domingo, 27 de septiembre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCVII



Los Ausentes (México-España-Francia, 2014), de Nicolás Pereda. La vi en Río 2014 y escribí de ella por acá.

Chuy, el Hombre Lobo (México, 2014), de Eva Aridjis. Un meritorio documental sobre el Chuy del título que, al igual que su extensa familia, sufre de hipertricosis, una condición genética que provoca que su rostro se llene de vello, cual si fuera licántropo de película de horror. Mi crítica, publicada en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma, por acá.

Aurora (Chile, 2014), de Rodrigo Sepúlveda. El tercer largometraje de ficción de Rodrigo Sepúlveda -con varias series televisivas y documentales en su haber- está basado, dice la inevitable leyenda inicial, en un caso verdadero. 
Una profesora de primaria, Sofia Olivari (Amparo Noguera), lee en el diario que han encontrado una bebé muerta en el basurero de Ventanas, la pequeña ciudad costera en la que vive. Y ya que ella no puede tener hijos y por angas o por mangas no ha podido adoptar, decide hacerse cargo de la bebé muerta. Es decir: ya que no puede adoptar una "guagua" viva, por lo menos adoptar una muerta. Pero antes, hay que nombrarla: la "guagua" se llamaba Aurora. Y luego, enterrarla, porque lo "humano no es nacer; lo humano es el entierro". 
Sepúlveda dirige con la debida sobriedad estilística, usando de manera recurrente radicales elipsis escamoteadoras, mientras Amparo Noguera entrega una interpretación notable, sin exabruptos melodramáticos de ninguna especie y sin subrayar la ¿locura?, ¿obsesión?, ¿nobleza?, de su enigmático -y, al mismo tiempo, tan humano- personaje. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Premios Fénix 2015 - Nominados



Hoy, hace unas horas, se dieron a conocer las ternas del premio Fénix 2015 -trece, incluyendo la nueva de Mejor Fotografía Documental. A bote pronto, llama la atención la desaparición del cine mexicano de las categorías principales, con la excepción de la coproducción documental chileno-mexicana Allende, mi abuelo Allende
Más allá del chovinismo -se trata de premiar lo mejor del cine de toda la región iberoamericana, no de un solo país-, dese esta atalaya personal, me parece lamentable que Carmín Tropical no haya sido nominada más que a Mejor Vestuario. Pero, bueno, así es sucede con este negocio de las nominaciones y los premios. 
Mañana, la lista de lo que he visto -de hecho, todo lo que está anotado aquí abajo- en orden de preferencia. Por lo pronto, las ternas quedaron así: 


LARGOMETRAJE DOCUMENTAL  

Allende, mi abuelo Allende, Errante, Fragua Cine, Martfilms, Dir.a Marcia Tambutti, Chile,   México, 2015.  
El botón de nácar, Valdivia Film S.A., Mediapro (España), France 3, Atacama Producciones, Dir. Patricio Guzmán, Chile, España, Francia, 2015.  
Jia Zhangke, um homem de Fenyang, Videofilmes, Dir. Walter Salles, Brasil, Francia, 2014.  
No todo es vigilia, El Dedo en el Ojo, Janus Films, Dir. Hermes Paralluelo, Colombia, España,   2014. 
Últimas conversas, VideoFilmes, Dir. Eduardo Coutinho, Brasil, 2014.  



FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL  
● Jacques Cheuiche, Últimas conversas, Dir. Eduardo Coutinho, Brasil, 2014.  
● Katell Dijan, El botón de nácar, Dir. Patricio Guzmán, Chile, España, Francia, 2015.  
● Julián Elizalde, No todo es vigilia, Dir. Hermes Paralluelo, Colombia, España, 2014.  
● Matías Iaccarino, Cuerpo de letra, Dir. Julián d'Angiolillo, Argentina, 2015.  
● Miguel Salazar, Carta a una sombra, Dirs. Daniela Abad y Miguel Salazar, Colombia, 2014.  



LARGOMETRAJE FICCIÓN  
El abrazo de la serpiente, Ciudad Lunar, MC Producciones, Buffalo Films, Nortesur, Dir. Ciro   Guerra, Argentina, Colombia, Venezuela, 2015.  
Cavalo dinheiro, Sociedade Óptica Técnica, Dir. Pedro Costa, Portugal, 2014.  
El club, Fábula, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  
La isla mínima, Atípica Films, Sacromonte Films, Antena 3 Films, Dir. Alberto Rodríguez,   España, 2014.  
Ixcanul, La casa de producción, Tu vas voir, Dir. Jayro Bustamante, Guatemala, Francia, 2015.
As mil e uma noites (vol. 1, 2 e 3), O som e a fúria, Shellac Sud, Komplizen Film, Box   Productions, Dir. Miguel Gomes, Portugal, Alemania, Francia, 2015.  



DIRECCIÓN  
● Pedro Costa, Cavalo dinheiro, Portugal, 2014.  
● Miguel Gomes, As mil e uma noites (vol. 1, 2 e 3), Portugal, Alemania, Francia, 2015.  
● Ciro Guerra, El abrazo de la serpiente, Argentina, Colombia, Venezuela, 2015.  
● Pablo Larraín, El club, Chile, 2015.  
● Alberto Rodríguez, La isla mínima, España, 2014.  



ACTUACIÓN FEMENINA  
● Regina Casé, Que horas ela volta?, Dir. Anna Muylaert, Brasil, 2015.  
● Geraldine Chaplin, Dólares de arena, Dirs. Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, República Dominicana, México, Argentina, 2014.  
● Dolores Fonzi, La patota, Dir. Santiago Mitre, Argentina, Brasil, Francia, 2015.  
● Bárbara Lennie, Magical Girl, Dir. Carlos Vermut, España, Francia, 2014.  
● Antonia Zegers, El club, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  



ACTUACIÓN MASCULINA  
● Alfredo Castro, El club, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  
● Roberto Farías, El club, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  
● Javier Gutiérrez, La isla mínima, Dir. Alberto Rodríguez, España.  
● José Sacristán, Magical Girl, Dir. Carlos Vermut, España, Francia, 2014.  
● Ventura, Cavalo dinheiro, Dir. Pedro Costa, Portugal, 2014.  



GUION  
● Pedro Costa, Cavalo dinheiro, Dir. Pedro Costa, Portugal, 2014.  
● Miguel Gomes, Mariana Ricardo y Telmo Churro, As mil e uma noites (vol. 1, 2 e 3), Dir. Miguel Gomes, Portugal, Alemania, Francia, 2015.  
● Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, La isla mínima, Dir. Alberto Rodríguez, España, 2014.  
● Carlos Vermut, Magical Girl, Dir. Carlos Vermut, España, Francia, 2014.  
● Daniel Villalobos, Guillermo Calderón y Pablo Larraín, El club, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.



FOTOGRAFÍA  
● Sergio Armstrong, El club, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  
● Luis Armando Arteaga, Ixcanul, Dir. Jayro Bustamante, Guatemala, Francia, 2015.  
● David Gallego, El abrazo de la serpiente, Dir. Ciro Guerra, Argentina, Colombia, Venezuela,   2015. 
● Mateo Guzmán, La tierra y la sombra, Dir. César Augusto Acevedo, Brasil, Chile, Colombia,   Francia, Países Bajos, 2015.  
● Alain Marcoen, 600 millas, Dir. Gabriel Ripstein, México, 2015.  



DISEÑO DE ARTE  
● Pepe Domínguez, La isla mínima, Dir. Alberto Rodríguez, España, 2014.  
● Angélica Perea, El abrazo de la serpiente, Dir. Ciro Guerra, Argentina, Colombia, Venezuela,   2015. 
● Pilar Peredo, Ixcanul, Dir. Jayro Bustamante, Guatemala, Francia, 2015.  
● Artur Pinheiro y Bruno Duarte, As mil e uma noites (vol. 1, 2 e 3), Dir. Miguel Gomes, Portugal,   Alemania, Francia, 2015.  
● Carlos Vermut, Magical Girl, Dir. Carlos Vermut, España, Francia, 2014.  



VESTUARIO  
● Fernando García, La isla mínima, Dir. Alberto Rodríguez, España, 2014.  
● Laura García de la Mora, Carmín tropical, Dir. Rigoberto Perezcano, México, 2014.  
● Sofia Lantan, Ixcanul, Dir. Jayro Bustamante, Guatemala, Francia, 2015.  
● Jericó Montilla, 3 bellezas, Dir. Carlos Caridad-Montero, Venezuela, 2014.  
● Catherine Rodríguez, El abrazo de la serpiente, Dir. Ciro Guerra, Argentina, Colombia,   Venezuela, 2015.  



SONIDO  
● Carlos García y Marco Salvarria, El abrazo de la serpiente, Dir. Ciro Guerra, Argentina,   Colombia, Venezuela, 2015.  
● Miguel Hormazábal, Roberto Zúñiga, Ivo Moraga, Salomé Román y Mauricio Molina, El club,   Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  
● Daniel de Zayas, Nacho Royo-Villanova y Pelayo Gutiérrez, La isla mínima, Dir. Alberto   Rodríguez, España, 2014.  
● Beatrix Moersch, Eduardo Cáceres Staackmann y Julien Cloquet, Ixcanul, Dir. Jayro Bustamante,   Guatemala, Francia, 2015.  
● Coque Fernández Lahera, José Luis Fernández, Marc Orts y Sergio Bürmann, El niño, Dir.   Daniel Monzón, España, Francia, 2014.  



EDICIÓN  
● João Dias, Cavalo dinheiro, Dir. Pedro Costa, Portugal, 2014.  
● Miguel Gomes, Pedro Filipe Marques y Telmo Churro, As mil e uma noites (vol. 1, 2 e 3), Dir.   Miguel Gomes, Portugal, Alemania, Francia, 2015.  
● José M. G. Moyano, La isla mínima, Dir. Alberto Rodríguez, España, 2014.  
● Gabriel Ripstein y Santiago Pérez Rocha, 600 millas, Dir. Gabriel Ripstein, México, 2015.  ● Sebastián Sepúlveda, El club, Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.  



MÚSICA  
● Che Cum-be, Dj Negro Dub y Sebastián Wesman, Fávula, Dir. Raúl Perrone, Argentina, 2014.
● La foca, La vida de alguien, Dir. Ezequiel Acuña, Argentina, 2014.
● Nascuy Linares, El abrazo de la serpiente, Dir. Ciro Guerra, Argentina, Colombia, Venezuela,   2015. 
● Emmanuel del Real, Ramiro del Real y Renato del Real, Las oscuras primaveras, Dir. Ernesto   Contreras, México, 2014.  
● Julio de la Rosa, La isla mínima, Dir. Alberto Rodríguez, España, 2014. 

domingo, 20 de septiembre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCVI





Everest (Ídem, E-GB-Islandia, 2014), de Batasar Kormákur. El décimo largometraje del islandés hollywoodizado Kormákur (Contrabando/2012, Armados y Peligrosos/2013) es una cinta de desastres muy convencional que no tiene ninguna de las ventajas de este tipo de cine. A saber, 1) un reparto lo suficientemente importante encarnando personajes atractivos como para que nos interese el destino de cada uno de ellos y 2) un peligro que no sea tan monótono como escalar la montañota del Everest en la que hay nieve, nieves y más nieves. Y es que, la verdad, por lo menos a través de la puesta en imágenes de Kormákur, el montañismo parece una actividad bastante aburrida... hasta para morir.

Hagen y Yo (Fehér Isten, Hungría-Alemania-Suecia, 2014), de Kornél Mundruczó. La ganadora en Una Cierta Mirada de Cannes 2014 ha sido comparada con Los Pájaros (Hitchcock, 1963) con perros, pero yo le encontré más similitudes que con la cinta de rat-ploitation Ben, la Rata Asesina (Karlson, 1972). Mi crítica, publicada en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado, por acá.



martes, 15 de septiembre de 2015

Pídala Cantando/LXIV



El lector habitual Saúl Baas Bolio me pidió rescatar la crítica que escribí hace diez años de Munich. Servido.



En una reciente entrevista periodística, el director independiente Gus van Sant (Drugstore Cowboy/1989, Mi Camino de Sueños/1991) declaró, medio en serio, medio en broma, que el único cineasta realmente independiente que tenía Estados Unidos era Steven Spielberg. El argumento de van Sant era simple: Spielberg es el único creador fílmico que no tiene trabas de ninguna especie para hacer lo que quiere. Es decir, tiene dinero, poder y prestigio; nadie le dice lo que tiene qué hacer y tampoco cómo debe hacerlo; no tiene un estudio que se le eche encima por el presupuesto y cualquier actor estaría encantado de trabajar para él. Dicho de otra manera: a diferencia de otros cineastas –que les hace falta lana, que no tienen el actor que quieren, que su casa productora los obliga a re-editar la película, etcétera- Spielberg no tiene que responderle a nadie. A no ser a él mismo.
Recordé esa entrevista a van Sant –publicada a inicios de 2005 en Reforma, si no estoy equivocado- después de haber visto Munich (Ìdem, EU, 2005), el más reciente largometraje del director de Tiburón (1975). ¿Por qué Spielberg hizo una cinta que sabía que no iba a dejar contento a (casi) nadie? ¿Qué llevó a Spielberg a desafiar al “establishment” judío-estadounidense con un filme del “mainstream” que pone en duda la validez de las estrategias del Estado de Israel frente a sus enemigos? ¿Qué empujó al director de encantadoras fantasías como ET, el Extraterrestre (1982) a elaborar una elemental pero muy pertinente reflexión ética sobre las razones del terrorismo y su imagen especular, el contraterrorismo de Estado?
La respuesta a estas preguntas –y a otras similares- es la misma: la bendita libertad que da el poder. Spielberg, en Munich, ha mostrado un rostro que no se le conocía: el de un polemista y provocador que, por más que sus argumentos no sean muy sutiles, da precisamente en el blanco y con precisión. De ahí la iracundia de no pocos politólogos de los dos bandos –el palestino, el israelí- que han despreciado ruidosamente la película. Sin duda, los extremos se tocan.
Para unos, los judíos (léase la reseña de Leon Wieseltier de The New Republic, traducido en Letras Libres de febrero de 2006), Munich es “irresponsable” porque humaniza a los terroristas (o sea, habría que deshumanizarlos) y, además, porque, al confundir al terrorismo con el contraterrorismo (¿de verdad no son lo mismo?), Spielberg sólo demuestra que él no sabe lo que es cuidar la seguridad de otras personas (¡claro!: Spielberg es un cineasta, un artista, un empresario… no un gobernante). Por su parte, para los del otro bando (como Uri Avnery, un viejo luchador de la causa palestina), lo que hizo Spielberg no es suficiente: le reprocha, por ejemplo, que la cinta sea manipuladora (¡claro!: todo gran cineasta –todo gran artista- debe ser un manipulador), que caiga en la vulgaridad (el cine es el arte más vulgar –popular, pues- de todos) y que sea demasiado hollywoodense (por Dios, ¿qué no se dio cuenta que estaba viendo un thriller? ¿Qué esperaba: un ensayo histórico-político sobre la causa palestina?). 
Entre todas las voces que se levantaron para denostar el discurso político de Spielberg –insisto, del bando palestino y del bando israelí- sólo una se elevó para defenderlo: el del articulista del diario The Independent, Robert Fisk –texto traducido y publicado por La Jornada- que, con un envidiable sentido común, pone los puntos sobre las íes para afirmar lo innegable: por vez primera en la historia del cine hollywoodense –una industria tan favorable al Estado de Israel- se ha elevado una crítica directa (elemental, vulgar, simple, pero crítica al fin) no sólo al terrorismo árabe sino a su perfecta contraparte: el contraterrorismo israelí.
Pero dejemos el debate político de lado. ¿Qué con Munich como película? Como obra fílmica, estamos ante una propuesta madura, depurada, no tan sutil como uno hubiera querido –ni modo: Spielberg es Spielberg- y, en no pocas ocasiones, genuinamente sorprendente.
La historia –basada en hechos reales contenidos en un libro de George Jonas titulado Vengeance- tiene que ver con la respuesta que el Estado de Israel, dirigido en ese entonces por Golda Meier (Lynn Cohen), organizó para acabar con los responsables del atentado terrorista en el que fueron asesinados 11 atletas israelíes en las Olimpiadas de Munich 72. Así, a dirigir este pequeño escuadrón de la muerte es llamado un joven agente del Mossad, Avner (Eric Bana, sin tacha), al que se la da la encomienda de asesinar a 11 palestinos que de una u otra manera tuvieron que ver con el atentado de septiembre de 1972. Los blancos están en diferentes partes –París, Londres, Beirut, Roma, Atenas- y hasta allá irán a buscarlos Avner y su equipo: el impetuoso rubio Steve (Daniel Craig, el futuro 007), el serio y concentrado Carl (Ciarán Hinds, impecable como de costumbre), el especialista en falsificaciones Hans (Hans Zischler) y el juguetero vuelto hacedor de bombas Robert (Matthieu Kassovitz).
La tarea parece al principio heroica pero muy pronto Avner y sus compañeros empezarán a preguntarse el sentido de lo que hacen, no sólo en el aspecto ético sino incluso en el pragmático: matan a un terrorista y en su lugar aparecen otros seis y más radicales que el asesinado; cada blanco le cuesta a Israel un millón de dólares (“recibo, por favor”) de gastos y de pagos a informantes que puede que estén trabajando para los contrarios; por cada terrorista eliminado, los palestinos responden con otro atentado más violento (“estamos platicando: este es nuestro lenguaje”, algo así musita uno de los del equipo de Avner cuando se entera que los árabes han tomado un avión o enviado una bomba a una embajada).
Más aún: al ir cumpliendo su tarea, apilando cadáveres por ahí y por allá, Avner y los suyos pierden no sólo su tranquilidad sino su propia humanidad. De esta manera, cuando ellos eliminen a cierta asesina a sueldo –en acaso la mejor y más perturbadora secuencia de toda la película-,  al crimen de la mujer seguirá la humillación. Avner, después de haberla matado, quiere cubrir el cuerpo semidesnudo, pero Hans, con un gesto furioso, lo evita. Ya ni siquiera quitar la vida es suficiente.
Spielberg dirige con un tono implacable, a veces furioso –la secuencia en Beirut, con Avner y compañía vestidos de mujer echando bala por todas partes-, a veces delirante –esa explosión en el hotel que deja malheridos a dos infortunados lunamieleros-, a veces hitchcockianamente manipulador –la niñita que puede que conteste cierto teléfono-bomba- y, a veces, tan sutil que ni parece Spielberg –la escena en donde la venerable viejita Meier le sirve el te a Avner antes de mandarlo a asesinar palestinos- o a veces tan pasado de tueste que parece el peor Spielberg –la secuencia en la que Avner hace el amor con su esposa mientras, en su cabeza, es acorralado por la violencia terrorista, la de los otros y la de él mismo.
No, no creo que Munich sea la mejor cinta de Spielberg (por diferentes razones prefiero Tiburón, Los Cazadores del Arca Perdida/1981, ET, El Extraterrestre, El Color Púrpura/1985, Inteligencia Artificial/2001 y Minority Report/2002) pero sí es la más valiente y provocadora de toda su filmografía. Para un cineasta que parecía que no tenía ya nada qué demostrar, Munich es la mejor prueba de que Spielberg nos puede tener una que otra sorpresa reservada.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCV



Dólares de Arena (México-República Dominicana-Argentina, 2014), de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán. El cuarto largometraje de la pareja Cárdenas-Guzmán (Cochochi/2007, Jean Gentil/2010, Carmita/2013), tiene la desventaja que es una historia que hemos visto ya varias veces en los últimos años y, además, esas cintas antes vistas han sido mucho mejores.
Me refiero a la temática del turismo sexual en el Tercer Mundo, ya tratada en Bienvenidas al Paraíso (Cantet, 2005) o, más recientemente, en Paraíso: Amor (Seidl, 2012). En el caso de Dólares de Arena, el escenario es República Dominicana, en cuyas playas una guapa jovencita, Noelí (Yanet Mojica), reparte sus atenciones entre algún anciano cliente y una amante más o menos de planta, Anne (Geraldine Chaplin reaparecida), quien se la quiere llevar a vivir a Francia. El novio de Noelí (Ricardo Ariel Toribio) empuja esta relación, porque quiere que la muchacha se vaya a Europa para que le mande dinero con el que, en algún momento, él también pueda viajar hasta allá.
Cárdenas y Guzmán aciertan especialmente en el retrato de ese ambiente entre natural, carnal y decadente en el que se mueven sus personajes y la selección musical -con la participación estelar de la voz y la presencia de Ramón Cordero, quien se revienta el clásico "Causa de Mi Muerte"- es muy atractiva.

Ella es Ramona (México, 2015), de Hugo Rodríguez. La Ramona Godínez del título (o "Gordinez" o "Ramona Jamona" o "Ramona Gordinflona" como la apodaban en la infancia su egoísta hermana menor Sofi y su insoportable amiguita rubia Rosa) es una muchacha obesa pero no carente de atractivo que creció viendo los interminables pleitos de su mamá (María en su gustado papel de Rojo) y su papá (Juan Carlos Colombo), cuya muerte se atribuye ella algo de culpa, pues deseó con todo el corazón, abrazando a una "muñeca mágica", que las peleas de sus papás terminaran. Y, en efecto, las broncas acabaron: con la muerte de él. Este detalle y otros más hicieron de Ramona una supersticiosa que no sale de su casa sin ver su horóscopo y que cree que los makech (dizque) mágicos que le vende una tarotista de sospechoso acento francés (Leticia Huijara) le pueden cumplir todos los deseos.
Rodríguez abusa de la voz en off (¿cuánto tiempo pasa para que no escuchemos la voz narrativa de Ramona, uno o dos minutos?), abusa de los recursos más simplones (el olor animado que surge de las deliciosas galletitas que cocina Ramona, el gag del perro aplastado accidentalmente por ella) y, en especial, abusa de los flashbacks sobre-explicativos (demasiado largos) y de los flash-forwards imaginados (se vuelven predecibles). Con todo, no puedo negar que la protagonista, la debutante Andrea Ortega-Lee es realmente simpática. Ella es el mejor argumento que tiene el filme que, en el mejor de los casos, apenas si aguanta el palomazo de fin de semana.

El Incidente (México, 2014), de Isaac Ezban. La opera prima de Ezban es un notable ejercicio en un género (casi) ignorado en México: la ciencia ficción. Mi crítica, publicada en el Primera Fila de Reforma el viernes pasado, acá. 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Cuéntamela otra vez/XLI

Ante la presentación dentro de la Semana de Cine Alemán de Phoenix (Ídem, Alemania-Polonia, 2014), séptimo largometraje de Christian Petzold (Fantasmas/2005, Yella/2007, Barbara/2012), me di a la tarea de buscar el thriller Volver de entre las Cenizas (Return from the Ashes, GB, 1965), dirigida por J. Lee Thompson, ya que esta cinta, al igual que la obra maestra de Petzold, están basados en la misma novela policial: "Regreso de las cenizas" (Plaza & Janés, 1983), de Hubert Monteilhet. 




La búsqueda fue exitosa: el vigésimo-segundo largometraje del prolífico artesano Thompson está disponible en una aceptable copia en youtube. La cinta no es más que un competente thriller dirigido con buena mano por Thompson y, hasta donde sé, es bastante fiel a la historia original contenida en la novela de Monteilhet.
Estamos en París, en 1945, poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. La Dra. Michelle Wolf (Ingrid Thulin) llega a la ciudad para encontrarse con su colega y fiel enamorado platónico Charles Bovard (Herbert Lom), quien no la reconoce a primera vista. Dada por muerta hace tiempo, la doctora Wolf había sido detenida por los nazis en 1940 y ha regresado a París después de haber sobrevivido a Dachau. Por medio de Charles, se entera que su marido, el ajedrecista y "maestro internacional", el polaco Stanislaus Pilgrim (espléndido Maximilian Schell), está viviendo con la hijastra de ella, Fabienne (Samantha Eggar).
Un oportuno flash-back nos muestra cómo inició la relación entre la radióloga viuda y judía Wolf y el cínico vividor Pilgrim, quien se mantenía jugado ajedrez por dinero en el París de los años 30. Prendida de la desfachatez del ambicioso ajedrecista, Wolf se transforma en su protectora, amante y, finalmente, esposa, el mismo día que es deportada por los nazis. Cinco años después, Wolf ha regresado "de entre las cenizas", cual muerta viviente y con el nombre falso de Julia Robert, solo para enterarse que es millonaria, pues todos sus demás familiares fallecieron en el Holocausto, lo que le ha dejado a ella una fortuna de 300 millones de francos.
Y aquí viene la primera de varias vueltas de tuerca que desafían el sentido común: Wolf, que sigue enamorada de Pilgrim, decide pasar por una cirugía plástica para recuperar algo de su lustre perdido en un campo de concentración. Sin embargo, al salir de la operación, ni su hijastra -con la que nunca había tenido una buena relación- ni su segundo marido la reconocen de inmediato. Más aún: Stanislaus la aborda para proponerle una locura. Y es que como ella está, oficialmente, desaparecida, el polaco no es un auténtico viudo y, por lo tanto, no puede echarle mano a la jugosa herencia. La propuesta es simple: ya que ella se parece a su fallecida esposa, ¿por qué no se hace pasar por ella? Él tomaría posesión de los 300 millones de francos, compartiría el dinero con la "pobre huérfana" de Fabienne y, claro está, la solitaria y misteriosa Madame Robert también tendría su parte.
Volver de entre las Cenizas cambia de piel cada media hora: lo que inicia como un serio drama sobre una sobreviviente del Holocausto continúa como thriller negro con triángulo amoroso incluido y finaliza en el terreno del cine de suspense más tradicional, con dos crímenes "perfectos" que, como las comillas lo indican, no resultarán tan perfectos al final de cuentas.
La película se deja ver sin mayores problemas: la historia nunca deja de ser intrigante, la elegancia de la puesta en imágenes -fotografía en contrastante blanco y negro de Christopher Challis- no está a discusión y el reparto no merece un solo reproche. De cualquier manera, la corrección del filme es su máxima virtud y su más grande limitación: después de todo, Thompson nunca fue un cineasta inspirado -acaso su mejor cinta sea la primera versión de Cabo de Miedo (1961). Como apunta cruelmente David Thomson en su "The New Biographical Dictionary of Film" (Alfred A. Knopf, 2009): nada en la obra de J. Lee Thompson provoca sorpresa ni, muchos menos, resulta una revelación.



Todo lo contrario del cine de Christian Petzold, quien desde su debut en la pantalla grande con Die innere Sicherheit (2000), se ha colocado en el primer lugar del cine alemán del nuevo siglo. Más aún: con Phoenix, su séptimo largometraje, podemos hablar de su primera obra maestra. 
Como apuntamos antes, el guión de Phoenix -escrito por Petzold en colaboración con el cineasta recién fallecido Harun Farocki, alguna vez maestro de Petzold- está basado en la misma novela que Volver de entre las Cenizas, aunque en este caso, más allá de la premisa inicial, la historia y el sentido de la misma ha sido transformada por completo.
Estamos en una carretera hacia Berlín, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial. En un retén americano, son detenidas un par de mujeres que van en un automóvil: Lene Winter (Nina Kunzendorf), quien va al volante, y otra mujer llamada Nelly, cuyo rostro está cubierto por vendas. Ante la terminante orden del soldado gringo de quitarse todo aquello que le cubre la cara, Nelly obedece: no vemos su rostro, pero sí la reacción, avergonzada, del militar. 
Nelly (impresionante Nina Hoss en su sexta colaboración con Petzold), una antigua cantante de cabaret, judía, ha sobrevivido al Holocausto y ha regresado a Berlín para recuperar su rostro, deformado por un disparo. Al igual que la Dra. Wolf, de Volver de entre las Cenizas, Nelly se descubre millonaria por la muerte de todos sus demás parientes y, también, vuelve con la idea fija de reunirse con su esposo Johnny (Ronald Zehrfeld), un pianista que, acaso, fue quien la entregó a las autoridades nazis. 
Nelly quiere recuperar todo aquello que perdió, como si el nazismo y el Holocausto mismo no hubieran existido. No quiere empezar de cero -por eso rechaza el ofrecimiento del cirujano plástico de operarse para tener la cara de Hedy Lamarr-, sino volver al rostro que tenía antes, aunque el resultado sea, inevitablemente distinto. Nelly sale del quirófano re-creada, no re-construida, como la Alemania en ruinas que re-conoce, caminando por las calles oscuras de Berlín.
En uno de sus paseos nocturnos, Nelly finalmente se encuentra con Johnny, quien trabaja como chalán en el cabaret americanizado "Phoenix". A bote pronto, Johnny no ve como su esposa desaparecida a la re-creada Nelly, pero algo en ella le hace recordarla, así que le propone a esta extraña mujer de pocas palabras llamada Esther un trato demencial: hacerse pasar por Nelly para tener acceso a la susodicha herencia incobrable. Así pues, empieza el entrenamiento de Esther: Johnny le enseñara a escribir, a vestir, a caminar para poder parecerse a Nelly. O sea, a ella misma.
El thriller y el suspenso convencionales desarrollados en Volver de entre las Cenizas desaparecen por completo en Phoenix para dar paso a algo mucho más complejo y más difícil de asir. Como bien apuntó el cinecrítico Stuart Klawans en The Nation, Petzold ha realizado una especie de re-elaboración de De entre los Muertos (Hitchcock, 1958), pero no desde la perspectiva de un enfermizo y obsesionado Scottie (James Stewart), sino de una insegura y confundida Judy/Madeleine (Kim Novak) que, poco a poco, no solo va recuperándose a sí misma, sino que va imponiéndose sobre esa nueva realidad en la que ha renacido.
Las escenas entre Johnny y Esther-aprendiendo-a-ser-Nelly son fascinantes: Hoss interpreta a una mujer que, a su vez, está interpretándose a sí misma. O, en todo caso, a una versión aceptable de sí misma, para su marido y para los demás: recuperando su forma de ser, de caminar, de hablar, de ver y, en ese devastador desenlace, hasta de cantar. Solo que, por supuesto, Nelly no puede ser la misma: ni ella ni el marido ni sus amigos que la reciben. Ni Alemania entera: esa guerra, también, la tienen perdida. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCIV




Hilda (México, 2014), de Andrés Clariond. La opera prima de Clariond es una suerte de comedia de costumbres y de humor negro con una actuación espléndida de Verónica Langer, quien ganó el premio a Mejor Actriz en Morelia 2014. Mi crítica, publicada el viernes pasado en el suplemento Primera Fila de Reforma, está aquí.

Shaun el Cordero (Shaun, the Sheep Movie, GB-Francia, 2014), de Mark Burton y Richard Starzak. El sexto largometraje de la casa Aardman es, para variar, otra joya en stop-motion con el más inspirado slapstick que he visto en lo que va del año. Mi crítica in extenso, acá.

Manto Acuífero (México, 2013), de Michael Rowe. El segundo largometraje de Rowe es, también, la segunda parte de una trilogía en marcha que el cineasta ha realizado sobre la soledad. La primera fue la notable Año Bisiesto (2010), la segunda es esta cinta y la tercera, Early Winter (2015) será presentada en estos días en Venecia 2015.
Manto Acuífero está impecablemente realizada -el diseño de producción es del oscareado Eugenio Caballero, la fotografía de Diego García- y la niña protagonista Zailia Sofía Macías se sostiene bastante bien durante todo el filme, pero la historia, debo confesar, me resultó un tanto cuanto opaca cuando la vi en Morelia 2014. 
Caro, una niña de unos 8 años de edad, deja la ciudad de México para irse a Cholula con su mamá (Tania Arredondo) y su padrastro Felipe (Arnoldo Picazzo). La nueva casa es grande, especialmente el patio de atrás, lleno de plantas, hojas muertas y un pozo seco. Ahí, viendo bichos, juegos con unos palos, criando a una gallina con todo y sus pollitos, escondiéndose de todos -especialmente del brusco Felipe-, Caro tratará de convertir ese lugar en su refugio. Al final de cuenta no lo logrará, porque, ¿quién puede huir de la vida y sus crueldades?

Alicia en el País de María (México, 2014), de Jesús Magaña. A estas alturas del juego, con cuatro largometrajes en su filmografía, queda claro que Magaña está dispuesto a hacer la misma película una y otra vez, con pequeñas variaciones. Y es que si exceptuamos su filme anterior -la meritoria Abolición de la Propiedad (2012)- todas las demás cintas de Magaña tratan de lo mismo: el rompimiento amoroso de un cineasta/escritor (más o menos) ojete llamado Tonatiuh con una mujer inalcanzable llamada María de la que se obsesiona de forma enfermiza. La María de esta ocasión es la guapísima Bárbara Mori y la mujer con la que quiere sustituirla el protagonista es Stephanie Sigman, quien tiene el ingrato papel de hacer una amnésica a la que, en determinado momento, el tal Tonatiuh (Claudio Lafarga), la quiere transformar en María, cual Scottie Región 4. 
Y si en su opera prima Sobreviviente (2003) Magaña echaba mano de una animación de René Castillo, esta vez el "rompimiento" estilístico va del lado de una serie de efectos visuales que tratan de ilustrar la subjetividad obsesiva (y relamida) de Tonatiuh... que es la del mismo Magaña. En la historia hay, ya comenté, una amnésica, tres accidentes automovilísticos, un regreso de la memoria y un anuncio espectacular de Bárbara Mori que resulta ser bien maligno. De lo peor del cine nacional que he visto en el año.

Xenia (Ídem, Grecia-Francia-Bélgica, 2014), de Panos H. Koutras. El cuarto largometraje de Koutras es una road-movie fraternal en la que el extrovertido e ingobernable quinceañero gay Danny (Kostas Nikouli) sale de Creta, llega a Atenas por su hermano de 17 años Ody (Nikos Gelia), y de ahí los dos parten hacia Tesalónica en busca del padre de ambos, pues como su madre albanesa acaba de morir, el papá griego que los abandonó cuando eran niños es la única oportunidad que tienen para no ser deportados, ya que ante las leyes griegas los dos no son más que un par de jóvenes albaneses indocumentados.
El melodrama, la comedia y el musical se van alternando no con la mejor fortuna, además de que la cinta se alarga innecesariamente -el filme pasa de las dos horas de duración-, lo que termina por exasperar, más que conmover. Los interludios oníricos-surrealistas tampoco ayudan mucho. 

domingo, 6 de septiembre de 2015

Shaun el Cordero



En todas partes –incluyendo este blog- se han escrito loas y más loas –la mayoría de ellas, totalmente justificadas- dedicadas a Pixar, la casa de animación digital más importante, exitosa e inventiva del cine animado, por lo menos en esta parte del mundo. Sin embargo, estos mismos adjetivos los merece la casa británica Aardman, cuyas obras realizadas en stop-motion son, también, lo mejor que se ha hecho en el cine contemporáneo animado, por más que en el imaginario popular esté mucho más presente la compañía fundada por Steve Jobs. ¿Razones para que suceda esto último?: acaso más de marketing que artísticas, porque el mejor cine de Aardman compite al tú por tú, tanto en el aspecto técnico como en el creativo, con Pixar.
Y a las pruebas me remito: el sexto largometraje de Aardman, Shaun el Cordero (Shaun, the Sheep Movie, GB-Francia, 2014), podrá ser menos ambiciosa, temáticamente hablando, que la nueva obra mayor de Pixar, Intensa-Mente (Docter y Del Carmen, 2015), pero es mucho más lograda como regocijante comedia, sea de enredos, satírica o de slapstick. Para acabar pronto, en el terreno del ingenio para la creación y ejecución de los gags,  la cinta dirigida y escrita por Mark Burton y Richard Starzak le gana de calle a Intensa-Mente.
Estamos en la pequeña población de Mossy Bottom, en donde un granjero de mediana edad y su fiel perro crían un hato de ovejas entre las que destaca el animal del título, Shaun, un curioso cordero que, cansado de la rutina diaria, decide tomarse un día libre de la monserga esa le levantarse, salir a caminar, ser pastoreado por el perro y regresar a dormir por la tarde.
El problema es que el plan sale mal –¿o demasiado bien?-: el granjero termina en la Gran Ciudad, amnésico, con el perro en un albergue de animales y el hato de ovejas, Shaun incluido, sin nada qué hacer. Así pues, Shaun y compañía deciden viajar a la Gran Ciudad para rescatar a su amo –y al perro, faltaba más.
La simplicidad de la historia se compensa, con creces, por la afortunada avalancha de gags, sean propios de la comedia de enredos –el perro que entra a un quirófano para ser confundido con un cirujano-, satírica –el granjero amnésico transformado por el capricho de una celebridad en el peluquero de moda- o slapstick –la escena en el restaurante francés, entre los hermanos Marx y El Sentido de la Vida (Jones y Gilliam, 1983).
A esto habría que sumarle los innumerables guiños cinefílicos dejados caer por aquí y por allá –desde La Noche del Cazador (Laughton, 1955) hasta Sueño de Fuga (Darabont, 1994), pasando por Monty Python y el Santo Grial (Jones y Gilliam, 1975), Taxi Driver (Scorsese, 1976), Cabo de Miedo (Scorsese, 1991) o El Silencio de los Inocentes (1991)- y, por supuesto, el virtuosismo de la animación cuadro-por-cuadro cuyo goce no se agota en una sola revisión de la película. Porque, también como suele suceder con la mejor obra de Pixar, las mejores cintas de Aardman reclaman más de una re-visión: solo así, con los ojos fijos en la pantalla, viendo con todo cuidado cuadro por cuadro, se le puede hacer justicia a esa destreza técnica, a esa imaginación desbordada. Y lo mejor de todo: al volverla a ver, descubrirá seguramente otros muchos gags que pasaron desapercibidos en el primer visionado. Así sucede con el buen cine: nunca se agota en la primera visión. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

MICGénero 2015... en un vistazo




Desde el pasado jueves inició la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género 2015 (MIC Género 2015) en una docena de sedes de la Ciudad de México para luego continuar con una gira en varias ciudades del país. Como es costumbre en este espacio, he aquí la lista de los filmes que ya he visto en orden de preferencia. Las calificaciones positivas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces.

Magical Girl (España, 2014), de Carlos Vermut. Minoridades en Foco: *** 1/2

Carmín Tropical (México, 2014), de Rigoberto Perezcano. Queer and Postporno: ***

Los Reyes del Pueblo que No Existe (México, 2015), de  Betzabé García. Ecofeminismo: ** 1/2

El Silencio de la Princesa (México, 2014), de Manuel Cañibe. Disonancias: ** 1/2. La vi en Morelia 2014 y escribí algunas líneas por acá. 

Charlie's Country (Australia, 2013), de Rolf de Heer. Etarismo y Relaciones Intergeneracionales: ** 1/2

Trémulo (México, 2015; duración: 20 minutos), de Roberto Fiesco. Cortometrajes Mexicanos: **1/2

El Tiempo Suspendido (México, 2015), de Natalia Bruchstein. Encierros y Reclusión: **. La vi en Guadalajara 2015 y escribí unas líneas aquí. 

My Name is Salt (Suiza-India, 2013), de Farida Pacha. Ecofeminismo: **

El Silencio de las Moscas (Venezuela, 2014), de Eliezer Arias. Resiliencia: **. La vi en Guadalajara 2014 y escribí unos párrafos por acá.

El Hogar al Revés (México, 2014), de Itzel Martínez del Cañizo. Encierro y Reclusión: **. La vi en Morelia 2014 y escribí algo aquí mismo. 

Yo Soy la Felicidad de este Mundo (México, 2014), de Julián Hernández. Queer y Postporno: * 3/4. La vi en Morelia 2014 y escribí estos párrafos. 

La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano. Movilidad Humana y Migración: * 3/4. Se acaba de estrenar en la Cineteca y escribí estas líneas sobre ella. 

Dólares de Arena (México-República Dominicana-Argentina, 2014), de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán. Etarismo y Relaciones Intergeneracionales: * 3/4

La Teta de Botero (México, 2014; duración: 16 minutos), de Humberto Bustos. Cortometrajes Mexicanos: * 1/2

Made in Bangkok (México-Alemania, 2015), de Flavio Florencio. Derechos Sexuales y Reproductivos: * 1/2 

Llévate Mis Amores (México, 2014), de Arturo González Villaseñor. Movilidad Humana y Migración: * 1/2

El Comienzo del Tiempo (México, 2014), de Bernardo Arellano. Etarismo y Relaciones Intergeneracionales: +. La vi en Morelia 2014 y escribí esto por acá.

Estrellas Solitarias (México, 2015), de Fernando Urdapilleta. Queer y Postporno: + 1/2. La vi en Guadalajara 2015 y escribí esto acá. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Grand Prix FIPRESCI 2015



Hace un par de horas se dio a conocer el resultado del Grand Prix 2015 de FIPRESCI, otorgado, mediante votación electrónica, por los miembros de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica. En una decisión que seguramente hará que se levanten varias cejas, Mad Max: Furia en el Camino (Miller, 2014) fue la primera elección de los 493 críticos que votamos, por encima de las otras cuatro finalistas: Nie ying niang (Hou, 2014), Saul fia (Nemes, 2014) y Taxi (Panahi, 2014).
En la primera ronda, cuando cada crítico propuso sus tres cintas predilectas, voté por The Duke of Burgundy (Strickland, 2014), Intensa-Mente (Docter y Del Carmen, 2015) y Magical Girl (Vermut, 2014) pero como ninguna de mis tres primeras opciones quedó entre las finalistas, no tuve problema en votar por Mad Max que, de todas formas, es una dignísima ganadora del premio de la crítica internacional. El Gran Prix se entregará el 18 de septiembre, dentro del Festival de San Sebastián 2015.