lunes, 31 de agosto de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCIII



La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano. El segundo largometraje de Pérez Solado fue filmado en Zapotitlán Salinas, Puebla, un pequeño pueblo que sobrevive de la extracción de sal mineral y de los dólares que manda la gente que trabaja en el otro lado. 
Ahí vive Cheba (Adriana Paz) con sus dos hijos y esperando un tercer bebé que no es del marido Carmelo (Alfredo Herrera), que está a punto de regresar del gabacho. El verdadero papá del recién nacido es el taciturno Silvestre (Gustavo Sánchez Parra, Mejor Actor en Guadalajara 2014), quien también le ha hecho un bebé a su hijastra adolescente Ángeles, ante la impotencia/resignación de su esposa y madre de la muchacha, a quien ya le urge quitarse de encima a su hija para que no le termine de quitar a su hombre. 
La cámara de César Gutiérrez Miranda captura con severidad no exenta de belleza el seco panorama -natural y socioeconómico- de ese México profundo,  y la película está muy bien interpretada por todo el reparto, aunque la historia no deja de abrevar de ese fatalismo/miserabilismo que nos gusta tanto en México. Aunque, a decir verdad, La Tirisia sí ofrece salidas, para las que se animan a dejar todo atrás, huyendo del ominoso futuro de vivir/morir atiriciada en ese tipo de pueblitos.

Eddie Reynolds y Los Ángeles de Acero (México, 2014), de Gustavo Moheno. El segundo largometraje del excolega Gustavo Moheno es una divertida comedia ruckera que está beneficiada por un sólido reparto. Mi crítica, publicada en el Primera Fila de Reforma por acá.

El Diario de Celestine (Journal d'une Femme de Chambre, Francia-Bélgica, 2015), de Benoît Jacquot. El más reciente largometraje del veterano Jacquot es otra versión más de la novela picaresca de Octave Mirbeau, adaptada de forma memorable por Luis Buñuel en 1964. Por supuesto, la comparación con esa obra mayor del aragonés no es favorable para Jacquot pero, ¿qué cineasta contemporáneo puede ganarle a Buñuel? De todas formas, estamos ante una sólida "cinta de papá" con un par de espléndidas interpretaciones de parte de Léa Seydoux como Celestine y del magnético Vincent Lindon como el antisemita cochero Joseph. En unos días, espero publicar un texto amplio sobre este filme.

Wolfpack: Lobos de Manhattan (The Wolfpack, EU, 2015), de Crystall Moselle. Ganadora del Gran Premio del Jurado en Sundance 2015, esta cinta documental evade hábilmente la mera explotación de sus personajes, una familia formada por un hippioso inmigrante peruano, su esposa gringa y los siete hijos que han procreado y criado en un pequeño departamento de renta congelada en el Bajo Este de Manhattan.
Como Óscar Ángulo, el padre, está convencido que vive en una especie de Babilonia decadente y pervertida, no ha permitido que sus siete hijos -entre adolescentes y veinteañeros- salgan a la calle más que en contadas ocasiones. En promedio, salen unas cinco veces al año, aunque -dice uno de los muchachos- hubo un año en el que no salieron nunca del departamento.
Mantenida por el Estado -en concreto, por el sueldo de la madre, que recibe del gobierno el pago respectivo por educar a todos sus hijos en casa-, la familia Angulo no tiene otro contacto con la realidad que las  películas que ven, ven de nuevo, vuelven a ver, memorizan y representan. Así, desde Perros de Reserva (Tarantino, 1992) hasta El Caballero de la Noche (Nolan, 2012), pasando por Tiempos Violentos (Tarantino, 1994) o Sin Lugar para los Débiles (Coen, 2007), los Angulo hacen sus propias versiones Originalmente Piratas (Gondry, 2008) de sus películas favoritas.
Más allá del morboso freak-show inevitable, la directora Moselle centra su atención en Mukunda, el más articulado de los hijos Angulo que, además, fue el primero que rompió con su padre y salió sin permiso del departamento -y con la máscara de Michael Myers de Halloween (Carpenter, 1978), además. Poco a poco, todos los hijo Angulo -a excepción de la hermana mayor, discapacitada mental a la que apenas atisbamos en las escenas iniciales- salen del cascarón para conocer cómo es la vida real y cotidiana: tener chamba, andar con una novia, ir al cine por vez primera, visitar Coney Island, ir a una manifestación. Por desgracia, es aquí cuando el filme termina. 
Acaso porque Moselle es una cineasta debutante o tal vez por las condiciones en las que fue realizado el documental -a lo largo de cinco años y de manera intermitente-, pero el hecho es que Wolfpack se queda corto en varios aspectos: en el formal, porque la cinta parece a rato no más que un reality-show televisivo y porque su cronología es francamente confusa; y en el de fondo, porque al final de cuentas la directora no penetra lo suficiente en su descripción de toda la familia, de los hijos, de la relación de ellos con su padre y de la posterior salida al mundo del rebelde Mukunda. O, bueno, a lo mejor Moselle está dejando todos estos temas para la secuela. 


domingo, 30 de agosto de 2015

El cliché que yo ya vi/CXXXII



Joel Meza propone:


Oh, qué gusto de volverte a ver... En las películas, cuando se encuentran de nuevo dos personajes que tenían años sin verse, el primero al que conocemos jurará y perjurará que son poco menos que almas gemelas, para ser recibido con un duro puñetazo en la cara por el otro. Ejemplos pa' tirar pa'rriba, desde Indiana Jones y Marion en Los cazadores del arca perdida, hasta Lalo y Santos en Eddie Reynolds y Los Angeles de Acero.

lunes, 24 de agosto de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCII



Puerto Padre (México-Costa Rica, 2013), de Gustavo Fallas. Opera prima del costarricense Gustavo Fallas presentada hace más de un año en Guadajara 2014. 
Un adolescente huérfano, Daniel (Jason), que vive en la isla de Chira, llega a la costa en busca de chamba, así que se dirige al hotel de mala muerte que maneja un tal Chico (Gabriel Retes), hermano de su padrino. Ahí, Daniel conoce a la guapa jovencita Soledad (Adriana Álvarez), que tiene un bebé que mantener.
El guión escrito por el propio Fallas no es más que un decente melodrama de crecimiento y maduración juvenil en el cual veremos a Daniel abrir los ojos ante su origen, decidir sobre su presente y mirar hacia el futuro. Un filme correcto y muy poco más.

Enredos en Broadway (She's Funny that Way, EU-Alemania, 2014), de Peter Bogdanovich. El más reciente largometraje del crítico, cineasta y ocasional actor Bogdanovich es divertimento menor, anacrónico pero muy disfrutable, entre el Allen más ligero y el Lubitsch más enredado, con todo y cameos claves que nos remiten a la propia obra de Bogdanovich. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado

Resultados: Amor en Forma (Results, EU, 2015), de Andrew Bujalski. Acabo de escribir de ella por acá. 

domingo, 23 de agosto de 2015

Resultados: Amor en Forma



Llegué tarde y mal al cine de Andrew Bujalski. A pesar de la buena crítica que arrastraron sus tres primeros filmes (Funny Ha Ha/2002, Mutual Apreciation/2005 y Beeswax/2009), no he visto ninguno de ellos, en parte debido a que no merecieron estreno comercial en México. Y, por desgracia, la primera cinta de Bujalski que cayó en mis manos fue Ajedrez de Computadora (2013), que consideré tan insoportable -escribí de ella por acá- que no me quedaron ganas de revisar ninguna de las tres primeras películas del cineasta avecindado en Austin. 
Con todo, la curiosidad me ganó: después de leer o escuchar los encendidos elogios de varios respetables colegas al quinto largometraje de Bujalski, decidí arriesgarme y ver, pues, Resultados: Amor en Forma (Results, EU, 2015), su primera película con estrellas de cine y con un presupuesto respetable. El resultado me sorprendió: con todo y lo convencional de la historia -estamos ante una comedia romántica con triángulo amoroso incluido-, Bujalski atrapa por las insólitas relaciones que presenta entre sus tres personajes, por la capciosa definición existencial de cada uno de ellos y por el descubrimiento que significó -por lo menos para mi- Cobi Smulders.
Danny (Kevin Corrigan) es un tipo inarticulado, fofo y bastante inútil -no sabe cómo programar su televisión y mucho menos conectar la computadora a la tele- pero tiene una sola gracia muy importante. O, más bien, millones de gracias: Danny es un multimillonario ocioso al que le sobra el tiempo y el dinero pero, también, el aburrimiento o la franca depresión. Con el objetivo de estar en forma -o, más bien, de tener un cuerpo que resista un puñetazo-, Danny contrata los servicios particulares del gimnasio "Power 4 Life", dirigido por el gurú del ejercicio Trevor (Guy Pearce sin ocultar -ni explicar- su acento australiano). El tipo, que tiene sueños de engrandecer su negocio, manda a la casa de Danny a Kat (Smulders), la mejor entrenadora que tiene pero también la más exigente, difícil y neurótica. 
El guión escrito por el propio Bujalski sorprende dentro de su planteamiento más convencional: sí, en efecto, estamos ante una comedia romántica, pero no necesariamente entre la típica pareja/dispareja; Danny es el personaje central del filme en más de un sentido y, sin embargo, el hecho de que Guy Pearce sea el actor más importante del reparto se va justificando poco a poco, pues en la medida que avanza la cinta su Trevor gana más espacio; Kat es, por supuesto, el bien ejercitado objeto del deseo tanto de Danny como de Trevor, pero no es la delicada damisela ni la excéntrica chistosona. Kat es una mujer atractiva -ni quien lo dude- pero también es endiabladamente complicada y, encarnada por una magnética Cobi Smulders, la mujer atrae pero, también, da miedito -o, bueno, por lo menos a mí.  
Los tres personajes buscan más o menos lo mismo -el éxito, el amor, o, vaya, por lo menos no estar solos-, pero ninguno de ellos quiere o puede articularlo como debe. Los tres se complementan de una u otra manera -Trevor cree infantilmente en lo que dice, pero no tiene en qué caerse muerto; Danny no cree en nada, pero tiene dinero y cierto grado de lucidez; Kat tiene la voluntad y la fuerza de la que carecen Danny o Trevor, pero nada de estabilidad- y, sin embargo, perversamente, se alejan uno del otro. Boicotean al de al lado y, de paso, se boicotean a sí mismos.
Quienes conocen toda la obra de Bujalski han escrito que Resultados... es la cinta más accesible del cineasta: que es su primera película del mainstream, que es casi hollywoodense. Y, sin embargo, el filme no es tan convencional como la fórmula lo indica. Dicho de otra manera: y sin embargo, Bujalski se mueve. 

sábado, 22 de agosto de 2015

Investigación de un Ciudadano Libre de Toda Sospecha



Acusaciones de complots a diestra y siniestra; un empresario corrupto afirma haber repartido dinero a candidatos muertos y vivos; un político poderoso caído en desgracia da concurridas conferencias de prensa sólo para declarar que se retira de la actividad pública; una de las compañías televisoras más importantes del país coquetea claramente con el golpismo más histérico; quien quiera puede acusar a todos de todo, desde asesinar a un cardenal hasta estar detrás de un paro estudiantil, pasando por las innumerable intervenciones telefónicas; el Presidente de la República contrata a un chalán para que lo exonere de un cargo de corrupción; una empresaria acusa a la esposa de un periodista de extorsión; periodistas son asesinados un día sí y otro también; el más poderoso jefe del hampa mundial se escapa de la prisión de más "alta seguridad"... 
Pareciera que en México, en los últimos 20 años, hemos estado dedicados, con enjundia digna de mejor causa, a escribir el guión colectivo del más terrible, consternante y realista thriller político de todos los tiempos. Frente a esta realidad, incluso un clásico del cine político italiano de los años 70 como Investigación de un Ciudadano Libre de Toda Sospecha (Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto, Italia, 70), parece comedia costumbrista.
El Jefe de la División de Homicidios asesina con toda premeditación a su amante, mientras es ascendido a Jefe de Inteligencia de Estado. Este autoritario policía sin nombre (espléndidamente encarnado por Gian María Volonté) deja conscientemente evidencias acusadoras regadas al pasto y, de hecho, termina confesando su crimen al poderoso Sr. Ministro. Obviamente, no pasa nada (¿dónde hemos visto esto?), y el policía es obligado a confesar... pero su inocencia.
Ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1971, Investigación de un Ciudadano Libre de Toda Sospecha, dirigida por Elio Petri, es una cáustica sátira sobre el poder y el ejercicio del mismo, centrándose en la personalidad y en las actividades de un ultrafascista jefe policial que comete un crimen y espera paciente e inútilmente ser capturado. No hay nada de heroico en el comportamiento del influyente cuico: el juego que lleva a cabo este anónimo policía lo hace para encontrar el castigo y así expiar los pecados cometidos por una sociedad “enferma de democracia”, sociedad que “añora” la mano dura de gente como él, un recto y duro servidor público.
Una demoledora alegoría, tan divertida como inteligente, de un Estado fascista o a punto de convertirse en él. No estaría mal echarle un vistazo para constatar las similitudes entre esta sociedad retratada en la pantalla grande y la que vivimos y sufrimos todos los días a nuestro alrededor.

martes, 18 de agosto de 2015

Premio Fénix 2015



Hoy por la mañana Ricardo Giraldo, de la asociación Cinema23, dio a conocer la lista de los 57 largometrajes de ficción y los 23 documentales que han sido pre-seleccionados para recibir el Premio Fénix 2015 a lo mejor del cine iberoamericano en sus 13 categorías: Largometraje de Ficción, Dirección, Guión, Fotografía, Edición, Diseño de Arte, Sonido, Música, Vestuario, Actuación Masculina, Actuación Femenina, Largometraje Documental y Fotografía de Documental.
El año pasado, al dar cuenta de la aparición de este premio, cuyo objetivo es "promover e impulsar la cultura cinematográfica de Iberoamérica", apunté en este mismo blog que conocía a varios miembros del comité de selección y nominación y que, por lo mismo, me parecía harto extraño que no hubieran nominado a tal o cual película. 
En todo caso, apenas inició el nuevo ciclo para entregar el Fénix 2015 y recibí la invitación a formar parte del susodicho comité de selección y nominación, lo que significó la responsabilidad de ver, primero, toda la producción mexicana estrenada entre el 26 de mayo de 2014 y el 25 de mayo de 2015 y, luego, ya hecha la selección nacional, ver -ufff: en esas ando- los 57 largometrajes de ficción y 23 documentales del resto de iberoamérica que fueron seleccionados por los colegas de los otros países. (Moraleja: pa' que me siga quejando de cualquier proceso de selección. Yo y mi bocota).
En fin. Lo interesante de los Premios Fénix es que en las primeras dos etapas, de selección de las películas de cada país y de nominación respectiva en las 13 categorías, quienes participan son académicos, investigadores, historiadores, programadores, directores de festivales iberoamericanos y críticos de cine. En realidad, si uno descarta a los directores de festivales, el resto de la fauna cinefílica -investigadores, académicos, historiadores, programadores- suelen ser críticos de cine. Y los críticos, a su vez, suelen ser programadores, docentes, historiadores, etc. 
Dicho de otra manera, quienes eligen las cintas de cada país y quienes nominan posteriormente en cada categoría son -somos- básicamente críticos de cine. Sin embargo, quienes terminan eligiendo a los ganadores -en la ceremonia a transmitirse, como el año pasado en E Entertainment- no son los críticos sino los creadores: actores, cineastas, editores, guionistas, fotógrafos, músicos... Y más interesante aún: en cada categoría votan solamente los especialistas. Es decir, fotógrafos por fotógrafos, editores por editores, músicos por músicos y así sucesivamente.
Alguien podría alegar que en la última etapa se rompe la coherencia del proceso: quienes seleccionamos y nominamos no decidimos quiénes ganan. En realidad, el hecho de que la primera y segunda etapas sean dominadas por críticos y la última y definitiva por los creadores, crea un equilibrio interesante y seguramente, al mismo tiempo, algunas tensiones. Por lo mismo, los resultados pueden ser más valiosos para el observador: los creadores están supeditados a las selección de los críticos pero estos no deciden quiénes ganan, pues la votación final será entre los pares del oficio y de la industria.
Por lo pronto, y mientras terminamos de ver los 80 filmes pre-seleccionados -ya nos quedan poquitos-, la lista de los 57 largos de ficción y 23 documentales entre los cuales elegiremos los competidores de las 13 ternas, está por acá.  

domingo, 16 de agosto de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCI



Eliminar Amigo (Unfriended, EU-Rusia, 2014), de Levan Gabriadze. Aunque la premisa es harto convencional -un grupo de amigos es acosado por una amiga mutua que se suicidó un año atrás porque alguno de ellos subió un vídeo vergonzoso a Youtube-, la ejecución de Gabriadze no deja de tener interés: todo lo que vemos en la cinta -a excepción de la imagen final- proviene de la pantalla de la computadora de la protagonista, con todas las ventanas abiertas -Skipe, Spotify, Youtube, "Feis"...- habidas y por haber. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Elvira, Te Daría Mi Vida pero la Estoy Usando (México, 2014), de Manolo Caro. La peor película del exitoso y prolífico Caro hasta el momento. Más allá de lo que podamos decir de sus anteriores comedias, No Sé Si Cortarme las Venas o Dejármelas Largas (2013) y Amor de Mis Amores (2014), esas dos películas tenían un tono consistente y una realización funcional. Elvira... es, en contraste, un desastre irredimible. 
Partiendo de una premisa similar a Las Hadas Ignorantes (Ozpetek, 2001), he aquí que la guapa treintona ama de casa Elvira (Cecilia Suárez, tan irregular como su acento norteño que aparece y desaparece de escena a escena) descubre que su marido desaparecido Gustavo (Carlos Bardem, con perfecto acento mexicano) la engaña con un tal Adrián (Luis Gerardo Méndez), un joven compañero de trabajo. Desesperada, Elvira se da a la tarea de rastrear al marido y a su joven amante, quienes al parecer se fueron a Acapulco.
Además de los problemas de tono que tiene la cinta, que se tropieza entre la comedia desaforada y el melodrama telenovelero, el guión del propio Caro es una retahíla de inconsistencias y arbitrariedades. Un ejemplo entre tantos: Angélica Aragón aparece por ahí como la mamá de la tal Elvira, pero no tiene nada que hacer en todo el filme, a no ser dejar que su desesperada hija la deje colgada varias veces por teléfono. Vamos, ni siquiera  la siempre bienvenida Mariana Treviño es tan graciosa como acostumbra ser. 

Cenizas del Pasado (Blue Ruin, EU, 2013), de Jeremy Saulnier. Dwight, el protagonista de esta cinta (sensacional Macon Blair), es un tipo desaliñado, de larga barba descuidada, que come basura y duerme en su ruinoso Pontiac azul (el “blue ruin” del título original). No parece el hombre más adecuado para hacer justicia. Ni, mucho menos, para cumplir con una venganza.
Los esfuerzos de Dwight por cumplir esa tarea hasta el final constituyen este relato fílmico que, aunque a veces llega a rozar la comedia de humor negro al estilo de los Coen –Dwight le dispara a un tipo a dos metros de distancia, falla y el hombre se burla ruidosamente de él-, está muy lejos de provocar risas. 

viernes, 14 de agosto de 2015

Morelia 2015: Selección Oficial



Hace un par de horas se liberó la selección oficial (casi) completa de Morelia 2015. A continuación, la lista de los largometrajes documentales y de ficción elegidos.

SECCIÓN DE DOCUMENTAL MEXICANO

Los días no vuelven. Raúl Cuesta. Vale la pena.

Don de ser. Néstor A. Jiménez Díaz.

El hombre que vio demasiado. Trisha Ziff.

Juanicas. Karina García Casanova. Por acá escribí de ella. 

Nararachi. Susana Bernal.

Parque Lenin. Itziar Leemans, Carlos Mignon.

El paso. Everardo González Reyes.

El patio de mi casa. Carlos Hagerman.

El regreso del muerto. Gustavo Gamou. Por acá escribí de ella. 

Los reyes del pueblo que no existe. Betzabé García. No he escrito de ella, pero es de lo mejor que he visto este año en el terreno del documental mexicano.

Sunka Raku Alegría evanescente. Hari Sama.

Tiempo suspendido. Natalia Bruschtein. Por acá escribí de ella.

Tiyarus / Diablos.  Emilio Téllez Parra.


SECCIÓN DE LARGOMETRAJE MEXICANO

Almacenados. Jack Zagha Kababie.

La casa más grande del mundo. Ana V. Bojórquez, Lucía Carrera. Vale la pena. 

Los herederos. Jorge Hernández Aldana.

Mientras la prisión exista. Nicolás Gutiérrez Wenhammar

Sopladora de hojas. Alejandro Iglesias Mendizábal.

Te prometo anarquía. Julio Hernández Cordón.

Un monstruo de mil cabezas. Rodrigo Plá.

Yo. Matías Meyer Rojas.


Y otras dos cintas más, agregadas el 8 de septiembre:

Bictor Ugo. Carlos Clausell y Josep María Bendicho.

El Placer es Mío. Elisa Miller. 


El resto de las secciones (michoacana y cortometrajes), por acá.

lunes, 10 de agosto de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCC




Edén (Eden, Francia. 2014), de Mia Hansen-Love. El cuarto largometraje de la también crítica de cine Hansen-Love es la cruel crónica de vida de un aspirante a DJ (Félix de Givry) que nunca logra dar el estirón al que tanto aspira. Es claro que el pobre diablo no tiene el talento que él quisiera, pero no puede -¿o no quiere?- hacer otra cosa. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.


Amar, Beber y Cantar (Aimer, Boire et Chanter, Francia, 2014), de Alain Resnais. La última película del gran Resnais, presentada en Berlín 2014 días antes de su muerte, resulta ser una grácil despedida en tono menor.
Sobre una pieza teatral del británico Alan Ayckbourn -de quien Resnais adaptó antes con mayor fortuna Smoking/No Smoking (1993) y Pasiones Privadas en Lugares Públicos (2006)-, he aquí que, en la campiña inglesa -aunque todo mundo hable en francés, faltaba más- tres matrimonios reciben la noticia que el entrañable camarada de todos ellos, George Riley -que nunca aparece en pantalla- está a punto de morir por un cáncer terminal.
Para mantenerlo ocupado y unido a ellos, los seis amigos -todo ellos actores habituales de Resnais, sin faltar la musa/esposa Sabine Azéma- deciden involucrar a George en la pieza teatral que están ensayando, lo que lleva a una serie de encuentros/desencuentros entre todos, pues resulta que las tres mujeres -una de ellas su exmujer- han tenido sus quereres con el carismático pero inasible Riley, para consternación de los tres hombres.
Como es costumbre en el cine de Resnais, el director de Mi Tío de América (1980) -acaso mi cinta preferida de él- se muestra igual de interesado en las cuitas de sus personajes que en el planteamiento formal de la puesta en imágenes, que nunca esconde su teatralidad sino que, por el contrario, juega con ello. O mejor aún: lo presume con toda gracia. Con todo desenfado. 

lunes, 3 de agosto de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXCIX



Directo al Corazón (Danny Collins, EU, 2015), de Dan Fogelman. Un rutinario melodrama que se eleva por encima del promedio gracias a algunos buenos diálogos, un incisivo diseño de personajes y un impecable reparto. Aguanta el palomazo. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Misión: Imposible - Nación Secreta (Mission: Impossible - Rogue Nation, EU, 2015), de Christopher McQuarrie. ¿La mejor cinta de la saga? No lo sé: probablemente sea mejor la anterior, dirigida por Brad Bird. En todo caso, está muy cerca. Mi crítica, in extenso, acá.

7 Cajas (Paraguay-España, 2012), de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori. La opera prima a cuatro manos de los cineasta Maneglia y Schembori es un frenético thriller ubicado en un popular y populoso mercado de Asunción, Paraguay. 
El adolescente Víctor (esléndido Celso Franco) es contratado por un carnicero para trasladar en su carretilla y por los pasillos del mercado las siete cajas del título que contienen, es de suponerse, un material delicado o de plano ilegal. Por esa chambita le han prometido a Víctor un billete de cien dólares con el que quiere comprar un ansiado celular con "filmadora" -es decir, con cámara de vídeo. Otro carretillero rival (Víctor Sosa) busca taclear a Víctor para quitarle los siete paquetes, pues necesita la lana para comprarle medicinas a su hijo enfermo.
Ni la aparición del susodicho escuincle enfermo hace que esta película desemboque en el melodrama: estamos, más bien, en los terrenos del thriller urbano y la comedia de enredos, con un reparto muy competente, diálogos vivaces -en castellano y guaraní- y una serie de vueltas de tuerca que son tan absurdas como divertidas. 
He leído por ahí que 7 Cajas se parece a las primeras películas de Robert Rodríguez pero creo que esta comparación es injusta: en todo caso, me recordó a los mejores momentos cómico-violentos de Tarantino, con todo y su personaje central intoxicado de cine baratón. 

La Princesa Kaguya (Kaguyahime no monogatari, Japón, 2013), de Isao Takahata. El décimo-primer largometraje -y acaso el último- del cofundador de la Casa Ghibli Isao Takahata es una encantadora película animada -dibujada a crayón, con colores de acuarela- basada en un legendario cuento tradicional nipón escrito, aparentemente, en el siglo X. 
La princesa Kaguya del título es una niña que nace de un bambú y que es recogida por una pareja de viejos campesinos sin hijos. El mismo bambú le da al padre adoptivo las suficientes pepitas de oro para que la niña -que crece a pasos agigantados hasta convertirse en una bella jovencita- sea educada en Kioto, como una aristócrata. Sin embargo, a Kaguya no le cuadra ese tipo de vida y ansía volver al campo, a jugar con sus amiguitos, a correr semidesnuda por el bosque, a rodar por las lomas, a vivir feliz con "aves, bichos y bestias". Ojo a la extraordinaria de la huida de Kaguya por el bosque: pareciera que en ese momento Takahata y su equipo de animadores dejaron correr su pasión hasta convertirla en animación casi abstracta. Y, por ello, universal. 


domingo, 2 de agosto de 2015

Misión: Imposible - Nación Secreta



Cuando terminé de ver la más reciente entrega de la saga blockbuster-autoral Misión: Imposible - Nación Secreta (Mission: Impossible - Rogue Nation, EU, 2015) lo que me quedó claro es que la única y auténtica misión imposible es que la estrella estadounidense más poderosa y bajita del orbe protagonice alguna vez un torpedo interpretando el personaje de Ethan Hunt. 
He anotado que estamos ante una saga blockbuster-autoral y esta afirmación no es ningún oxímoron: la quinta Misión: Imposible funciona como una eficaz máquina de hacer dinero -en apenas cuatro días los ingresos mundiales han llegado a 121 millones de dólares- sin dejar de ser, al mismo tiempo, una depurada obra autoral de un todopoderoso actor-productor-estrella que asume a su personaje como una extensión de su propia figura pública. Más allá de los defectos y virtudes de la serie televisiva original, a estas alturas del juego es obvio que Ethan Hunt es Tom Cruise y nadie más.
Cruise, como estrella/productor, ha sabido elegir en cada entrega a un cineasta distinto que revitaliza la fórmula sin cambiar en un ápice el elemento central: él mismo y su lucimiento. En esta ocasión, el encargo recayó en el oscareado guionista (por Los Sospechosos Comunes/Singer/1995) y ocasional cineasta Christopher McQuarrie, quien ya había dirigido a Cruise en el muy satisfactorio thriller Jack Reacher: Bajo la Mira (2012). 
En Misión: Imposible - Nación Secreta McQuarrie demuestra no solamente que puede dirigir escenas de acción como el que más -yo diría: mejor que varios Nolans- sino que, además, sabe abrevar de los clásicos del género para saquearlos con proverbial elegancia. Así, entre las innumerables corretizas de Cruise y las varias misiones "imposibles" que atestiguamos -que si subirse a un avión que está despegando, que si cambiar un chunche por otro buceando bajo el agua y sin oxígeno a la mano-, McQuarrie -autor también del guión- se da tiempo de homenajear a Hitchcock -la secuencia de la Ópera de Viena que nos remite a El Hombre que Sabía Demasiado (1956)-, recordarnos El Satánico Dr. No (Young, 1962) con Rebecca Ferguson saliendo del agua en bikini, y remitirnos a los oscuros tejes/manejes del espionaje británico con la oleaginosa presencia de Simon McBurney como el Jefe Atlee, personaje que bien pudo haber aparecido en cualquier película o serie televisiva de la saga Smiley de John LeCarré. 
A propósito de Hitchcock: el McGuffin de esta quinta entrega de Misión: Imposible es cierto archivo que el villano en turno -un espía renegado llamado Lane (Sean Harris)- quiere conseguir a toda costa y para ello logra que Ethan Hunt lo robe y se lo entregue, con la ayuda de la espía doble británica Ilsa Faust -ah, qué bonito nombre-, encarnada -ah, qué bonitas carnes- por la ya mencionada actriz sueca Rebecca Ferguson. Es cierto, la historia, sobre un sofisticado Sindicato de malandros dirigido por el tal Lane -una suerte de cerebral Dr. Mabuse del nuevo siglo-, enfrentado a lo que queda de la arrinconada Fuerza Misión: Imposible liderada por el rebelde Hunt, es rutina pura, pero no la impecable ejecución de McQuarrie ni, mucho menos, el convencimiento de todo el reparto, acaso contagiado por un irrefrenable Tom Cruise que, en cierta escena clave -y, sospecho, antológica- es nombrado por otro personaje como "la viva manifestación del destino". Pero, ¿no son así todas las grandes estrellas de cine?