sábado, 28 de febrero de 2015

FICUNAM 2015: La Habitación Azul/III




Si uno revisa la Internet Movie Database, el nombre de Georges Simenon (1903-1989) aparece 187 veces como autor de novelas, cuentos o piezas teatrales adaptadas al cine. Pero como Simenon escribió "solo" 192 novelas y unas treinta de obras de teatro -además de innumerables cuentos-, es posible asegurar que el cine no ha terminado aún con el creador del Inspector Maigret.
Y para muestra el botón del cuarto largometraje dirigido por el actor Mathieu Almaric, La Habitación Azul (La Chambre Bleue, Francia, 2014), basado en la novela homónima publicada en 1964, insólita y meritoriamente adaptada en el cine mexicano en la década pasada (La Habitación Azul/Dohener/2002). Siguiendo con fidelidad la estructura de la novela e incluso algunas líneas claves ("La vida es muy diferente cuando la vives que cuando la recuerdas"), he aquí los interrogatorios que, en el presente, un par de policías, un juez de instrucción (Laurent Poitrenaux) y hasta un psicólogo (Blutch) le asestan a Julien Gahyde (Almaric), acusado de algo muy grave que intuimos, pero que no estamos seguros que hizo.
De cualquier manera, queda claro desde el inicio que el carismático chaparrín clasemediero Julien, casado con la rubia ama de casa Delphine (Léa Drucker), sí es culpable por lo menos de adulterio: tuvo ocho encuentros sexuales a lo largo de 11 meses con la guapa, grandota y aristocrática Esther (Stéphanie Cleau), casada con el enfermizo dueño de la farmacia del pueblo.
La edición de Francois Gédigier nos mantiene constantemente desubicados, moviéndonos entre ese pasado frenético, sudoroso, sensual, animalesco -Esther marca a Julien mordiéndolo en el labio en varias ocasiones- y este presente grisáceo en el que Julien está acorralado tanto por el formato académico de la puesta en imágenes -claustrofóbica cámara de Christophe Beaucarne- como por los recuerdos de sus pecados y ¿de su crimen?
Almaric dirige con pericia a sus actores -y a sí mismo, por supuesto- en una fascinante historia, fragmentada de principio a fin -tanto por los encuadres cerrados de los cuerpos enlazados en la habitación azul del título, como por el experto montaje de Gédigier que logra fusionar el pasado con el presente, que sugiere conexiones fatales entre una gota de sangre y una de mermelada- y que desemboca en un final abrupto, de guillotina, en la que la verdad apenas se sugiere.
En un instante, en el último minuto del filme, Julien ha entendido todo lo que pasó -y nosotros con él. Pero ya es demasiado tarde. La pasión tiene un precio y Julien va a pagarlo. 

viernes, 27 de febrero de 2015

FICUNAM 2015: Ahora México/II



La competencia "Ahora México" del FICUNAM suele mezclar sin mayor problema largo, medio y cortometraje; ficción y documental, lo meritorio con lo insuficiente o, de plano, fallido. Tómese el caso de Muros (México-Alemania-Irlanda-Israel-EU-Sahara Occidental, 2014), el más reciente largometraje del veterano especialista Gregorio Rocha.
La voz en off sobre-explicativa del propio Rocha le aclara a su "pequeño chimpance" -o sea, su hijo- que, con el fin de huir de sus demonios, ha decidido recorrer el mundo, "muy lejos de ti, más cerca de mí". La confesión ego(t)ista se ilustra en este curioso egotrip que inicia, a saber por qué, en la capilla de Malverde en Culiacán (¡otra vez la burra al trigo!) y de ahí sigue por Sonora, Berlín, Israel, Belfast, Arizona, Argelia y los campamentos en los que sobrevive el pueblo saharauí. En todos estos lugares hay o ha habido muros que separan a ssitemas políticos, culturas, religiones. También hay muros fraternales -el que persiste entre Rocha y su hermano, que vive en Israel y que se ha convertido en un fanático antiárabe- y otros que separan a una misma población, como el muro "elástico" que hace la vida imposible de los palestinos en los territorios ocupados o la frontera que separa los territorios que son -o fueron- de los indios o'otham de Sonora y Arizona.
El documental está competentemente realizado y la edición del propio Rocha termina fusionando de forma muy funcional los espacios más alejados -el desierto del Sahara con el desierto de Sonora, por ejemplo-, pero como dice el propio cineasta, en off, en algún momento de lucidez: ¿servirá de algo este documental? Digamos que a nivel informativo, sí. No hay mucho que Rocha pueda agregar sobre temas harto conocidos -el conflicto palestino, la tragedia saharauí- aunque debo confesar que no tenía mucha idea de que los o'otham (o pápagos) estuvieran dividos por la frontera méxico-americana. Hombre, algo es algo: aprendí eso.
Eso sí, la voz en off de Rocha se vuelve reiterativa con el paso del tiempo y, peor aún, reslaba en la autoparodia (¿conciente?), como cuando lo vemos caminar en un peligroso terreno minado en el Sahara y él mismo, emocionado, en pleno paroxismo, se pregunta si esas serán las últimas imágenes que tomará en su vida. Va el spolier: a Rocha no le pasó nada. Nomás hizo este documental. 
Un poco mejor resulta Los Muertos (México, 2014), segundo largometraje de Santiago Mohar Volkow que, aunque es una cinta de ficción, tiene ciertos alcances semi-documentales. Un grupo de muchachos de la alta sociedad, ociosos, desobligados, borrachos, drogos, indolentes, malhablados y hasta incestuosos, organizan un bacanal en la casota de uno de ellos. Al día siguiente, dos parejas y el hermanito menor de una de las muchachas, siguen el güateque en una casa de campo fuera de la Ciudad de México.
Mohar muestra de forma descarnada dos Méxicos, ninguno de ellos particularmente agradable. Es decir, por un lado está el mundo de estos mirreyes quienes viven en su pequeña burbuja de privilegios, y por el otro tenemos la violenta realidad que está a la vuelta de la esquina: al gurarura de uno de los muchachos le bajan el auto a punta de pistola, a otro chamaco le bajan su camionetón cuando está manejando briago, otro más cuenta como si fuera gracia cierto atraco sufrido con el psicólogo, los cinco protagonistas ven los cadáveres abandonados de un grupo de ejecutados dentro de un auto...
Por desgracia, el desenlace no solo resulta gratuito -nuevamente la gratuidad de la violencia como una característica del cine mexicano en competencia en el FICUNAM- sino que termina siendo aleccionador. Incluso, podríamos decir que moralista. Por lo demás, la cinta avanza sin grandes problemas, aunque algunos recursos narrativos -como el repetir alguna escena desde el punto de vista de uno u otro personaje, en una suerte de bucle temporal- no son particularmente necesarios. Para provocaciones que no temen llegar hasta las últimas consecuencias, Me Quedo Contigo (Narro, 2014) que, por lo menos hasta el momento, es lo mejor del cine mexicano en el FICUNAM. Pero ya luego escribiré de ella.

jueves, 26 de febrero de 2015

FICUNAM 2015: Ahora México/I




¿Se acuerda usted de "Ranilla"? Interpretado por el rechoncho actor de cuadro Pascual García Peña, "Ranilla" es el borrachales arrabalero que causa más de un problema en la obra mayor tintanesca Ay Amor, Cómo Me Has Puesto (Martínez Solares, 1951). 
¿Ya se acordó?: es el briago panzón, de voz aguardientosa, bravero y llorón -y luego llorón y bravero- que, cuando quiere solucionar una bronca provocada por él -por ejemplo, pidiendo una disculpa-, termina provocando otra bronca más grande. Por lo menos en mi memoria personal, "Ranilla" es el más divertido mala-copa que ha creado el cine mexicano.
Pero, ¿qué tiene que ver "Ranilla" con el FICUNAM? Que una de las cintas nacionales en competencia en la sección "Ahora México" es idéntico a "Ranilla", aunque nunca resulte, ni de lejos, tan simpático -ni tan complejo. En efecto, El Regreso del Muerto (México, 2014), primer largometraje de Gustavo Gamou (meritorio mediometraje documental Granicero/2011), tiene como protagonista a un tipo llamado Don Rosendo que parece hermano gemelo del "Ranilla" de Pascual García Peña. Gordo, canoso, de voz rasposa y perpetuamente briago, el hombre carga con culpas, complejos y broncas enormes que resuelve -es un decir- llorando, echando pleito, insultando, emborrachándose y lamentándose de sí mismo.
Solo que, a diferencia de "Ranilla", Don Rosendo no es un personaje de ficción. En el transcurso del documental, filmado en la Tijuana de Navajazo (Silva, 2014) -con algún interludio inútil en Culiacán, con todo y visita a la capilla de Malverde ("¡Oh, mon Dieu, quelle bizarre!", dirán fascinados algunos programadores europeos)-, nos enteramos que Don Rosendo es un antiguo soldado del crimen organizado -traficaba drogas, mataba "normalmente" a balazos, alguna vez torturó a alguien para luego quemarlo vivo- que se salió del negocio, fingió su propia muerte -al final, incluso, visita su tumba- y sobrevive en algún pinchurriento albergue en Tijuana habitado por drogadictos, alcohólicos, "mariconcitos" y demás gente bonita que no cupo en la ya mencionada Navajazo.
Ni estéticamente ni éticamente se sostiene El Regreso del Muerto. Grabada, aparentemente, a lo largo de varios años -a tal grado que al final se nos informa que Rosendo y sus camaradas, "El Abuelisto" y "La Abuelista" ya chuparon faros-, lo que vemos es la cotidianidad de un viejo traficante y sicario que, por más que jure y perjure que se ha arrepentido, no ha cambiado mucho de carácter ni de modos. Podrá estar deseando entrar "al Reino de los Cielos", pero el tipo sigue golpeando, insultando y bronqueándose un día sí y otro también. 
Acaso el mayor pecado de Gamou sea que, a través de su precaria puesta en imágenes, intenta romantizar -que no humanizar- a Don Rosendo, a quien vemos bailar, noviar o caminar con "La Abuelista" como si fuera un viejecito entrañable y no, no lo es. Tampoco hay un atisbo crítico en lo que muestra ni impulso provocador alguno. En el papel, seguir los últimos años de la vida de un viejo traficante y exsicario, puede parecer revelador. En la realidad de la pantalla, no resulta así. Pero qué sé yo: en una de esas sigue el camino de Navajazo y al rato la vemos festivalear en Europa.
(Por cierto, en los créditos finales de El Regreso del Muerto un letrero nos advierte: "El Centro de Capacitación Cinematográfica no se hace responsable del contenido". Bien jugado, CCC, bien jugado).
En la misma sección Ahora México -probablemente la más floja del FICUNAM, como suele suceder con otros festivales en este país que exhiben cine mexicano, Guadalara y Morelia incluidos- se presentan dos mediometrajes que, espero, no los vea nunca el Papa Pancho. Si no, va a empezar a desear que el cine argentino no se mexicanice.
Me refiero a De Hombres y Bestias (México, 2014), de Irving Uribe Nares, filme de 30 minutos de duración; y Marea (México, 2014), de Amaury Vergara, cinta de 35 minutos. Las dos tienen sus méritos en cuanto a la puesta en imágenes se refiere y las dos presentan actos de violencia -uno más claro que el otros; los dos, escamoteados- que vienen de la nada, gratuitamente, nomás porque sí, porque estamos en México. Con razón el Papa Pancho anda asustado de nosotros. Olvídense que nos visite.
En cuanto a De Hombres y Bestias, se trata de un meritorio ejercicio elíptico-narrativo, que presume, en los créditos iniciales "el apoyo de Amat Escalante". De hecho, uno puede encontrar algo del primer Escalante en esta película, especialmente en ese feísmo bien asumido tanto en la puesta en imágenes como en la presencia de su protagonista, Ramón Veloz Rodea que, hasta donde uno puede intuir, tiene cierto retraso mental. 
El mediometraje sigue la vida de este muchacho que vive con su madre, a la que no vemos nunca. El hecho es que Ramón trabaja en una porqueriza, se divierte yendo a un antro de mala muerte y guarda un secreto que es fácil de dilucidar si uno ha visto el suficiente cine. Digamos, tres películas. 
En todo caso, hay cierta ambigüedad en lo que Uribe muestra y un claro impulso narrativo que no desfallece nunca. Evidentemente, el hecho de que el ejercicio no pase media hora ayuda enormidades.
Prácticamente la misma duración tiene Marea, de Amaury Vergara. También seguimos la vida cotidiana de un muchacho (Guillermo Jordaz) que vive en alguna playa escondida de nuestro país. Ahí sobrevive cazando -persigue un ave en una laguna-, pescando -hay una toma notable desde el interior de un pez que el chamaco está destripando-, recogiendo cocos y dejando pasar el tiempo en lo que parece un hotel derruido. 
En la playa cercana, el muchacho, arpón en mano, ve a una joven y guapa mujer nadando (Abril Muñoz) y si usted ya adivinó por dónde va esta cinta, en efecto, por ahí va. La cámara de Adrian S. Bara logra algunas tomas atractivas -la visión del chamaco a través de la ventana de un cuarto destruido, la blanquísima habitación a la que entra el jovencito subrepticiamente-, la edición y el diseño sonoro son más que aptos -por ejemplo, el corte directo que nos lleva de la habitación de la mujer al mar rugiente-, pero de nuevo estamos en el mismo terreno de la violencia no solo gratuita sino hasta paranoica. 
Cuidado con los jodidos, los pobres, los morenos, los retrasados, los diferentes: ahí están acechando los muy méndigos. Llovizna (Olhovich, 1978) ya lo había planteado antes y mejor -con una provocadora crítica incluida- y ni se diga los innumerables filmes de la Época de Oro del cine mexicano, cuya desconfianza del indio "ladino" fue proverbial. Pero, por lo menos, todas esas cintas tenían un vigor narrativo del que carece Marea, por más que, eso sí, se vea muy bien. 

martes, 24 de febrero de 2015

Conducta



Conducta (Cuba, 2014), tercer largometraje de Ernesto Daranas es un muy sentido melodrama escolar centrado en la relación de una vieja profesora de primaria, Carmela (Alina Rodríguez), con dos de sus alumnos, el problemático pero noble Chala (Armando Valdés Freire) y la aplicada pero "ilegal" Yeni (Amaly Junco). Los dos chamacos no tienen una familia completa: la madre de Chala es una jinetera adicta y no hay papá a la vista, mientras que el padre de Yeni -de la mamá no se sabe nada- es un hombre honesto y trabajador, pero vive en La Habana sin permiso de la burocracia castrista -es "palestino", es decir, de Pinar del Río-, por lo que la niña está inscrita ilegalmente en la escuela. 
Carmela es una mujer que debería estar jubilada, pero no se ve a sí misma fuera de su escuela ni fuera de su salón de clases, por más que su hija y su nieto han partido fuera del país y la han dejado sola. Un padecimiento del corazón la obliga a abandonar su grupo temporalmente y en el ínter, Chala termina en la "Escuela de Conducta" del título -una suerte de reformatorio- y el papá de Yeni es descubierto por la policía que, "para que la cuña apriete...", está llena de "palestinos". Es decir, los mismos provenientes de Pinar del Río son los que acosan y extorsionan a los "ilegales".
La crítica al régimen cubano es a veces directa y hasta obvia -en algún momento Carmela responde al señalamiento de que ya lleva demasiado tiempo dando clases y que es hora de que se retire, apuntando que la gente que gobierna el país ha durado más tiempo que ella-, pero en otras ocasiones es mucho más sutil, como lo demuestra la subtrama alrededor de la estampita religiosa: la muerte por leucemia de un compañerito del salón de Chala lleva a que Yeni tome una estampita de la Virgen de la Caridad del Cobre y la coloque en el periódico mural del aula. Por supuesto, en un régimen como el cubano, esto es inaceptable: la estampita tiene que irse. Eso sí: siempre y cuando Carmela lo permita porque queda claro que el laicismo del régimen es una hipocresía más, como lo dice la misma directora de la escuela, creyente de la santería. 
Conducta es una cinta muy convencional en la forma -inicia con Carmela leyendo su despedida de la escuela y a partir de ahí sobrevienen los flashbacks explicativos- pero mucho más radical en su discurso temático. Es cierto que desde fuera la crítica al régimen puede parecer tibia y hasta timorata; sin embargo, en el contexto de la cinematografía cubana, no lo es. Y su éxito en la isla -se estrenó en enero del año pasado y duró varias semanas en cartelera- prueba que las directas e indirectas al gobierno cubano y a sus vicios -el burocratismo (¿o burocastrismo?), el autoritarismo, la hipocresía- dio en el blanco debido.  

lunes, 23 de febrero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXVI




Francotirador (American Sniper, EU, 2014), de Clint Eastwood. El más reciente largometraje de Eastwood no es el panfleto patriotero que algunos han dicho. Su antecedente directo -además de la propia filmografía de Eastwood, no exenta de reflexiones sobre la construcción de los mitos y el peso que puede cargar un héroe- es El Sargento York (Hawks, 1941), esa sí una cinta propagandista con todas las de la ley. Espero volver a escribir largo y tendido de Francotirador en los próximos días.

Ida (Ídem, Polonia-Dinamarca-Francia-GB, 2013), de Pawel Pawlikowski. Escribí de la ganadora del Oscar 2015 a Mejor Película en Idioma Extranjero por acá.

Siempre Alice (Still Alice, EU-Francia, 2014), de Richard Glatzer y Wash Westmoreland. Vi esta película en Palm Springs 2015 y les dije que Julianne Moore iba a ganar el Oscar. ¡Quiobo! (Bueno, la verdad es que todo mundo estaba diciendo lo mismo desde entonces).

Conducta (Cuba, 2014), de Ernesto Daranas. Una de las mejores cintas latinoamericanas que vi hace un año en Guadalajara 2014 se ha estrenado en el circuito cultural defeño. Mañana mismo, una crítica de este sólido melodrama social. 


domingo, 22 de febrero de 2015

Oscar 2015



Por petición popular -ajá: tres lectores, vía tuiter- va mi lista de los que creo que ganarán el Oscar hoy, quiénes me gustaría que ganaran y, en algunos casos, quiénes creo que deberían de haber sido nominados y no lo fueron. La lista no cubre todas las categorías -no escuché todas las canciones, no me podría interesar menos quién gana el Oscar a Efectos Especiales, de los cortometrajes solo pude ver las ternas completas de acción viva y animación, no vi más que Grandes Héroes en cuanto a largometraje animados se refiere, etcétera- pero sí las principales, como va:

Mejor Película:
Ganará: Birdman 
Debería ganar: Whiplash
Deberían haber sido nominadas: Primicia Mortal, Solo los Amantes Sobreviven, Snowpiercer y Bajo la Piel.

Mejor Director:
Ganará: Alejandro González Iñárritu.
Debería ganar: Wes Anderson.
Deberían haber sido nominados: Clint Eastwood o Jim Jarmush o Mike Leigh o Joon-ho Bong o Jonathan Glazer o Jennifer Kent en lugar de Tyldum.

Mejor Actor:
Ganará: Michael Keaton.
Debería ganar: Michael Keaton.
Deberían haber sido nominados: Jake Gyllenhaal y David Oyelowo (o Ralph Fiennes, claro) en lugar de Redmayne y Cumberbatch.

Mejor Actriz:
Ganará: Julianne Moore.
Debería ganar: Marion Cotillard.
Deberían haber sido nominadas: Tilda Swinton o Scarlett Johansson o Essie Davis en lugar de Whiterspoon.

Mejor Actor de Reparto:
Ganará: J. K. Simmons.
Debería ganar: J. K. Simmons.

Mejor Actriz de Reparto:
Ganará: Patricia Arquette.
Debería ganar: Emma Stone.
Debería haber sido nominada: Tilda Swinton en lugar de Meryl Streep.

Mejor Filme en Idioma Extranjero:
Ganará: Ida.
Debería ganar: Ida.
Deberían haber sido nominados: Gett, Sueños de Invierno, Fuerza Mayor, Dos Días una Noche, Matar un Hombre y Mommy. Cualquiera de estas cinco cintas bien pudieron haber sustituido a Relatos Salvajes y Mandariinid.

Mejor Guión Original:
Ganará: El Gran Hotel Budapest.
Debería ganar: El Gran Hotel Budapest.
Debería haber sido nominado: Solo los Amantes Sobreviven en lugar de Boyhood.

Mejor Guión Adaptado:
Ganará: El Código Enigma.
Debería ganar: Whiplash.
Debería haber sido nominado: Snowpiercer o Bajo la Piel en lugar de ese desastre llamado Inherent Vice.

Mejor Fotografía:
Ganará: Emmanuel Lubezki.
Debería ganar: Emmanuel Lubezki (o Roger Deakins, ya nomás porque en una de esas se nos muere y nunca le dieron el Oscar esos ingratos).

Mejor Edición:
Ganará: Whiplash.
Debería ganar: Whiplash.

Mejor Música:
Ganará: Hawking in Love.
Debería ganar: El Gran Hotel Budapest.
Debería haber sido nominado: Bajo la Piel.

Mejor Diseño de Producción:
Ganará: El Gran Hotel Budapest.
Debería ganar: El Gran Hotel Budapest.
Debería haber sido nominada: Snowpiercer.

Mejor Cortometraje:
Ganará: Ni idea cómo votará el pequeño número de miembros de la academia gringa que haya visto los cortos.
Debería ganar: Aya.

Mejor Cortometraje Animado:
Ganará: Ni idea cómo votará el pequeño número de miembros de la academia gringa que haya visto los cortos.
Debería ganar: A Single Life.

sábado, 21 de febrero de 2015

Oscar 2015... en un vistazo





Como lo he hecho en años anteriores, he aquí todas las cintas nominadas a algún Oscar que he visto, listadas en orden de preferencia. De uno a cuatro asteriscos, mi posición es positiva; de una a dos cruces, negativa. Esta lista irá creciendo en la medida en que vaya viendo algunas otras películas que me hacen falta.


Whiplash: Música y Obsesión (Whiplash, EU, 2014), de Damien Chazelle: ****

El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, EU-Alemania-GB), de Wes Anderson: *** 1/2

Primicia Mortal (Nightcrawler, EU, 2014), de Dan Gilroy: *** 1/2

Birdman (o la Inesperada Virtud de la Ignorancia) (Birdman -or the Unexpected Virtue of Ignorance, EU, 2014), de Alejandro González Iñárritu: *** 1/2

Mr. Turner (GB-Francia-Alemania, 2014), de Mike Leigh: ***1/4

Ida (Ídem, Polonia-Dinamarca, 2013), de Pawel Pawkilowski: ***

Dos Días, Una Noche (Deux Jours, une Nuit, Bélgica-Francia-Italia, 2014), de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne: ***

Francotirador (American Sniper, EU, 2014), de Clint Eastwood: ***

Boyhood (Momentos de una Vida) (Boyhood, EU, 2014), de Richard Linklater: ***

Leviatán (Leviafan, Rusia, 2014), de Andrey Zvyagintsev: ***

Perdida (Gone Girl, EU, 2014), de David Fincher: ***

Interestelar (Interstellar, EU-GB, 2014), de Christopher Nolan: ***

Planeta de los Simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, EU-GB, 2014), de Matt Reeves: ***

Foxcatcher (Ídem, EU, 2014), de Bennett Miller: ***

A Single Life (Holanda, 2014; 3 minutos), de Marieke Blaauw, Joris Oprins y Job Roggeveen: ***

Timbuktu (Francia-Mauritania, 2014), de Abderrahmane Sissako: ** 1/2

Selma (Ídem, EU-GB, 2014), de Ava DuVernay: ** 1/2

El Código Enigma (The Imitation Game, GB-EU, 2014), de Morten Tyldum: ** 1/2

Relatos Salvajes (Argentina-España, 2014), de Damián Szifrón: ** 1/2

La Parka (México, 2013; 29 minutos), de Gabriel Serra: ** 1/2

Aya (Israel-Francia, 2012, 39 minutos), de Oded Binnun y Mihal Brezis: ** 1/2

Boogaloo and Graham (GB, 2014; 14 minutos), de Michael Lennox: ** 1/2

Me and My Moulton (Noruega-Canadá, 2014; 14 minutos), de Torill Kove: ** 1/2

The Dam Keeper (EU, 2014; 18 minutos), de Robert Kondo y Daisuke "Dice" Tsutsumi: ** 1/2

La Lampe au Berre de Yak (China-Francia, 2013; 15 minutos), de Wei Hu: ** 1/2

Citizenfour (EU-Alemania), de Laura Poitras: **

Inquebrantable (Unbroken, EU, 2014), de Angelina Jolie: **

Empezar otra Vez (Begin Again, EU, 2014), de John Carney: **

Still Alice (EU, 2014), de Richard Glatzer y Wash Westmoreland: **

Mandariniid (Estonia-Georgia, 2013), de Zaza Urushadze: **

The Bigger Picture (GB, 2014; 8 minutos), de Daisy Jacobs: **

Feast (EU, 2014; 6 minutos), de Patrick Osborne: **

Joanna (Polonia, 2013; 40 minutos), de Aneta Kopacz: **

Alma Salvaje (Wild, EU, 2014), de Jean-Marc Vallée: *3/4

The Phone Call (GB, 2013; 20 minutos), de Mark Kirkby: * 1/2

Parvaneh (Suiza, 2012, 25 minutos), de Talkhon Hamzavi: * 1/2

La Teoría del Todo (The Theory of Everything, GB, 2014), de James Marsh: * 1/2

Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, EU, 2014), de James Gunn: *

La Gran Aventura Lego (The Lego Movie, EU, 2014), de Phil Lord y Christopher Miller: *

Grandes Héroes (Big Hero 6, EU, 2014), de Don Hall y Chris Williams: *

X-Men: Días del Futuro Pasado (X-Men: Days of Future Past, EU-GB, 2014), de Bryan Singer: *

Inherent Vice (EU, 2014), de Paul Thomas Anderson: +

En el Bosque (Into the Woods, EU-GB-Canadá, 2014), de Rob Marshall: +

Capitán América: el Soldado del Invierno (Captain America: Winter Soldier, EU, 2014), de Anthony Russo y Joe Russo: +


martes, 17 de febrero de 2015

La Parka



Dentro de unos días se llevará a cabo la 87ma. entrega del Oscar en el que, muy probablemente,  los mexicanos Alejandro González Iñárritu, Martín Hernández y Emmanuel Lubezki se llevarán a su casa alguna estatuilla -si no es que más de una, por lo menos en el caso de González Iñárritu. De cualquier manera, se trataría de premios logrados no por el cine nacional sino por mexicanos trabajando en Hollywood. 
Es un caso muy diferente con La Parka (México, 2013), cortometraje de 29 minutos de duración, nominado al Oscar 2015 a Mejor Cortometraje, producido por el Centro de Capacitación Cinematográfica y dirigido por Gabriel Serra, cineasta y fotógrafo de origen nicaragüense, aunque avecindado en México desde hace varios años.  
Desde el inicio del filme, se nos muestran los trabajos cotidianos en un anónimo rastro que los créditos finales terminarán ubicándolo en La Paz, Los Reyes, Estado de México. Las imágenes se van sucediendo sin contexto verbal alguno hasta que llegamos al minuto seis, en el que escuchamos la voz en off de nuestro narrador, “la Parka” del título, Efraín Jiménez García.
Las reflexiones del pequeño hombre de mediana edad tienen que ver con su chamba –es un eficiente y silencioso matarife en el citado rastro, acostumbrado a ejecutar hasta a 500 toros diariamente- pero también con su visión personal de la vida y de la muerte. “La Parka” perdió hace tiempo a su padre y a su hermana y, seguramente por el trabajo que realiza, tiene una idea muy terrenal de la vida después de la muerte: simplemente no existe. No hay gloria alguna, pero sí infierno: este, en el que todos vivimos.
Las imágenes son, por fuerza, sanguinolentas, pero la cámara de Carlos Correa logra algunos momentos de belleza inusual en lo que va capturando. De hecho,  si no supiéramos que se trata de una pared cochambrosa salpicada de sangre, uno podría asegurar que lo que vemos de vez en cuando en pantalla es alguna pieza de expresionismo abstracto.
Hacia la última parte del filme, vemos a “La Parka” convivir con su familia. O, más bien, estar junto a ella. Ve comer a sus hijos en silencio, lo vemos aparte sentado en un sillón. Solo cuando se echa una cascarita de fut en algún parque parece otro, relajado, sonriente, aunque la cámara insiste una y otra vez en tomar sus manos: las manos de un verdugo que, nos asegura, nunca matarían a un ser humano. Solo matan animales: esos seres que de cualquier manera, nos dice Efraín, sienten como nosotros. Lloran al ver llegar la muerte. Y, en la última escena de la cinta, miran a la cámara como postrer despedida. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXV



Arraianos (España, 2012), de Eloy Enciso. Cinta experimental, entre el documental etnográfico y la reflexión formalista-cinematográfica, exhibida en el FICUNAM 2013. La película, de escasos y bienvenidos 70 minutos de duración, está ubicada en un pequeño pueblo gallego, en la frontera entre Galicia y Portugal. La cámara de Mauro Herce logra algunas imágenes que nos remite a un cierto tipo de pintura realista del siglo XIX, aunque en otros momentos las imágenes rozan la abstracción pura. No es el tipo de cine que me emociona, pero el filme ganó el Gran Premio de Vanguardia y Género en el BAFICI 2013.

Dos Días, una Noche (Deux Jours, une Nuit, Bélgica-Francia-Italia, 2014), de Jean-Pierre y Luc Dardenne. La más recientes cinta de los hermanos Dardenne es, en efecto, la más accesible para el gran público que han realizado y la primera en la que usan a una súper-estrella (una desglamourizada Marion Cotillard) en el papel central. De todas formas, el humanismo solidario de los Dardenne sigue siendo el mismo de siempre y la Cotillard nos entrega si no la mejor actuación de su carrera, sí la más generosa de todas. La estrella desaparece detrás del personaje y no se impone al resto de los actores, desconocidos o incluso no profesionales. 

Selma: el Poder de un Sueño (Selma, EU-GB, 2014), de Ava Du Vernay. Como en Lincoln (Spielberg, 2012), aquí la directora DuVernay acomete la biopic del prócer -en este caso, Marthin Luther King Jr.- centrándose en un episodio clave en la vida del biografiado y de Estados Unidos. Un notable catecismo liberal y cinematográfico que merecía mejor suerte que otros filmes más nominados en el Oscar 2015 -como Hawking in Love, por ejemplo. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. 

Invocando al Demonio (The Possession of Michael King, EU, 2014), de David Jung. Oooootra película de horror que usa el ya muy manido recurso del found-footage. De lo peor que he visto en el inicio del año. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Cuatro Lunas (México, 2014), de Sergio Tovar Velarde. El segundo largometraje de Velarde  -visto en Guadalajara 2014- tiene como única gracia que sus cuatro melodramáticas historias de amor/desamor y encuentros/desencuentros están protagonizadas por personajes gays. Por lo demás, ninguna de las cuatro historias son especialmente interesantes, aunque los recursos de producción están bien usados y el reparto es uniformemente competente.
Un anciano poeta (Alonso Echánove) ahorra una buena lana para comprar el amor de un atractivo prostituto (Alejandro Belmonte), un niño llamado Mauricio (excelente Gabriel Santoyo) se enamora de su primito quien lo denuncia como maricón ante el horror de su papá (Juan Manuel Bernal), dos amigos de la infancia (César Ramos y Gustavo Egelhaaf) se re-encuentran y descubren su mutua atracción aunque uno de ellos no quiere salir del clóset, una dizque estable pareja gay (Alejandro de la Madrid y Antonio Velázquez) sufre una crisis cuando uno de ellos nomás se llevan dándole vuelo a la hilacha. 
Más allá de las escenas sexuales más o menos explícitas -ni tanto, la verdad-, el asunto es bastante convencional, aunque hay que aceptar que las historias de Mauricio y del viejo poeta enclosetado tienen un cierre muy satisfactorio. Recuerdo muy bien que en Guadalajara 2014 había  varios colegas que estaban indignados por la ñoñería de la cinta, pero creo que no es para tanto: ¿a poco el cine gay tiene prohibido ser cursi? 

viernes, 13 de febrero de 2015

Retrospectiva Mae West: Noche tras Noche



Mae West (1893-1980) no fue la primer gran comediante en Hollywood -ese lugar le pertenece a Mabel Normand, por supuesto-, pero sí fue la primera que usó de forma consciente su propia sexualidad como parte de su repertorio cómico: un elemento central de su personaje fílmico y de su figura pública. Su vulgaridad abierta, su gangosa voz barriobajera, su franqueza desternillante no tuvieron parangón en los pocos años en los que hizo cine: 13 películas en toda su carrera, 11 de ellas de 1932 a 1943. 
David Thomson ha escrito, con razón en "The New Biographical Dictionary of Film" (2009), que quienes afirmar que Marilyn Monroe tenía la habilidad de satirizar su propia sexualidad y autoparodiarse, no conocen a su más director antecedente, Miss West, quien debutó en el cine a la nada tiernita edad de 40 años en Noche tras Noche (Night after Night, EU, 1932), una modesta comedia gangsteril dirigida por el veteranísimo Archie Mayo (innumerables two-reelers en el cine silente, la muy teatral La Selva Petrificada/1936, la obra mayor La Legión Negra/1937 en el cine sonoro).
A decir verdad, el personaje de Mae West sobra en la historia: aparece hasta el minuto 37 -de los 73 que dura el filme- y no tiene ningún papel realmente importante en la cinta. Aún así, en el momento en el que aparece, soltando one-liners a diestra y siniestra (Cuando alguien exclama "¡Dios mío!" al ver su enorme collar de perlas, ella contesta: "Querida, Dios no tuvo nada que ver con esto"), contoneando su robusta figura, pidiendo a gritos una silla o levantando su copa de vino, es imposible dejar de verla. George Raft, quien la había recomendado a la Paramount para ese papel, comentó luego que en cada escena en la que él aparecía con ella, West se había robado todo, "menos las cámaras". 
La desfachatez arrabalera de West -moldeada en los muchos años en los que trabajo en el teatro y en el music hall americano- encajó a la perfección en esos años 30 hollywoodenses, antes de que se extendiera el castrante Código Hays, además de que su genuina inteligencia como escritora cómica se impuso desde el principio a sus guionistas y directores, pues ella era la autora de sus propia líneas, algunas dignas del mejor Woody Allen ("-¿Crees en el amor a primera vista? "-No, pero sí ahorra mucho tiempo").
La historia de Noche tras Noche está contagiada de una inmoral admiración al gangster americano, "el pirata de nuestros días", como dice un personaje en el filme. Joe Anton (Raft en su primer papel protagónico después de haber aparecido en un papel secundario en Caracortada: Vergüenza de una Nación/Hawks/1932) es un exboxeador "de tercera" que, gracias a la Ley Seca, terminó convertido en el dueño de un elegante speakeasy -o sea: antro (dizque) clandestino- en Manhattan, en el que tocan, por cierto, una buena versión de "Everyone Says I Love You". 
El asunto es que a Joe no le llena tener tanto dinero ni tanto poder: él quiere ser alguien más, alguien importante, el nuevo Andrew Carnegie, por ejemplo. Así pues, toma clases de dicción y cultura con la estirada maestra Jellyman (Alison Skipworth) y sueña con vender su tugurio para tener otro tipo de vida. Esa puerta a lo desconocido se abre cuando todas las noches empieza a ver a una elegante dama (bellísima Constance Cummings) que, noche tras noche, asiste a su speakeasy, se sienta solitaria en una mesa y se toma un trago sin platicar con nadie más. El interés de Joe por esa muchacha provoca la preocupación de su chalán de confianza (Roscoe Karn), los violentos celos de la exnovia Iris (Wynne Gibson) y el encogimiento de hombros de otra novia, la pragmática Maudie (Mae West).
Mayo dirige funcionalmente, con algún momento de súbita elegancia formal (el momento en el que Raft y Karn, en foreground, ven a Cummings y Gibson discutir en background, y cómo la cámara de Ernest Haller -futuro ganador del Oscar por Lo que el Viento se Llevó/Fleming et al/1940)- ajusta el foco para dirigir nuestra vista de un espacio a otro del encuadre), mientras el montaje no acreditado oficialmente -¿del propio Mayo?- nos entrega la edición de secuencias notables como esa de la juerga nocturna que nos muestra a dos mujeres intercambiando un cigarrillo (¿de qué?) mientras cruzan miradas de complicidad ¿lésbica? Ah, que tiempos señor Don Simón: esos rugiientes años del Hollwyood antes del Código Hays.
El apresurado desenlace es también inmoral at-his-best: el mafioso Raft -que ya vimos que por muy pretensiones culteranas que tenga, es capaz de tomar un arma y echar harta bala-, goza de un ¿merecido? happy-end en lugar del castigo que luego se volvería obligatorio para este tipo de personajes, mientras la estirada profesora Jellyman ha decidido dejar de plano la cátedra para ser la socia y amiga del alma de Mae West. Pero, ¿quién no lo haría?

Noche tras Noche se exhibe hoy viernes 13 en la Cineteca Nacional a las 19 horas.

jueves, 12 de febrero de 2015

Ambulante 2015... en un vistazo



Hoy termina Ambulante 2015 y acá la lista, en orden de preferencia, de lo que pude ver. Como de costumbre, las calificaciones positivas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces.

Los Cosechadores y Yo (Les Glaneurs et la Glaneuse, Francia, 2000), de Agnès Varda. Retrospectiva: ****

Cléo de 5 a 7 (Cléo de 5 à 7, Francia, 1961), de Agnès Varda. Retrospectiva: ****

A Hard Day's Night (GB, 1964), de Richard Lester. Sonidero: ****

Buscando a Sugar Man (Searching for Sugar Man, Suecia-Gran Bretaña, 2012), de Malik Bendjelloul. Imperdibles: ****

Las Playas de Agnès (Les Plages d'Agnès, Francia, 2008), de Agnès Varda. Retrospectiva: *** 1/2

Exit Through the Gift Shop (GB-EU, 2010), de Banksy. Imperdibles: *** 1/2

El Acto de Matar (The Act of Killing, Dinamarca-Noruega-GB, 2012), de Joshua Oppenheimer et al. Imperdibles: ***

L'Opera Mouffe (Francia, 1958; 17 minutos), de Agnès Varda. Retrospectiva: ***

Marley (Ídem, EU-GB, 2012), de Kevin Macdonald. Imperdibles: ** 1/2

Propaganda (Chile, 2014), de Christopher Murray. Observatorio: ** 1/2

Citizenfour (EU-Alemania, 2014), de Laura Poitras: **

El Alcalde (México, 2012), de Diego Enrique Osorno, Carlos F. Rossini y Emiliano Antuna. Imperdibles: **

El Hogar al Revés (México, 2014), de Itzel Martínez del Cañizo. Pulsos: **

Retratos de una Búsqueda (México, 2014), de Alicia Calderón Torres. Pulsos: **

No Me Dejes (Ne Me Quittes Pas, Bélgica-Holanda, 2014), de Sabine Lubbe Bakker y Niels van Koevorden: Observatorio: **

El Palacio (México-Canadá, 2013; 36 minutos), de Nicolás Pereda. Pulsos: * 3/4

Cuando Sea Dictador (Quand Je Serai Dictateur, Bélgica, 2013), de Yaël André. Observatorio: * 3/4

miércoles, 11 de febrero de 2015

Citizenfour



No he visto los otros cuatro filmes nominados al Oscar 2015 en la categoría de Mejor Largometraje Documental y, por lo mismo, no tengo idea de los logros cinematográficos de esas otras cuatro películas, pero no tengo la menor duda que Citizenfour (EU-Alemania, 2014), cuarto largometraje de la especialista Laura Poitras, se llevará la estatuilla dorada en unos cuantos días. En todo caso, el Oscar a Citizenfour no será tanto porque sea una gran cinta sino, más bien, porque es un filme importante e, incluso, necesario. La película ha sido programada en estos días en Ambulante 2015 y, seguramente, después de que gane el Oscar, tendrá su limitada corrida comercial-cultural en la Cineteca y algunas "salas de artes".
Anoté antes que la importancia del filme de Poitras radica en su tema. En efecto, en los años por venir, es probable que la relevancia de Citizenfour se identifique por ser la primera crónica cinematográfica, realizada a bote pronto y (casi) en tiempo presente, sobre las revelaciones que hizo, urbi et orbi desde un hotel de Hong Kong, un joven delgado y anteojudo de 29 años llamado Edward Snowden, empleado de una compañía de Hawai que trabajaba para la Agencia Nacional de Seguridad gringa (NSA por sus siglas en inglés). 
La historia es harto conocida a estas alturas del juego, pues las revelaciones de Snowden de que la NSA espiaba a millones de usuarios telefónicos e internet en Estados Unidos -y en otros países además- se convirtió en escándalo internacional durante el verano del 2013. Las filtraciones se fueron sucediendo a tal grado que provocaron no solo severos cuestionamientos dentro de Estados Unidos sino fuera de ese país, especialmente cuando salió a la luz pública que la Canciller alemana Angela Merkel y otros líderes "amigos" del gobierno americano también estaban siendo intervenidos y espiados.
Poitras arma la película -experto montaje de Mathilde Bonnefoy- como una mezcla de reportaje documental -testimonios en el Congreso, fragmentos noticiosos de CNN, cabezas parlantes de expertos en seguridad- y un acezante thriller de espionaje. Así pues, vemos en pantalla los mensajes cifrados por lo que Snowden contactó a la cineasta, la reunión de los periodistas de The Guardian Glenn Greenwald y Ewen MacAskill con el ingeniero en sistemas disidente, los correos electrónicos de ida y regreso entre todos los involucrados y el inicio de las presiones -legales o no: da lo mismo- que el gobierno estadounidense empezó a aplicar en contra de Snowden y de quienes estaban ayudando a diseminar secretos que (dizque) podían dañar la seguridad nacional estaodunidense en tiempos de terrorismo. 
Citizenfour es un documental militante, sin duda alguna. Es cierto que Poitras es una cineasta más bien parca -no muestra aquí el humor chocarrero de un Michael Moore ni la indignación desatada de un Oliver Stone, por mencionar otros dos conspicuos cineastas americanos de izquierda-, pero este medio tono procedimental encaja perfectamente con las primeras palabras que el propio Snowden dice frente a la cámara en el hotel de Hong Kong en el que se encontraba oculto: "yo no soy la historia". Es decir, Poitras intenta ver el bosque de las actividades ilegales del gobierno americano en lugar de entretenerse en el árbol de la personalidad de Snowden. 
De todas formas, es imposible rehuir del elemento humano en el filme: el centro del documental, después de todo, siguen siendo los ochos días en los cuales Snowden, frente a la cámara y con Greenwald y MacAskill interrogándolo, da a conocer toda la información. Ahí conocemos al personaje, sus justificaciones para los que algunos llamaron traición, su preocupación natural por su pareja, su aparente serenidad ante lo que sabía iba a desatarse... 
También vemos, por cierto, los efectos causados a su alrededor: la presión indirecta sobre Greenwald, quien vio como su pareja fue retenida durante varias horas sin justificación alguna; o el temor constante de la propia directora Poitras, ya acostumbrada a ser interrogada una y otra vez al llegar a Estados Unidos, por ser una cineasta harto sospechosa. Pero, ¿sospechosa de qué? De lo que sea: si escuchas lo suficiente su línea telefónica o si exploras consistentemente su actividad en internet, seguramente saldrá sospechosa de algo. Y usted, el que está leyendo esto, también.

martes, 10 de febrero de 2015

El Código Enigma



El cuarto largometraje -y primero británico-hollywoodense- del noruego Morten Tyldum se beneficia de una fascinante historia que era difícil echarla a perder.  Sucede que en plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico reunió un equipo de científicos, matemáticos y especialistas en inteligencia en Bletchley Park, Inglaterra, con el fin de resolver El Código Enigma (The Imitation Game, EU-GB, 2014). 
La susodicha máquina "enigma" era un aparato creado por el ejército alemán para codificar sus mensajes y hacerlos ininteligibles. El aparato de marras era indescifrable: el número de combinaciones posibles era algo así como 159 a la 18. Y peor aún: "Enigma" se reiniciaba cada 24 horas, así que cuando la inteligencia británica empezaba a entender como codificaba el armatoste nazi, el tiempo había terminado. Es decir, había que empezar de cero al día siguiente.
Un día de 1939 llega a Bletchley Park un joven matemático de 27 años, autor de un ensayo llamado "The Imitation Game". El tipo, Alan Turing (Benedict Cumberbatch), compensa sus escasas dotes sociales -según la película, Turing es un Asperger no diagnosticado- con un talento y una determinaciones notables, que llevan a Churchill a convertirlo en cabeza del equipo. Al final de cuentas, Turing encuentra la solución al enigma de Enigma: si un ser humano es incapaz de intervenir a una máquina, ¿por qué no crear una máquina que sí sea capaz de hacer ese trabajito?
El título en inglés, "The Imitation Game" se refiere, como ya lo anoté, al título de un ensayo escrito por Turing pero tiene más de un sentido: la máquina que crea el matemático es una suerte de proto-computadora que "imita" el comportamiento de "Enigma" y por eso es capaz de descifrarla. Además, ya que Turing es incapaz de tener una vida social normal -características del Síndrome de Asperger-, tiene que aprender a ser como los otros, es decir, tiene que aprender a imitarlos, como le enseña su amiga-compañera-colega-prometida Joan Clarke (Keira Knightley).
Esta historia en sí misma ya es interesante, pero hay otro elemento más, que una versión anterior -la llamada simplemente Enigma (Apted, 2001) con Dougray Scott y Kate Winslet, en (más o menos) los papeles de Cumberbatch y Knightley- dejó de lado. Me refiero a la homosexualidad enclosetada de Turing, que llevó al matemático a ser condenado por sodomía en 1952 -en esa época, la homosexualidad seguía siendo un delito en la Gran Bretaña-, a que él optara por la castración química para evitar ir a la cárcel y que termina suicidándose en 1954, a los 41 años de edad. La paradoja, no por ser obvia, es menos trágica: el encargado de descubrir los secretos del ejército nazi tenía que mantener oculta su propia inclinación sexual para evitar no solo la condena moral sino la cárcel misma.
La estructura narrativa de la película es muy convencional: en el presente de 1952, un policía muy celoso de su deber (Rory Kinnear) investiga al profesor Turing, pues le parece raro que no haya denunciado un allanamiento en su casa -y por supuesto, Turing no denunció ese aparente delito, porque no hubo allanamiento ni robo: fue un problema que tuvo con un joven amante. Así pues, el Turing de 1952 le cuenta al cuico -y a nosotros- quién es, qué hacía durante la Segunda Guerra Mundial y por qué su archivo personal es secreto y no puede ser leído por nadie, ni siquiera por ese competente policía. De esta manera, del "vergonzoso" presente de Turing vamos al pasado glorioso en la Segunda Guerra y, también, a su pasado juvenil, cuando descubre su identidad homosexual a través del amor que siente por un compañero de clase.
Estamos ante una biopic decente, impecablemente producida, con un buen reparto -por ahí aparecen, además, el infalible Charles Dance como un militar ojete y Mark Strong como el oscuro jefe del MI6- y con una historia fascinante (casi) desconocida por el gran público. Por supuesto, en el camino es claro que se ha torcido de alguna manera la historia real -Turing no inventó la computadora, el código Enigma fue descifrado no solo por él-, pero habría que anotar que los hacedores de esta cinta no niegan la inclinación sexual de su protagonista -como sí lo hicieron los creadores de Una Mente Maravillosa (Howard, 2001), por ejemplo- sino que, por el contrario, esa "perversión", severamente castigada hace 60 años, termina convertida en la justificación moral para la existencia del propio filme. 
Por lo mismo, una leyenda nos informa, cuando la película ha terminado, que la Reina Isabel otorgó, por sus servicios al imperio, el perdón a Alan Turing... en 2013. Al parecer, no había prisa por hacerlo. 

lunes, 9 de febrero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXIV



Las Horas Contigo (México, 2014), de Catalina Aguilar Mastretta. Premiada con el FIPRESCI en Guadalajara 2014 y por unanimidad -me consta: fui miembro del jurado- finalmente tiene su corrida comercial este sólido melodrama femenino escrito y dirigido por la debutante Aguilar Mastretta. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Leviatán (Leviafan, Rusia, 2014), de Andrey Zvyagintsev. Otra película premiada en un festival del que fui jurado FIPRESCI, en concreto, en Palm Springs 2015. El cuarto largometraje de Zvyagintsev es una fatalista crónica de la corrupción política y religiosa -y corrupción a secas- en la Rusia de Putin y, de alguna manera, en la Rusia de siempre. 
La historia está centrada en los inútiles esfuerzos de un pobre mecánico (Aleksey Serebryakov), quien quiere evitar que el corruptazo alcalde del lugar (Roman Madyanov, impresionante) se quede con sus tierras, que se encuentran a la orilla del mar de Barents, al norte de Rusia. Para ello, le pide ayuda a un viejo compañero del ejército (Vladimir Vdovichenkov), que ahora es un influyente abogado en Moscú.
A diferencia de sus anteriores filmes, en Leviatán Zvyagintsev deja que se cuele un chocarrero sentido del humor -esas escenas del juzgado, en el que una juez lee una disposición legal a mil por hora, esas prácticas de tiro con retratos de los líderes rusos de Lenin a Yeltsin- que, de cualquier forma, no aligera en nada esta oscura visión de la naturaleza humana y de la vida misma que, como dijera el pesimista (¿o realista?) Hobbes en su clásico "Leviatán" (1651), es solitaria, pobre, brutal y corta. 

En el Bosque (Into the Woods, EU-GB-Canadá, 2014), de Rob Marshall. Debo confesar que estuve a punto de abandonar la película faltando 40 minutos para que finalizara: a esas alturas, ya estaba harto de la monotonía musical de Stephen Sondheim -sí, ya sé, sus fans dicen que es un genio: ok, que lo metan en una botella y la tiren al mar- y de las obvias canciones sin mucho chiste escritas por James Lapine. Pero en la última parte -que, hasta donde entiendo, en la obra musical de Broadway de 1987 es todo el segundo acto- la historia toma vuelo y las varias ideas sueltas que hemos visto a lo largo del filme confluyen en algo más que la obvia reflexión brechtiana: los personajes de En el Bosque se dan cuenta que pueden llegar al "happy-end" añorado, pero que esto no significa que sean felices. La vida en el mundo real es complicada: hay alegrías, sí, pero también fracasos, decepciones, muertes, traición. ¿Hay algo peor que desear algo y obtenerlo?: sí, desear algo, obtenerlo y no estar satisfecho. De eso trata, en el fondo, En el Bosque.
El guión de Lapine -mismo autor de la obra musical de los 80- entrecruza cuatro historias clásicas infantiles -La Cenicienta, Caperucita Roja, Jack y las Habichuelas Gigantes, y Rapunzel- y agrega otra más, la de un Panadero (James Corden) y su Esposa (Emily Blunt), quienes para poder vencer la maldición de una malvada bruja (Meryl en su gustado papel de Streep), que los ha condenado a no tener hijos, tienen que cumplir una tarea (casi) imposible en solo tres noches.
Ignoro cómo será la obra musical en vivo y a todo color, pero esta adaptación fílmica no me entusiasmó en lo absoluto, pues no hay una sola canción que se quede en la memoria, no hay una sola coreografía que merezca llamarse así y aunque acepto que no todo es una desgracia -Miss Blunt demuestra que sigue siendo insumergible; el número en el que dos Príncipes Encantadores (Chris Pine y Billy Magnussen) presumen quién sufre más es gracioso; Johnny Depp es inquietante como un Lobo Feroz pedófilo, pachuco y tintanesco, enfundado en un perfecto Zoot Suit-, la realidad es que estuve a punto de abandonar la película en más de una ocasión.
Leí en un reciente Sight and Sound que la obra de Sondheim es un gusto adquirido. Defensa más bien pobre pero, en todo caso, si es así, ni hablar: ese gusto no lo adquirí.

El Código Enigma (The Imitation Game, EU-GB, 2014), de Morten Tyldum. Otra oscareable cinta estrenada en la temporada ad-hoc. Aunque debo decir que esta biopic me resultó  más meritoria que la otra biopic sobre otro científico británico (Hawking in Love). Mañana, aquí mismo, mi crítica in extenso. 

lunes, 2 de febrero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXIII



Las Oscuras Primaveras (México, 2014), de Ernesto Contreras. Vi el tercer largometraje de Contreras en Río de Janeiro 2014 donde estuvo en competencia. Por acá escribí de la película, con todo y crónica de mis mágicas habilidades para perderme en cualquier ciudad que usted mencione. Una suerte de súper-poder.

Inquebrantable (Unbroken, EU, 2014), de Angelina Jolie. El segundo largometraje de la señora Pitt (opera prima In the Land of Blood and Honey/2011, no vista por mí) fue diseñada para ser candidata oscareable pero, a excepción de la merecida chorrogésima nominación de Roger Deakins y dos nominaciones técnicas más -mexcla de sonido y edición de sonido-, la cinta pasó con más pena que gloria para los colegas académicos de la Jolie.
Aunque, a decir verdad, si la Academia gringa nominó a 5 Oscars esa mediana biopic que es Hawking In Love (Marsh, 2014) bien podría haberle dado un champú de cariño a este bien producido, mejor fotografiado y decentemente actuado melodrama bélico-deportivo basado en la vida del corredor y veterano de la Segunda Guerra Louis Zamperini (1917-2014), sólidamente interpretado por el ascendente actor inglés Jack O'Connell.
La cinta sigue con fidelidad la biografía del personaje escrita por Laura Hillebrand, aunque la firma de los hermanos Coen en el guión original es un misterio, pues nada puede encontrarse en este convencional filme de la visión del mundo de los directores de Simplemente Sangre (1984): nada de su pesimismo, nada de su humor negro.
La película sigue la trayectoria edificante de este hombre, hijo de inmigrantes italianos en Estados Unidos, que salió de la pobreza corriendo, hasta llegar a formar parte del equipo olímpico americano en Berlín 1936. Aunque Zamperini no ganó ninguna medalla, estaba preparado para convertirse en campeón olímpico cuatro años después, pero la Segunda Guerra Mundial se atravesó y para 1941 el muchacho formaba parte la Fuerza Aérea gringa. En 1942, cuando su B-24 cayó al mar, sobrevivió con dos de sus compañeros durante 47 días en el Pacífico -sin tigre digital incluido pero sí con hartos tiburones- y terminó como prisionero de guerra de los japoneses, par de años en los que sufrió maltratos y torturas físicas y psicológicas por parte del sádico oficial Watanabe (el muy femenino cantante de rock nipón Miyavi).
Es esta última parte de la cinta -que nos remite, inevitablemente, a la homoerótica relación central de Furyo (Oshima, 1983)- que parece interesarle más a la señora Jolie: por un lado, el sufrimiento de Zamperini y su resistencia casi crística; por el otro, el franco sadismo que apenas esconde una admiración/atracción reprimida de parte del tortuador. Nada nuevo en este tipo de cintas, sin duda, pero los dos actores encarnan bien a sus respectivos personajes y la Jolie, como directora, se muestra suficientemente capaz como para mantener el interés durante poco más de dos horas.
Muy lejos de ser una obra mayor, sin duda, pero viendo la calidad de varias de las otras cintas nominadas, queda la sensación que el ninguneo a la señora Jolie lo ha de haber promovido Jennifer Anniston.

Fuerza Mayor (Force Majeur, Suecia-Francia-Noruega, 2014), de Ruben Östlund. El cuarto largometraje del ya consolidado Östlund (temprana obra mayor Play: Juegos de Hoy/2011) es una de las dos mejores (mejor dicho, peores) date-movies que cualquiera podía haber elegido para quedar bien con la futura media naranja el año pasado (la otra, claro, fue Perdida).
Un matrimonio sueco de clase media-alta (Johannes Kuhnke y Lisa Loven Kongsli) que pasa unos días de vacaciones en los Alpes con todo y sus dos encantadores hijitos rubios, ve cómo su perfecta relación empieza a desmoronarse después de que el marido tiene un comportamiento poco masculino, por decir lo menos. La familia se encuentra en una terraza, a punto de comer, cuando los administradores del idílico sitio turístico provocan una "avalancha controlada" de nieve -valga el oximoron. El problema es que la avalancha parece, por un instante, que se saldrá de control, así que todos los turistas presentes en la terraza salen corriendo despavoridos: la mujer, Ebba, siempre con el instinto materno de protección a flor de piel, carga con los dos niños mientras que el marido, Tomas, solo acierta a correr lo más rapido que puede -sin olvidar su teléfono celular, eso sí.
Ese incidente quedará flotando el resto de la película: será discutido en una cena con otra pareja de amigos provenientes también de Suecia (Fanni Metelius y el bien conocido Kristofer Hivju, de Game of Thrones) y será el arma certera que usará Ebba en contra de su repentinamente emasculado marido para restregarle que no actuó como cualquier hombre lo haría -o debería de hacerlo, según lo exigen los roles sociales que nos son impuestos.
Como en la ya mencionada Play -y, aparentemente, como también sucede en su segundo largometraje, Involuntario (2008) que, mea culpa, aún no he visto-, Östlund provoca al espectador colocándolo en una posición si no imposible, sí muy complicada. ¿Tiene razón Ebba en cuestionar a su marido por ese incidente? ¿Vale la pena poner en peligro un matrimonio por una reacción natural y no perversa? Pero, por otro lado, ¿no será que Tomas realmewnte ha fallado en su papel de padre de familia, más allá de rollos mareadores sobre la evolución, la civilización y la cultura? En todo caso, una recomendación: si usted no puede convencer a su media naranja que no actuaría como lo hace Tomas en el filme, mejor vea Fuerza Mayor usted solito.