jueves, 29 de enero de 2015

Pídala Cantando/LXII



El lector habitual de este blog, Saúl Baas Bolio, me pidió rescatar lo que escribí en su momento de Golpes del Destino. Acá, abajo, la crítica que pergeñé hace más de una década.


Contra la mayoría de los pronósticos –incluyendo el mío, que dejé por escrito en REFORMA—Golpes del Destino (Million Dollar Baby, EU, 2004) ganó el Oscar 2005 por encima de El Aviador (Scorsese, 2004), la grandilocuente biopic de Howard Hughes. No hay razón para la queja: aunque en lo personal me parece que la mejor cinta entre el quinteto de las nominadas era Entre Copas (Payne, 2004), Golpes del Destino es, con mucho, un filme mucho más satisfactorio que la película scorsesiana.
Y es que Eastwood ha alcanzado un nivel de depuración artística que no tiene parangón entre los cineastas del Hollywood contemporáneo: siempre trabajando en el centro de los géneros más populares (el western, el thriller, el cine de acción, el melodrama, la biopic), siempre jugando en el terreno de uno de las más poderosas casas productoras (la Warner), siempre usando rostros conocidos y respetados (Freeman, Hackman, Costner, Streep, Penn, Robbins, él mismo…), siempre echando mano de un estilo narrativo limpio, clásico, deudor de los grandes maestros autores/artesanos (Ford, Hawks, Huston, Siegel, Aldrich et al) que ni teorizaban, ni presumían, ni le echaban mucha crema a sus tacos: sólo hacían cine.
Filmada en poco más de un mes, he aquí la sentimental opus 25 dirigida por Eastwood, la historia de una luchona treinta-añera “white-trash”, Maggie Fitzgerald (la oscareada Hillary Swank), que encuentra la vereda del éxito en el boxeo femenino, entrenada por el seco Frankie Dunn (Clint himself), el hosco dueño de un gimnasio de mala muerte. Dunn es un buen entrenador, pero demasiado precavido: tiene miedo de llevar demasiado lejos a sus pupilos, tiene miedo del posible fracaso, tiene miedo de entablar una relación que vaya más allá del ring… Por eso, cuando Maggie llega al gimnasio de Frank para pedirle que la entrene, ya sabemos lo que va a seguir: la negativa del reservado lector de Yeats, la terquedad de la optimista-a-toda-prueba Maggie, la ayuda del sabio afanador negro Scrap (el otro oscareado Morgan Freeman), la refunfuñante aceptación de Dunn para entrenar a Maggie, el meteórico ascenso a la fama por parte de la ilusionada muchacha…
Durante las dos terceras partes de la cinta, Golpes del Destino –que gacho título en español, la verdad—es muy similar a los melodramas boxísticos del Hollywood de ayer (Ciudad Dorada/Huston, 1972) o anteayer (La Caída de un Ídolo/Robson, 1956), sea en la crónica de la corrupción del medio, sea en el retrato de la inevitable violencia del box, sea en su protagonista inocente que a base de esfuerzo (y de dientes rotos, riñones vapuleados, nariz desviada…) va escalando peldaño tras peldaño… hasta llegar al combate final, decisivo.
En la última parte de la película la historia cambia de piel. Lo que parecía un espléndido melodrama deportivo, bien dirigido, mejor actuado pero, al final de cuentas, bastante convencional, se transforma en una honda meditación sobre la muerte, la vida, y el sentido de ambas. De improviso, los personajes –Frank, Maggie, Scrap y hasta un semiretardado aprendiz de boxeador encarnado por Jay Baruchel—se muestran no como un grupo de previsibles clichés dramáticos, sino como perfectos medios para que Eastwood, el cineasta, dialogue con nosotros acerca de la muerte, la vejez, el amor y lo que significa estar vivo: tener algo en qué soñar, sea el triunfo, sea la lucha, sea el encontrar un perfecto pay de limón.

martes, 27 de enero de 2015

Cuéntamela otra vez/XXXVII




Ante el estreno de Annie (Ídem, EU, 2014), la nueva versión del musical setentero basado en el célebre personaje de tira cómica creado en los años 20 –y que ya había merecido algunas adaptaciones fílmicas en los 30-, me di a la tarea de buscar y volver a ver Annie (Ídem, EU, 1982), la versión anterior dirigida, insólitamente, por John Huston.
Recuerdo haber visto la cinta de Huston en el momento de su estreno y haber caído bajo el influjo de sus magníficos números musicales (“It’s a Hard-Knock Life”, por ejemplo), de la presencia cómica de Carol Burnett (en “Little Girls” y “Easy Street” especialmente) y del optimismo desbordante de la canción-emblema “Tomorrow”, entonada por Annie (Aileen Quinn, con presencia y voz suficientes) en la mismísima Casa Blanca, con todo y Franklin Delano Roosevelt (Edward Herrmann) y su mujer Eleanor (Lois de Banzie) como entusiastas comparsas políticas.
El porqué Huston fue crucificado en su momento –la crítica, casi de forma unánime, se le fue a yugular por esta cinta- solo puede explicarse por los orígenes políticos del famoso personaje central –Annie fue un emblema conservador, republicano, incluso libertariano-, que el propio director no rehuyó en una escena clave en la que vemos a un ridículo “bolchevique” atacar infructuosamente al multimillonario Oliver Warbucks (Albert Finney, perfecto). La escena, juguetona, francamente auto-paródica, muestra el tono exultante, alegre, desbordado, que Huston impuso a toda la historia.
El manejo del encuadre y el espacio de parte de Huston, el ritmo en el que edita los números musicales y la convicción de los cantantes/bailarines/actores al interpretar sus personajes –agregue a los mencionados a la magnífica bailarina Ann Reinking y a un jovencísimo Tim Curry- volvieron a conquistarme de nuevo, como hace más de 30 años, cuando la vi por vez primera.



Esta re-visión del filme de Huston hizo que la nueva versión me pareciera aún más insoportable. Ninguno de los cambios al musical de 1977 funciona: no las nuevas canciones (que no se quedan en la memoria), no los nuevos arreglos (que hacen irreconocibles las melodías originales) ni, mucho menos, las coreografías (no hay una sola que esté bien montada).
En cuanto al reparto, Jamie Foxx, en el papel del millonario benefactor que ahora se apellida Stacks , demuestra que es un actor de recursos, pero no hay mucho que pueda hacer si no tiene gran voz ni sabe bailar. La nueva Annie, Quvenzhané Wallis, es simpática, pero tampoco tiene la voz necesaria para las exigencias del papel.
Con todo, es Cameron Díaz quien lleva la peor parte: es imposible borrar de la memoria el trabajo que Carol Burnett realizara con ese mismo papel en el mencionado filme de 1982. Aquella mujer sabía cantar, bailar y hacer reír. Cameron logra, más bien, que sintamos pena ajena. 

lunes, 26 de enero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXII



Whiplash: Música y Obsesión (Whiplash, EU, 2014), de Damien Chazelle. Para acabar pronto, mi cinta favorita del 2014, como lo apunté por acá, en mi top-14 del 2014. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Annie (Ídem, EU, 2014), de Will Gluck. Un desastre esta nueva versión del musical setentero. Esos que tanto jodieron (injustamente) a John Huston por su cinta ochentera, deberían ver en loop infinito esta basura del 2014. Mi crítica, en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Ilo Ilo (Ídem, Singapur, 2013), de Anthony Chen. Una de las mejores operas primas que vi el año pasado. Mi crítica, in extenso, por acá.

Érase una Vez Yo, Verónica (Era uma Vez Eu, Veronica, Brasil-Francia, 2012), de Marcelo Gomes. Exhibida hace tiempo en algún Foro de la Cineteca, ha vuelto en modesto estreno "cultural" el tercer largometraje de Gomes. Mi crítica, por acá

Pasión: un Asesinato Perfecto (Passion, Alemania-Francia, 2012), de Brian De Palma. Aunque se trata de un remake de Crime d'Amour (Corneau, 2010), en realidad el más reciente thriller de De Palma parece un greatest-hits de su propio cine de los años 80. Un ejercicio muy menor que se sale de madre hacia el final pero, aún así, compulsivamente palomero. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado

Despertar el Polvo (México, 2012), de Hari Sama. Meritorio thriller urbano de Sama del cual ya escribí largo y tendido por acá.

Entre Sombras (México, 2012), de Tony Wakefield. Con varios años de retraso se estrena finalmente esta curiosidad, que se mueve entre el melodrama y el thriller sobrenatural. El arquitecto Eric (el ubicuo Rául Méndez) se enamora de la diseñadora Marisol (Patricia Garza), con quien termina casándose. La muchacha tiene una extraña cicatriz en el tórax que señala un secreto familiar desconocido incluso para ella. Cuando Marisol espere su primer hijo, un accidente provocará un cambio radical en la, hasta ese momento, apacible vida matrimonial de ella y Eric.
La estructura narrativa del filme -el guión es del mismo cineasta debutante Wakefield- es fragmentaria y retrospectiva: Eric, en el presente, viaja por la carretera del sur del país, mientras los recuerdos lo acorralan. En el camino, se encuentra con un misterioso hombre (Salvador Sánchez) que se dice "especialista en viajes", lo que nos remite de inmediato a una fórmula sobrenatural, con todo y vuelta de tuerca sorpresiva al estilo Shyamalan (El Sexto Sentido, 1999). 
La película está competentemente realizada -cámara de Juan José Saravia, edición de Jorge García-, aunque la historia escrita por el director Wakefield deja huecos regados por doquier, la película no es inmune a los clichés romanticoides -beso bajo la lluvia incluido- y el desenlace, más que sorpresivo, resulta más bien abrupto. De todas formas, aguanta el palomazo de fin de semana. 



viernes, 23 de enero de 2015

El Gran Hotel Budapest




Ante el re-estreno de El Gran Hotel Budapest, va el rescate de lo que escribí de esta cinta el año pasado:


Con El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, EU-Alemania, 2013), su octavo largometraje, el irrefutable autor fílmico americano Wes Anderson (Tres Son Multitud/1998, Los Excéntricos Tennenbaums/2001, El Fantástico Sr. Zorro/2012) ha logrado una de sus cintas más logradas, acaso la mejor de todas hasta el momento, tanto por su maniática puesta en imágenes como por su juguetona estructura narrativa como de muñeca rusa.
Estamos en la ficticia República de Zubrokva, en el este o centro de Europa. Una muchacha lee un libro, “El Gran Hotel Budapest”, frente al busto de su autor, a quien luego vemos, interpretado por Tom Wilkinson, contar frente a la cámara cómo llegó a escribir esa novela. Así, de 1985 –y con el encuadre en formato 1.85:1- pasamos a 1968 –formato sesentero de 2.35:1- en el que vemos al joven escritor (Jude Law) hospedarse en el ya decrépito Gran Hotel Budapest, en donde conoce al anciano dueño, Zero Moustafa (F.  Murray Abraham), quien le platica cómo llegó a heredar el hotel, a pesar de haber entrado a trabajar como botones (Tony Revolori) en 1932 –ahora el formato es el académico, de 1.33:1-, siempre a las órdenes del concierge Monsieur Gustave (antológico Ralph Fiennes).
La trama en forma de muñeca rusa -una historia dentro de otra historia dentro de otra historia- va avanzando a través de la acumulación de una serie de anécdotas encantadoramente cómicas/ridículas/románticas –las actividades de gigoló de Monsieur Gustave, el hurto de cierto cuadro valiosísimo, el hilarante escape de la cárcel, la sublime historia de amor entre el joven Zero y su ingenua enamorada (Saoirse Ronan)-, todas ellas hilvanas por el irresistible personaje protagónico, ese Monsieur Gustave tan sofisticado como vulgar, tan honesto como cínico, tan valiente como insensato.
El carácter con el que es definido Monsieur Gustave en un inicio por el viejo Señor Moustafa –“Su mundo había desaparecido antes de que él llegara, pero él mantuvo la ilusión con una singular gracia”- podría aplicarse a la película misma y a su hacedor, Wes Anderson. Y es que estamos ante  una radical cinta de autor producida en el interior de la gran maquinaria hollwyoodense, ubicada en una época y centrada en un tema poco o nada populares: la Europa de entreguerras, en pleno ascenso del fascismo.
Anderson, a través de El Gran Hotel Budapest, demuestra que se puede seguir realizando en Hollywood un cine como él lo hace, preocupado por las formas fílmicas más artificiales posibles –esa puesta en imágenes basada en travellings laterales, esos paneos de precisión keatoniana, esos encuadres barrocos de estilo tableau-, sin dejar de ofrecer, entre tanta sofisticación visual, una insensata, valiente y apasionada defensa de lo que es correcto, de lo que es decente, de lo que es valioso, tal como lo haría el mismo Monsieur Gustave. 
Así como Monsieur Gustave se coloca del lado de la amistad, el amor o la belleza, Anderson defiende el cine –mejor dicho: su cine- como el último bastión de una forma de trabajar que parece estar en retirada. Aunque, claro, mientras existan autores como Anderson, la ilusión se podrá sostener “con singular gracia”.

jueves, 22 de enero de 2015

Érase una Vez Yo, Verónica



Exhibida hace más de un año en la 55 Muestra Internacional de Cine, ha vuelto a la Cineteca Nacional Érase una Vez Yo, Verónica (Era Uma Vez Eu, Verônica, Brasil-Francia, 2012), tercer largometraje de Marcelo Gomes (espléndida opera prima Cine, Aspirinas y Buitres/2005, El Hombre de las Multitudes/2013 codirigida con Cao Guimaraes, ambas cintas inéditas comercialmente en México).
La Verónica del título (Hermila Guedes) es una joven doctora que acaba de empezar a trabajar en un hospital psiquiátrico público aunque su chamba no parece ofrecerle demasiadas satisfacciones. Tampoco la relación que tiene con su amable novio Gustavo (Joao Miguel), con quien hace el amor, aunque no está dispuesta a comprometerse más allá de eso. De hecho, vemos cómo la muchacha se entrega sexualmente a completos extraños con un abandono digno de mejor causa. La única persona a la que le interesa Verónica es su avejentado padre (W. J. Solha, el casateniente de Sonidos Vecinos/Mendonca Filho/2011), que desearía ver a su hija feliz en un mejor trabajo y feliz con un novio o, mejor aún, con un marido. Es decir, feliz con su vida.
De hecho, la relación padre-hija es la única que parece tener sentido en todo el filme. De alguna manera, la preocupación del padre por la hija y la devoción de la hija por el papá nos remiten, inevitablemente, a las últimas películas de Ozu, como Una Tarde de Otoño (1962), en la que un viejo padre viudo busca que su hija no sacrifique su juventud por él.
Gomes  no está interesado, por supuesto, en este tipo de melodramas sino en transmitir una suerte de ennui existencial. La vida no parece tener demasiado sentido para esta mujer que si no tiene todo, bien podría tenerlo. El problema es que no está interesada.
Es cierto, la opacidad narrativa domina en la forma en la que se suceden los acontecimientos, pero Gomes nos ofrece, en contraste, una puesta en imágenes rica en sensualidad visual y sonora gracias a la foto de Mauro Pinheiro y el diseño sonoro de Waldir Xavier. 

martes, 20 de enero de 2015

Foxcatcher



Hay una escena en Foxcatcher (Ídem, EU, 2014), cuarto largometraje de Bennett Miller (Capote/2005, El Juego de la Fortuna/2011), en el que este opaco filme parece deslizarse hacia la comedia. Se trata del momento en el que el tieso multimillonario John E. Du Pont (Steve Carrell, irreconocible) le informa a su protegido/coleccionado luchador y medallista olímpico Mark Schultz (Channing Tatum, perfectamente inarticulado y reprimido) que cuando él se dirija a Du Pont le puede decir "águila", "águila dorada" o simplemente "John". Cuando Carrell termina de decir su línea uno empieza a reírse, pero el rostro del actor y el tono de su voz impide que soltemos la carcajada: la escena termina resultando, como toda la película misma, entre patética, extraña y siniestra.
El guión escrito por E. Max Frye y Dan Futterman está basado en el caso real que involucró al mencionado magnate químico Du Pont y a los hermanos Schultz, Dave (Mark Ruffalo) y Mark, quienes ganaron sendas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Cierto día, a mediados de los 80, Du Pont manda llamar al solitario y soltero Mark a su enorme hacienda en Pennsylvania -la Foxcatcher del título- para proponerle convertirse en su Mecenas deportivo. El multimillonario construye un lujoso gimnasio, derrocha cantidades enormes de dinero y, aunque le cuesta tiempo y esfuerzo, logra atraer al hermano mayor de Mark, el casado y con hijos Dave, a quien convierte en el entrenador de su "equipo Foxcatcher". El experimento terminará en una tragedia que no apuntaré aquí, aunque el caso fue lo suficientemente famoso como para merecer reportajes, libros y programas televisivos en su momento, hacia mediados de los años 90.
Antes mencioné el adjetivo "opaco" refiriéndome a esta cinta. En efecto, aunque los acontecimientos se nos presentan con una claridad meridiana -incluso aparecen las consabidas fechas en la pantalla para que no nos perdamos en la progresión temporal de la cinta-, las motivaciones de los personajes permanecen en la oscuridad, si acaso sugeridas por la torpeza social de Mark, los avergonzados silencios de Dave o los patéticos intentos de Du Pont por ganarse la aprobación de su silenciosa madre provecta (Vanessa Redgrave, nada menos).
En las tres cintas de ficción dirigidas hasta el momento por Miller, es posible identificar constantes muy claras. Como en Capote, he aquí alguien privilegiado, no por su intelecto pero sí por su poder y su dinero, que vampiriza a alguien más que se encuentra en una posición vulnerable. Como en El Juego de la Fortuna, tenemos aquí a un personaje que en busca del sueño americano por excelencia -alcanzar el triunfo- es capaz de arriesgar todo lo que tiene a su alcance: Du Pont tiene que ganar, aunque sea a través de otros. 
Miller ha realizado una cinta extraña e inquietante, que se mueve entre el drama deportivo y el thriller psicológico, entre el homoerotismo reprimido y la biopic del magnate traumatizado, entre un Ciudadano Kane (Welles, 1941) contemporáneo que agrega a su colección personal a unos luchadores -tal como Charles Forster Kane se compraba su periódico- y la desazonante crónica olímpica -¿una anti-Carros de Fuego (Hudson, 1981)?- que muestra cómo los más limpios deportistas pueden terminar corrompidos y hundidos por el cochino dinero. Como el sueño americano mismo.

lunes, 19 de enero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXI



Foxcatcher (Ídem, EU, 2014), de Bennett Miller. El cuarto largometraje del consolidado Bennett Miller es un inquietante filme que se mueve entre el drama deportivo y el thriller psicológico. Un multimillonario frustrado -Steve Carrell, irreconocible- "adopta" en más de un sentido a un joven campeón olímpico de lucha (Channing Tatum, injustamente ninguneado en el Oscar 2015) en su enorme finca con el fin de vampirizar sus pasados triunfos y ser parte de sus futuros éxitos. Escribiré largo y tendido de esta cinta en los próximos días. 

Alma Salvaje (Wild, EU, 2014), de Jean-Marc Vallée. Un vehículo de lucimiento para la actriz y productora Reese Whiterspoon que, si acaso, vale la pena revisarse por el notable trabajo de la siempre confiable Laura Dern en el papel de la amorosa madre de Whiterspoon. 
La exLegalmente Rubia (Luketic 2001) encarna a una mujer que, después de perder a su mamá por un cáncer fulminante, fracasar en su matrimonio, perderse entre la heroína y la promiscuidad sexual, decide encontrarse a sí misma caminando más de 1,7000 km por "el sendero del Pacífico", es decir, desde la frontera con México hasta Canadá. El periplo a pata lo realizó esa mujer en poco más de tres meses y en el trayecto se encontró a sí misma lo que, además, le sirvió para escribir el libro en el que está basado este filme. 
El director Vallée y su co-editor Martin Pensa intercalan el difícil pasado existencial de la protagonista mientras la vemos lidiar con los problemas cotidianos de caminar por senderos solitarios, dormir a la intemperie, comer alimentos crudos, perder una uña y encontrarse con una variedad de personas que, en general, resultan ser bastante amigables. 
Todo esto debe resultarle interesante a mucha gente, supongo. Yo no le pude encontrar gran chiste. Problema mío, sin duda. 

viernes, 16 de enero de 2015

El evagelio del 2014... según ustedes/XVIII



Finalmente, después de casi un centenar de votos, haiga sido como haiga sido, el top-5 de los lectores de este blog es el siguiente:



3. Birdman (o la Inesperada Virtud de la Ignorancia)

4. El Gran Hotel Budapest

martes, 13 de enero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXX



Mommy (Ídem, Canadá, 2014), de Xavier Dolan. La ganadora del Premio del Jurado -ex-aqueo con Adiós al Lenguaje (Godard, 2014)- en Cannes 2014 es un melodrama desatado acerca de una madre viuda y con problemas económicos que, además, tiene que lidiar con su insoportable e incontrolable chamaco de 16 años que padece de hiperactividad y que disfruta desafiando toda forma de autoridad posible.
La película la vi hace apenas unos días, en Palm Springs 2015 y el jurado del que formé parte decidió otorgarle el premio a la Mejor Actriz a la impresionante Anne Dorval por el papel de esta locochona mamá insumergible. En este terreno, en efecto, no hay mucho qué discutir.
El resto del filme no me entusiasmó tanto como a muchos otros colegas, aunque es innegable que Dolan sabe hacer cine y juega con él para lograr los efectos precisos que desea, como en esa ya célebre escena en la que el ingobernable adolescente (Antoine-Olivier Pilon) abre con sus manos el encuadre, de tal forma que la imagen pasa de ser mostrada en 1:1 a 1.85:1. En estos momentos, Dolan parece niño con juguete nuevo. Pero un niño talentoso, sin duda.

La Teoría del Todo (The Theory of Everything, GB, 2014), de James Marsh. Un Oscar-bait que no oculta ser solamente eso. Impecablemente producida, muy bien actuada -por Eddie Redmayne como Stephen Hawking, pero mejor por Felicity Jones en el papel de su devota esposa Jane-, y muy poco más. Estará nominada y ganará una que otra estatuilla, que para eso fue hecha. Mi crítica en el Primera Fila del pasado viernes de Reforma.

lunes, 12 de enero de 2015

El evangelio del 2014... según Cinéphiles-CineFiles/XVII



Ha quedado liberada, finalmente, la octava entrega de Cinéphiles-CineFiles, una recopilación de listas de lo mejor del año pergueñadas por un grupo de cinéfilos, convocados por Dan Campos. Por acá está la entrada al blog de Dan, Churros y Palomitas, y ahí mismo puede usted leer y descargar el documento. 
¿Qué cuál cinta fue las más mencionada en las veintitantas listas? Por la foto de esta entrada, ya sabrá usted cuál fue. 

domingo, 11 de enero de 2015

Palm Springs 2015... en un vistazo




Terminó Palm Springs 2015, donde formé parte del jurado FIPRESCI, encargado de nombrar la Mejor Película -además de Mejor Actor y Mejor Actriz- entre los filmes enviados a la Academia gringa para competir por el Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero. Para cerrar, va la lista de lo que vi del festival, en orden de preferencia. Como de costumbre, las calificaciones positivas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces.



Whiplash: Música y Obsesión (Whiplash, EU, 2014), de Damian Chazelle. Talking Pictures: ****

Gett (Israel-Alemania-Francia, 2014), de Roni Elkabetz y Schlomi Elkabetz. Awards Buzz: *** 1/4

Conducta (Cuba, 2014), de Ernesto Daranas. Awards Buzz y Cine Latino: ***

Ida (Ídem, Polonia-Dinamarca, 2013), de Pawel Pawlikowski. Awards Buzz y Another Europe: ***

Nubes de María (Sils Maria, Francia-Suiza-Alemania, 2014), de Olivier Assayas. Modern Masters: ***

Güeros (México, 2014), de Alonso Ruizpalacios. Cine Latino, Breaking Waves y World Cinema Now: ***

Sueño de Invierno (Kis Uykusu, Turquía-Francia-Alemania, 2014), de Nuri Bilge Ceylan. Awards Buzz: ***

Fuerza Mayor (Force Majeur, Suecia-Francia-Dinamarca-Noruega, 2014), de Ruben Östlund. Awards Buzz y Breaking Waves: ***

Dos Días, una Noche (Deux jours, une Nuit, Bélgica-Francia-Italia, 2014), de Jean-Pierre y Luc Dardenne. Awards Buzz: ***

Matar un Hombre (Chile-Francia, 2014), de Alejandro Fernández. Awards Buzz y Cine Latino: ***

Nicije Dete (Serbia-Croacia, 2014), de Vuk Rsumovic. New Voices/New Visions: ***

Leviatán (Leviafan, Rusia, 2014), de Andrey Zvyagintsev. Awards Buzz: ***

Mommy (Ídem, Canadá, 2014), de Xavier Dolan. Awards Buzz: ***

Timbuktu (Francia-Mauritania, 2014), de Abderrahmane Sissako. Awards Buzz: ** 1/2

Simindis Kundzuli (Georgia-Alemania-Francia-República Checa-Kazajastán-Hungría, 2014), de George Ovashvili. Awards Buzz y Another Europe: ** 1/2

Emrouz (Irán, 2014), de Reza Mirkarimi. Awards Buzz: ** 1/2

Charlie's Country (Australia, 2013), de Rolf de Heer. Awards Buzz: ** 1/2

Relatos Salvajes (Argentina-España, 2014), de Damián Szifrón. Awards Buzz, Cine Latino y Breaking Waves: ** 1/2

Las Horas Contigo (México, 2014), de Catalina Aguilar Mastretta. Cine Latino y World Cinema Now: **

Gente de Bien (Colombia-Francia, 2014), de Francisco Lolli. Cine Latino y World Cinema Now: **

Ciencias Naturales (Argentina-Francia, 2014), de Mattias Lucchesi. Cine Latino y World Cinema Now: ** 

Hoje eu quero voltar sozinho (Brasil, 2014), de Daniel Ribeiro. Awards Buzz y Cine Latino: **

Still Alice (EU, 2014), de Richard Glatzer y Wash Westmoreland. World Cinema Now: **

Il Capitale Umano (Italia-Francia, 2013), de Paolo Virzi. Awards Buzz: **

Rocks in My Pockets (Letonia-EU, 2014), de Signe Baumane. Awards Buzz y Another Europe: ** 1/2

La Dictadura Perfecta (México, 2014), de Luis Estrada. Cine Latino, Breaking Waves y Modern Masters: ** 

Mandariinid (Estonia-Georgia, 2013), de Zaza Urushadse. Awards Buzz y Another Europe: **

Câinele Japonez (Rumania, 2013), de Tudor Cristian Jurgie. Awards Buzz y Another Europe: **

Dukhtar (Paquistán, 2014), de Afia Nathaniel. Awards Buzz: **

P'tit Quinquin (Francia, 2014), de Bruno Dumont. Modern Masters: * 3/4

La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano, Cine Latino y World Cinema Now: * 3/4

1001 Gram (Noruega-Alemania, 2014), de Bent Hamer. Awards Buzz: * 3/4

La Teoría de Todo (The Theory of Everything, GB, 2014), de James Marsh. Talking Pictures: *1/2

Dólares de Arena (México-República Dominicana-Argentina, 2014), de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán. Cine Latino y The Gay!: La Hers: * 

Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados (España, 2013), de David Trueba. Awards Buzz: *

Die Geliebten Schwester (Alemania-Suiza-Australia, 2014), de Dominik Graf. Awards Buzz: +

En el Último Trago (México, 2014), de Jack Zagha Kababie. Cine Latino y World Cinema Now: +

sábado, 10 de enero de 2015

Palm Springs 2015/IV



Aunque Palm Springs 2015 terminará hasta el próximo lunes, cuando se exhibirán todas las cintas premiadas -"The Best of the Fest", le llaman a ese último día-, nuestra labor terminó el día de hoy, con la entrega de los premios FIPRESCI a Mejor Película, Mejor Actor y Mejor Actriz, entre las cintas que las distintas academias de cine de todo el mundo enviaron a Hollywood para competir por el Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero.
No voy a hacer una crónica de la deliberación que tuvimos mis colegas y yo -la británica-israelí radicada en Los Ángeles Ella Taylor y el crítico polaco Michal Oleszczyk-; baste subrayar que la discusión fue muy tersa y muy rápida. Vamos, ni a discusión llegó.
Le otorgamos el FIPRESCI a Mejor Actriz a Anne Dorval, quien está adecuadamente desatada en el papel de la locochona e irrefrenable madre perpetuamente emproblemada de Mommy, cinta que se acaba de estrenar este fin de semana en México. En el papel de esta guapa mujer, atrapada por su amor a un hijo imposible de educar (Antoine Olivier Pilon) y más atrapada aún por el encuadre 1:1 con el que trabaja el cinefotógrafo André Turpin durante casi toda la película, Dorval logra una interpretación que fue imposible de obviar. 
El premio a Mejor Actor recayó en Haluk Bilginer, el insoportable protagonista de Sueño de Invierno, de Nuri Bilge Ceylan. Una de las escenas que más se quedaron en mi memoria de este filme tiene que ver, de hecho, con la actuación de Bilginer: se trata del largo y penoso enfrentamiento verbal entre su personaje, Aydin, y su hermana, quien se encuentra atrás de él, en un sillón, mientras el tipo está frente a su escritorio, tratando de escribir algo. Uno puede ver reflejada en esa larga toma sin cortes la creciente molestia de Aydin ante lo que considera impertinencias de su claridosa hermanita. Bilginer actúa de forma notable cuando tiene que hablar -y lo hace muy seguido en la película-, pero también cuando solamente lo vemos escuchar -y también lo hace continuamente en el filme.
En cuanto a la selección de la Mejor Película, Leviatán, de Andrey Zvyagintsev, no hubo necesidad de discutir mucho: la elección fue casi natural. La historia de un pobre diablo (Aleksey Serebryakov) que busca la ayuda de un antiguo compañero de armas que es ahora abogado (Vladimir Vdovichenko) para enfrentar a un corrupto alcalde del norte de Rusia (formidable Roman Madyanov) nos muestra un descarnado retrato de la Rusia de Putin, cuya jeta, colgada de la pared, aparece en una escena clave del filme, por cierto. 
Concentrado como estuve en ver el cine que tenía que evaluar, apenas si pude ver algunas otras cintas de otras secciones. La que sí pude ver, por fortuna, es Nicije Date, que ganó el premio de New Voices/New Visions. Como lo apunté aquí mismo hace días, era obvio que solo una obra maestra podría haberle ganado a esta sólida opera prima sobre un niño salvaje criado entre lobos y "educado" en la Yugoslavia de pocos años antes de la guerra civil.
Ya había visto muchas de las cintas de la sección de Cine Latino -patrocinada por el Festival de Guadalajara, por cierto-, pero no conozco la cinta ganadora, la vasca Loreak, de Jon Garaño y José María Goenaga, de quien ya vimos En 80 Días. En todo caso, seguramente Loreak será programada en Guadalajara 2015. 
Y así terminamos con Palm Springs 2015. Próxima parada festivalera, FICUNAM. Y luego, Guadalajara, Y luego... Uff...

viernes, 9 de enero de 2015

Y la ganadora del 2014 será...



Con Mapa a las Estrellas, votada por los lectores del blog como la película de diciembre, ya tenemos las 12 cintas para iniciar la votación: una multipremiada cinta mexicana (La Jaula de Oro), la ganadora del Oscar al Idioma Extranjero (La Gran Belleza), un par de buenos blockbusters hollwyoodenses (El Planeta de los Simios: Confrontación y Perdida), la ganadora en Cannes 2013 (La Vida de Adèle), y varias películas de autor (El Lobo de Wall StreetSe Levanta el Viento, El Gran Hotel Budapest, Tom en el Granero, Birdman y la ya mencionada Mapa a las Estrellas), además de un notable documental: Las Historias que Contamos. Una docena magnífica, tengo que reconocer.
En la columna de la derecha del blog, puede usted votar por su cinta favorita. Los resultados, en una semana. 

jueves, 8 de enero de 2015

Palm Springs 2015/III



El Festival de Palm Springs me ha hecho recordar, mutatis mutandi, al Festival de Morelia. Como en el festival michoacano, las sedes y hoteles más importantes están a unos cuantos minutos de camino y si hay alguna función en otra parte más alejada, hay transportación constante y gratuita. Eso sí, en lo que le gana Palm Springs a Morelia -y, de hecho, a todos los festivales a los que he asistido- es que se trata de una sede particularmente amable. No me refiero a los organizadores y al staff de voluntarios -que son tan amables como eficientes- sino a la sede en sí: a la ciudad y a su gente.
Palm Springs, California, es un pueblito bicicletero habitado por gente de la tercera edad que se lleva saludándote por donde quiera que vayas. Hasta donde sé, no hay mucho que hacer por aquí -turismo en la montaña, pasear por ahí para ver casas de gente famosa y párele de contar-, así que el festival es una de las actividades centrales de la ciudad, sino es que es la más importante. Eso explica que, por lo menos a las pocas funciones de público a las que he asistido, las salas estén repletas, aunque no creo haber visto -entre el público, quiero decir- a nadie más joven que yo. 
Pero, bueno, cut the crap, como dicen acá en el gabacho: a escribir de cine. Si no, al rato voy a dedicarme a hacer guías turísticas-festivaleras y a quejarme porque no me sirven comida suficiente en el hospitality o porque las uvas que sirvieron en el desayuno tenían muchas semillitas. 
Precisamente en una función de público repleta de gente de la tercera edad vi Still Alice (EU, 2014), la película que, pronosticó David Thomson en The New Republic hace un par de meses, le hará ganar otra nominación al Oscar a Julianne Moore. Puede ser: por esta actuación, Moore ya ha ganado varios premios y la nominación respectiva del Sindicato de Actores, lo que aumenta las probabilidades de un justo reconocimiento.
Si sucede así, creo que sería la única nominación que tendría este filme que, por lo demás, es una especie de "película de la enfermedad de la semana" producida por Hallmark Entertainment, solo que con una actriz protagónica a la que terminas creyéndole todo. 
Alice Howland (Moore) es una destacada profesora de lingüística en Columbia University, autora de libros de textos, conferencista en donde la solicitan, profesora invitada por aquí y por allá. Un día, en medio de la clase, olvida una palabra frente a todos sus alumnos. Otro día, corriendo por la Universidad, voltea a ver los edificios como si no supiera en dónde está. En la cena de Navidad, saluda por segunda ocasión a la nueva novia de su hijo, como si no se la hubieran presentado unos minutos antes.
Lo que tiene esta brillante y articulada mujer es el peor Alzheimer: uno que ataca mucho antes de llegar a la tercera edad y que, por lo mismo, avanza más rápido y de manera más implacable. Más aún: el Alzheimer, le dice su médico, suele ser más rudo con personas más educadas e intelectualmente más sofisticadas como ella. Alice, pues tiene todas las de perder y, en efecto, ella sabe que va a perder todo: sus recuerdos, su dignidad, su relación con su marido (Alec Baldwin), con sus tres hijos, con sus recién llegados nietos.
Ya sabrá usted: lágrimas abundan, especialmente en una escena notable en la que Alice va a dar una conferencia -la última que puede dar- frente a pacientes de Alzheimer y familiares de ellos. El discurso pega en el blanco -los guionistas-cineastas Richard Glatzer y Wash Westmoreland lo escribieron bien, quiero decir-, pero la voz, la mirada, los gestos, las manos de la Moore diciéndolo terminan provocando un nudo en la garganta. Pregunta retórica: ¿habrá otra actriz de su generación que llore mejor y haga llorar mejor que Julianne Moore?

martes, 6 de enero de 2015

Palm Springs 2015/II



Seguramente no podré ver toda la competencia de la sección New Voices/New Visions de Palm Springs 2015, conformada por diez operas primas provenientes de distintas partes del mundo y sin distribución comercial en Estados Unidos, pero no exagero al decir que, sin ver el resto de la competencia, una seria contendiente tiene que ser la película serbo-croata Nicije Dete (Serbia-Croacia, 2014), debut del experimentado guionista Vuk Rsumovic, película que ya fue premiada en Venecia 2014: Mejor Guión y Premio del Público en la sección de la Semana de la Crítica, además del FIPRESCI de esa misma sección. 
Aparentemente basada en hechos reales -eso es lo que dice una leyenda inicial-, la cinta nos ubica en algún pueblo de Bosnia en la primavera de 1988, unos años antes de la devastadora guerra civil en Yugoslavia. Unos cazadores se encuentran con un niño desnudo que, se entiende, ha sido criado entre y por los lobos del bosque. El niño, que no habla sino gruñe y camina en cuatro patas como lobo, es llevado a la ciudad, en donde una empleada lo bautiza, así nomás, con el nombre bosnio de Haris Pucurica. A los días, Haris es enviado a un orfanato en Belgrado, en donde el niño-lobo se encuentra lo mismo con las burlas y aullidos de sus compañeros, que con la insólita solidaridad del explotado y abandonado adolescente Zika (Pavle Cemerikic) y la rígida protección del encargado del sitio, Ilke (Milos Timotijevic). Ahí, en ese lugar, Haris poco a poco aprenderá lo bueno que tiene que ofrecerle la civilización -la voz, la palabra-, pero también atisbará, qué remedio, todo lo malo. 
Contada así, la historia escrita por el propio cineasta debutante Rsumovic suena previsiblemente didáctica. Y algo hay de ello, en efecto. La parábola es transparente: un niño salvaje es separado de su manada de lobos y se ve obligado a aprender las formas de comportamiento en otra manada muy distinta -el orfanato- y, después, en otra manada muy diferente y más peligrosa: el ejército. Sin embargo, más allá de esta obviedad -y de algún gratutito giro argumental que hace que la película se deslice en algún momento hacia el tremendismo-, lo cierto es que Nicije Dete termina siendo una película más que notable: el primer buen filme que veo en el año.
La primera razón es la actuación del jovencito Denis Muric en el papel de Haris: uno tiene que ver para creer la impresionante interpretación física de este chamaco de ¿10-12 años de edad?, que en la primera hora se comporta como un auténtico animal salvaje: gruñe, muerde, salta, come, chilla, aúlla y se divierte bajo la lluvia como lo que (cree que) es: un lobo. Luego, durante la segunda parte de la película, vemos su creciente asombro ante la civilización que lo rodea con todo y sus objetos mágicos (una canica, unas sombras chinescas), su frustración al no poder entender por completo el misterioso comportamiento humano y su lenta transformación en un adolescente confundido por partida doble, por venir de dónde vino y por ser un adolescente huérfano en medio de una guerra. 
La segunda razón tiene que ver con la segura realización del debutante Rsumovic y la seca edición elíptica de Mirko Bojovic: a excepción del ya mencionado giro argumental más bien inútil, el director serbio y su montajista evitan caer en las obviedades dramáticas. En más de una ocasión, la escena es cortada sin que sepamos en qué continuó todo, qué hicieron esos personajes, de qué hablaron, qué se dijeron. Es una decisión inteligente en más de un sentido: hace avanzar la historia cortando cualquier atisbo de sentimentalismo ramplón y, además, deja al espectador con la responsabilidad de ir llenando todos los huecos. E, incluso, en el desenlace, de imaginarse un final, si no feliz, por lo menos no trágico para Haris. 

lunes, 5 de enero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIX



Boyhood: Momentos de una Vida (Boyhood, EU, 2014), de Richard Linklater. Los 165 minutos de duración de esta cinta, filmada a lo largo de más de una década -de los 5 a los 18 años del actor protagónico, Ellar Coltrane- se van como agua. No pasa nada especialmente emocionante, sino el flujo de la vida misma. Aunque Coltrane es un actor un tanto opaco, Patricia Arquette, como la luchona y emproblemada mamá, y Ethan Hawke, como el extrovertido e inquieto papá, son la mayor fortaleza de la cinta. El hecho de seguir de manera natural el crecimiento de Coltrane y el envejecimiento de Arquette y Hawke -los kilos de más de ella, los kilos de menos de él- es un gimmick, por supuesto, pero es mucho más que un gimmick. De alguna manera, la película termina siendo no solo una notable pieza de ficción, sino una suerte de documental sobre el avance del tiempo en el rostro y el cuerpo de sus actores.

Gloria (México, 2014), de Christian Keller. Entre la vulgaridad asumida de un Showgirls (Verhoeven, 1995) y los clichés melodramáticos del típico women's film, esta dispareja pero siempre visible biopic de Gloria Trevi brilla en sus momentos musicales y cada vez que Sofía Espinoza está en la pantalla. O sea, casi siempre. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado.

Corazones de Hierro (Fury, EU-GB-China, 2014), de David Ayer. Estamos en abril de 1945, en tierras alemanas, a unas semanas de la rendición del ejército hitleriano que, de todas formas, sigue luchando ya en actitud suicida. Un quinteto de soldados liderados por el duro y eficaz sargento Collier (Brad Pitt) avanza en un tanque Sherman apodado “Fury”, el título en inglés de la cinta.
Ayer se muestra perfectamente apto para dirigir esta violenta, emocionante y muy emotiva cinta bélica con un reparto de primer nivel en el que destaca, además de Pitt, el jovencito Logan Lerman en el papel de un taquígrafo enviado al frente. La curva de aprendizaje de este muchachito en pleno fragor de la guerra resultará ser el corazón dramático del filme. 

sábado, 3 de enero de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVI, CCLXVII y CCLXVIII



Más bien, sé lo que viste el mes de diciembre pasado. Lo cierto es que entre la recopilación de las listas de lo mejor del año, la cantidad de filmes pendientes que vi en las últimas semanas y la veintena de películas de Palm Springs 20015 que revisé en estos días, no había podido dar cuenta de los estrenos de las últimas tres semanas de diciembre. Así que, de un tirón, va la revisada:

Milagro en Praga (México-República Checa-Eslovaquia, 2013), de Lenka Kny. Una amable película romántica y doblemente turística: entre las bondades de un México mágico existente solo en este tipo de cintas y una Praga como mero pretexto para el cruce de varias vidas y un final previsiblemente feliz. Aislinn Derbez se ve simpática y, aparentemente, aprendió a haber en checo. Mi crítica en el Primera Fila del viernes 12 de diciembre.

Mapa a las Estrellas (Maps to the Stars, EU-Canadá-Alemania-Francia, 2014), de David Cronenberg. La primera cinta de Cronenberg filmada en Hollywood es una excéntrica sátira antihollywoodense en la que una misteriosa jovencita con el rostro quemado (Mia Wasikowska) llega a la Meca del Cine para convertirse en asistente de cierta avejentada actriz en decadencia (Julianne Moore, Mejor Actriz en Cannes 2014). Muy pronto, esta historia se cruzará con la de una estrellita adolescente tipo Macaulay Culkin (Evan Bird), su mamá controladora (Olivia Williams) y su papá felizólogo (John Cusack). Estamos muy lejos de lo mejor en la obra de Croneneberg, pero es cierto que la cinta nunca deja de ser compulsivamente visible en su descarnado muestrario de las locuras y miserias hollywoodenses. 

Los Guardianes (The Gatekeepers, Israel, 2012), de Dror Moreh. Uno de los mejores documentales que vi en el 2013 y del cual escribí largo y tendido por acá

La Mañana No Comienza Aquí (México, 2014), de Iván Ávila Dueñas. En su cuarto largometraje, Ávila Dueñas continúa trabajando en una de sus constantes temáticas y estéticas: la crónica de vidas aparentemente disímbolas que, sin embargo, están íntimamente conectadas. O, en todo caso, conectadas por el ingenioso montaje de Pedro Jiménez, que muestra que la vida de las dos muchachas protagonistas -una DJ y dibujante que vive en el DF, una chivera que habita en algún ranchito de Zacatecas- no son tan diferentes como uno pensaría, pues sonidos e imágenes nos remiten a una y a otra historia, a uno y a otro espacio. Exhibida en concurso en el FICUNAM 2014, la cinta se estrenó en la Cineteca Nacional.

Sueños de Invierno (Kys Uykusu, Turquía-Francia-Alemania, 2014), de Nuri Belgi Ceylan. La ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2014 es una suerte de fascinante circo de tres pistas (verbales) que, con todo y sus tres horas de duración, no cansa ni aburre. No, por lo menos, a quien esto escribe. De lo mejor del año pasado. Mi crítica en el Primera Fila del viernes 19 de diciembre.

Visitantes (México, 2014), de Acán Coen. El primer largometraje de Coen -autor de esa obrita mayor en formato de cortometraje llamada El Otro Cuarto (2006)- es un palomero filme de horror del cual ya escribí por acá.  

Paraíso: Esperanza (Paradies: Hoffnung, Austria-Alemania-Francia, 2013), de Ulrich Seidl. La última parte de la trilogía Paraíso -después de Paraíso: Amor (2012) y Paraíso: Fe (2012)- está centrada en Melanie (Melanie Lenz), la regordeta adolescente hija de la protagonista del primer filme y sobrina de la protagonista del segundo. La muchacha es enviada a un campamento veraniego con el fin de que adelgace, mientras su madre se va a Kenia (véase el primer filme) y su tía se queda en Viena evangelizando a quien se deje (véase el segundo filme).
Ahí, en ese fascitoide campamento anti-gordura, Melanie se infatuará con el maduro médico del lugar y conocerá la esperanza, sí, pero también la decepción y la frustración amorosas. De los tres filmes, este es el más flojo... ¿será porque es el menos cruel?

La Entrega (The Drop, EU, 2014), de Michaël R. Roskam. El primer filme hollywoodense del belga Roskam es un sólido drama noir basado en una espléndida novelita de Denis Lehane y con dos actuaciones (de Tom Hardy y James Gandolfini) que merecían más atención. Mi crítica en el Primera Fila del viernes 26 de diciembre.

Lo Mejor de Mí (The Best of Me, EU, 2014), de Michael Hoffman. Otra cursilada basada en una novela de Nicholas Sparks. La verdad sea dicha, no tengo nada en contra de la cursilería, siempre y cuando esté realizada con la mínima convicción e interpretada por buenos actores -recuérdese la culposamente lacrimógena Diario de una Pasión (Cassavetes, 2004), sobre otro libro de Sparks-, pero este no es el caso en Lo Mejor de Mí. Además, la vuelta de tuerca del final es una jalada melodramática indigna hasta de El Derecho de Nacer, en cualquiera de sus múltiples versiones. Mi crítica en el Primera Fila del viernes 26 de diciembre.  


viernes, 2 de enero de 2015

Palm Springs 2015/I



El Festival Internacional de Cine de Palm Springs (Palm Springs Film Festival: PSFF) inició en 1990 con el objetivo de homenajear a grandes figuras del cine americano y mundial -en los primeros años se celebró a estrellas de la talla de Lucille Ball, Cyd Charisse, James Stewart, Frank Sinatra, Marcello Mastroianni y Sophia Loren-, pero poco a poco fue evolucionando hacia lo que ahora es: la última parada importante que tiene la maquinaria hollywoodense antes de que la academia gringa anuncie las nominaciones al Oscar del año -en esta ocasión, será el 15 de enero.
Así que en la semana y media que dura el festival -esta vez, del 2 al 12 de enero-, estrellas, cineastas, productores y sus respectivas maquinarias de relaciones públicas, se reunirán, como cada año, con el fin de hacer el mayor ruido posible. Los organizadores de Palm Springs han preparado el escenario a la perfección: en este 2015 habrá, entre muchas otras actividades, reconocimientos especiales a los actores Rosamund Pike, David Oyelowo, J. K. Simmons, Reese Whiterspoon, Julianne Moore, Eddie Redmayne, Steve Carrell y a todo el reparto de The Imitation Game, además de premios a González Iñárritu -como Director del Año- y Richard Linklater (Visionary Award por Boyhood: Momentos de una Vida). Si se fija usted, es más que probable que todos antes los mencionados sean nominados al Oscar 2015 -y alguno de ellos, de hecho, lo ganará.
Hay varias secciones competitivas -una de ficción, otra documental, una llamada New Voices/New Visions con filmes más arriesgados y menos convencionales, además de una de Cine Latino patrocinada por el Festival de Guadalajara- y otra más, la Awards Buzz, conformada por una muestra de las 83 cintas que las distintas academias nacionales enviaron a competir por el Oscar 2015 a Mejor Película en Idioma Extranjero. En esta sección, precisamente, fungiré como jurado al lado de mis colegas de FIPRESCI, la estadounidense Ella Taylor -colaboradora de The New York Times, The Village Voice y NPR.org- y el polaco Michal Oleszczyk -que escribe en varios medios en Polonia, y en Estados Unidos. 
El jurado FIPRESCI tendrá la responsabilidad de otorgar el premio a la Mejor Película, Mejor Actor y Mejor Actriz. Por supuesto, no vamos a ver las 83 cintas mandadas a la competencia: el festival ha programado 50 filmes para su exhibición y de esas, el jurado tendrá que decidir entre 25, los que han sido considerados más sólidos -para alimentar su morbo: Cantinflas, la representante mexicana, no fue programada ni siquiera en el medio centenar a ser exhibido. Con toda justicia, por cierto.
Como dato curioso: desde 2001, cuando la película ganadora fue Amores Perros, en los 13 años que se ha otorgado el Premio FIPRESCI a Mejor Película en Idioma Extranjero en Palm Springs -el 2005, al parecer, no se formó el jurado-, los colegas de FIPRESCI nunca han coincidido con la ganadora del Oscar Extranjero de ese año, lo cual es entendible y, si usted quiere, aplaudible. Sin embargo, en ocho ocasiones algunas de las ganadoras en Palm Springs -sea como Mejor Película, Actor o Actriz- sí ha terminado entre las cinco nominadas al Oscar Extranjero. Ya veremos qué pasa este año. Por lo pronto, en los próximos días, espere por aquí el reporte de lo que vaya viendo en Palm Springs 2015.

jueves, 1 de enero de 2015

Fotogramas 2014




"-¡Aquí están los pinches fotogramas del 2014!"


Escenas, imágenes, sonidos, rostros, actuaciones... Los momentos cinematográficos del año pasado que se quedaron en mi memoria:

*Las mil y unas muertes de Tom Cruise en Al Filo del Mañana, especialmente su atropellamiento: Cruise suena a sandía aplastada. 

*La pelea inicial bajo la lluvia de El Gran Maestro.

*Jennifer Lawrence en American Bullshit. Lo único realmente notable de esa película.

*La cámara planea sobre una fila de escritorios mientras empieza a escucharse en la banda sonora "Hey, Leroy, Your Mamma's Calling You". El festejo en el yate a ritmo de "Hip Hop Hooray". La escena de Matthew McConaughey (usted sabe cuál). La gran actuación física de DiCaprio, poseído por la locura del mejor Jerry Lewis. Por supuesto, todo ello en El Lobo de Wall Street, la película más juvenil hecha por un anciano desde... desde cuando? (Ah, también: mi cameo en la escena final).

*El agridulce desenlace de La Necesidad Especial.

*La larga escena real en el que una orca juega sádicamente -mejor dicho: se venga- de su entrenador humano en Pez Negro.

*El cinismo legaloide del personaje de Matthew McConaughey en El Club de los Desahuciados.

*Otro cinismo: lúcido, transparente, del banquero retirado ¿y arrepentido? de Amo del Universo.

*Joaquin Phoenix en Ella. Y la voz de Scarlett, claro. Y la pegajosa cancioncita hipster también. 

*El viaje a Culiacán en Narco Cultura. Aunque si supieran lo cortos que se quedaron...

*La escena del perdón en Philomena.

*Un grupo de esclavos cantan "Roll Jordan Roll" mientras la cámara se va acercando al rostro de Chiwetel Ejiofor. El mejor momento de 12 Años de Esclavo.

*El paseo triunfal en camionetota hacia el final de Nebraska.

*Los efectos sonoros de El Sobreviviente. No recuerdo haber escuchado disparos tan realistas. Bueno, ahora que me acuerdo, sí, pero esa es otra historia...

*La escena de las escaleras en Viaje al Oeste. Y Lavant siguiendo a Kang-sheng Lee.

*La puesta en imágenes de Costa da Morte. Tan lejos de la acción, tan cerca de ella.

*La banda sonora de Los Hámsters. "Es pura cura": la linea final de la película.

*Los diálogos, inteligentes sin dejar de ser nunca melodramáticos, de Las Horas Contigo.

*Leandra Leal en Un Lobo en la Puerta.

*Óscar Janeada en Cantinflas, especialmente en los minutos iniciales. Ojalá hubiera estado en una película a la altura de su actuación.

*Los créditos finales de Familia Gang. Si realmente de eso hubiera tratado esa fallida narco-comedia...

*Los arduos trabajos del protagonista de Matar a un Hombre. Qué razón tenía Hitchcock: no es tan fácil escabecharse a alguien.

*Alina Rodríguez, la veterana profesora rebelde de Conducta, acaso el mejor melodrama latinoamericano del año.

*Tina Fey en Muppets 2: Los Más Buscados.

*El regreso a la ciudad en el final de Tom en el Granero.

*Arcelia Ramírez y Gustavo Sánchez Parra en Las Búsquedas.

*Las ¿inútiles? digresiones culteranas de Ninfomanía.

*El ingobernable Arbor (Conner Chapman) en El Gigante Egoísta.

*Juan Manuel Bernal, perfectamente monstruoso, en Obediencia Perfecta.

*Las campamochas vaciladoras y enamoradas de Godzilla.

*El ingeniero Horikoshi tiene tomada de la mano a su esposa enferma mientras con la otra sigue trabajando en algún boceto. El auto-retrato apenas embozado del propio Miyazaki en Se Levanta el Viento.

*Tilda Swinton en El Gran Hotel Budapest, Snowpiercer y Solo los Amantes Sobreviven. En realidad, Tilda Swinton en donde sea.

*Ah, de una vez: Tilda Swinton y Tom Hiddleston bailando "Trapped By a Thing Named Love". En Solo los Amantes Sobreviven, claro. Dan ganas de ser vampiro.

*Ralph Fiennes en El Gran Hotel Budapest: sofisticado, vulgar, cínico, generoso, transa, admirable e hilarante. 

*Otro chamaco ingobernable: el niño de Ilo Ilo.

*Joaquin Phoenix otra vez, pero en Sueños de Libertad, en el papel de un explotador conflictuado. Marion Cotillard también, sufriendo mucho. Y sufriendo más, pero actuando incluso mejor, en Dos Días y una Noche.

*El baile de la protagonista adolescente de la cinta georgiana Grzeli Nateli Dgeebi.

*Los acercamientos a los ojos equinos que unen todos los relatos de Historias de Caballos y Hombres.

*La fiesta temática de Robert de Niro en Buenos Vecinos.

*Cuando Frankie Vallie (John Lloyd Young) canta frente al público "Can't Take My Eyes Off You" en Jersey Boys: Persiguiendo la Música

*La conmovedora rebeldía de las chamaquitas de ¡Somos lo Mejor!

*El bailecito final de Le Week-End.

*El caldo en el que se sumergen los humanos cazados en Bajo la Piel. Scarlett recogiendo incautos -en la película y en la realidad- en esa misma cinta.

*Scarlett otra vez: con un solo movimiento de mano, provoca que un grupo de malandros caigan literalmente a sus pies. Por supuesto, en Lucy. (Y fuera de Lucy, creo que también provocaría eso mismo).

*El juicio rabínico a Woody Allen en Casi un Gigoló.

*El niñito de cinco años caminando y creando poesía en Haganenet.

*Magnética Emanuelle Seigner en La Venus de las Pieles, el homenaje de Polanski a su esposa.

*El resentido chango Koba en El Planeta de los Simios: Confrontación. El plano secuencia en el que es protagonista.

*La crónica de la interminable rivalidad hawksiana entre Siskel y Ebert en Life Itself. Las mezquinas quejas de la crítica highbrow por el éxito del show televisivo protagonizado por esos populares/populistas críticos. Ya supérenlo.

*El monólogo final de Ed Harris en Snowpiercer.  Ah, y Alison Pill como una encantadora, embarazada y letal profesora de kinder.

*Kevin Costner en Decisión Final. De plano, Costner debería estar confinado a hacer puras películas de deportes.

*El episodio del encuentro amoroso-violento en plena CU en Filosofía Natural del Amor.

*El epílogo jocoso en Las Historias que Contamos.

*La bachata ("La Causa de Mi Muerte") que se escucha al inicio de Dólares de Arena. No me la pude sacar de la cabeza durante varios días.

*Los créditos finales de Comando Especial 2. Y, claro, Ice Cube estallando como papá justamente celoso. Yo sí le hubiera pegado un tiro a Jonah Hill.

*La enfermiza dinámica entre hermano y hermana de Asteroide.

*La relación del adolescente protagonista y su guapa criada en Casa Grande.

*Irene Azuela en Las Oscuras Primaveras.

*Las complejas relaciones de clase -¿o de plano de casta?- retratadas en Gente de Bien.

*La filípica del año en Güeros -con especial dedicatoria a la porno-miseria fílmica a la que tanto premian dentro y fuera de México: que les aproveche. La banda sonora -la mejor del año en el cine nacional-, con todo y esa escena cumbre en la pulquería a ritmo de "Hasta que Te Conocí", de JuanGa. La imitación del estilito del Jaibo, "moviendo así nomás, la cabecita". La explosión de Sebastián Aguirre, el descubrimiento del año ("¿¡Otro minuto de silencio!?"). La insòlita vis cómica de Tenoch Huerta.

*El thriller convencional transformado en comedia de humor negro: Perdida. Ben Affleck, acaso en la mejor sub-actuación de su vida.

*La cámara de Lubezki, Keaton desatado, Norton desbocado, los ojazos de Miss Stone... Y, todavía no lo puedo creer, el humor de González Iñárritu. Birdman, lo mejor que ha hecho el director de Amores Perros en toda su carrera. Ah, casi se me olvida: las percusiones de Antonio Sánchez, claro.

*La edición personal, abriendo y cerrando un ojo, que el espectador puede hacer al ver Adiós al Lenguaje (en 3D, claro).

*El prólogo y el episodio de la carretera de Relatos Salvajes.

*Hillary Swank en The Homesman. Deberían darle otra nominación. Y también a Tommy Lee Jones, de pasada.

*La risa burlona de Juliette Binoche ante la defensa del cine de super-héroes hecha por Kristen Stewart en Las Nubes de María.

*Los minutos finales de Whiplash. La discusión sobre talentos y triunfos en la mesa familiar. Toda la banda sonora. Y, claro, J. K. Simmons, que ya tiene apartado su Oscar desde ahorita.

*Sofía Espinoza en Gloria. Y, qué remedio, las canciones de la Trevi. No me acordaba que me las sabía todas.

*Verónica Langer en Hilda.

*La entrevista rescatada -y sabiamente editada- de Carlos Enrique Taboada en Jirón.

*Otro rescate cinefílico nacional: la biopic documental El Silencio de la Princesa.

*Jan Vijvoet en esa extravagancia, entre Pasolini y Buñuel, llamada Borgman.

*La capacidad de invención y ejecución, inagotable, de El Incidente.

*La escena en la que Matthew McConaughey se da cuenta de lo que significa la relatividad del tiempo. Jessica Chastain, a quien sí le creo que puede ser una brillante física. En El Campo de los Sueños Interestelares, mejor conocida como Interestelar.

*La escena de la avalancha de Fuerza Mayor.

*Macon Blair en el papel de un nada apto vengador en Cenizas del Pasado.

*James Gandolfini, cargando los kilos de sus antiguos papeles de malandrín y mafioso. Tom Hardy, actuando más aquí, en un minuto, que en todo Batman vs. Bane. En La Entrega, claro está.

*Evan Bird en el papel de un Macaulay Culkin tirado al vicio y a la disipación (¿mááááááááááássss?) en Mapa a las Estrellas.

*El ojete Niño-Dios (más bien: Dios-Niño) de Éxodo: Dioses y Reyes.

*Keanu Reeves en Otro Día para Matar. Cuando Liam Neeson se retire de hacer películas de balazos, golpes y corretizas, ya tiene un buen remplazo.

*Esa extravagancia vampírica llamada A Girl Walks Home Alone.

*Ethan Hawke y Patricia Arquette, tratando de ser los mejores padres posibles, y metiendo las patas más de una vez. Como me han dicho -no me consta- que sucede en la vida real. Y en Boyhood, claro.

*Brendan Gleeson en Calvary.

*Essie Davis, la mejor (histérica) madre que he visto en mucho tiempo, en The Babadook.

*Los interminables duelos verbales en Sueño de Invierno.

*La desesperación creciente de Ronnit Elkabetz ante la negativa de su marido (Simon Abkarian) a otorgarle el divorcio en Gett.

*El juego imaginado de fut sin pelota en Timbuktu.

*El terco silencio del protagonista -un signo tan complejo como vacío: depende de cada quien- en Emrouz,

*La abierta aceptación de la irracionalidad del amor en Magia a la Luz de la Luna. Otra pieza más (menor, en este caso) en la interminable (auto)filmografía alleniana.

*El fin de temporada de Mad Men (ya sé, no es cine, pero es mejor que muchas de las películas aquí citadas): Bert Cooper (Robert Morse) despidiéndose de nosotros cantando "The Best Things in Life Are Free" y Don Draper (Jon Hamm) con un nudo en la garganta. Y nosotros con él.