lunes, 29 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXIX



Por supuesto, lo que sé que vieron el fin de semana pasado es la 88va. entrega del Oscar que, con un par de sorpresas de rigor -Rylance sobre Stallone y el Oscar a Mejor Película a En Primera Plana- fue una premiación más o menos previsible. Aunque, para ser francos, no tanto, por lo menos en mi cuenta personal. El año pasado tuve un 77% de efectividad de "predicción" y ahora, gracias a Rylance y a En Primera Plana, un 70%. Bueno, total, el año que entra me redimo... o empeoro. 
Por supuesto, a toro pasado es relativamente fácil explicar por qué En Primera Plana obtuvo el Oscar 2016 a pesar de no haber ganado el Premio del Sindicato de Productores -que lo ganó La Gran Apuesta- y a pesar de que su director, Tom McCarthy, tampoco ganó el Premio del Sindicato de Directores ni el Oscar a Mejor Director, el par de triunfos que, generalmente, señalan qué cinta obtendrá el Oscar a Mejor Película.
La respuesta es por el sistema de votación "preferencial" con el que los académicos gringos deciden cuál será la Mejor Película. Este sistema logra que se elija la cinta menos divisiva, lo que provoca, por supuesto, que filmes que algunos votantes apasionadamente aman, odian o ningunean (como El Renacido y Mad Max: Furia en el Camino) sean hechos a un lado. 
De cualquier manera, pudo haber sido peor, tomando en cuenta algunos resultados históricos de la academia gringa. Pudieron haber ganado Misión Rescate o La Habitación.

La Jugada Maestra (Pawn Sacrifice, EU, 2014), de Edward Zwick. El más reciente largometraje de Zwick es una suerte de biopic del joven genio ajedrecista Bobby Fisher (Tobey Maguire) y el torneo en el que se enfrentó al Gran Maestro soviético Boris Spassky (Liev Schreiber) a inicios de los 70. Ese duelo mental terminó transformado en otra batalla más de la Guerra Fría en un mundo en el que la paranoia política no era una enfermedad sino una forma de vida. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Oscar 2016



Hoy se entrega el Oscar 2016 y, como el año pasado, he aquí mis predicciones. Se trata de una lista de quién creo que ganará, quién debería -según mi juicio- ganar y, en algunos casos, quién debería haber sido nominado. No están todas las categorías -de los cortos, solo vi completa la quinteta de acción viva y, honestamente no tengo idea ni me interesa qué canción va a ganar-, pero aquí está mi lista de todas las demás:

Mejor Película:
Ganará: El Renacido
Debería ganar: El Renacido
Deberían haber sido nominadas: Anomalisa, Phoenix , 45 Años e Intensa-Mente en lugar de La Habitación, La Gran Apuesta, Misión Rescate  y Brooklyn (además, para completar diez nominadas, bien pudieron haber sumado dos de estas tres: The Duke of Burgundy, Carol o '71).

Mejor Director:
Ganará: Alejandro Gónzález Iñarritu.
Debería ganar: Alejandro González Iñárritu.
Deberían haber sido nominados: Christian Petzold, Andrew Haigh, Steven Spielberg (¡o Patrick Strickland o Todd Haynes o Yann Demange!), en lugar de Adam McKay, Lenny Abrahamson y Tom McCarthy.

Mejor Actor:
Ganará: Leonardo DiCaprio.
Debería ganar: Leonardo DiCaprio.
Deberían haber sido nominados: Tom Courtenay, Tom Hanks, Michael B. Jordan y Jack O'Connell por los otros cuatro.

Mejor Actriz:
Ganará: Brie Larson.
Debería ganar: Charlotte Rampling.
Deberían haber sido nominadas: Nina Hoss y Charlize Theron (o Sidse Babbet Knudsen o Juliette Binoche) en lugar de Brie Larson y Jennifer Lawrence.

Mejor Actor Secundario:
Ganará: Sylvester Stallone.
Debería ganar: Mark Rylance.
Debería haber sido nominados: O'Shea Jackson Jr. o Michael Peña en lugar de Christian Bale (aunque, para ser francos, esta quinteta es una de las más solidas: nadie sobra).

Mejor Actriz Secundaria:
Ganará: Alicia Vikander.
Debería ganar: Rooney Mara.
Debería haber sido nominada: Kristen Stewart y Chiara D'Anna por Alicia Vikander y Kate Winslet.

Mejor Guión Original:
Ganará: En Primera Plana.
Debería ganar: Intensa-Mente.
Debería haber sido nominadas: The Duke of Burgundy o '71 o Nubes de María en lugar de Letras Explícitas.

Mejor Guión Adaptado: 
Ganará: La Gran Estafa.
Debería ganar: Carol.
Deberían haber sido nominadas: Anomalisa, Phoenix y 45 Años por La Habitación, Misión Rescate y Brooklyn.

Mejor Fotografía:
Ganará: Emmanuel Lubezki.
Debería ganar: Emmanuel Lubezki. 
Deberían haber sido nominados: Otra quinteta muy fuerte: ya no hay espacio para alguien más, aunque la fotografía de Phoenix The Duke of Burgundy también fueron notables.

Mejor Diseño de Producción:
Ganará: El Renacido.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino
Debería haber sido nominada: The Duke of Burgundy y Carol (o La Cumbre Escarlata) en lugar de La Chica Danesa y Misión Rescate

Mejor Diseño de Vestuario:
Ganará: La Chica Danesa.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino.
Debería haber sido nominada: The Duke of Burgundy o Brooklyn o La Cumbre Escarlata en lugar de La Chica Danesa.

Mejor Maquillaje y Peinados:
Ganará: Mad Max: Furia en el Camino.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino.

Mejor Edición: 
Ganará: Mad Max: Furia en la Carretera.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino.
Debería haber sido nominada: Puente de Espías o '71 en lugar de Star Wars: el Despertar de la Fuerza.

Mejor Música:
Ganará: Ennio Morricone por Los 8 Más Odiados.
Debería ganar: Carter Burwell por Carol.
Debería haber sido nominado: Cat's Eye por The Duke of Burgundy.

Mejores Efectos Visuales:
Ganará: Star Wars: el Despertar de la Fuerza.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino.

Mejor Edición de Sonido:
Ganará: Mad Max: Furia en el Camino.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino.

Mejor Mezcla de Sonido:
Ganará: Mad Max Furia en el Camino.
Debería ganar: Mad Max: Furia en el Camino.
Debería haber sido nominada: Love & Mercy y Letras Explícitas.

Mejor Documental:
Ganará: Cartel Land.
Debería ganar: Como no revisé todos los documentales, me abstengo.
Debería haber sido nominado: El Botón de Nácar, Listen to Me Marlon o Western, en lugar de Cartel Land. De hecho, Western es el perfecto anti-Cartel Land

Mejor Película Animada:
Ganará: Intensa-Mente.
Debería ganar: Anomalisa.
Deberían haber sido nominadas: Honestamente, no lo sé. No vi una sola película animada mejor que las cinco elegidas. Bien por los votantes de la rama de animación de la academia gringa.

Mejor Película en Idioma Extranjero:
Ganará: El Hijo de Saúl.
Debería ganar: al momento de escribir estas líneas no he visto aún El Hijo de Saúl, así que no puedo afirmar si realmente merecería ganar el Oscar.
Deberían haber sido nominadas: Una quinteta sólida, aunque es una lástima que no hayan sido elegidas Que Horas Ela Volta?, La Corte y El Club.

Mejor Cortometraje de Acción Viva:
Ganará: No tengo idea cómo votarán los académicos gringos en esta categoría.
Debería ganar: Alles Wird Gut

sábado, 27 de febrero de 2016

Oscar 2016... en un vistazo



Mañana se entrega el Oscar 2016 y acá esta la lista de las cintas nominadas que ya vi en orden de preferencia y con las ligas a las críticas respectivas. En cuanto a las calificaciones, de uno a cuatro asteriscos, es positiva; de una a dos cruces, negativa. 


Anomalisa (Ídem, EU, 2015), de Duke Johnson y Charlie Kaufman: ****

45 Años (45 Years, GB, 2015), de Andrew Haigh: *** 1/2

Intensa-Mente (Inside Out, EU, 2015), de Pete Docter y Ronnie Del Carmen: *** 1/2

Puente de Espías (Bridge of Spies, EU-Alemania-India, 2015), de Steven Spielberg: *** 1/4

Carol (Ídem, EU-GB, 2015), de Todd Haynes: *** 1/4 (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

Shaun el Cordero (Shaun the Sheep Movie, GB-Francia, 2015), de Mark Burton y Richard Starzak: *** 1/4

Revenant: El Renacido (The Revenant, EU, 2015), de Alejandro González Iñárritu: ***1/4

Mad Max: Furia en el Camino (Mad Max: Fury Road, Australia-EU, 2015), de George Miller: ***

La Mirada del Silencio (The Look of Silence, Dinamarca-Indonesia-Finlandia-Noruega-GB-Israel-Francia-EU-Alemania-Holanda, 2015), de Joshua Opphenheimer: ***

El Niño y el Mundo (O Menino e o Mundo, Brasil, 2013), de Alê Abreu: ***

World of Tomorrow (EU, 2015; 17 minutos), de Don Hertzfeld: ***

Historia de un Oso (Chile, 2014; 11 minutos), de Gabriel Osorio Vargas: ***

El Recuerdo de Marnie (Omoide no Mâni, Japón, 2014), de Hiromasa Yonebayahi: ***. Escribí unos párrafos por acá en el momento del estreno. 

En Primera Plana (Spotlight, EU, 2015), de Todd McCarthy: ***

Krigen (Dinamarca, 2015), de Tobias Lindholm: ***

Brooklyn (Ídem, Irlanda-GB-Canadá, 2105), de John Crowley: ***

Alles wird gut (Austria-Alemania, 2015; 30 minutos), de Patrick Vollrath: ***

Letras Explícitas (Straight Outta Compton, EU, 2015), de F. Gary Gray: ** 1/2

Ex-Machina (GB, 2015), de Alex Garland: ** 1/2

Mustang (Turquía-Francia-Qatar-Alemania, 2015), de Deniz Gamze Ergüven: ** 1/2

Theeb (Jordania-EAU-Qatar-GB, 2014), de Naki Abu Nowar: ** 1/2

Creed: Corazón de Campeón (Creed, EU, 2015), de Ryan Coogler: ** 1/2

La Gran Apuesta (The Big Short, EU, 2015), de Adam McKay: ** 1/2

Ave Maria (Palestina-Fancia-Alemania; 15 minutos), de Basil Khalil: ** 1/2

Stutterer (GB, 2015; 12 minutos), de Benjamin Cleary: ** 1/2

Prologue (GB, 2015; 6 minutos), de Richard Williams: **

Los 8 Más Odiados (The Hateful Eight, EU, 2015), de Quentin Tarantino: ** (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

El Abrazo de la Serpiente (Colombia-Argentina-Venezuela, 2015), de Ciro Guerra: **

007 Spectre (Spectre, GB-EU, 2015), de Sam Mendes: **

Misión Rescate (The Martian, EU-GB, 2015), de Ridley Scott: **

Cenicienta (Cinderella, EU, 2015), de Kenneth Branagh: **

Shok (Kosovo-GB, 2015; 21 minutos), de Jamie Donoghue: **

La Habitación (Canadá-Irlanda, 2015), de Lenny Abrahamson: * 3/4

Cartel Land (Ídem, EU-México, 2015), de Matthew Heineman: *3/4. (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

Tierra de Nadie: Sicario (Sicario, EU, 2015), de Denis Villeneuve: * 3/4

Trumbo (EU, 2015), de Jay Roach: * 1/2

Sanjay's Super Team (EU, 2015; duración: 7 minutos): * 1/2

Star Wars: El Despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens, EU, 2015), de J. J. Abrams: *1/2

Steve Jobs (Ídem, EU-GB, 2015), de Danny Boyle: *

Day One (EU, 2015; 25 minutos), de Henry Hughes: +

Youth (Italia-Francia-GB-Suiza, 2015), de Paolo Sorrentino: +

Joy: el Nombre del Éxito (Joy, EU, 2015), de David O. Russell: +. (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

La Chica Danesa (The Danish Girl, GB-EU-Bélgica, 2015), de Tom Hooper: +. (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

martes, 23 de febrero de 2016

Zootopia



A bote pronto, Zootopia (Ídem, EU, 2015), el más reciente largometraje animado de la Casa Disney, parece una apuesta segura para crear una sección más en sus parques de diversiones y, por supuesto, para vender una nueva serie de peluches de todo tipo y tamaño. Después de todo, una historia centrada en un utópico mundo animal antropomórfico en el que viven, codo con codo –o pata con pata, pues-, depredadores y víctimas, no parece la más audaz ni la más original de las cintas.
En efecto, el guion firmado por Jared Bush y Phil Johnston no tiene empacho de saquear fórmulas y formatos bien conocidos –la comedia de pareja/dispareja y el film noir ubicado en una luminosa ciudad muy parecida a Los Ángeles- ni en regar por ahí y por allá los guiños cinefílicos de rigor –uno espléndido dedicado a El Padrino (Coppola, 1972)-, pero algunos de los chistes son realmente graciosos –hay un rolling gag en una oficina burocrática que provocó la hilaridad de todos los adultos en la función a la que asistí- y el discurso político, dirigido a combatir los prejuicios y los miedos sociales, por más obvio que resulte, es más que bienvenido en una sociedad como la gringa que está a punto de encumbrar como candidato presidencial a un racista y xenófobo como Donald Trump.
Dicho de otra manera: Zootopia no es la gran cinta animada de este año –ni de cualquier año-, pero funciona muy bien las más de las veces. Es un palomazo de lujo que, además, derrocha imaginación visual con ese diseño de la ciudad del título con sus muchos barrios –que corresponden a los ecosistemas de los distintos animales- de distintos tamaños –los roedores viven en una miniciudad- y accesorios -los hipopótamos llegan a un centro comercial saliendo debajo del agua.
La historia, decía, está articulada entre la comedia y el whodunit: la voluntariosa conejita Judy Hopps logra ser el primer animal pequeño y no depredador en la fuerza policial de Zootopia y, a pesar de que su jefe, el charrascaloso búfalo negro Bogo, no le asigna ningún caso importante, logra de todas formas hacerse cargo de la misteriosa desaparición de una comadreja. Como ayudante, Judy recluta al zorro transa y vividor Nick Wilde, quien no tiene más remedio que ayudar a la cuica orejona, si no quiere ser acusado con el SAT gringo… O, bueno, de Zootopia.
La investigación llevará a esta peculiar pareja/dispareja a recorrer toda Zootopia, desde guaridas gansteriles en las que domina una corleonesca musaraña hasta grisáceas oficinas gubernamentales, desde el infaltable barrio bajo delincuencial hasta alguna locochona comuna de las que había en Vicio Propio (Anderson, 2014).
Por supuesto, la solución al misterio de la desaparición de la comadreja –y de otros depredadores más- es bastante previsible porque en las tramas hard-boiled clásicas ya sabe usted de qué y de quién se debe desconfiar. Al parecer, en Zootopia y en nuestro mundo, abundan las mismas alimañas. 

lunes, 22 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXVIII



Seguir Viviendo (México, 2014), de Alejandra Sánchez. El tercer largometraje -pero primero de ficción- de la documentalista Alejandra Sánchez (Bajo Juárez: la Ciudad Devorando a sus Hijas/2006, y la poderosa Agnus Dei: Cordero de Dios/2011) lo vi en Guadalajara 2014, hace prácticamente dos años. Apenas este fin de semana se ha estrenado y en el circuito cultura de rigor: Cineteca y salas afines.
Dos adolescentes, Jade y Kaleb García Andrade (ellos mismos) tienen que salir huyendo de Ciudad Juárez, acompañados/cuidados por la reluctante periodista Martha (Nora Huerta), después de que la mamá de ambos -en realidad, la abuela: su mamá fue asesinada cuando los dos eran muy niños- es baleada por unos sicarios y dejada en estado de coma. 
La cinta tiene elementos documentales muy claros: la abuela de los chamacos, Norma Andrade, sí sufrió de verdad un atentado, y los dos adolescentes interpretan versiones de ellos mismos e, incluso, aparecen en pantalla dando testimonios al estilo del cine documental clásico. Este impulso semi-neorrealista se combina con elementos mucho más melodramáticos y convencionales -la historia de la periodista Martha, que aún no puede aceptar la muerte accidental de su hijito-, con todo y la aparición de Tito Vasconcelos reventándose "Silencio" en algún cabaret tropical playero y cinematográfico. 
En todo caso, el discurso vital de la película es el que resulta atrayente: más que refocilarse en el dolor o la justa indignación, Sánchez opta por construir un relato en el que "la vida se abre paso" a pesar de todo. No es una mirada idílica de esa tragedia que es la violencia inabarcable en este país, sino una simple y necesaria afirmación de que la vida tiene que seguir, por más que no olvidemos nunca a nuestros muertos que pueden estar, por ejemplo, "en el aire".

Zootopia (Ídem, EU, 2016), de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush. Mañana aparecerá mi crítica in extenso aquí mismo pero adelanto: es una cinta animada muy palomera con un desternillante olling gag en una oficina de gobierno que ya se coló, desde ahora, en los fotogramas del año. 

Vigilancia Extrema (Gam-si-ja-deul, Corea del Sur, 2013), de Ui-seok Jo y Buyng-seo Kim. Buen remake -acaso, incluso, mejor que el original- del thriller hongkonés Gun Chung (Yau, 2007). Mi crítica en el suplemento Primera Fila del viernes pasado de Reforma

¡Que Viva la Música! (Colombia-México, 2015), de Carlos Moreno. El quinto largometraje de Moreno -Perro Come Perro (2008), El Cártel de los Sapos (2011)- está basado en la novela de culto de Andrés Caicedo, ubicada en la Cali de los años 70. 
La protagonista, la jovencita ricachona María del Carmen (Paulina Dávila), se ve envuelta en una interminables espiral de excesos -ora sí que droga, sexo y rocanrol (más cumbias)- que refleja el nihilismo de esa sociedad, de esa época y de esa juventud -o de esta sociedad, de esta época y de esta juventud. 
Lástima que el filme se vuelva monótono en su segunda parte. Además, la voz en off poética/narrativa de la propia María del Carmen -hasta donde entiendo, tomada de la propia novela de Caicedo- resulta bastante estorbosa. Una oportunidad perdida.

La Habitación (Room, Canadá-Irlanda, 2015), de Lenny Abrahamson. El quinto largometraje del dublinés Abrahamson -mea culpa: no he visto ninguna cinta anterior de él- está basado en el bestseller homónimo de Emma Donoghue, a su vez inspirado en la historia real del austriaco Joseph Fritzl, quien mantuvo a su propia hija secuestrada en el sótano de su casa durante 24 años, con quien, además, procreó siete hijos.
El guion -escrito por la propia novelista Donoghue- nos ubica en alguna ciudad americana, en la habitación del título, donde "Ma" (Brie Larson, futura ganadora del Oscar 2016 a Mejor Actriz) permanece encerrada, aislada del mundo, solo con la compañía de su hijito de cinco años Jack (Jacob Tremblay, de siete), a quien parió en ese mismo lugar. 
Quien la mantiene encerrada hace siete años -la muchacha tiene 24- es un tipo que ella y su hijito mencionan como el Viejo Nick (Sean Bridgers). Por la noche, el hombre entra a la habitación para dejar alimentos, bebidas y, por supuesto, reclamar el pago sexual de parte de Ma, quien encierra a Jack en un armario para evitar que tenga la menor relación posible con su carcelero... que es también su padre.
Durante la primera parte de esta cinta, Abrahamson sostiene perfectamente la tensión dramática, enclaustrada entre las cuatro paredes del cuarto, con un niño que ha sido educado -por Ma- desconociendo por completo lo que sucede en el mundo exterior, al que solo accede por un pequeño tragaluz y por un viejo televisor. El escenario es terrible y, al mismo tiempo, esperanzador: el amor incondicional de la muchacha hacia su hijo es el único sostén no solo del chamaco sino de ella misma.
Cuando han transcurrido 50 minutos de la cinta, ocurre algo que hace cambiar la dirección del filme y no hacia el mejor rumbo. Es cierto que este cambio de tono sucede a través de una magnífica secuencia de suspenso y acción -acaso la mejor de toda la película, de hecho- pero luego, por desgracia, el guion de Donaghue se estanca en los meandros de un melodrama femenino elemental y lacrimógeno.
En lo personal, creo que La Habitación no se recupera nunca de su terrible segunda parte. O, acaso, el problema es que no se recupera de esos primeros magníficos 50 minutos. 

Love & Mercy (Ídem, EU, 2014), de Bill Pohland. El apenas segundo largometraje como cineasta del productor Pohland es una valiosa biopic musical  acerca de la cabeza creativa de Los Beach Boys, Brian Wilson, ubicada en dos espacios dramático-temporales claramente establecidos: a mediados de los 60, cuando Wilson está preparando la música para su famoso álbum "Pet Sounds", y veinte años después, cuando Wilson, sobre-medicado, está en manos de su psiquiatra y tutor legal, el siniestro Eugene Landy (Paul Giamatti, ñacañaquesco). 
Los dos Wilson, el joven de los años 60 y el maduro de los 80, están encarnados por dos actores muy distintos (Paul Dano y John Cusack, respectivamente) pero, curiosamente, esta selección funciona muy bien, como si estuviéramos ante una suerte de re-edición de la extravagante biopic de Bob Dylan Mi Historia sin Mí (Haynes, 2007) -de hecho, no por nada el filme de Haynes y de Pohland comparten el mismo guionista: Oren Moverman.
Más allá del análisis psicológico del personaje -la dependencia de Wilson ante Landy bien podría explicarse como una continuación de los abusos que sufrió en la infancia y juventud el compositor en manos de su padre y representante (Bill Camp)-, lo mejor de esta cinta es que nos entrega una fascinante crónica del trabajo creativo de Wilson. En la mejor tradición del cine procedimental americano, vemos de qué manera el joven Wilson va armando cada corte de uno de los discos clásicos del pop gringo de los 60. Hay algo de genio en ello, claro, pero también de simple talacha: joder y joder a los músicos hasta que el sonido sea ése que él está escuchando en su cabeza, traer perros al estudio para captar sus ladridos, preguntar si ya entrados en gastos le podrían traer un caballo de una vez...
Comenté antes que esta elección casi buñueliana de elegir a dos actores para el mismo personaje, en dos etapas no tan lejanas, rinde buenos frutos: entre los Wilson de Dano y Cusack hay una corriente de sensibilidad actoral que los une. La perpetua inseguridad del joven Wilson se transforma en encantadora vulnerabilidad en el Wilson maduro. Por su parte, en el papel de su salvadora y futura esposa, la exmodelo vendedora de autos Melinda Ledbetter, Elizabeth Banks logra una interpretación notable: uno cree de verdad en la inteligencia y determinación de esa guapa mujer sin que parezca una simple hada madrina. 
Ah, y otra cosa: claro que se escucha en algún momento "Would'nt It be Nice" y, además, en el momento preciso.

domingo, 21 de febrero de 2016

El cliché que yo ya vi/CXXXIV







Joel Meza propone:

Un cliché que no puedes rechazar...: En las películas (de los últimos 40 años), cuando aparece un mafioso importante, invariablemente la imagen y la voz nos recordarán a Marlon Brando en el papel de Don Corleone, como lo vimos originalmente en El Padrino. Tan popular se ha hecho este tipo de jefe mafioso en el cine, que el propio Marlon Brando se parodió en 1990, con Un Novato en la Mafia. Y ahora, nada menos que Disney lo usa en una hilarante escena, en Zootopia.

martes, 16 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXVII



Carol (Ídem, GB-EU, 2015), de Todd Haynes. Brillante adaptación, corregida y depurada, de la novela romántico-lésbica "El Precio de la Sal", de Patricia Highsmith. Una de las mejores películas del año. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Deadpool (Ídem, EU, 2016), de Tim Miller. ¿Genocidio cultural, como dijera González Iñárritu? Nah, no llega a eso. Solamente una película bien pinche enfadosa. Mi crítica, por acá.

La Paz (Argentina, 2013), de Santiago Loza. Vi esta película hace tiempo, cuando fui parte del jurado FIPRESCI en La Habana 2013. Se trata de un drama minimalista en la que un jovencito de dinero, Liso (Lisandro Rodríguez), sale de un psiquiátrico para tratar de recuperar su precario equilibrio emocional. Cliché de joven-rico-y-alienado obliga, Liso se sentirá más cerca de su criada boliviana (Fidelia Batallanos Michel) -usted sabe, la indígena tiene un alma limpia, pura y viene de ¡La Paz!- que de todos sus amigos y familia -exceptuando a su abuelita buena onda, claro está. Por la temática -ya chole con esas historias que no hacen más que mirarse el alienado ombligo- y por su seco estilo minimalista, La Paz, releo mis notas, no me pudo haber interesado menos. 

Mi Abuela (Grandma, 2015), de Paul Weitz. El más reciente largometraje de Weitz (co-director con su hermano Chris de Tu Primera Vez/1999 y Un Gran Chico/2002, esta última su mejor cinta hasta el momento) es una modesta pero efectiva comedia melodramática feminista en el que una huraña poetisa anacrónica y lésbica (Lily Tomlin en su primer papel protagónico en este siglo) ayuda a su nieta (Julia Garner, la adolescente ganosa de la teleserie The Americans) a conseguir poco más de 600 dólares para un aborto.
La cinta tiene la estructura de una suerte de road-movie citadina en la que abuela y nieta recorrerán las calles angelinas buscando juntar el dinero necesario para tal "procedimiento", sea visitando al inútil noviecito pedorro de la muchacha, alguna amiga de la vieja que le debe dinero, una reciente y joven examante de ella (Judy Greer), y hasta un antiguo exmarido de la anciana (Sam Elliott, siempre bienvenido). 
En el resumen de la historia está dicho todo. Por lo demás, Weitz no es un cineasta particularmente inspirado, pero con la Tomlin desatada en el protagónico todo se vuelve más digerible. Eso sí: por lo menos el guion, escrito por el propio director, tiene la audacia de no convertirse, nunca en Juno (Reitman, 2007).

El Abrazo de la Serpiente (Colombia-Venezuela-Argentina, 2015), de Ciro Guerra. El tercer largometraje del colombiano Guerra (espléndida road-movie musical Los Viajes del Viento/2009) no solo arrasó en los pasados Premios Fénix 2015 -Mejor Director, Mejor Fotografía, Mejor Música y Mejor Sonido- sino que, además, es una de las cinco cintas nominadas a Mejor Película en Idioma Extranjero en el Oscar 2016 -el primer filme colombiano en la historia del Oscar, por cierto. 
Ubicada en dos espacios temporales narrativos paralelos -a inicios y mediados del siglo XX- pero en el mismo sitio -la selva amazónica- y con el mismo personaje clave -un chamán llamado Karamakate-, he aquí la crónica del viaje que dos exploradores occidentales, el alemán Theo (Jan Bijvoet, el protagonista de la inolvidable mind-fucking Borgman/van Warderman/2013) en 1909, y el americano Evan (Brionne Davis) en 1940, emprenden por las selvas amazónicas, amenazadas, explotadas, destruidas, por la acción del hombre blanco. En los dos viajes, los blancos usan los servicios de Karamakate (Nilbio Torres de joven; Antonio Bolívar de viejo) y en los dos casos van en busca de cierta extraña flor, la yakruna, que supuestamente tiene poderes curativos mágicos.
A través de la premiada cámara en blanco y negro de David Gallego y el diseño sonoro de Carlos García, Guerra nos lleva hacia un viaje tan insólito como el de sus dos aventureros blancos: la exploración de un pasado que el colonialismo blanco se encargó de destruir -esas secuencias de la plantación de caucho o de la misión católica- y que apenas sobrevive en la figura avejentada de ese anciano Karamakate que se sabe el último de su tipo, el único que todavía recuerda los cantos de su gente, sus costumbres, su forma de vida. El filme de Guerra no es un rescate de ese pasado desaparecido sino algo más audaz: una re-imaginación del mismo.

lunes, 15 de febrero de 2016

Deadpool



¿Cómo diferenciar una brillante autoparodia del franco cinismo? Fácil: vea Deadpool (Ídem, EU, 2016), opera prima de un tal Tim Miller.
La más reciente entrega súper-heroica de la Casa Marvel inicia con una ingeniosa secuencia de créditos que se quiere irónica: el director es un “marioneta”, los guionistas son “los verdaderos héroes”, el malo es el típico “villano británico”, la chica está “buenota”, el protagonista es “un bueno para nada” y no falta “el cameo gratuito” (tratándose de una cinta de la Marvel, ya sabe usted de quién).
Burlarse de los clichés puede resultar gracioso y debo confesar que a lo largo de la película no pude contener una que otra risa e, incluso, alguna carcajada. El problema es que fuera de esos chistoretes, algunos más afortunados que otros, no hay nada más que llame la atención en Deadpool.
Es decir, no hay mucho ingenio en la historia –al final de cuentas, es otra película con súper-héroe en ristre-, su puesta en imágenes no es muy destacable que digamos –a menos que se  crea que el freeze-frame o el ralenti fueron inventados en esta cinta- y el famoso rompimiento de la cuarta pared que ha llamado tanto la atención, es tan antiguo como El Regador Regado (Hermanos Lumière, 1895), cuando aquel chamaco travieso voltea a ver a la cámara buscando la complicidad del espectador.
O, vamos, si cree usted que estoy exagerando con la referencia a los Lumière, van otros ejemplos un poco más recientes: la exasperada mirada de Oliver Hardy hacia la cámara cada vez que Stan Laurel lo hacía perder la paciencia, un borrachísimo Tin-tan apuntando hacia nosotros y acusándonos de ladrones o, apenas hace 40 añitos, Woody Allen sacando de una esquina a Marshall McLuhan para hacer callar a un pedante profesor universitario al que no le paraba la boca en la cola del cine.
Dicho lo anterior, Deadpool no es el peor filme de la Marvel que he visto –creo que Avengers:Era de Ultrón (Whedon, 2015) es mucho peor o, por lo menos, más largo- e, insisto, algunos de los chistes funcionan, en gran medida por la vis cómico-relajienta de Ryan Reynolds, quien no tiene empacho en burlarse de sí mismo –de su condición de actor “carita”, por ejemplo- ni de su pasada interpretación comiquera –la desastrosa Linterna Verde (Campbell, 2011).
Pero, volviendo a la pregunta inicial: ¿cómo detectar la brillante autoparodia del franco cinismo? He aquí el ejemplo perfecto: hacer una película que se burla continuamente de los clichés y que, de todos modos, está llena de ellos. Eso es Deadpool

lunes, 8 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXVI




Los 8 Más Odiados (The Hateful Eight, EU, 2015), de Quentin Tarantino. Acaso el más disparejo filme de Tarantino pero, por lo menos desde esta esquina, no el más fallido. Perversamente, el cineasta revive el formato de 65 mm para terminar haciendo una cinta claustrofóbica, cuyo gran paisaje no son los nevados espacios abiertos sino los rostros de sus actores. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma.

Anomalisa (Ídem, EU, 2015), de Duke Johnson y Charlie Kaufman. Mi cinta favorita del 2015, de la cual escribí largo y tendido por acá, cuando la vi en Morelia 2015. 

Brooklyn: un Nuevo Hogar (Brooklyn, Irlanda-GB-Canadá, 2015), de John Crowley. El quinto largometraje del cineasta irlandés Crowley -debo confesar que no he visto una sola de sus cuatro cintas anteriores- es una superior "película de papá" -o "de mamá", pues- como dirían los originales críticos cahieristas
Ubicada en los dos lados del Atlántico -en Enniscorthy, un pueblito irlandés; y en el Brooklyn del título-,  he aquí la historia de la seria y determinada jovencita Eilis Lacey (Saoirse Ronan, nominada al Oscar 2016 como Mejor Actriz) que, un buen día de 1951, cruza el océano para ir a trabajar como empleada en alguna tienda departamental neoyorkina, dejando a su hermana mayor Rose (Fiona Glascott) y a su mamá Mary (Jane Brennan) detrás. 
Sobre una popular novela homónima de Colm Tóibín adaptada por el especialista Nick Hornby -nominado también al Oscar a Mejor Guion Adaptado-, Brooklyn... es un woman's film de estructura clásica, en el cual nuestra protagonista tendrá que elegir no solo entre dos galanes perfectos -el amable y atractivo plomero de origen italiano Tony (Emory Cohen) que conoce en Brooklyn, y el no menos amable, atractivo y hasta de buena familia Jim (ubicuo Domnhall Gleeson) al que se encuentra cuando ella regresa a Enniscorthy-, sino entre dos sitios tan distintos -su idílico pueblito, la gran urbe neoyorkina- y, al final de cuentas, entre dos formas de vida. 
La historia es muy convencional, pero está dirigida con supremo control por Crowley, el reparto extendido no desentona en lo absoluto -Julie Walters como la sarcástica dueña de la casa de residencia donde vive Eilis en Brooklyn está fantástica, el chamaquito James DiGiacomo es todo un descubrimiento como el precoz hermanito menor de Tony, Brid Brennan está espléndida en una sola escena como la detestable chismosa del pueblo- y Miss Ronan es una de esas raras actrices que pueden sostener toda una película con la cámara muy cerca de ella, escrutando su rostro. 
No me refiero solo a que la mujer es realmente atractiva -que, en un modo casi patricio, claro que lo es-, sino que logra algo extraño: su rostro transmite inteligencia y serenidad. El crecimiento de Eilis a lo largo del filme se vuelve dramáticamente verosímil gracias a que presenciamos la evolución del personaje a través de la creciente seguridad que va adquiriendo la muchacha, desde que sale del pueblo hasta que regresa a él, transformada por la sofisticación neoyorkina. Pero, ahí, en Enniscorthy, le espera una transformación más. La definitiva.

Mustang: Belleza Salvaje (Mustang, Francia-Alemania-Turquía-Qatar, 2015), de Denis Gamze Ergüven. La opera prima de la turca Ergüven está ubicada en un pequeño pueblo turco en las orillas del Mar Negro. Cinco hermanas de de distintas edades -la mayor tendrá unos 18 años, la menor unos 12- salen de la escuela en el último día de clases de la temporada y van a la playa a echarse un chapuzón con algunos de sus compañeros. Esta pequeña travesura provoca que su anciana abuela (Nihal Koldas) que es quien las cuidad y educa -las muchachas son huérfanas de madre y padre- ponga el grito en el cielo: una vecina le fue con el chisme, así que la pureza del quinteto de hermanitas está en entredicho. El estricto tío de las muchachas (Ayberk Pekcan) -que, aparentemente, ayuda a mantenerlas- le echa la culpa a su madre y decreta que las cinco jovencitas se queden encerradas a piedra y lodo, les manda hacer pruebas de virginidad  y ordena conseguirles marido -por lo menos a las mayores- lo más pronto posible.
La cinta, escrita por la propia cineasta debutante en colaboración con la también cineasta/guionista francesa Anne Winocour, tiene como narradora a la menor de las hermanas, la despierta y energética Lale (Günes Nezihe Sensoy), quien ve cómo su casa se convierte, de la noche a la mañana, en una "fábrica de esposas". Vestidas con ropa "color de mierda", alejadas de los ojos masculinos, entrenadas para ser "buenas mujeres", las muchachas responderán de distinta manera la opresión de la abuela y el tío: alguna de ellas aceptará con gusto casarse, otra sufrirá alguna humillación tradicional/matrimonial en plena noche de bodas, alguna más tomará medidas radicales para evitar ese infierno... 
A pesar del tema, a la película no le falta momentos de buen humor -la chispeante narración en off de la rebelde Lale, la secuencia del escape de las muchachas para ver un juego de fut-, como si se buscara compensar el oscuro destino de sus protagonistas. En la última parte siento que la película pierde algo de su fuerza al sobre-explotar algunos elementos dramáticos -la vuelta de tuerca que convierte al estricto tío en un auténtico monstruo no era necesaria-, y el desenlace se dirige hacia un clímax que, al final de cuentas, termina en meros puntos suspensivos. Pareciera como si la cinta que acabamos de ver fuera el prólogo de otra historia que apena inicia: el crecimiento y la maduración de Lale. 

Oasis (México-Finlandia, 2013), de Alejandro Cárdenas. Mediometraje documental de 52 minutos que nos muestra la vida de tres homosexuales de origen indígena maya -Reynaldo López, Gerardo Chan Chan y el travesti "Deborah" Sansorez- que, portadores del VIH, han luchado contra su padecimiento físico, al mismo tiempo que han soportado discriminación y rechazo, incluso dentro de sus familias. 
El documental es bastante convencional en la forma -testimonios frente a cámara, a veces en off, uso de fotos fijas preciosistas- y hay por ahí una montaje shocking completamente innecesario -el deseo de uno de los protagonistas de "morir joven, bella y hermosa" se contrasta con la imagen del estragado cadáver de una víctima del SIDA-, pero de todas formas este filme de Alejandro Cárdenas logra con creces el objetivo mínimo de cualquier documental: que nos interesemos por la vida de las personas a las que estamos siguiendo y que conozcamos el éthos que los rodea.



martes, 2 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXV



La Maestra de Kínder (Haganenet, Israel, 2014), de Nadav Lapid. Una de las mejores películas que vi el 2014 finalmente ha llegado a las salas comerciales/culturales chilangas. Se trata del segundo largometraje del cineasta israeli Nadad Lapid, tan imprevisible como su espléndida opera prima inédita en México Ha-Shoter (2011). La historia está centrada en un precoz niño poeta de cinco años y la relación que tiene con su "descubridora", la maestra del kínder del título. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Lucifer (México-Bélgica, 2014), de Gust van den Berghe. Después de la muy llevada y traída polémica -cualquier cosa es llamada así en las redes sociales- se ha estrenado el tercer largometraje de van den Berghe en la Cineteca Nacional. Escribí de ella hace unos días por acá, cuando se presentó como parte de la sección de estrenos mexicanos de Distrital 2016.

Creed: Corazón de Campeón (Creed, EU, 2015), de Ryan Coogler. Básicamente esta Rocky VII es un reboot del Rocky (Avilden, 1976) original, con raza y origen del protagonista cambiado (carismático Michael B. Jordan en ascenso), una presencia sabiamente secundaria de Stallone y una puesta en imágenes tan energética que nos hace olvidar -por un momento- que esta historia ya la vimos antes. De cualquier manera, una experiencia cinefílica muy disfrutable. 

Entre Cuba y México, Todo es Bonito y Sabroso (Cuba-México, 2015), de Idalmis del Risco. Un amable documental que traza y explora las extendidas relaciones de Cuba y México, desde el momento de la conquista -Cortés llegó a lo que sería Veracruz desde la isla de Cuba- hasta nuestros días. 
El aspecto político-histórico es tratado anecdóticamente, sin demasiada profundidad -que Guadalupe Victoria tenía un consejero cubano; que si otro cubano, Pedro Santilicia, fue secretario, confidente y yerno de Juárez; que la bien conocida presencia de José Martí en nuestro país, que el entrenamiento de Fidel, Raúl y el Che en México en los años 50-, sacándole la vuelta a los asuntos más polemicos. Por ejemplo, se menciona la relación privilegiada entre Cuba y México cuando la isla fue expulsada de la OEA, pero no se explora el trato tácito entre los dos gobiernos de que el régimen de Castro nunca apoyaría ningún movimiento revolucionario en este país como, en efecto sucedió, para no hablar del apoyo claro del castrismo al fraude electoral de 1988, cuando Fidel asistió a la toma posesión de Salinas de Gortari. Pero bueno, política es política y amor (del PRI a Fidel) con amor (de Fidel al PRI) se paga. Y se pagó.
Por fortuna, la parte política no es el fuerte de este documental, sino la relación cultural -musical, cinematográfica, dancística, deportiva y hasta religiosa- que ha existido desde siempre entre Cuba y México, a tal grado que en la isla algunos creen que ciertas canciones del mexicano Álvaro Curiel son cubanas y, por supuesto, muchísimos boleros cubanos han sido adoptados como mexicanos desde siempre, para no hablar del ciertos ritmos como el danzón -más veracruzano que cubano en estos tiempos-, el mambo o el chachachá, que el cine mexicano popularizó en todo el mundo. 
El documental es rico en testimonios, imágenes de archivo -suponemos que muchas de ellas provenientes del ICAIC-, fragmentos musicales y cinematográficos. Por más convencional que sea el formato, es difícil resistir ciertas anécdotas -la que dice un cubano sobre una frase atribuida a Juan Rulfo-, la emoción de las que nos contagian ciertos artistas -Eugenia León, Armando Manzanero- y los fragmentos de cierta plática (¿o conferencia?) del mismísimo Alejo Carpentier, hablando de tal cantidad de cosas -que si el uso del término campechano, que un amenaza de duelo que terminó en nada- que solo por verlo y escucharlo ya vale la pena el documental.