógenes. Sin embargo, Schindel no deja que eso suceda del todo: en el epílogo de un final aparentemente feliz, queda claro que Hermógenes tuvo suerte en toparse con una secretaria de juzgado con conciencia y con un abogado más que competente. Pero las condiciones que lo llevaron a la cárcel ahí siguen. 
Al final de cuentas, para la gente como Hermógenes, en Argentina, en México, en muchos otros países del mundo, la libertad no existe. A lo más que pueden aspirar es a tener un patrón decente o, por lo menos, no tan abusivo. Un sólido thriller social.

martes, 15 de marzo de 2016

El cliché que yo ya vi/CXXXVI

-"¡Arrrrrgggghhh... pinche Comisión!"



Joel Meza propone:

En Hollywood no hay fusibles: En las películas de fantasía, cuando el villano tiene el poder de absorber algún tipo de energía, siempre habrá una escena donde es derrotado por una sobrecarga. Lo hemos visto en Superman III (1983), Hulk (2003), El Asombroso Hombre-Araña 2 (2014) y ahora lo vemos en Kung Fu Panda 3.

lunes, 14 de marzo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXI



Nuestra Pequeña Hermana (Umimachi Diary, Japón, 2015), de Hirokazu Koreeda. El más reciente largometraje del maestro Koreeda es un delicado melodrama familiar y femenino que nos remite, por supuesto, a Ozu y, también, al clásico más reciente Las Hermanas Makioka (Ichikawa, 1983). Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

La Tierra y la Sombra (Colombia-Francia-Holanda-Chile-Brasil, 2015), de César Augusto Acevedo. La opera prima de Acevedo está ubicada en el interior profundo colombiano, en algún valle azucarero al que llega, después de 17 años de ausencia, el viejo Alfonso (Haimer Leal). El hombre, silencioso, cansado, llega a visitar a su hijo Gerardo (Edison Raigosa) -postrado en la cama, enfermo de tanto respirar polvo y cenizas- y a conocer a su nieto Manuel (José Felipe Cárdenas) y a su nuera Esperanza (Marleyda Soto). Alicia (Hilda Ruiz), su mujer, no quiere saber nada de él: ¿en dónde estuvo cuando más lo necesitaba?
Exquisitamente fotografiada por el también debutante Mateo Guzmán, La Tierra y la Sombra nos presenta una zona rural colombiana destruida por el paso del capitalismo más rapaz. No hay esperanza alguna y todo es fatalidad: de ese infierno en el que viven y mueren lo personajes, rodeados del polvo y las cenizas de la caña quemada, no se puede escapar. Se podrán ir físicamente, es cierto, pero parte de ellos -de sus vidas, de sus sueños- ha sido cubierto de cenizas. Película ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2015. 

Paraíso Perdido (México, 2016), de Humberto Hinojosa Oscariz. El tercer largometraje de Hinojosa está, por desgracia, más cerca de su segunda película -la meritoria pero malograda I Hate Love (2012)- que de su espléndida e insuperada opera prima Oveja Negra (2009).
Un joven matrimonio, Sofía y Mateo (Ana Claudia Talancón e Iván Sánchez), sale a recorrer en yate las aguas del Caribe, acompañado por el hermano de ella, Pedro (Andrés Almeida). Los tres paran en una pequeña isla a comerse unas langostas y a descansar y, al ir a curiosear al interior de la isla, Pedro encuentra una bolsa llena de dólares. Además, por ahí anda alguien suelto con un saco en la cara y con la afición de colgar adornos gótico-sureño-gringos de los árboles.
La película tiene una sólida puesta en imágenes -la fotografía de Guillermo Garza es más que funcional- y la música de Rodrigo Dávila es muy efectiva, pero la historia escrita por el propio director y Anton Goenechea no trasciende los clichés del género. Igual, sigue siendo meritorio el esfuerzo de Hinojosa por trabajar los géneros más comerciales, tratando de conectar con un público. Ojalá el resultado fuera mejor. 

viernes, 11 de marzo de 2016

Cartagena 2016/II y último



El festival de cine más antiguo de América Latina, el FICCI (Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, en Colombia), que finalizó el lunes pasado, cumplió su 56 aniversario festejando la reciente nominación al Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero de El Abrazo de la Serpiente (Guerra, 2015).
El FICCI 2016 programó 154 cintas provenientes de 39 países en seis secciones competitivas, centradas en el cine producido en Iberoamérica y en Colombia: la Competencia Oficial de Ficción (10 cintas), la Competencia Oficial de Documentales (también 10 cintas), la Competencia Oficial Colombiana (otras 10 cintas), la Competencia Oficial de Cortometrajes (una veintena de cortometrajes), la Sección de Nuevos Talentos (formada por 14 cortometrajes universitarios de Colombia) y, finalmente, la sección bautizada como Gemas, formada por 11 largometrajes de todo el mundo que han sido ganadores de otros festivales internacionales y que son estrenos en Colombia.
Además, el FICCI 2016 presentó una selección de cortometraje del California Institute of the Cal-Arts de Estados Unidos, algunas galas fuera de concurso, funciones de medianoche, retrospectivas de Gaspar Noé y Sharunas Bartas, además de un trío de homenajes, con todo y retrospectiva incluidas. Los merecedores del trío de tributos fueron el cineasta filipino Brillante Mendoza, el veterano director caleño Luis Ospina –uno de los fundadores del movimiento fílmico bien conocido en Colombia como “Calliwood”- y a la actriz ganadora del Oscar Susan Sarandon.
El jurado oficial –conformado por el cineasta mexicano Michel Franco, el productor británico Mike Downey y la actriz argentina Ailín Salas- nombró Mejor Película a la cinta brasileña Boi Neon (Mascaro, 2015), mientras que la mención a Mejor Director fue para José Luis Guerín, por la intelectualmente divertida La Academia de las Musas (2015).
Otros premios fueron para El Viento Sabe que Vuelvo a Casa por Mejor Documental, Noche Herida como Mejor Película Colombiana, el Mejor Cortometraje fue La Impresión de una Guerra y el Premio Gema recayó en la cinta mexicana El Último Paciente, de Michel Franco.
El jurado FIPRESCI, conformado por el crítico estadounidense Gerarld M. Peary, la francesa Barbara Lorey de la Charrière y el regenteador de este blog, otorgamos el premio FIPRESCI a la Mejor Película a la cinta chilena Aquí No Ha Pasado Nada, de Alejandro Fernández Almendras, una capciosa crónica de un famoso caso judicial chileno que retrata de cuerpo entero a una sociedad y a su sistema de justicia que no han cambiado mucho, a pesar de varias décadas de democracia. 

lunes, 7 de marzo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXX



Pues estando en Cartagena 2016, sé más bien poco, pero vista la lista de ¡12 estrenos!, tampoco hay mucho que saber, como sigue:

A los Ojos (México, 2013), de Michel y Victoria Franco. El tercer largometraje del doble ganador en Cannes -en Una Cierta Mirada con Después de Lucía (2012) y Mejor Guión con la aún inédita comercialmente El Último Paciente (2015)- se presentó en Morelia 2013 en donde escribí algunos párrafos del filme. Sin embargo, tengo entendido que después de esa exhibición, Franco re-editó la cinta, de tal manera que no sé cuánto haya cambiado en esta nueva versión. En todo caso, por acá está lo que escribí de A los Ojos hace un par de años.

Sin Regreso (Bactrack, Australia, 2015), de Michael Petroni. Una película de aparecidos que apenas si aguanta el palomazo. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado

viernes, 4 de marzo de 2016

El cliché que yo ya vi/CXXXV


Mauricio González (@mauroforever) propone:
El niño lindo que interrumpe el  encono conyugal a altas horas de la noche:
La escena es un clásico recurrente tanto en el cine como en la televisión desde hace ya varias décadas. Funciona para enfatizar un punto de quiebre en la degradación matrimonial al visualizar el daño que la irresponsabilidad de uno de los cónyuges –materializada en infidelidad o adicción- le provoca al hogar otrora feliz, al tiempo que permite una transición temporal sin complicaciones en la narrativa.
Va así. Una pareja pelea en medio de la noche. El esposo –rara vez la esposa, aunque también se da- llega tarde a la casa, sea a causa de que anduvo de farra o tirándose a una mujer fatal (cliché de innumerables thrillers soft porn). Su media naranja le reclama amargamente. La tensión se eleva, comienza el duelo de gritos y, justo cuando las cosas amenazan con escalar al paroxismo, se escucha una voz infantil. "¿Mami?", pregunta la criatura. El siguiente corte muestra a un niño confundido por la pelea de sus padres, a veces en la escalera, a veces parado como zombi, o ya cuando estamos en la cursilería total, con lágrimas en los ojos y sosteniendo un animal de peluche. La mamá le dice al infante que todo está bien, lo abraza y lo lleva a la cama.
 "-Dejen dormir, que me traumo".
El papá queda paralizado por la vergüenza. Silencio. Esta imagen, por lo general, es sucedida por un salto elíptico al día siguiente. La versión más reciente de este cliché se puede observar en el episodio tres de Vinyl (Whispered Secrets), que, nobleza obliga, alterna secuencias brillantes (la fantasía de lo que pudo ser de un artista de blues, un interrogatorio filmado por Andy Warhol) con lugares comunes tan sobados como los reclamos de Olivia Wilde a un Bobby Cannavale ahogado en el rock y la cocaína de 1973.
El episodio fue dirigido por Mark Romanek y escrito por Jonathan Tropper, Debora Cahn y Adam Rapp. El showrunner de Vinyl es Terence Winter y la serie está coproducida, entre otros, por Martin Scorsese y Mick Jagger (a quien no imagino en esta situación).

jueves, 3 de marzo de 2016

Cartagena 2016/I



Cuando llegamos al Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala de Cartagena para asistir a la inauguración del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) unos guardias revisaban mochilas y bolsas de los asistentes y, además, todos pasamos por un detector de metales. ¿Tantas precauciones para la inauguración de un festival?, me pregunté.
La respuesta llegó minutos después con el aviso de que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, estaría presente en la ceremonia inaugural. He asistido a suficientes inauguraciones de festivales de cine como para poder juzgar que la del FICCI 2016 estuvo decente: los discursos fueron breves y el del propio presidente Santos resultó bastante interesante. 
En el Centro de Convenciones, los aplausos y chiflidos al presidente se confundieron. Su discurso de diez minutos estuvo bien escrito -quien lo haya hecho, se ve que sabe de cine colombiano- y, por supuesto, Santos presumió los resultados de la nueva Ley de Cine en la que dijo, participó él al lado de su su exmujer -curioso tributo a una "ex", habría que decir. El discurso terminó con el llamado a hacer una nueva película de paz en el país, apuntando además que faltan unas cuantas semanas para que el Estado colombiano firme finalmente la paz con las FARC -¿en Cuba este mismo mes?, ¿con Obama como testigo?: no lo aclaró.
 Los aplausos de la concurrencia no apagaron un grito que se escuchó con toda claridad desde la parte más alta del centro de convenciones: "¡paz sin impunidad!". Un discurso político que llega en un momento complicado para Santos y su gobierno: el lunes pasado fue detenido el hermano del expresidente Álvaro Uribe, Santiago, acusado de tener vínculos con fuerzas paramilitares. Como la relación entre Santos y Uribe no es precisamente la mejor -Uribe está en contra de las negociaciones con las FARC- esto parece una re-elaboración colombiana de Zedillo vs. Salinas reloaded
La buena impresión por el discurso de Santos creció cuando el presidente colombiano se quedó a ver completa la cinta inaugural: Los Nadie (Colombia, 2016), debut de Juan Sebastián Mesa. Elección congruente el iniciar un festival de cine de un país con una película producida por ese mismo país, sin duda, aunque, también, arriesgada, más tratándose de una opera prima.
Los Nadie tiene vasos comunicantes claros con la cinta mexicana Somos Mari Pepa (Kishi Leopo, 2011) y con la colombiana Los Hongos (Ruiz Navia, 2014). Como en estas dos películas, he aquí, en una escueta puesta en imágenes en blanco y negro, a un grupito de adolescentes sin oficio ni beneficio que sobreviven como pueden en las orillas de una gran ciudad -Medellín, en este caso- y se dedican al "arte callejero" -entiéndase: a hacerla de acróbatas en los cruceros, al graffiti, a pergeñar una música punk genuinamente espantosa. La quinteta de chamacos tienen un solo sueño: irse de mochilazo limpio al "sur", hasta donde alcance la tierra, hasta el fin de la Argentina misma.
Hay una frescura indudable en los diálogos e interpretaciones de los muchachos -aunque esta misma frescura delata algunas insuficiencias de los propios jóvenes actores- y habría que agradecer que la película tuviera subtítulos en inglés, porque el caló colombiano era, a ratos, ininteligible para los oídos mexicanos -o, bueno, de este mexicano, en todo caso.
La cinta se deja ver sin dificultad y el debutante Mesa logra uno que otro gran momento cinematográfico, como ese acercamiento al dolor romántico de una de las protagonistas, Ana que, al no encontrar a su (dizque) novio Pipa, se sienta a esperarlo llorando, mientras se escucha una canción de Leo Dan ("Tú llegaste cuando menos lo esperaba") y la cámara de David Correa Franco sigue a una línea de pintura que va caminando sobre una pared, libérrima, sin ataduras, como este grupo de chamacos ingobernables. No es mal debut para Mesa.