jueves, 30 de abril de 2015

Riviera Maya 2015... en un vistazo



Ayer terminó el Riviera Maya Film Festival 2015 y, como de costumbre, he aquí la lista de las cintas programadas en el festival que vi, en orden de preferencia. Como siempre, la evaluación positiva va de uno a cuatro asteriscos; la negativa, de una a dos cruces. Si hay una "H", eso significa huida. O sea, no terminé de verla. Life's too fucking short.


La Maestra de Kínder (Haganenet, Israel-Francia, 2014), de Nadav Lapid. Panorama Autoral: *** 1/4

Violencia (Colombia-México, 2014), de Jorge Forero. Planetario: ***

Victoria (Ídem, Alemania, 2014), de Sebastian Schipper. Gran Público: ** 1/2

Enterrando a la Ex (Burying the Ex, EU, 2014), de Joe Dante. Galas: ** 1/2

El Silencio de la Princesa (México, 2014), de Manuel Cañibe. Platafroma Mexicana: ** 1/2

Iris (Ídem, EU, 2014), de Albert Maysles. Panorama Autoral: ** 1/2

Me Quedo Contigo (México, 2014), de Artemio Narro. Plataforma Mexicana: ** 1/2

Fort Buchanan (Francia-Túnez, 2014), de Benjamin Crotty. Panorama Autoral: ** 1/2

Cachorro (Welp, Bélgica, 2014), de Jonas Govaerts. Gran Público: ** 1/2

El Secuestro de Michel Houllebeck (L'enlevément de Michel Houllebecq, Francia, 2014), de Guillaume Nicloux. Gran Público: **

Juanicas (México-Canadá, 2014), de Karina García Casanova. Plataforma Mexicana: **

Aventura (Priklyuchenie, Kazakistán, 2014), de Nariman Turebaev. RivieraLAB Presenta: **

Banda de Chicas (Bande de Filles, Francia, 2014), de Céline Sciamma. Gran Público: **

El Cielo Sabe Qué (Heaven Knows What, EU, 2014), de Ben y Josuha Safdie. Panorama Autoral: * *

El Ministerio de Hierro (The Iron Ministry, EU, 2014), de J. P. Sniadecki, RivieraLAB Presenta: * 3/4

Los Muertos (México, 2014), de Santiago Mohar Volkow. Plataforma Mexicana: * 3/4

Plan Sexenal (México, 2014), de Santiago Cendejas. Plataforma Mexicana: * 3/4

Lucifer (Bélgica-México, 2014), de Gust Van den Berghe. Plataforma Mexicana: * 3/4

La Mujer de los Perros (Argentina, 2015), de Verónica Llinás y Laura Citarella. Panorama Autoral: * 3/4

El Señor de las Tres Caídas (México, 2015; 55 minutos), de Roberto Olivares Ruiz. Plataforma Mexicana: * 1/2

Los Hongos (Colombia-Francia-Argentina-Alemania, 2014), de Óscar Ruiz Navia. Gran Público: *

El Tiempo Nublado (Paraguay-Suiza, 2014), de Arami Ullón. RivieraLAB Presenta: *

La Princesa de Francia (Argentina, 2014), de Matías Piñeiro: +

Elvira, Te Daría Mi Vida pero la Estoy Usando (México, 2014), de Manolo Caro. Galas: +

El Regreso del Muerto (México, 2014), de Gustavo Gamou. Plataforma Mexicana: +

La Maldad (México, 2015), de Joshua Gil. Plataforma Mexicana: +

Alexfilm (México, 2015), de Pablo Chavarría. Plataforma Mexicana: ++

Noche de Resurrecciones (México, 2015), de Raúl Rico. Plataforma Mexicana: ++

Corazón Arruinado: Otra Historia de Amor entre un Criminal y una Puta (Ruined Heart! Another Love Story Between a Criminal & a Whore, Flipinas-Alemania, 2014), de Khavn: H

miércoles, 29 de abril de 2015

Riviera Maya 2015: Conclusiones/VI y última



Finalizó el Riviera Maya 2015 con la entrega de los premios Kukulkán a las dos mejores cintas mexicanas entre las catorce en competencia de la Plataforma Mexicana -demasiadas películas en competencia, a mi parecer. El jurado, integrado por Nadav Lapid, Jorge Michel Grau, Ben Russell, Valerie Massadian y Olivier Pierre, decidió dar los premios -de 300 mil del águila a cada cinta- a Me Quedo Contigo (Narro, 2014), primer lugar, y Los Muertos (Mohar Volkow, 2014), segundo sitio. 
Acaso el hecho de que en el jurado estuvieran dos cineastas que no rehuyen trabajar los géneros fílmicos -me refiero a Lapid y Grau- haya provocado una decisión de esta naturaleza, una que apuesta por un cine conectado con el público y no con el propio ombligo del cineasta o con las modas miserabilistas festivaleras de exportación.
Por desgracia, no todo podía ser perfecto: el Jurado Joven premió con 100 mil pesos, de entre las mismas 14 cintas de la Plataforma Mexicana, a La Maldad (Gil, 2015). Pero, bueno, qué remedio: por lo menos los muchachos que votaron por esta película -teniendo por lo menos otras tres cintas más meritorias si no querían volver a premiar a Me Quedo Contigo o Los Muertos- tienen la disculpa que todavía están chamacos. Y, parafraseando a Oscar Wilde, a los 20 años uno cree firmemente que lo sabe todo de todo.  
Por lo demás, la cuarta emisión del Riviera Maya 2015, fue mucho mejor que la primera a la que asistí. No solo por una organización impecable -funciones, logística, atención- sino por el hecho de que las salas de cine estuvieron consistentemente llenas, por lo menos en los cuatro días en los que estuve por ahí. 
Alguien dirá que esto no tiene mayor mérito porque las funciones -programadas en el Cinemex del Centro Maya- eran todas gratuitas, pero también fueron de gorra en el primer Riviera Maya del 2012 y las salas estuvieron semi-vacías en aquel momento. Es evidente, entonces, que el festival ha creado ya un público propio, creciente y entusiasta que, esperemos, haga posible que el Riviera Maya 2015 tenga una larga vida. Que así sea. 

martes, 28 de abril de 2015

Riviera Maya 2015: Plataforma Mexicana/V



La Plataforma Mexicana es la sección competitiva del Riviera Maya Film Festival y está conformada por 14 cintas nacionales contemporáneas. Como suele suceder, en mayor o en menor medida, en los otros tres festivales fílmicos importantes de este país -Guadalajara, FICUNAM y Morelia-, la selección nacional ha sido, ¿inevitablemente?, lo más flojo del Riviera Maya 2015.
No pude ver tres cintas nacionales en competencia (Ícaros, Memoria Oculta y Muchachas), pero ya había revisado antes -y escrito algo de ellas- Los MuertosEl Silencio de la Princesa, Juanicas, Me Quedo Contigo, Plan Sexenal y El Regreso del Muerto. De todas formas, de las cintas que descubrí aquí la más valiosa me pareció El Señor de las 3 Caídas (México, 2015), mediometraje documental de 50 minutos dirigido por Roberto Olivares Ruiz. Como en su anterior filme documental, Silvestre Pantaleón (2012). aquí seguimos, paso a paso, no el trabajo artesanal de un hombre, sino las labores de todo un pueblo, Santa María Ixcatlán, en Oaxaca, que organiza la fiesta patronal, coordinada por el Mayordomo, el mezcalero Don Amado Alvarado.
Sin comentario de ningún tipo -a no ser una cita clave en pantalla de Unamuno: "creer es crear"-, la cámara del propio cineasta sigue, paso a paso, los preparativos de la pachanga, desde que inicia con la recolección de las piñas de agave hasta que termina, con la procesión a la iglesia del lugar, cuando Don Amado y su familia, con lágrimas en los ojos, se postran emocionados frente al Señor de las Tres Caídas. La edición -también del hombre-orquesta Olivares- nos muestra limpiamente y sin exotismos de ningún tipo toda la logística de la fiesta, la preparación del horno tradicional, cómo se hace la comida para todo el pueblo y, por supuesto, el famoso mezcal. Una crónica procedimental realizada con un profundo respeto por el ethos comunitario de este pueblito oaxaqueño y de la gente que en él habita.
Lucifer (Bélgica-México,2014), de Gust van den Berghe, también está ubicado en un pueblito mexicano, aunque la mirada del cineasta belga "con corazón mexicano", como dijo el programador Maximiliano Cruz al presentar la cinta, es radicalmente distinta a la de Olivares. Y no podía ser de otra manera.
El Lucifer del título (Gabino Rodríguez) llega a un pueblo mexicano a jugar con la vida y el destino de una familia formada por la anciana Lupita (María Acosta), su transa hermano borrachales Emanuel (Jerónimo Soto Bravo) y la nieta de ella, la crédula jovencita María (Norma Pablo). El guión, escrito por el propio cineasta, está basado en una pieza homónima del siglo XVII escrita por el poeta y dramaturgo Joost van den Vondel. Así pues, en los tres actos en el que está dividido el filme -Paraíso, Pecado y Milagro- vemos lo que provoca Lucifer al empujar a estos inocentes e ingenuos seres humanos a seguir sus deseos, sus impulsos, sus creencias. A seguir, qué remedio, su naturaleza humana.
Sin embargo, si la película merece la revisión -y vaya que la merece- no es tanto por la historia, sino por su muy curiosa puesta en imágenes. El director y su fotógrafo Hans Bruch Jr. usaron  un filtro circular creado específicamente para esta película, de tal forma que más que encuadres, lo que vemos son -permítanme el neologismo- "enredondos". La circularidad de la imagen en movimiento del tondoscopio -así fue bautizado este formato por el propio director- nos remite, inevitablemente, a las imágenes medievales boschianas, lo que resulta perfecto para el tipo de historia que estamos viendo.
Por supuesto, cuando pasa la novedad y uno se ha acostumbrado al formato -al tondoscopio, como fue bautizado por van den Berghe-, lo que queda es la historia que, con todo y su carga filosófica y alegórica, debo confesar que no me interesó tanto como la puesta en imágenes. En todo caso, si hay que correr riesgos en la programación, hay que correrlos con cintas como estas.

lunes, 27 de abril de 2015

Riviera Maya 2015/IV



Joe Dante, invitado especial en el Riviera Maya 2015, ha presentado en función de gala -y en varias funciones para público- su más reciente cinta, el eficaz divertimento Enterrando a la Ex (Burying the Ex, EU, 2014), que no tiene más pretensiones que hacer pasar un buen rato a los fans del cine de horror en general y de los zombies en particular.
Max (Anton Yelchin, muy convincente) quiere cortar a su dominadora novia ecologista, activista y vegana Evelyn (Ashley Green), pero ella no entiende de razones. Después de todo, ha vuelto de la tumba por él: ¿qué mejor muestra de amor quiere Max? El problema es que el muchacho se ha enamorado de Olivia (encantadora Alexandra Daddario, de expresivos ojazos), una fanática, como él, del cine de horror, capaz de terminar, al aire, una frase sobre Val Lewton.
El humor de Dante puede ser todo lo adolescente que se quiera -después de todo, que dos mujeres tan atractivas y graciosas como Green y Daddario se peleen por un apocado tipo como Yelchin califica como el sueño nerd de la década- pero resulta efectivo la enorme mayoría de las veces. Abundan las referencias cinefílicas y de culto -una compañía llamada "Romero y hermanos", los afiches que cuelgan de las paredes del departamento de Max, las cintas de la casa Hammer que aparecen continuamente en la televisión, el infaltable cameo de un Dick Miller ya bien pasita- y los gags físicos -algo de splatter por ahí, un poquito de gore por allá- están bien ejecutados, en especial por Miss Green, que se muestra como una muy competente comediante en su papel de energética y ganosa novia zombie. Por supuesto, estamos lejos del mejor Joe Dante -el de los 80's/90's-, pero un Dante menor sigue siendo más disfrutable que buena parte del cine de género que se ve cada fin de semana en este país.
A propósito de filmes derivativos. Aventura (Prikyuchenie, Kazajistán, 2014) es la tercera película que veo basada en la novela "Noches Blancas", de Dostoyevsky después de la versión de Visconti (Noches Blancas, 1947) y la de James Gray (Amantes, 2008) -de las cuales escribí por acá. Esta adaptación, escrita por el propio director kazajo Nariman Turebaev, tiene también lo suyo aunque, ¿es necesario decirlo?, sí se queda corta no solo ante la de Visconti sino ante la de Gray. 
La premisa es más o menos la misma: un solitario joven,  Marat (Azamat Nigmanov), entra en contacto con una enigmática jovencita, Mariyam (Ainur Niyazova), que está esperando a un tipo del que se enamoró perdidamente un año atrás. El hombre prometió volver en cierta fecha en cierto lugar y ese sitio está frente al edificio en el que Marat trabaja como velador. Por más que la propia Mariyam le advierte a Marat de ella misma ("Soy peligrosa, soy mi  peor enemiga"), el muchacho no puede evitar enamorarse de ella -y con la magnética personalidad de la señorita Niyazova, ¿cómo culparlo?
La cinta, realizada con elegante funcionalidad, descansa sobre todo en la historia insumergible de Dostoyevsky y en el rapport entre los dos protagonistas, el tímido Marat y la volátil Mariyam. Si ya vio las dos versiones anteriores -o leyó la novelita respectiva-, ya sabrá en qué termina todo, aunque aquí el director Turebaev agrega un epílogo optimista que, en el contexto de la historia y su ejecución, me parece bastante forzado.
Nadie puede acusar a los hermanos Joshua y Benny Safdie de optimismo en su tercer largometraje, El Cielo Sabe Qué (Heaven Knows What, EU, 2014). Aunque el guión -escrito por Joshua Safdie en colaboración con Ronald Bronstein- está basado en las memorias no publicadas de la heroinómana Arielle Holmes, el filme no puede evitar que recordemos la obra mayor Pánico en Needle Park (Schatzberg, 1971). 
Como en el mencionado filme setentero, estamos ante la descripción de la vida de una pareja de heroinómanos que sobrevive precariamente en Nueva York pidiendo dinero, robando tiendas de conveniencia, abriendo el correo en busca de tarjetas de crédito o cualquier cosa que se pueda vender. He escrito pareja pero, en realidad, Harley (impresionante Arielle Holmes, interpretando una versión de sí misma) y su intenso novio Ilya (Caleb Landry Jones) no es, para nada, la parejita ideal: tienen una relación que ronda en el (auto)destructivo amor-fou, como lo atestiguamos en los primeros minutos, cuando ella amenaza con cortarse las venas como último acto de amor y él la reta a que lo haga.
La adicción a la heroína es vista aquí -cámara siempre en movimiento de Sean Prince Williams- sin glamour, sin humor pero, también, sin horror ni excesivo miserabilismo. Los Safdie no juzgan a sus personajes: no los justifica ni los condenan. Muestran con un naturalismo directo y sucio las rutinas en las que se encuentran presos, en una adicción que no los deja, ni ellos quieren dejar. La obsesión en la que están atrapados Harley e Ilya está acompañada  por unos insólitos arreglos electrónicos de Debussy realizados por el músico japonés Isao Tomita. No creo que usted haya escuchado a Debussy antes de esta manera. 

domingo, 26 de abril de 2015

Riviera Maya 2015/III




Programada en la sección RivieraLAB Presenta -dedicada a cintas que pasaron por otras emisiones del Riviera Maya Film Festival en calidad de proyectos-, El Tiempo Nublado (Paraguay-Suiza, 2014), es la meritoria opera prima de la cineasta paraguaya Arami Ullón.
Enterada de la enfermedad degenerativa de su señora madre, la directora Ullón, que vive en Suiza, deja temporalmente a su novio Patrick y decide volver a Asunción para cuidar a su mamá, Mirna, que padece de Parkinson.
La directora, que tendrá unos 30 años, ha regresado, pues, a re-encontrarse con su madre, a perdonarla –ya veremos por qué- y a perdonarse a sí misma por haberla “abandonado” desde muy joven. Así, a través de la interacción entre las dos mujeres, nos vamos enterando de la epilepsia de la señora y de cómo afectó esto a la niña Arami, que tuvo que madurar tempranamente, obligada por la enfermedad materna.
Arami, crecientemente desesperada, empieza a buscar un sitio adecuado en donde puedan cuidar a su madre: viajar con ella a Suiza es imposible –sin ser ciudadana, no tiene derecho a los servicios públicos del Primer Mundo-, así que hay que quedarse en Paraguay y encontrar un hogar adecuado que, además, esté al alcance económico de la hija cineasta, que se ve que no está nadando en billetes.
El Tiempo Nublado aparece como un necesario exorcismo personal, una reconciliación in extremis de una hija con su madre. El problema es que en los últimos años hemos visto ya demasiadas cintas documentales más o menos del mismo tipo, en las que el/la cineasta retrata la vejez y el deterioro de la madre, del padre, de los abuelos. Este filme paraguayo, meritorio y todo, no ofrece un ángulo particularmente distinto a una fórmula que se ha vuelto cliché.
En el mismo título, Violencia (Colombia-México, 2015), opera prima de Jorge Forero, está contenida la amenaza, también, del cliché. Por fortuna, la amenaza queda solo en eso.
Ambientada en la Colombia contemporánea, estamos ante un tríptico cinematográfico sobre distintas manifestaciones de la violencia en Colombia debida al narco, a la guerrilla o a las fuerzas armadas que, por lo menos por lo visto en la película, no tiene mucho sentido separar uno de las otras. 
En la primera historia, vemos a un hombre encadenado (Rodrigo Velez), secuestrado por las FARC -o cualquier otro grupo guerrillero-, sobreviviendo en el espesor de la selva colombiana. Los encuadres cerrados de David Gallego acentúan el encierro del pobre tipo que come, duerme y camina siempre con una cadena en el cuello. En un solo momento, cuando le es permitido bañarse en un río cercano, tiene un bello instante de libertad que se parece mucho al de la muerte. Sin diálogos de ninguna especie, este primer segmento muestra la violencia física y psicológica en contra de un hombre al que solo le han dejado la inútil libertad del llanto.
El segundo y tercer segmentos presentan la violencia del título de manera más directa. En la segunda historia, un jovencito (David Aldana) sin oficio ni beneficio -no se ve que vaya a la escuela, no tiene trabajo, pero sí novia- encuentra una chamba que le ofrece un amigo. A diferencia del segmento anterior, aquí las tomas abiertas del muchacho por la ciudad -¿Bogotá?- nos presentan a un joven perdido, literalmente sin rumbo y sin dirección. No mencionaré el sorpresivo desenlace de esta historia: solo diré que, a pesar de que pueda parecer arbitraria, no lo es. Obedece a la lógica de un ambiente en el que la muerte puede ser solo otra forma de comunicar algo.
En la historia final, acaso conectada el segmento anterior, vemos a un grupo de ¿militares?, ¿paramilitares? -da lo mismo- entrenando en algún sitio bajo las órdenes de un oficial (Nelson Camayo). Después de atestiguar un alegre convivio de los soldados -con todo e inevitable escena del sacrificio de un chivo-, el oficial a cargo procede a preparar "la prueba" que deben pasar los reclutas. En el centro del patio se encuentra una mujer golpeada y amarrada a un poste: el oficial, con voz marcial, le ordena a uno de soldados: "ábrala". El muchacho (Einer Cortés) titubea; el jefe vuelve a ordenar, como en un murmullo, casi amablemente: "hágalo". 
Sin caer en la explotación gráfica de la violencia, Forero presenta en este tríptico un estado de cosas que, por desgracia, no nos puede parecer extraño a los que vivimos en México. La violencia no se explica: se experimenta, se sufre, se soporta, se acepta, como perversa forma de vida. En el desenlace, aviesamente, Forero nos deja una imagen amable, con Leonardo Favio de fondo ("Ella ya me olvidó") que, de cualquier manera, pareciera el prólogo para otra acción violenta más. Un cuarto segmento que, por lo menos yo, hice en mi cabeza. 

sábado, 25 de abril de 2015

Riviera Maya 2015: Cachorro/II



Es una desgracia la distribución fílmica en este país. No me refiero a la dificultad para ver osadas cintas experimentales o idiosincráticas películas de autor -para eso está, por ejemplo, el FICUNAM. Me refiero, más bien, a que ni siquiera sólidos filmes de género como Cachorro (Welp, Bélgica, 2014) -programado en la sección Gran Público del Riviera Maya 2015- llegan a verse en las salas de cine comerciales mexicanas, acaso porque tienen el pecado de no ser películas gringas. Y es una pena, porque la opera prima del cineasta flamenco Jonas Govaerts es una vigorosa cinta de horror que merecería ser revisada más allá de este festival.
Una decena de chamacos boy-scouts son llevados a un bosquecillo belga a pasar un fin de semana. Entre ellos, se encuentra Sam (Maurice Luijten), un niño de 12 años que tiene un pasado difícil que nunca se aclara por completo. El guion escrito por el propio cineasta, en colaboración con Roel Mondelaers, deja esto en el aire y mucha otras cosas más. Uno tiene que acusar el descuido en la construcción de los personajes pero también perdonarlo porque el director Govaerts está mucho más interesado en jugar con todos los mecanismos o fórmulas posibles del género (el horror fantástico, el thriller, el psicópata suelto, etc.) que en cualquier otra cosa. Dicho de otra manera: al guionista Govaerts le falta disciplina para construir la historia, pero al director Govaerts le sobra talento para contarla.
El ya mencionado Sam es un imaginativo niño que cree a pie juntillas lo que los dos líderes adultos, el sensato Kris (Titus De Voodgt) y el abusivo Peter (Stef Aerts), le cuentan a todos los chamacos para asustarlos: que en el bosque en el que pasarán este fin de semana vive un niño-lobo llamado Kai que es el responsable de la reciente desaparición de una pareja. Por supuesto, el par de adultos están jugando con la decena de adolescentes -o "cachorros", como se hacen llamar-, pero nosotros ya vimos, en el prólogo, que una mujer ensangrentada estaba siendo perseguida en ese mismo bosque por una figura monstruosa, feral. Así que, acaso, el tal Kai sí existe. 
No voy a abundar en las vueltas de tuerca de la película, algunas de ellas mal desarrolladas. Baste señalar que, en efecto, sí hay algo peligroso en ese bosque, que Sam entra en contacto con él y que en la última parte del filme se desata la violencia y el gore, con todo y escenas gráficas muy bien ejecutadas -no por nada Govaerts ganó, con esta cinta, el premio a Mejor Director en Sitges 2014. De hecho, no me extrañaría que la siguiente película de Govaerts sea producida en Hollywood. 

viernes, 24 de abril de 2015

Riviera Maya 2015/I



El Riviera Maya Film Festival 2015 inició ayer con un programa que contiene más de 70 cintas  en seis secciones: Galas, Planetario, Gran Público, Panorama Autoral, Riviera LAB Presenta y Plataforma Mexicana, esta última la única competitiva de todas. Aunque estaré viajando a la Riviera Maya hasta el fin de semana, puedo ir adelantando el juicio de algunas cintas que ya he podido ver. Las dos cintas a continuación están programadas para ser exhibidas el día de hoy.
El Ministerio del Hierro (The Iron MinistryEU, 2014) es el. quinto largometraje documental dirigido por el especialista americano J. P. Sniadecki. La película está programada en la sección Riviera LAB, conformada por media docena de cintas que pasaron en alguna edición anterior del festival en calidad de proyectos. Con 82 minutos de duración, El Ministerio de Hierro fue editada por el propio Sniadecki –quien además fue el productor, fotógrafo y diseñador de sonido- a partir de varias horas de grabación que el cineasta obtuvo viajando durante tres años por la más grande red ferroviaria del mundo: la china.
Así pues, la cámara objetiva de Sniadecki, sin comentario ni editorialización de ninguna especie, ve cómo se comporta la gente en las distintas secciones de estos trenes guajoloteros. Los pasajeros se hacinan como pueden y cargan con un muy variado equipaje que pueden ser canastas de alimentos, carnes tasajeadas o animales. Los pasillos están sucios, algunas personas se reúnen a fumar en el entronque entre dos carros y otras más se duermen en el piso, hechas un ovillo. La confluencia de imagen y sonido apabullan: vemos y escuchamos un ambiente tan auténtico que parece que lo podemos sentir y oler.
Sniadecki logra, también, hablar con varios de los pasajeros que, previsiblemente, tienen opiniones encontradas sobre la China contemporánea: algunos quisieran emigrar a otro país, otros tienen fe en el progreso de China, alguien más es visto con auténtica curiosidad por otros pasajeros cuando dice ser miembro de la minoría religiosa musulmana hui.
En el mejor momento del filme, un chamaquito de no más de 8 años se suelta con una hilarante perorata, imitando las órdenes de un supuesto conductor: “está permitido escupirle en la cara a otro pasajero pero espere también que este pasajero le escupa a usted en su boca; si trae usted una bomba consigo, vaya donde haya más gente y hágala estallar, de acuerdo con las políticas poblacionales de nuestro gobierno…”. Si este chamaco no termina en algún correccional o en una granja de re-educación, bien podría ser un buen comediante.
El problema, como bien lo señaló el cinecrítico británico Michael Pattison al escribir de esta cinta en su cobertura de Locarno 2014 y publicada en el sitio web Filmuforia, es que a Sniadecki le ha hecho falta disciplina, si no como cineasta o cinefotógrafo, sí como editor. Porque, incluso en sus modestos 82 minutos de duración, la cinta se siente reiterativa, algo que no sucede con los mejores documentales del Sensory Ethnography Lab de Harvard –Sweetgrass (Castaing-Taylor y Barbash, 2009), Leviatán (Paravel y Castaing-Taylor, 2012) o Manakamana (Spray y Vélez, 2013)-, corriente a la que pertenece El Ministerio de Hierro, aunque en un nivel de logro muy inferior. 
Fort Buchanan (Francia-Túnez, 2014), opera prima de Benjamin Crotty, ha sido programada en la sección Panorama Autoral, lo cual no deja de causarme ruido: ¿cómo hablar de "autor" si estamos ante el debut de un cineasta? En todo caso, la etiqueta de exhibición es lo de menos: la cinta es una gozosa y sensual película que, al parecer, surgió de un cortometraje anterior de 13 minutos dirigido por el americano avecindado en Francia Benjamin Crotty. 
La película no tiene una historia, propiamente dicha, sino está conformada por una serie de anécdotas o, si se quiere, de escenas, sketches, imágenes. De hecho, el cineasta se muestra interesado en crear una atmósfera visual, sensorial y sexual irresistible, más que en cualquier otra cosa.
Estamos en una base militar -la Fort Buchanan del título- en la que las parejas de los soldados y oficiales comparten confidencias, preocupaciones y algo más. Por ejemplo, el apocado gay Roger (Andy Gillet), con su distante marido Frank (David Baiot) asentado en Djibouti, tiene que lidiar con la hija adolescente de ambos, Roxy (Iliana Zabeth), que ya está lista para experimentar su sensualidad y sexualidad, como queda bien claro cuando una de las esposas desesperadas (o más bien, jariosas) se pone juguetona con la muchachita.
En la segunda parte de la película, las mujeres llegan a visitar a sus hombres en un lugar que parece más un hotel que un puesto militar -el realismo está desechado, por supuesto, en este filme- y suceden más encuentros y desencuentros sensuales. Hacia la última sección de la cinta, vemos los resultados de este polígono (pan)sexual: alguna relación ha terminado, una vida se ha detenido, otra vida está a punto de nacer, otra relación está por iniciar. Un debut promisorio de Crotty. 

lunes, 20 de abril de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXXIV




La Herida (España, 2013), de Fernando Franco. Ana (Marián Álvarez, Mejor Actriz en el Goya 2014 y en Mar de Plata 2014) es una mujer de unos treinta años de edad que vive todavía con su madre (Rosana Pastor). Trabaja como enfermera, trasladando al hospital a ciertos pacientes que necesitan algún tipo de terapia. Se supone que tiene un novio, con el que no logra comunicarse por teléfono, chatea continuamente con algún tipo que tiene deseos suicidas, come muy poco o casi nada, sufre de insomnio y, cuando nadie la ve, se quema la piel con un cigarrillo o se corta los muslos con una navaja. También, sin razón alguna, roba en tiendas. Nomás porque sí.
El guion del propio director Franco y Enric Rufas nunca aclara qué tiene Ana y el porqué de su comportamiento. Seguramente es un tipo de ansiedad, algún trastorno psiquiátrico nunca atendido, pero la definición clínica es lo de menos. La cámara de Santiago Racaj, privilegiando las tomas sostenidas, sigue de cerca a Ana: no se despega de su espalda, de su nuca, de su cuerpo, un poco al estilo de los Dardennes y su ya bien conocida body-camera. Es decir, la cámara no tanto como un medio de observación y estudio, sino casi de contacto físico.
Hacia el final, ya no estamos seguro del sentido del título del filme: ¿la herida es la que se auto-inflige Ana? ¿Es la herida como identificación vital de la protagonista? ¿O es un adjetivo simple, cruel? ¿Es ella la mujer herida que, en soledad absoluta, está imposibilitada para curarse? Esta cinta fue presentada en competencia en Guadalajara 2014 y más de un año después tiene su limitado estreno en Cineteca.

La Increíble Historia del Niño de Piedra (México, 2015), de Pablo Aldrete, Miguel Bonilla, Jaime Romandía y Miguel Ángel Uriegas. Un meritorio filme animado infantil coproducido por Mantarraya. Acaso el origen de los cuatro codirectores -Romandía, productor de Reygadas y Escalante; Aldrete, director del buen western Río de Oro (2010), Bonilla, director del thriller urbano Diente por Diente (2012)- evitan que la cinta caiga en las ñoñerías de rigor. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

El Reino del Guardián (México, 2014), de Sergio Sánchez Suárez. El segundo largometraje de Sánchez Suárez (Tequila, 2011) es una suerte de B-movie que combina elementos del clásico El Tesoro de la Sierra Madre (Huston, 1948) con la fórmula del terror ecológico/naturalista/prehispánico. El filme nunca termina por despegar por completo, pero termina siendo más que visible -con todo y que se alarga a los 111 minutos de duración- por las vueltas de tuerca que se suceden a buen ritmo y por el eficaz rapport entre los tres protagonistas, dos rescatistas mexicanos y uno gringo, quienes se topan con un siniestro y enorme ídolo maya de oro en lo más profundo de la selva mexicana. Ivan Arana -quien aparece en un papel clave en Me Quedo Contigo (Narro, 2014)- está especialmente bien. El desenlace cita, ¿sin querer?, el Nazarín (1959) buñueliano.

Solo los Amantes Sobreviven (Only Lover Left Alive, EU-Alemania-Francia-Grecia-Chipre, 2013), de Jim Jarmusch. Una pareja de vampiros muy civilizados llamados ¿casuamente? Adam y Eve (Tom Hiddleston y Tilda Swinton) se niegan a ser unos vulgares depredadores ("No estamos en el siglo XVI") y comparten su amor y su aburrimiento en un mundo contemporáneo que nos los llena.
El más reciente filme de Jarmusch nos muestra a los vampiros como seres ultra-cool pero inevitablemente aburridos por el hecho de estar condenados a vivir por toda la eternidad entre una población de "zombies" -o sea, seres humanos- que no saben ni pueden ni quieren apreciar la belleza que, para Adam, está en la música y para Eve, en la literatura. Sin duda, se trata de un par de vampiros snobs -así los califica Ava (Mia Wasikowska), la hermana desmadrosa de Eve- pero que, encarnados por Hiddleston y Swinton, resultan ser también irresistibles. 
En Solo los Amantes Sobreviven podría alegarse que domina el estilo sobre el contenido y se tendría razón. Pero qué estilo. El mejor Jarmusch en mucho tiempo. 

viernes, 17 de abril de 2015

El Hombre de Mimbre



La Cineteca Nacional ha iniciado en estos días un ciclo titulado "Gótico: el lado oscuro del cine", formado por filmes gótico británicos y en la lista no podía faltar la cult-movie El Hombre de Mimbre (The Wicker Man, GB, 1973).
Si el lector no puede ver la película en pantalla grande, el está disponible en un espléndido DVD de Región 4 que ofrece como extras varios trailers, una entrevista televisiva de los años 70 con el protagonistas Christopher Lee y el director Robin Hardy, y un buen documental de media hora de duración, The Wicker Man Enigma, que relata las vicisitudes de una película que fue negligentemente echada a un lado por sus propios productores pero que terminaría convertida en filme de culto debido a su continua exhibición en los auto-cinemas de Estados Unidos.
Dirigida con mano firme por Roger Hardy y escrita por el buen guionista Anthony Shaffer (guión del Frenesí/1972 hitchcockiano y de varias adaptaciones de novelas de Agatha Christie), El Hombre de Mimbre es una brillante mezcla de thriller detectivesco, cinta de horror y filme de “soft-porno”. 
A una pequeña isla situada alejada de las costas de Escocia llega un estirado policía, el sargento Howie (Edward Woodward), a averiguar la supuesta desaparición de una niña. Howie se encontrará con una sociedad pagana que ha enterrado –para horror del devoto oficial- todo rastro del cristianismo para regresar a adorar a las arcaicas deidades celtas de la fertilidad. Dirigida por el excéntrico Lord Summerisle (Christopher Lee, perfecto), la sociedad isleña con la que se topa Howie educa a sus niños en los significados de los símbolos fálicos, tiene una festividad relacionada con el Sol y, en un momento dado, pareciera que buscan sacrificar a un ser humano (¿a la niña perdida?) para recobrar la gracia de sus dioses.
Woodward está formidable como ese policía mojigato que presencia con turbación apenas controlada la exaltación sexual en la que viven esos misteriosos isleños que los lleva a hacer orgías a plena luz de luna o a provocar a nuestro moralísimo héroe a golpe de danzas eróticas (¡esa escena con la guapísima sueca Britt Ekland bailándole desnuda a Howie en la habitación contigua!). El desenlace es perturbador en más de un sentido: por su crueldad, es cierto, pero más todavía porque la cinta se puede leer como una perversa alegoría contracultural hecha en los muy reventados años 70. 

miércoles, 15 de abril de 2015

El cliché que yo ya vi/CXXVII

Joel Meza que, irresponsablemente, tenía muy descuidada esta sección, propone: 


Ay Diosito, qué oficinota...: En las películas, cuando el protagonista necesita consejo espiritual, siempre habrá una plática con un sacerdote en medio de una iglesia vacía, sentados en las bancas, con un Cristo presidiendo el asunto desde la gran cruz sobre el altar. Desde luego, la escena no resultaría tan impactante si se mostrara como ocurre en la vida real: los curas atienden consultas en una oficina normal, con todo y secretaria.
Ejemplos hay muchos y hasta la nueva televisión por internet sigue el mandamiento: en la temporada 3 de House of Cards, el presidente Underwood (Kevin Spacey) se encuentra con el obispo de D.C., en el centro del dicho templo desierto, para hacer preguntas teológicas.
Acá, la escena:

domingo, 12 de abril de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXXIII



En el Último Trago (México, 2014), de Jack Zagha Kababie. El segundo largometraje de Zagha Kababie (opera prima mucho más lograda Adiós Mundo Cruel/2011), es una comedia en el formato del ensemble de la tercera edad, que ya no es novedad en el cine mexicano del nuevo siglo desde Por Si No Te Vuelvo a Ver (Villaseñor, 2000). 
Cuatro ancianos que se reúnen todos los días a jugar dominó ven cómo uno de ellos, Pedro (Pedro Weber "Chatanuga") muere sin cumplir su sueño: que la servilleta en la que el mismísimo José Alfredo Jiménez escribió su primera versión de "Yo" y que le regaló a Pedro en alguna borrachera, sea exhibida en el museo dedicado al compositor en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Así pues, los tres viejitos restantes (José Carlos Ruiz, Luis Bayardo y Eduardo Manzano) salen de la ciudad de México hacia Guanajuato a cumplir el último deseo de su fallecido cuate. 
La intención es hacerle un homenaje a la música de José Alfredo Jiménez a través de esta amable road-movie gerontofílica y, por supuesto, siempre será un placer escuchar las canciones de José Alfredo. Sin embargo, la cinta no funciona: no es suficientemente emotiva ni me pareció particularmente graciosa. Eso sí, la realización es muy funcional y los veteranos intérpretes están irreprochables.

¡Qué Extraño Llamarse Federico!: Scola Cuenta a Fellini (Che Strano Chiamarsi Federico: Scola Racconta Fellini, Italia, 2013), de Ettore Scola. El más reciente largometraje del maestro Scola es una oda nostálgica al extrañado -por Scola y por quien guste del cine- Federico Fellini. Dominado por una inspiración claramente fellinesca, Scola nos presenta al joven Federico llegando a la Roma de la pre-guerra para trabajar como caricaturista en el magazine satírico Marc'Aurelio, mismo sitio al que llegará Scola a trabajar ocho años después siendo apenas un adolescente. 
Con todo y sus diferentes edades y sus temperamentos distintos, Scola y Fellini compartieron no solo la misma chamba original en la citada revista, sino también inclinaciones artísticas similares y un mismo actor icónico, Marcello Mastroianni, que aparecía muy guapo con Fellini y muy feo con Scola, tal como se lo reclama a este último la madre de Marcello. La película es un conmovedor homenaje no solo al amigo que falleció en 1993 sino, también, al cine que hizo y que sigue vivo y vigente en la memoria, por lo menos en la de quien esto escribe. 

Zonas Húmedas (Feuchtgebiete, Alemania, 2013), de David Wnendt. Una encantadora cinta escatológica -y no, no es un oxímoron- en la que una jovencita (extraordinaria Carla Juri en un papel que podría convertirla en una estrella) explora su cuerpo como una forma de rebeldía y auto-exploración no sólo física sino existencia. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

sábado, 11 de abril de 2015

58 Muestra Internacional de Cine... en un vistazo




Terminó la 58 Muestra Internacional de Cine y, como siempre, aquí fui colocando las cintas que vi en orden de preferencia. Como siempre, las calificaciones positivas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces. Si hay una "H", esto significa huída. O sea, no terminé de verla.


El Juicio de Vivian Amsalem (Gett, Israel-Alemania-Francia, 2014), de Ronit Elkabetz y Schlomi Elkabetz: *** 1/4

El Niño y el Mundo (O Menino e o Mundo, Brasil, 2013), de Alê Abreu: ***

Radicales (Night Moves, EU, 2013), de Kelly Reichardt: ***

Amar, Beber y Cantar (Aimer, Boire et Chanter, Francia, 2013), de Alain Resnais: **

Hermosa Juventud (España-Francia, 2014), de Jaime Rosales: **

El Capital Humano (Il Capitale Umano, Italia-Francia, 2013), de Paolo Virzi: **

La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano: **

El Pequeño Quinquin (P'tit Quinquin, Francia, 2014), de Bruno Dumont: * 3/4

Moebius (Moebiuseu, Corea del Sur, 2013), de Ki-duk Kim: H.

viernes, 10 de abril de 2015

58 Muestra Internacional de Cine/II



Sin hace demasiado ruido, Kelly Reichardt (Miami, Florida, 1964) ha ido creando una de las más importantes obras cinematográficas estadounidenses de finales-inicio de siglo. No he visto su opera prima River of Grass (1994) pero a partir de su segundo largometraje, la nunca estrenada en México Old Joy (2006), hasta la más reciente Radicales (Night Moves, EU, 2013), pasando por Wendy y Lucy (2008) y Meek's Cutoff (2010), Reichardt ha demostrado una gran consistencia, tanto en los temas elegidos, como en los personajes que pueblan sus filmes y en la estrategia narrativa que sigue.
Las criaturas dramáticas de Reichardt suelen ser excéntricos, en el sentido primigenio del término, es decir, no acostumbran estar ni ser el centro de atención: son rebeldes que han perdido sus sueños (los amigos de Old Joy), personajes solitarios y (auto)marginados (la joven protagonista de Wendy y Lucy), o alguien que está en la periferia pero que luego pasa a tomar decisiones importantes (la colonizadora del western femenino Meek's Cutoff).
Radicales está dividida en dos partes: en la primera, vemos a los radicales del título, a tres activistas ecológicos transformados en terroristas, planear la destrucción de una presa en algún lugar de Oregon. No sabemos gran cosa de ellos: Josh (Jesse Eisenberg) trabaja en una cooperativa que cultiva y vende productos orgánicos, su amiga Dena (Dakota Fanning) es la encargada de un spa, y Harmon (Peter Sarsgaard), que vive aislado en alguna cabaña, fue alguna vez marine y estuvo un tiempo en la cárcel. 
Nunca vemos a los personajes discutir sus razones ideológicas para hacer lo que hacen, más allá de algún comentario suelto por ahí; nunca los vemos platicar de ellos mismos -Dena viene de una familia de dinero, pero eso lo sabemos porque Josh y Harmon lo comentan-; no es claro que los tres pertenezcan a otra organización más grande o estén actuando solos, por sus pistolas o, mejor dicho, sus explosivos. La cámara de Christopher Blauvelt, el escamoteador montaje de la propia cineasta y el elíptico guión escrito por Reichardt y su colaborador de siempre, Jonathan Raymond, nos obligan a compartir la mirada de los personajes y su forma de ver el mundo. De hecho, no hay un sola escena de la cinta en la que no veamos a uno, dos o a los tres activistas/terroristas ecológicos. 
En la segunda parte de la cinta, la atención se centra en Josh, acosado por su paranoia después de que la acción salió bien pero mal -y no diré más que esto. Lo cierto es que en este segundo segmento, Josh tiene que replantear su relación con Dena y Harmon y decidir cuáles son sus siguientes pasos. Cierta escena inicial que parecía sin sentido -el encuentro de Josh y Dena con una cierva atropellada- nos dará la clave de lo que está dispuesto a hacer el joven activista.
Desde su filme anterior, Reichardt parece estar moviéndose hacia la exploración de los géneros cinematográficos clásicos: el western visto a través de la mirada femenina en Meek's Cutoff, el thriller setentero en Radicales. En estas dos películas, la cineasta ha podido imprimir su propia huella, sea por la puesta en imágenes en Meek's Cutoff que trata de reproducir la mirada femenina o, en Radicales, por el desafío de las expectativas genéricas -por ejemplo, el escamoteo flagrante de cierto momento crucial. Reichardt sabe, por cierto, manejar a la perfeccción los resortes del género: crea un genuino suspenso cuando los protagonistas están colocando la bomba en la presa y logra montar una escena dramáticamente impecable cuando Dena tiene que usar todo su carisma para hacerse de 500 libras de nitrato de amonio que el dueño de un negocio de fertilizantes no le quiere vender sin la documentación debida. 
Es claro, pues, que Reichardt sabe su negocio: dirige bien a todos sus actores, escribe historias que siempre son interesantes y es capaz de manejar con seguridad todos los mecanismos narrativos más tradicionales -la épica del western, lo ominoso del thriller- sin caer en lo obvio. Puede hacer un cine más elemental, pero quiere hacerlo. Acaso por eso, fuera de los circuitos culturales chilangos, su obra sigue siendo prácticamente desconocida en México. 

martes, 7 de abril de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXXII



Engañando (Cheatin', EU, 2013), de Bill Plympton. ¿Esta es el primer largometraje de Plympton estrenado en México? Probablemente: en todo caso, se trata de un sólido filme animado que, como es común en la obra plymptoniana, se sostiene por la imaginación de su proteica animación, más que por la historia. Mi crítica, en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Tocando la Luna (Flores Raras, Brasil, 2013), de Bruno Barreto. El veterano cineasta brasileño Bruno Barreto dirige con funcionalidad este melodrama biográfico-lésbico sobre la relación de la poeta americana Elizabeth Bishop (Miranda Otto) -ganadora del Pulitzer en los años 50- y la arquitecta brasileña Lota de Macedo Soares (Glória Pires) en el Río de mediados del siglo pasado.
Al inicio, cuando una tímida y distante Bishop llega de visita a Río a vivir unos días con una antigua amiga de la universidad, Mary (Tracy Middendorf), esta le advierte a su pareja, la brusca arquitecta Lota, que tenga cuidado con la poeta-mosquita-muerta: es más peligrosa de lo que parece. Y, en efecto, así sucede: en poco tiempo Bishop se colocará en medio de Lota y Mary, con quienes terminará formando un tenso triángulo amoroso, con todo y niñita adoptada incluida.
Debo confesar que no tenía idea de la existencia de Bishop -mea culpa: nunca he sido gran lector de poesía-, así que esta convencional biopic tuvo la gracia de resultar bastante informativa y de despertar mi curiosidad por la obra de la señora Bishop, en especial por su poema The Art of Losing, que ocupa un lugar clave en el filme. La cinta se beneficia, además, del buen trabajo de Otto y Pires en los papeles de las tormentosas amantes lésbicas. 

miércoles, 1 de abril de 2015

Cuéntamela otra vez/XXXIX



Francotirador (American Sniper, EU, 2014), trigésimo cuarto largometraje de Clint Eastwood, sigue en la cartelera nacional después de seis semanas de haberse estrenado. Los cinéfilos mexicanos han sostenido la película, tal como ha sucedido en el mundo entero: la cinta ha sido el éxito taquillero más grande, como director, del icono convertido en cineasta Eastwood. De hecho, al momento de escribir estas líneas, El Francotirador, cuyo presupuesto fue de menos de 60 millones de dólares, ha recaudado ya 543 millones de billetes verdes en todo el mundo, 345 de ellos en Estados Unidos.


 Comercial y culturalmente hablando, la recepción que ha tenido Francotirador –en especial en Norteamérica- es muy similar a la que tuvo El Sargento York (Sergeant York, EU, 1941), película que el mismo Eastwood vio con su padre a los 11 años de edad, según confesó en una entrevista.
El vigésimo quinto largometraje de Howard Hawks fue, como Francotirador, un éxito taquillero, estuvo nominada a 11 Oscars (incluyendo Hawks como Mejor Director, la única nominación de toda su carrera) y, al igual que el filme de Eastwood, provocó reacciones encontradas en el público, en la crítica y hasta en la clase política de su tiempo.
Estrenada en julio de 1941, la cinta fue atacada por un sector del público americano porque, se argumentaba, se inflamaba la belicosidad y el orgullo patriótico, además de que se promovía el odio hacia Alemania en un momento en el que Estados Unidos aún era, por lo menos formalmente hablando, neutral.
Curiosamente, la cinta más conspicua de Hawks, el mayor éxito taquillero de su ilustre carrera, es también una de sus obras menos personales. El proyecto hagiográfico del Sargento York del título (Gary Cooper, ganador de su primer Oscar por este papel) fue aceptado por Hawks por la insistencia del magnate Jesse Lasky, quien le había dado su primer trabajo dentro del cine en 1924, como supervisor de guiones de la Famous Player, luego convertida en la Paramount.
La cinta está ubicada en el Tennessee de 1916, poco antes del inicio de la Gran Guerra. El noble pero desmadroso granjero borrachales Alvin York (Cooper) tiene una dramática conversión religiosa, cual Paulo de Tarso gringo. Cierta noche en la que en medio de una tormenta,  ahogado por la frustración y el alcohol, va en busca de venganza, un rayo lo tumba del caballo, matando al animal pero dejándolo a él vivo. Esto es suficiente para que York le haga caso finalmente a su anciana madre (Margaret Wycherly) y al pastor-tendero del pueblo (el siempre bienvenido Walter Brennan) y se acerque a Dios.
Así pues, a pesar de sus facultades innatas para echar plomo –donde pone el ojo, pone la bala-, York se convierte en el hombre más pacífico y devoto del lugar, de tal forma que cuando inicie la Gran Guerra y es llamado a combatir, trata de librarse de ir a Europa, alegando objeción de conciencia. Convencido al final de cuentas por un juicioso y virtuoso oficial, York irá a la guerra en donde será un auténtico héroe: él y su equipo de 8 soldados tomaron 132 prisioneros alemanes.
El Sargento York es, en muchos sentidos, lo que los detractores de Francotirador dicen de la cinta de Eastwood: se trata de una película maniquea, patriotera y hasta simplona –la escena del “despertar patriótico” de York, leyendo la Biblia, es francamente ridícula- que, sin embargo, termina redimiéndose por el buen oficio de Hawks, el insumergible carisma de Cooper y por ese formidable momento en el que York, cual hijo pródigo salido del Nuevo Testamento, entra a la iglesia del pueblito, ante el júbilo y los cánticos de todos los asistentes. No recuerdo otra escena más espiritual y menos cínica en toda la obra hawksiana.


 En contraste, Francotirador -con todo y que es también la biopic de otro letal soldado americano que, como el sargento Alvin York, donde ponía el ojo, ponía la bala-, es mucho más compleja y menos complaciente que el filme de Hawks.
Sobre el libro autobiográfico escrito por el marine de élite SEAL Chris Kyle –tal como El Sargento York está basado en el diario de guerra de Alvin York-, he aquí la historia de un determinado “perro ovejero”  –porque el mundo está dividido entre lobos y ovejas, le dice su papá en una escena clave, y hay elegidos que nacen para ser perros ovejeros, es decir, para proteger a las ovejas de los lobos- que se enlistó en el ejército después de haber tenido su propia revelación, su muy personal camino a Damasco: el cruento ataque terrorista a las embajadas gringas en Tanzania y Kenia en 1998. Así pues, Chris Kyle (un embarnecido y muy convincente Bradley Cooper), como Alvin York hace un siglo, abandonó su vida sin rumbo para convertirse en “La Leyenda”, el francotirador del título que, oficialmente, abatió 160 enemigos.
Eastwood ha dirigido una película bélica que, por un lado, no renuncia a mostrar la emoción propia de la guerra –hay varias escenas notables, entre ellas la de un combate en medio de una tormenta de arena y el duelo final entre Kyle y su alter ego, un francotirador enemigo- pero, también, no olvida dejar claro que cualquier combatiente de cualquier guerra  terminará inevitablemente dañado.
A diferencia del héroe York, que regresa a Tennessee feliz de la vida, a casarse, tener hijos y a brindar oportunidades educativas a la juventud rural de su estado a través de instituciones benéficas, el héroe Kyle regresa a su casa solo para volver de nuevo a Iraq, una y otra vez hasta llegar a cuatro viajes de ida y vuelta, sin poder adaptarse a su vida sin un arma en la mano, sin poder vivir otra vida que no sea la dedicada a quitarle la existencia a los “lobos” que amenazan a sus “ovejas”, aunque él mismo no encuentre la paz nunca entre esas “ovejas”.
También a diferencia del Hawks de El Sargento York, el Eastwood de Francotirador ha realizado una cinta profundamente personal, pues al igual que otras de sus obras maestras o mayores –desde Bird (1988) hasta Jersey Boys: Persiguiendo la Música (2014) pasando por Los Imperdonables, el gran díptico La Conquista del Honor (2006) y Cartas desde Iwo Jima (2006), Invictus (2009) o J. Edgar (2011)-, aquí el cineasta está interesado no solo en cómo se crea un mito –o, en este caso, “La Leyenda”- sino cuáles son los costos que tiene que pagar ese mito y cómo reaccionan los que están alrededor de él. El intento de Eastwood va más allá de “humanizar” al mito: intenta aprehenderlo en toda su ambigüedad.
Esta ambigüedad es, creo, la que ha convertido a Francotirador en un arrollador  éxito económico en Estados Unidos, aplaudido lo mismo por Sarah Palin que por Jane Fonda y, me temo, esa misma ambigüedad, ese rechazo a hacer una facilona cinta antibélica es lo que provocado las reacciones encendidas en contra de quienes ven en esta obra mayor de Eastwood una película patriotera, maniquea, belicosa. En lo absoluto lo es, pero en el cine, como en tantas otras cosas, cada quien ve lo que quiere ver.