viernes, 30 de octubre de 2015

Morelia 2015... en un vistazo



Mañana termina el Festival Internacional de Cine de Morelia 2015 y, como de costumbre, por aquí estuvimos dando cuenta de lo que vimos. He aquí la lista de lo que vi en orden de preferencia. Las calificaciones positivas van de una a cuatro estrellas; las negativas, de una a dos cruces.

Anomalisa (EU, 2015), de Charlie Kauffman y Duke Johnson. Estrenos Internacionales: ****

Magical Girl (España-Francia, 2014), de Carlos Vermut. Estrenos Internacionales: *** 1/2

Shaun el Cordero (Shaun the Sheep Movie, GB-Francia, 2014), de Mark Burton y Richard Starzak: *** 1/4

El Vampiro (México, 1957), de Fernando Méndez. Homenaje a Fernando Méndez: ***

Paulina (La Patota, Argentina-Brasil-Francia, 2013), de Santiago Mitre. Semana de la Crítica: ***

Haciendo de las Suyas (The Music Box, EU, 1932; duración: 29 minutos), de James Parrot. Celebrando al Gordo y el Flaco: ***

Dos Entrometidos (Busy Bodies, EU, 1933; duración: 19 minutos), de Lloyd French. Celebrando al Gordo y el Flaco: ** 1/2

La Cumbre Escarlata (Crimson Peak, EU-Canadá, 2015), de Guillermo del Toro. Función de inauguración: **1/2

Victoria (Ídem, Alemania, 2015), de Sebastian Schipper. El Instituto Goethe Presenta: ** 1/2. Acabo de escribir un par de párrafos por acá.

Mia Madre (Italia-Francia, 2015), de Nanni Moretti: ** 1/2. Estrenos Internacionales. La vi en Jerusalén 2015 y escribí unas líneas de ella. 

600 Millas (México, 2015), de Gabriel Ripstein. Galas Mexicanas: ** 1/2. La vi en Guadalajara 2015 y escribí largo y tendido de ella por acá.

Chronic (México-Francia, 2015), de Michel Franco. Galas Mexicanas: ** 1/2

Desde Allá (Venezuela-México, 2015), de Lorenzo Vigas. Galas Mexicanas: ** 1/2

Los Reyes del Pueblo que No Existe (México, 2015), de Betzabé García. Sección Documental Mexicano: ** 1/2

El Hombre que Vio Demasiado (México, 2015), de Trisha Ziff. Sección Documental Mexicano: ** 1/2

Carneros (Hrútar, Islandia, 2015), de Grímur Hákornarson. Estrenos Internacionales: ** 1/2

Desierto (México-Francia, 2015), de Jonás Cuarón. Galas Mexicanas: ** 1/2

The Lobster (Irlanda-GB-Francia-Grecia-Holanda, 2015), de Yorgos Lanthimos. Estrenos Internacionales: ** 1/2

Trémulo (México, 2015; duración: 20 minutos), de Roberto Fiesco. Sección de Cortometraje Mexicano. Ficción: ** 1/2

Muchacho en la Barra Se Masturba con Rabia y Osadía (México, 2015; duración: 22 minutos), de Julián Hernández. Sección de Cortometraje Mexicano. Documental: ** 1/2

Ausencias (México-El Salvador, 2015; duración: 28 minutos), de Tatiana Huezo. Sección de Cortometraje Mexicano. Documental: ** 1/2

El Paso (México, 2015), de Everardo González. Sección Documental Mexicano: **

Las Elegidas (México-Francia, 2015), de David Pablos. Galas Mexicanas: **

Un Monstruo de Mil Cabezas (México, 2015), de Rodrigo Plá. Sección Largometraje Mexicano: **

La Casa Más Grande del Mundo (México-Guatemala, 2015), de Ana V. Bojórquez y Lucía Carreras. Sección Largometraje Mexicano: **

The Program (GB-Francia, 2015), de Stephen Frears. Invitado Especial Stephen Frears: **

Allende Mi Abuelo Allende (Chile-México, 2015), de Marcela Tambutti. Estrenos Internacionales. Documentales: **

Tiempo Suspendido (México, 2015), de Natalia Bruchstein. Sección Documental Mexicano: **. La vi en Guadalajara 2015 y le dediqué una entrada a ella y a Juanicas por acá.

Juanicas (México-Canadá, 2014), de Karina García Casanova. Sección Documental Mexicano: **

Te Prometo Anarquía (México-Alemania, 2015), de Julio Hernández Cordón. Sección Largometraje Mexicano: **

Alias María (Colombia-Argentina-Francia, 2015), de José Luis Rugeles. Estrenos Internacionales: **

La Ausencia (México, 2015, duración: 15 minutos), de Arturo Baltazar. Sección de Cortometraje Mexicano. Documental: **

Tras Nazarín (México-España, 2015), de Javier Espada: **. Estrenos Internacionales. Documentales. La vi en Guadalajara 2015 y escribí esto sobre ella.

Tiembla y Titubea (EU, 1930; duración: 27 minutos), de James Parrot. Celebrando al Gordo y el Flaco: **

La Tierra y la Sombra (Colombia-Brasil-Chile-Holanda, 2015), de César Acevedo. Semana de la Crítica: * 3/4

Rak Ti Khon Kaen (GB-Francia-Alemania-Malasia-Tailandia, 2015), de Apichatpong Weerasethakul. Estrenos internacionales: * 3/4

Los Herederos (México, 2015), de Jorge Hernández Aldana. Largometraje Mexicano: * 3/4

Sopladora de Hojas (México, 2015), de Alejandro Iglesias Mendizábal. Largometraje Mexicano: * 1/2

L'Ombre des Femmes (Francia-Suiza, 2015), de Philippe Garrel: *. Estrenos internacionales. Fue la primera película que vi en Jerusalén 2015, en donde escribí esto. 

A Walk in the Woods (EU, 2015), de Ken Kwapis. Estrenos internacionales: *

Los Días No Vuelven (México, 2015), de Raúl Cuesta. Sección Documental Mexicano: *

La Calle de la Amargura (México-España, 2015), de Arturo Ripstein. Galas Mexicanas: *

Tome la Pistola y Empiece a Despachar (México, 2015; duración: 10 minutos), de Eduardo Sabugal Torres. Sección de Cortometraje Mexicano: +

El Apóstata (España-Francia-Uruguay, 2015), de Francisco Veiroj. Estrenos Internacionales: +

Mientras la Prisión Exista (México-España, 2015), de Nicolás Gutiérrez Wenhammar. Largometraje Mexicano: +

Yo (México-Suiza-Canadá-República Dominicana-Holanda, 2015), de Matías Meyer. Largometraje Mexicano: +

El Placer Es Mío (México, 2015), de Elisa Miller. Largometraje Mexicano: +

Eisenstein en Guanajuato (Eisenstein in Guanajuato, Holanda-Bélgica-Finlandia-Francia, 2014), de Peter Greenaway. Invitado de Honor: Peter Greenaway: +

El Regreso del Muerto (México, 2014), de Gustavo Gamou. Sección Documental Mexicano: +. La vi en el FICUNAM 2015 y escribí largo y tendido de ella por acá. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Morelia 2015/V



Ya he escrito en otras ocasiones que una regla personal para juzgar la programación de un festival al que asisto es ver si en el transcurso del mismo vi por lo menos una película que terminará en mi lista final de lo mejor del año. En el caso de Morelia 2015 el viaje de todos los años ha valido con creces la pena: no solo vi una de las mejores cintas del año sino, por lo menos hasta el momento, la que aparecerá en el primer sitio. Me refiero a Anomalisa (EU, 2015), apenas segundo largometraje del guionista y ocasional cineasta mindfucking Charlie Kaufman (guiones de ¿Quieres Ser John Malkovich?/Jonze/1999, El Ladrón de Orquídeas/Jonze/2002 y Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos/Gondry/2004, inclasificable opera prima Nueva York a Escena/2008).
Con un guion escrito por el propio Kaufman basado en su obra homónima de "teatro sonoro" -entiéndase una pieza en la que los actores leen sus papeles mientras varios especialistas en creación de sonido agregan los ruidos necesarios en el escenario- y codirigida por el especialista en animación cuadro-por-cuadro Duke Johnson, Anomalisa es una auténtica anomalía cinematográfica en más de un sentido: por su origen financiero -el proyecto se levantó a través de Kickstarter, con 1,070 personas donando distintas cantidades de lana-, por su género y su modo de producción -se trata de un drama existencial animado ¡en stop-motion!- y por su desenlace perfecto, que logra sostenerse entre la depresión más absoluta y un pequeño atisbo de esperanza, como para evitar que el respetable salga del cine directito a meter la cabeza al horno de la estufa más cercana.
Michael Stone (voz del inglés David Thewlis), un felizólogo especialista en "servicio al cliente" y autor del bestseller "¿Cómo te puedo ayudar a ayudarlos?", llega a Cincinnati de Los Ángeles a dar una conferencia en el suntuoso hotel Fregoli. Stone llega francamente molesto: le tocó un compañero de avión encajoso (voz de Tom Noonan), lo llevó al hotel un taxista metiche (voz de Tom Noonan) y llegando a la ciudad no se puede quitar de la cabeza a su antigua novia, Bella (voz de... ¿quién creee?: ¡Tom Noonan"), a quien un buen día, hace once años, en el mismo Cincinnati, la abandonó sin decirle por qué. 
Ya verá usted por dónde va el planteamiento de la cinta de Kaufman: todos quienes rodean a Stone hablan con la misma monótona voz de Tom Noonan, sean mujeres (su esposa, Bella, una mesera), sean niños (su pedinche hijo), sean hombres (todos los demás). Stone, al parecer, sufre de un padecimiento psicológico, el síndrome Fregoli -de ahí el nombre del hotel, de ahí el pseudónimo con el que Kaufman escribió la obra original-, que provoca que el enfermo en cuestión crea ver a la misma persona en todas partes, siguiéndolo. 
Sin embargo, más allá del guiño a ese padecimiento paranoico real, podríamos decir que Stone sufre de un profundo vacío existencial que parece incurable: nada de lo que hace lo satisface, nada de lo que tiene lo hace feliz, no cree que su éxito valga la pena y no le encuentra sentido a nada ("Todo es aburrido"). Así que ya se imaginará que sucede cuándo, después de un desastroso encuentro con su antigua novia Bella, escucha en su cuarto una voz distinta, que no se parece a nada ni a nadie: se trata de la voz de Lisa (grácil voz de Jennifer Jason-Leigh), una tímida, gordita y poco agraciada muchacha que, de hecho, se ha hospedado en el hotel para asistir a la conferencia que él dará el día de mañana. Stone se transforma, en un instante, en otra persona: ¡finalmente ha encontrado a alguien que tiene un tono de voz diferente! El flechazo es inmediato, ante el asombro de la propia Lisa, que no puede creer cómo una celebridad como Stone se ha fijado en ella: ¿será un chubby-chaser pervertido, que le gusta enamorar a las gorditas?
Lo que sigue, en la segunda parte del filme, es una extrañísima y conmovedora historia de amor con muñequitos -no lo olvide: estamos ante una cinta animada cuadro-por-cuadro-, quienes coquetean, platican, comparten confidencias, se besan, hacen el amor y hasta cantan -ella, en todo caso- alguna vieja canción ochentera completita, sin que aparezca, en ningún momento, un viso de condescendencia o de sátira. Kaufman cree en la posibilidad del verdadero amor, sin duda alguna. Por lo mismo, lo que sucede al final, por más previsible que sea, es profundamente doloroso. Pero también por lo mismo, el epílogo es tan esperanzador.
Hace años, cuando escribí la crítica de Nueva York a Escena, anoté que viendo el talento demostrado en su opera prima, daba miedo pensar qué haría Kaufman en su segundo largometraje. Esta cinta demuestra que tenía razón en tener miedo: Anomalisa es, acaso, mejor que Nueva York a Escena. Y mejor aún por la posición final de Kaufman ante sus personajes: ese desenlace que es una suerte de puñetazo que termina convertido en caricia. Uno se queda rumiando con idea de que es posible ser feliz... aunque nos quede el recuerdo de un puñetazo. 

miércoles, 28 de octubre de 2015

Morelia 2015/IV



La competencia de ficción continuó ayer con Yo (México-Suiza-Canadá-República Dominicana-Holanda, 2015), el más reciente largometraje de Matías Meyer, sobre un cuento del premionobel 2008 LeClézio.
El Yo del título (Raúl Silva) es un hombrón de unos treinta años de edad que tiene la mente de un niño de 10 años. Vive al lado de su madre (Elizabeth Mendoza), que es dueña de un restaurante que está al lado de la carretera. El tipo sirve las mesas, alimenta a los pollos y cuando su mamá necesita hacer algún caldo, se escabecha a alguno de los plumíferos. Inocente voz en off de por medio, Yo nos cuenta que en algún momento ha tenido episodios violentos y ha golpeado a su madre, aunque esto nunca lo vemos. De lo que sí somos testigos es de las burlas del amante de la mamá, quien no desaprovecha la oportunidad de reírse a sus costillas.
Yo tiene la idea de que a través de los sueños puede predecir el futuro -soñó que el río se desbordaba, lo que sucedió días después cuando se rompió una presa cercana- aunque su madre no lo toma muy en serio. La monótona vida del hombrón cambia cuando su mamá contrata a una mujer para que la ayude y ella trae siempre a su hijita de 11 años. 
La imagen de la enorme figura de Yo al lado de una sonriente niña, sentados los dos al borde de un río, me hizo recordar cierta escena clásica de Frankenstein (Whale, 1931), de tal manera que estuve esperando que Yo tirara a la niña al agua o que le hiciera algo parecido. Yo no ahoga a la chamaca (¡spoiler!) pero la violencia, tremendismo obliga, aparecerá inevitablemente. 
No he leído el cuento de Le Clézio y no sé si estamos ante una adaptación fiel del sentido del relato, pero tal como aparece en esta cinta, Yo es otro filme fatalista más en la que el diferente, el distinto, el inocente, terminará siendo un agente de la destrucción o del mal, queriéndolo o no. Una visión que, éticamente hablando, me parece inaceptable. Además, dramáticamente hablando, la película es planísima.
Ese mismo adjetivo puede endilgarse a Mientras la Prisión Exista (México-España, 2015), también en competencia, opera prima de Nicolás Gutiérrez Wenhammar. Por lo menos el debut de Gutiérrez presume cierta consistencia estilística: una intoxicación de tracking-shots al estilo de los Dardenne. No exagero si afirmo que por lo menos la mitad del tiempo de esta brevísima cinta -apenas dura poco más de una hora- vemos caminar a los personajes por la rambla barcelonesa, por el metro o por los callejones de la ciudad, siempre siguiéndolos, siempre viéndoles las espaldas. "Cine-nuca", me dijo un colega al salir del cine.
La historia, centrada en Jan, un estafador y ladrón de Europa del este, y Marielos, una joven empleada de farmacia, tiene una dosis de suspenso hacia el final, cuando la pareja decide huir de Barcelona. Jan se quedará con el dinero de una transacción ilegal y con eso los dos iniciarán una nueva vida. ¿Lo lograrán o no? Honestamente, el estilo distanciado con el que está realizada la cinta y la ausencia de urgencia en todo lo que vemos hace que me haya importado muy poco el destino de los personajes.
La cinta tiene intercaladas algunas secciones documentales (¿reales?: supongo que sí, pero da lo mismo si no lo es) en la que una prostituta rusa, la dueña de una farmacia, un médico de guardia y un policía hablan sobre distintos temas que están relacionados con lo que vemos en pantalla. Da la sensación que esos fragmentos podrían haber servido para un cortometraje documental mucho más interesante que esta película. 
Te Prometo Anarquía (México-Alemania, 2015), el más reciente largometraje de Julio Hernández Cordón -también en competencia- venía precedida de muy buenos comentarios de algunos colegas. Y, en efecto, ha sido de lo mejor que he visto en la competencia -aunque hay que aclarar que la competencia de ficción ha sido bastante floja.
Hernández nos presenta la compleja relación de amistad, complicidad y amor de dos skaters chilangos, Miguel y Johnny (Diego Calva Hernández y Eduardo Eliseo Martínez), quienes tienen no solo amplias diferencias sociales -la mamá de Johnny trabaja en la casa de Miguel- sino también sexuales -Johnny conserva una novia, ante la mirada celosa de Miguel. 
De todas formas, el negocio que tienen ellos va bien: a mil pesos por cabeza, se encargan de conseguir "vacas" -es decir, skaters, vagos, empleados, niños de la calle- que donan sangre a los narcos. Así pues, más allá de las diferencias ya anotadas, sociales y sexuales, todo va viento en popa para esta pareja hasta que, por supuesto, algo sale mal. Esto provocará la separación de Miguel y Johnny.
Hernández se aleja del tremendismo, el jodidismo y la violencia explícita -algo no tan sencillo tratándose del tema que toca- y tanto su puesta en imágenes, como su selección musical y el trabajo de sus dos actores principales logran transmitir de manera genuina el amor entre Miguel y Johnny y, posteriormente, el dolor de la pérdida. No estoy tan convencido de la última parte de la cinta ni del McGuffin con el que se justifica la separación entre ellos, pero son objeciones menores ante una película bastante decente. Acaso "decente" no es un adjetivo muy entusiasta, pero es que usted no ha visto la competencia.

martes, 27 de octubre de 2015

Morelia 2015/III



Tres cintas mexicanas recientes, premiadas en festivales internacionales importantes, han tenido su estreno nacional, fuera de concurso, en Morelia 2015: Chronic (México-Francia, 2015), ganadora de Mejor Guión en Cannes 2015; Desde Allá (México-Venezuela, 2015), León de Oro en Venecia 2015; y Desierto (México-Francia, 2015), que obtuvo el premio FIPRESCI en Toronto 2015.
Chronic -que aparentemente se llamará en español El Último Paciente- seguramente provocará polémica por su desenlace, que no revelaré aquí. Las más reciente cinta de Michel Franco está centrado en David (espléndido Tim Roth), un enfermero especializado en enfermos terminales. El tipo no tiene otra vida que cuidar a sus pacientes, a tal grado que desde el inicio queda claro que su salud mental -en el sentido de su dependencia emocional hacia ellos- es bastante frágil.
Llegado el momento, sabremos el porqué del comportamiento de David, lo que lo llevará a tomar una decisión inesperada (¿pero injustificada?) en el brusco desenlace. Si el espectador acepta la resolución del guión premiado en Cannes de Michel Franco, la cinta tiene bastante más sentido. Como es costumbre en el director de Después de Lucía (2012), la cinta es extremadamente rigurosa en su puesta en imágenes.
Esta misma característica es compartida por Desde Allá, opera prima del venezolano Lorenzo Vigas producida por el mismo Michel Franco. La cámara de Sergio Armstrong aísla a su actor central, el cincuentón homosexual Armando (Alfredo Castro, perfecto), quien siempre es separado en el encuadre de quienes lo rodean mediante el manejo del enfoque: a veces se ve nítido en el background mientras en foreground todos están fuera de foco; en otras ocasiones es al revés. 
Armando ve la vida "desde allá", por razones que solo podemos intuir -algo le hizo su padre, un poderoso hombre que acaba de regresar a Caracas después de años de estar fuera del país. Desconectado de toda vida social, apenas si visita de vez en cuando a su hermana, apenas cruza las palabras necesarias con sus empleados en un taller de prótesis dentales y cuando tiene alguna necesidad sexual, sale a la calle y busca a cualquier muchachito que, mediante jugosa billetiza, quiera enseñarle el trasero mientras él se masturba a un par de metros de distancia, sin tocarlo en lo absoluto. "Desde allá", pues. 
Esto cambiará cuando se encuentre con Elder (Luis Silva, impresionante), un muchacho que accederá a ir a su departamento para luego golpearlo y asaltarlo. No importa: Armando no es de los que desisten a la primera. Unos días después irá por él con más dinero en los bolsillos. Elder, que no deja de llamar viejo maricón a Armando, empieza a tener una relación de...  ¿qué exactamente? 
La ambigüedad en el argumento escrito por el propio Vigas -a cuatro manos con el también productor Guillermo Arriaga- abre varias posibilidades hasta llegar a un desenlace sorpresivo -otro más- que cambia la forma en la que hemos visto a los dos personajes. Una cinta notable y más tratándose de un cineasta debutante como Vigas.
La que no tiene demasiadas sorpresas en la historia es Desierto, segundo largometraje de Jonás Cuarón. La película es extremadamente convencional pero, también, extremadamente bien realizada. Diré esto: con Desierto, Cuarón hijo demuestra que podría dirigir, con la mano en la cintura, cualquier cinta de acción o thriller hollywoodense. De alguna manera, eso es Desierto: una especie de violento thriller que maneja una sola premisa y lo hace de forma impecable e implacable.
Un grupo de indocumentados cruzan la frontera liderados por un par de polleros (Marco Pérez y Diego Cataño). Un "vigilante" de la frontera, con todo y bandera confederada en ristre (Jeffrey Dean Morgan), rifle de precisión y puntería apache, acompañado además de un feroz Perro Blanco (Fuller, 1982) -café en realidad-, irá cazando y matando a cada uno de los inmigrantes hasta que quedan la pareja formada por un mecánico (Gael García) y una jovencita (Alondra Hidalgo).
Luego de los minutos iniciales del planteamiento, el resto de la cinta es un acezante thriller eficazmente editado, con una cámara siempre en movimiento de Damián García, un inmersivo diseño sonoro de Sergio Díaz y una fuerte música ad-hoc de Woodkid dominada por las percusiones. Cuarón hijo no da cuartel en las escenas de persecución y cacería, ejecutadas con una precisión admirable. Si alguna vez alguien quiere hacer el remake de Duelo a Muerte (Spielberg, 1971), en Jonás Cuarón tienen a un buen candidato para dirigirlo.
Eso sí, la cinta es poco sutil: según los créditos, Gael se llama Moisés (¿en busca de la Tierra Prometida?) y el vigilante Sam, cual obvio símbolo de los supremacistas/racistas/nativistas que tienen a Donald Trump en el primer lugar de las encuestas entre los votantes republicanos. Por supuesto, Desierto no es una cinta política ni pretende serlo, aunque el tema sea inevitablemente político. 

lunes, 26 de octubre de 2015

Morelia 2015/II



Como suele suceder con los festivales nacionales de cine -y Morelia no puede ser la excepción, por más que sea el que menos problemas tiene al respecto- la competencia de ficción mexicana ha sido más bien floja, por lo menos hasta el momento.
Si exceptuamos la ya mencionada -en la entrada de ayer- Un Monstruo de Mil Cabezas, de Rodrigo Plá y el notable filme (con protagonista) infantil La Casa Más Grande del Mundo (México-Guatemala, 2015), que se presentará en sociedad hasta el próximo jueves, el resto de la competencia de ficción ha sido no muy afortunada.
La excepción es Sopladora de Hojas (México, 2015), de Alejandro Iglesias Mendizábal, que por lo menos es bastante simpática y, por lo mismo, una muy probable ganadora del Premio del Público. En la veta del cine de adolescentes de Fernando Eimbcke -aunque sin su muy identificable y controlado estilo en la puesta en imágenes-, he aquí un día en la vida de tres chamacos ociosos que por una apuesta infantil -tirarse en un montón de hojas secas por 10 pesos-, uno de ellos pierde las llaves. Usar la sopladora de hojas del título es una de las cosas que se les ocurren para encontrar las llaves perdidas. 
Una comedia que acaso le sobró por lo menos uno de los nueve episodios "épicos" en los que está dividida -en el que aparece Daniel Giménez Cacho, en específico- aunque, de todas formas, la cinta se deja ver sin demasiados problemas.
Otros jóvenes son los protagonistas de Los Herederos (México, 2015), de Jorge Hernández Aldana. Estos son cuatro y tendrán 15 o 16 años de edad. Sin embargo, a diferencias de los que aparecen en Sopladoras de Hojas, los chamacos de Los Herederos son unos auténticos ojetes. 
Estamos ante un retrato generacional desalentador que podría funcionar, incluso, como una suerte de precuela de Los Muertos (Vohar Molkow, 2014), presentada en Morelia el año pasado. Por desgracia, a pesar de que la cinta no llega a los 80 minutos de duración, creo que se extiende en demasía y hay algunos detalles del guion que no me parecieron convincentes. De cualquier manera, la cinta no carece de interés y espero volver a ella posteriormente.
En cuanto a El Placer Es Mío (México, 2015), de Elisa Miller, hay muy poco bueno qué decir. Una pareja (Flor Edwarda Gurrola y Fausto Alzati) llegan a vivir al campo, a una abandonada casa paterna que se encuentra, aparentemente en Huitzilac. En el resto de la películas los vemos criar gallinas, él arregla un auto, ella cose algo de ropa, hacen el amor, ella sueña (o se imagina: da lo mismo) un caballo blanco, él se emborracha, ella también... 
Ok, ok. Déjeme plantearle esto: si usted hiciera algo de todo lo anterior -por ejemplo, alimentar gallinas- en los 80 minutos que dura El Placer Es Mío, es probable que estaría usted más satisfecho de haber utilizado bien su tiempo. 
En contraste, y como suele suceder, el documental mexicano es el que ha terminado sacando la casta. Además de Los Reyes del Pueblo que No Existe (México, 2015), de Betzabé García, que ya había visto hace tiempo, destacan otros dos documentales en competencia, entre los que he podido ver: El Paso (México, 2015), del siempre confiable Everardo González, y El Hombre que Vio Demasiado (México, 2015), de Trisha Ziff.
El primero es un justo testimonio del caso de dos periodistas que, amenazados de muerte por el narco, decidieron cruzar la frontera para vivir como refugiados políticos en Tejas. Uno de ellos, de Ciudad Juárez, está luchando por conseguir la residencia, mientras el otro, de la zona de la Laguna, ya lo tiene. Se trata del documental más sencillo y convencional que ha dirigido González hasta el momento, pero los testimonios que recoge son de extrema valía.
En cuanto al filme de Ziff, su puesta en imágenes es muy elegante -cámara de Felipe Pérez Burchard, edición de Pedro G. García- y su personaje central, el fotógrafo de nota roja Enrique Metinides, francamente inolvidable.
Metinides inició desde niño tomando fotografías de accidentes como un hobby cualquiera -pero, ¿quién tiene un hobby así?- y se convirtió en uno de los fotógrafos (¿o El Fotógrafo?) de nota roja más importantes de México, trabajando medio siglo en La Prensa. La historia es fascinante, Metinides es oportunamente memorioso (acaso de más, como uno lo intuye), extremadamente articulado, y su presencia misma es muy simpática: la de una suerte de gnomo siempre dispuesto a dibujar una sonrisa cómplice en su rostro. 
Y, por supuesto, además están sus fotos, que son increíbles. Son grotescas y bellas a la vez; es muy difícil verlas, pero cuando uno posa la mirada sobre ellas, es más difícil dejar de mirarlas. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Morelia 2015/I



Pasado por el agua de Patricia -nada grave, por fortuna-, inicio el viernes pasado Morelia 2015 con la función inaugural de La Cumbre Escarlata (Crimson Peak, EU-Canadá, 2015), noveno largometraje de Guillermo del Toro, el filme más elegante y depurado, estilísticamente hablando, que ha realizado hasta el momento. El viernes próximo aparecerá mi crítica en el Primera Fila de Reforma.
La competencia de largometraje nacional inició al día siguiente con Un Monstruo de Mil Cabezas (México, 2015), cuarto largometraje de Rodrigo Plá, una cinta acaso demasiado contenida. Una mujer (Jana Raluy) pierde la cabeza cuando la compañía de seguros que ha pagado desde hace años no aprueba un nuevo tratamiento para su esposo que padece de cáncer. El control con el que suele filmar Plá no empata del todo con la historia -basada en una novela de Laura Santullo, adaptada por ella misma-, que necesitaba de una mano mucho más vigorosa. Acaso, hasta histérica. 
Siempre he dicho que Morelia suele exhibir su mejor cine en las secciones paralelas o en las retrospectivas. Así pues, mientras todos mis colegas corrieron a ver el filme documental Amy (Kapadia 2015), yo me escapé a ver una función especial con tres cortometrajes de Laurel y Hardy: Tiembla y Titubea (1930), de James Parrot; Haciendo de las Suyas (The Music Box, 1932), también de James Parrot y Dos Entrometidos (Busy Bodies, EU, 1933), de Lloyd French.
La primera es una auténtica curiosidad: se trata de una película totalmente hablada en español, realizada para el público hispano-parlante. Laurel y Hardy aprendieron sus diálogos de memoria, sin saber realmente hablar en nuestro idioma. No es de lo mejor de la pareja, pero hay que hacer notar el buen acento de Hardy, que habla un español bastante entendible -no tanto Laurel, la verdad. La versión original en inglés fue Below Zero (1930), también dirigida por Parrot.
Haciendo de las Suyas la he visto en varias ocasiones, aunque esta fue mi primera vez en pantalla grande: se trata del corto clásico -ganador del Oscar 1932, de hecho- en el que Laurel y Hardy suben un piano por unas interminables escaleras, hacia una casa que se encuentra en una colina. 
El descubrimiento para mí, en todo caso, fue Dos Entrometidos, en el que el Gordo y el Flaco trabajan en un aserradero. Como de costumbre, cuando el filme ha terminado, todo lo que rodea a Laurel y Hardy ha sido destruido. Es imposible dejar de maravillarse por la capacidad de los comediantes para explotar una y otra vez variaciones del mismo gag. Genios del rolling-gag.
A propósito de parejas cómicas. La siguiente cinta que vi fue A Walk in the Woods (EU, 2015), de Ken Kwapis, una de esas inocuas películas palomeras que, de vez en cuando, uno agradece ver en cualquier festival de cine, como una suerte de antídoto para todo lo fallido que uno tiene que ver.
Creo que el título en español será Dos Grandes Amigos pero podría ser también Dos Viejos Gruñones. Es más: los protagonistas, Robert Redford y Nick Nolte, bien podrían sustituir a Lemmon y Mathau si alguien quiere re-iniciar la saga iniciada con Una Extraña Pareja (Saks, 1968).
Redford es Bill Bryson, un exitoso escritor de libros de viaje que, nomás porque sí, decide tomar a pie todo el Camino Appalachian que, ahí nomás pa'l gasto, tiene 3328 km de largo. Su mujer (la siempre bienvenida Emma Thompson) accede a apoyar la locura de su marido, con la condición de que no viaje solo. Bryson empieza a llamar a sus amigos para ver quién se anima a seguir esa aventura y, por supuesto, todos lo mandan a volar. Menos uno: el alcohólico, desparpajado y desgarbado Stephen Katz (Nick Nolte), a quien Bryson no veía desde hace cuatro décadas.
Redford y Nolte hacen una notable pareja cómica por sus distintas personalidades cinematográficas. Nolte tiene las mejores líneas y es mucho más gracioso en la medida en la que no pretende serlo. Por lo demás, esta road-movie a pata y gerontofílica no es más que un indoloro palomazo de fin de semana y nada más. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

El cliché que yo ya vi/CXXXIV

-"Chingado, esas papas saben a mierda"



Joel Meza propone:

Ah, ve de mala, güero...: En las películas, si uno no quiere que pase nada malo, lo mejor es quedarse callado. De otro modo, cada vez que un personaje dice algo como "¿qué podría salir mal?" ya sabemos que en la siguiente escena inmediata, efectivamente, algo tronará y le dará un giro a la trama. Nunca han sido de oquis palabras parecidas en el cine. El ejemplo más reciente, a cargo de Matt Damon cuando todo es felicidad en Marte, en esa bonita colección de clichés hollywoodenses, Misión rescate, de Ridley Scott.

martes, 20 de octubre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCX



Todos Están Muertos (España, 2014), de Beatriz Sanchís. Un melodrama familiar-femenino que se beneficia por un buen dúo de actrices (Elena Anaya y Angélica Aragón) pero que termina resultando demasiado irregular con sus vueltas de tuerca realista-magicosas. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.


Manakamana (Ídem, EU-Nepal, 2013), de Pacho Vélez y Stephanie Spray. El más reciente largometraje documental del Sensory Ethnography Lab de Harvard (SEL para los cuates) es, como las anteriores cintas del grupo fundado en 2006 por Lucien Castaing-Taylor (Sweetgrass/Barbash y Castaing-Taylor/2009, Leviatán/Castaing-Taylor y Paravel/2012), un fascinante ejercicio documental que pasa de lo etnográfico a lo fílmico y de regreso.
Con una cámara fija pero con un encuadre siempre en movimiento -no hay contradicción alguna: desde Lumière hasta Spielberg varios han hecho lo mismo-, he aquí una película formada por 11 tomas de alrededor de 10 minutos cada una, en las que vemos un grupo de pasajeros que suben o bajan del templo hindú de Manakamana, en Nepal, en donde se encuentra la diosa Bhagwati.
Los pasajeros -niños, mujeres, hombres, jóvenes, viejos, un gatito, unas cabras, un gallo- viajan en un pequeño teleférico que se encuentra a más de 1,300 metros de altura y cada uno de ellos, seguramente, visita el templo por diferentes razones: algunos pedirán un favor, otros irán a agradecer algún milagro, otros irán de turistas y las cabras a lo mejor servirán de merienda. 
La cámara fija de 16 mm., colocada frente a los pasajeros, capta con toda candidez la mirada de los pasajeros, sus acciones, sus sonrisas, su nerviosismo. Es como reconstruir los orígenes del cine al mismo tiempo que recuperar el sentido último y primitivo del aparato creado por los Lumière: el sentido de toparse con un milagro y no dejarlo ir. En cada uno de esos once viajes (cinco de subida, seis de bajada) hay varias epifanías cinematográficas.

Victoria (Ídem, Alemania, 2015), de Sebastian Schipper. El cuarto largometraje como director del también actor Schipper es un tour de force estilístico: realizada en una sola toma de más de 134 minutos de duración, la cámara siempre móvil de Sturla Brandt Grovlen sigue a la Victoria del título (Laia Costa), una joven española en Berlín que, saliendo de un antro en la madrugada, se encuentra con cuatro alemanes con quienes entabla una camaradería que resultará letal.
El guion, firmado por el cineasta Schipper y dos coguionistas, exige una total suspensión de la credulidad por parte del espectador, pero esto no resulta un problema grave, pues si la historia parece poco creíble, la forma de contarla en esas poco más de dos horas y a lo largo de una veintena de locaciones, nos mantiene siempre expectantes y al filo de la butaca. Cierto: cuando la cinta ha terminado y uno está fuera del cine, uno empieza a cuestionar todo lo que se acaba de ver, pero para entonces, insisto, uno ya se chutó la película entera sin poder despegar los ojos de la pantalla. 

lunes, 12 de octubre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCIX



Carmín Tropical (México, 2014), de Rigoberto Pérezcano. Una suerte de film-noir a la mexicana, ubicado en Juchitán, el segundo largometraje de Pérezcano lo ubica no como una promesa sino como una realidad del cine mexicano del nuevo siglo. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Familia Gang (México, 2014), de Armando Casas. Otro segundo largometraje nacional más, aunque, desde mi perspectiva, no tan logrado, ni de lejos, como el de Pérezcano. Escribí de Familia Gang cuando la vi hace más de un año en Guadalajara 2014, por acá.

Asteroide (México, 2014), de Marcelo Tobar. Vi el segundo largometraje de Tobar (opera prima Dos Mil Metros (sobre el nivel del mar)/2008 no vista por mí) hace un año en Río 2014 y la volví a ver hace unos meses en Durango 2015, en donde por un pelito ganó el premio del jurado de la crítica, que discutió -discutimos, más bien- abiertamente y frente a todo el público.
Mis elogios -y los de mis compañeros Fernanda Solórzano y Erick Estrada- a la película pueden escucharse por acá. Solo agregaré que se trata de una cinta realizada con un rigor estilístico notable, no solo en el manejo del encuadre sino hasta en el diseño de producción, que transmite la soledad, alienación y hasta fracaso de los dos personajes centrales, bien interpretados por Sophie Alexander-Katz y Arturo Barba. 

La Fiesta de Despedida (Mita tova, Israel-Alemania, 2014), de Tal Granit y Sharon Maymon. El anciano ¿ingeniero? Yehezkel (Ze'ev Revach) vive con su mujer Levana (Levana Finkelstein) en un asilo de ancianos, en donde se entretiene tratando de solucionar los problemas de sus amigos y compañeros, sea construyendo algún aparato (diseña un dispensador de medicinas para su esposa), sea hablando por teléfono a alguna ancianita gagá para decirle que es el mismísimo Señor y que le eche ganas a eso de seguir viviendo, porque en el Cielo no hay espacio ahorita para alguien más.
El tono jovial de los primeros minutos del filme se vuelve oscuro cuando Yana (Aliza Rosen) le pide ayuda a Yehezkel para aplicarle la eutanasia a su marido agonizante de cáncer Max (Schmuel Wolf). Al inicio Yehezkel se niega pero ante la insistencia de Yana y con la ayuda del veterinario retirado Daniel (Ilan Dar) y el expolicía enclosetado Raffi (Raffi Tavor), construye una máquina -basada en una similar patentada por el Dr. Philip Nitschke- por la cual el enfermo puede quitarse a sí mismo la vida. El problema, claro, es que el éxito de esa operación provoca que alguien más se acerque y luego otro más y después...
La Fiesta de Despedida se mueve entre la comedia de costumbres -hay un rolling gag muy efectivo que involucra a un agente de tránsito- y el duro melodrama sobre la vejez, la inevitable decadencia y la muerte. La película no siempre es exitosa -hay por ahí un interludio musical francamente inexplicable; algunos giros argumentales no están desarollados-, pero nunca se pierde el interés en ella. Y el reparto, eso sí, es impecable. La cinta ganó el premio del público en Venecia 2014.

miércoles, 7 de octubre de 2015

El cliché que yo ya vi/CXXXIII



En el tuiter, @JL_Pepeluche propuso un cliché que Joel Meza se acomidió a redactar, como sigue:

"¡STELLAAAAA! ¡Acá también andoooo...!": Nunca falta el segundón en película o serie que se apellida Kowalski. Desde Brando en Un Tranvía Llamado Deseo hasta un pingüino en, dónde más, Los Pingüinos de Madagascar, pasando por el oficial que aguanta madrazo tras madrazo con la infaltable llave stillson en la nuca, en Viaje al Fondo del Mar. Aunque, con toda justicia para el pueblo polaco, a veces Kowalski es el principal, como Barry Newman en Carrera Contra el Destino (Vanishing Point) y, por supuesto, en Gran Torino, el Gran Clint Eastwood.

martes, 6 de octubre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCVIII



El Expreso del Miedo (Snowpiercer, Corea del Sur-República Checa-EU-Francia, 2013), de Joon-ho Bong. Con dos años de retraso -pero más vale tarde que nunca- ha llegado a la cartelera comercial del país una de las mejores cintas que vi el año pasado. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. 

Misión Rescate (The Martian, EU, 2015), de Ridley Scott. Una inocua -más que inicua- robinsonada con el astronauta Matt Damon abandonado en Marte. Un palomazo de lujo, como argumenté por acá.

Carrière, 250 Metros (México, 2011), de Juan Carlos Rulfo. Vista en Guadalajara 2012 -el año del mariachazo gringo- esta fue la mejor cinta nacional que vi en aquel festival. Estamos ante un espléndido filme que se mueve entre el ensayo sobre la creación literaria/cinematográfica, la auto-biopic fílmica y el diario de viajes. Rulfo sigue al guionista de Buñuel, al entrañable amigo de Milos Forman, al compañero de trabajos teatrales de Peter Brooks por su ciudad natal, sus lugares claves (México, la India, Nueva York, París) y su memoria. Un estreno que llego con tres años de retraso. Qué remedio.

La Tribu (Plemya, Ucrania-Holanda, 2014), de Miroslav Slaboshpitsky. Una de las mejores cintas en lo que va de este año. Escribí de ella largo y tendido por acá. 

No Se Recargue en las Puertas (Stand Clear of the Closing Doors, EU, 2013), de Sam Fleischner. Queens, Nueva York. El adolescente autista Ricky (Jesús Sánchez Vélez, auténtico Asperger) se pierde en el metro al seguir a un tipo de chamarra con un bordado en forma de dragón, por lo que su madre indocumentada Mariana (Andrea Suárez Paz), su hermana mayor Carla (Azul Zorilla) y su padre solo presente por teléfono Ricardo (Tenoch Huerta) lo buscan desesperadamente durante varios días.
Un melodrama con una historia elemental a más no poder que se beneficia por el estilo semidocumental en el que está realizada la cinta, interesada tanto en el desconcierto perpetuo en el que (sobre)vive el extraviado Ricky como en la enorme, ruidosa e inabarcable ciudad, con todo y sus habitantes, a quienes no les podría interesar menos ver a un muchachito perdido y deambulando por el metro. 

La Imagen Ausente (L'image manquante, Francia-Cambodia, 2013), de Rithy Panh. La semana de los estrenos atrasados. La Imagen Ausente, ganadora en Una Cierta Mirada en Cannes 2013 y nominada al Oscar 2014 a Mejor Película en Idioma Extranjero ha llegado finalmente al circuito cultural defeño -y probablemente ahí se quedará, aunque la película puede revisarse, con toda seguridad, en formato casero y en la red.
Estamos ante una apuesta radical por parte del cineasta camboyano Panh, quien vivió en carne propia las locuras totalitarias del "gran líder" Pol Pot, pues a los 13 años de edad fue enviado, con toda su familia -mamá, papá, hermanas y hermanos-, a trabajar a los arrozales cuando el Khmer Rouge tomó Phnom Penh, a inicios de 1975. 
No es, para nada, la primera vez que Panh toca el tema -antes dirigió otro multipremiado y notable documental, S-21, la Máquina Roja de Matar (2003), que trata más o menos el mismo asunto-, pero en esta cinta el tono documental toma un sentido diferente, ética y estéticamente hablando.
Panh no tiene imágenes qué mostrar del genocidio en Camboya -más de millón y medio de fallecidos, entre muertos de hambre, enfermedades o por ejecuciones sumarias- y si las tuviera, confiesa voz en off de por medio a través del narrador, acaso no las mostraría. Así pues, tomando una decisión similar en el aspecto ético pero muy distinto en el terreno estético al de Claude Lanzmann con su obra maestra Shoah (1985), he aquí que Panh toma un camino oblicuo: no mostrar las atrocidades, sino hablar de ellas y representarlas indirectamente, no a través de la animación (como se había hecho un año antes en la también extraordinaria Campo 14 - Zona de Control Total/Wiese/2012), sino mediante cientos de pequeñas figuras de arcilla, colocadas en innumerables dioramas que reproducen, minuciosamente, la vida idílica familiar antes de  la llegada del Khmer Rouge, el infierno en los campos de trabajo, la muerte con la que Panh se encontraba un día y otro también, las fosas que se cavaban y tapaban cotidianamente.
Una y otra vez la cámara de Prum Mésa encuadra las manos del artista Sarith Mang, quien fue el encargado de crear los expresivos muñecos de arcilla; así, en una jugada doble de distanciamiento casi brechtiano, los recuerdos trágicos de Panh son representados por esos muñequitos que, se nos recuerda, siguen siendo nada más que eso, unos objetos pequeños, simples y concretos, con los cuales el cineasta, al final de cuentas, trata de cumplir una obligación. Ya que él está vivo, tiene que recordar todo lo que vio. Es su carga; es su privilegio. Es su maldición. 

domingo, 4 de octubre de 2015

Tintanómetro



A propósito del centenario del mejor comediante que ha dado este país, va mi tintanómetro, por orden de preferencia:

1. ¡Ay, amor... cómo me has puesto! 

2. El Rey del Barrio

3. El Revoltoso

4. La Marca del Zorrillo

5. El Ceniciento

6. El Mariachi Desconocido

7. El Bello Durmiente

8. Calabacitas Tiernas

9. Lo que le pasó a Sansón

10. También de Dolor se Canta (sí ya sé que nomás sale en una escena... ¡pero con Pedro Infante!). 

sábado, 3 de octubre de 2015

Misión Rescate




Misión Rescate (The Martian, EU, 2015), vigésimo-tercer largometraje de Ridley Scott, es una gringada, en el buen sentido del término pero, por desgracia, también en el malo.
Empecemos por lo bueno. Hay una escena, ya bien avanzada la cinta, en la que el astronauta y botánico Mark Watney (Matt Damon), dado por muerto y abandonado por sus compañeros de misión en el planeta Marte, le pide a su comandante (Jessica Chastain, siempre bienvenida), voz en off de por medio, que le haga un favor: si pasa lo peor, que visite a sus padres para decirles que no estén tristes porque, después de todo, él ha muerto haciendo lo que le gusta hacer. En esas líneas, Watney se presenta como un héroe americano a la antigüita, pues se define a sí mismo no porque lo dice o porque lo que cree, sino por lo que hace -y, luego, por los problemas que resuelve.
Otro elemento positivo más: en la segunda parte de la cinta, cuando la NASA y sus directivos -Jeff Daniels en neutral, Chiwetel Ejiofor ganándose la papa, Sean Bean como voz de la integridad rebelde, Kristen Wiig sin chiste- se dan cuenta que Watney no murió y que, por lo tanto, hay que rescatarlo, somos testigos de otra antiquísima fórmula americana. Me refiero a las películas "procedimentales", en las que conocemos de cerca el teje-maneje de un grupo de profesionales, sean policías, forenses, abogados, médicos, políticos o, como es el caso aquí, científicos y burócratas de la NASA.
Estas dos gringadas funcionan más o menos bien la mayor parte del tiempo. Pero luego viene la gringada insufrible: me refiero a los últimos minutos del filme en los que, supuestamente, el mundo entero está en vilo por la suerte del chistosón astronauta abandonado, con todo y un curioso elemento adicional, que es el papel benefactor que juegan aquí los científicos y el gobierno de China -se ve que Hollywood tiene claro de dónde vienen los grandes ingresos de taquilla últimamente.
Al final de cuentas, por lo menos en el marcador personal, esta inocua re-elaboración de la inmortal historia del náufrago que aprende a vivir por sí mismo no pasa de ser un mero palomazo de lujo: una cinta impecablemente producida, dirigida con funcionalidad pero sin inspiración por Scott, con un reparto de primer nivel y un Matt Damon muy simpático -aunque, a decir verdad, acaso esté demasiado simpático, pues la mayor parte del tiempo su personaje no parece que está abandonado en Marte y en peligro de muerte, sino solamente en su departamento con el único inconveniente que no hay cerveza fría, que se acabó la botana y que el internet no funciona. 
Ahora que lo pienso, eso sí es una auténtica pesadilla. Me proyecté.

viernes, 2 de octubre de 2015

Scottómetro



23 largometrajes dirigidos hasta el momento por Ridley Scott y debo confesar que tuve dificultades para llegar a un top-10 de lo mejor de su cine, así que lo dejé en un top-8, como sigue y en orden de preferencia:

1. Alien, el Octavo Pasajero

2. Blade Runner (versión del estreno, con todo y la voz en off)

3. Los Duelistas

4. Un Final Inesperado

5. Gladiador

6. La Caída del Halcón Negro

7. Gangster Americano

8. Cruzada (director's cut)