sábado, 29 de noviembre de 2014

El evangelio del 2014 según... Cahiers du Cinema/II



A unas horas de que aparezca el número de diciembre de la legendaria Cahiers du Cinéma, el twitter de Notebook Mubi ha liberado el top-10 de la revista francesa, como sigue:

1. P'tit Quinquin (Francia, 2014), de Bruno Dumont. 

2. Adiós al Lenguaje (Adieu au Langage, Francia, 2014), de Jean-Luc Godard.

3. Bajo la Piel (Under the Skin, GB-EU-Suiza, 2013), de Jonathan Glazer.

4. Mapa a las Estrellas (Maps to the Stars, EU-Canadá-Alemania-Francia, 2014), de David Cronenberg.

5. Se Levanta el Viento (Kaze tachinu, Japón, 2013), de Hayao Miyazaki.

6. Ninfomanía (Nyhmphomaniac, Dinamarca-Francia-Alemania-Bélgica-GB, 2013), de Lars von Trier.

7. Mommy (Canadá, EU, 2014), de Xavier Dolan.

8. Love is Strange (EU-Francia-Brasil-Grecia, 2014), de Ira Sachs.

9. Le Paradis (Francia, 2014), de Alain Cavalier. 

10. U ri Sunshi (Corea del Sur, 2014), de Sang-soo Hong.

viernes, 28 de noviembre de 2014

El evangelio del 2014 según... Sight and Sound/I



Más de un mes antes de que acabe el año, pero los adelantados de Sight and Sound ya liberaron su top-10 (top-20 en realidad), como sigue:

1. Boyhood (EU, 2014), de Richard Linklater

2. Adiós al Lenguaje (Adieu au Langage, Francia, 2014), de Jean-Luc Godard.

3. Leviatán (Leviafan, Rusia, 2014), de Andrey Zvyangintsev.

    Cavalo Dinheiro (Portugal, 2014), de Pedro Costa. 

5. Bajo la Piel (Under the Skin, GB-EU-Suiza, 2013), de Jonathan Glazer.

6. El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, EU-Alemania, 2014), de Wes Anderson.

7. Sueño de Invierno (Kis Uykusu, Turquía-Francia-Alemania, 2014), de Nuri Bilge Ceylan.

8. Plemya (Ucrania-Holanda, 2014), de Miroslav Slaboshpytskiy.

9. Ida (Ídem, Polonia-Dinamarca-Francia-GB, 2013), de Pawel Pawlikowski.

    Jauja (Argentina-Dinamarca-Francia-México-EU-Alemania-Brasil-Holanda, 2014), de Lisandro Alonso. 

La lista completa, de 20 títulos, con todo y comentarios, acá. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Los Juegos del Hambre: Sinsajo Parte 1




Cuando vi, hace un año, Los Juegos del Hambre: en Llamas (Lawrence, 2013), apunté aquí mismo que la cinta me había sorprendido a tal grado que terminé genuinamente interesado por el destino de la indomable y desafiante Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence). Sin embargo, en el último episodio de la saga –o mejor dicho, el penúltimo, porque la tercer parte ha sido dividida en dos filmes, el segundo a estrenarse el año que entra-, Katniss es una suerte de actriz secundaria en su propia historia lo que, en cierto sentido, no está del todo mal.
En esta continuación interruptus, Katniss sirve de arma propagandista, más que como indómita guerrera. Refugiados en el subterráneo Distrito 13 de Panem, la Presidenta Coin (Julianne Moore),  su asesor de cabecera Plutarch Heavensbee (Philip Seymour Hoffman, a quien está dedicado el filme) y el hacker Beetee (Jeffrey Wright) utilizan la leyenda de Katniss y su carisma para lanzar una serie de propos (entiéndase: spots políticos subversivos) con el fin de levantar a toda la población de todos los distritos en contra del fascista Presidente Snow (Donald Sutherland, con más tiempo para lucir su malevolencia).
Hubo un momento en el que Los Juegos del Hambre: Sinsajo Parte 1 (The Hunger Games. Mockingjay Part 1, EU, 2014) me hizo recordar el tono de esos thrillers políticos de la Guerra Fría –digamos, Límite de Seguridad (Lumet, 1964)-, que estaban más preocupados por crear interés y tensión a través de los diálogos y sus actores que por la acción propiamente dicha. De hecho, no conté el número de escenas en las que Katniss es llevada de un sitio –el comedor, un bosque, su dormitorio, etcétera- al “war-room” rebelde para que se entere de las novedades, discuta una propuesta o, de plano, vea una pantalla en la que está sucediendo la acción, pero no me extrañaría que llegara a la decena.
Por eso mismo, no culpo a cierto espectador que, al salir de la función a la que asistí, renegaba en voz alta: “’uta: hora y media de discusiones políticas y veinte minutos de acción”. Por supuesto, el tipo estaba completamente equivocado: no creo que las escenas de acción sumen veinte minutos.
Al inicio anoté que el relegar a Katniss a una posición secundaria y hasta pasiva en su propia historia no estaba del todo mal. Por lo menos, es de respetar que la casa productora Liongsgate, el director Francis Lawrence y la propia novelista/adaptadora Suzanne Collins se hayan arriesgado a convertir un blockbuster juvenil de acción, en una suerte de thriller político en el que queda más que claro que en ese distante mundo distótico –como en el de hoy-, quien logra mandar el mensaje más efectivo de esperanza –los rebeldes- o de miedo –el gobierno- resultará ser el ganador. O dicho de otra manera, las armas de la propaganda son tan importantes -¿o más?- que las tácticas bélicas convencionales.
Ahora bien, dicho todo lo anterior, lo cierto es que de cualquier forma y después del emocionante final de la segunda parte, esta verborreica secuela interruptus termina resultando decepcionante y anticlimática. Seguramente la segunda sección de la tercera parte –qué enredo, me cae- será mejor y veremos de nuevo a Katniss ocupar el papel protagónico en su propia historia, pero lo cierto es que me queda la sospecha que la casa Lionsgate estaba más interesada en dividir la última entrega de la trilogía en dos partes no tanto para probar los límites del blockbuster juvenil de acción y a su público cautivo, sino solo con el cochino fin de ganar mucho dinero. ¿O será que soy muy mal pensado?

martes, 25 de noviembre de 2014

El cliché que yo ya vi/CXXV


-"Ey, Matt, ¿ónde andas, por qué te quedaste atrás?"


Joel Meza propone: 


El de atrás pega. En las películas, cuando dos personajes caminan juntos, si el segundo le da el paso y queda atrás del protagonista, es un hecho que tiene un motivo escondido contra el héroe y aprovechará su posición para golpearlo, empujarlo a un abismo o de perdida hacerle cuernitos sin que se dé cuenta. El ejemplo más reciente: Matt Damon a Matthew McConaughey en Interestelar, cortesía de Christopher Nolan. Tan cantado está el cliché en esta película, que hasta la música de Hans Zimmer lo anuncia en cuanto Damon se queda atrás.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIV



Club Sándwich (México, 2013), de Fernando Eimbcke. El tercer largometraje de Eimbcke es, en apariencia, otro filme sobre adolescentes que, en realidad, resulta ser otra cosa, pues la protagonista de esta película no es el chamaco hormonal (Lucio Giménez Cacho Goded) sino su mamá, interpretada por una fantástica Maria Renée Prudencio. Mi crítica, por acá.

Los Juegos del Hambre: Sinsajo, Parte 1 (The Hunger Games - Mockingjay Part 1, EU, 2014), de Francis Lawrence. En esta primera parte del último episodio -¿se entiende, verdad?- de Los Juegos del Hambre, los hacedores de la saga han corrido algunos riesgos que no estoy seguro que hayan resultado bien. En esta ocasión, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es una suerte de actriz secundaria en su propia película y otros personajes son los que toman las decisiones. Como riesgo no está mal, pero no estoy del todo convencido de que esta última parte de la trilogía no podía haber sido contada en un solo filme. Pero, bueno, ya escribiré de esta película en unos días más.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Club Sándwich



Vi Club Sándwich (México, 2013), tercer largometraje de Fernando Eimbcke (Temporada de Patos/2004, Lake Tahoe/2008), hace un año, en La Habana 2013. A pesar de que fue lo mejor de la competencia -por lo menos desde la perspectiva de quien esto escribe-, se fue con la manos vacías. Ni siquiera en el jurado del que formé parte, el FIPRESCI, fue posible premiarla. La comedia, qué remedio, suele ser ninguneada en los festivales de cine. Aunque, en descargo de la fauna festivalera, habría que señalar que en San Sebastián 2013 Eimbcke ganó con este filme el premio a Mejor Director. En fin...
Una mamá aún guapa, Paloma (María Renée Prudencio, sensacional), y su hijo adolescente, Héctor (Lucio Giménez Cacho Goded), están pasando un fin de semana en algún hotelito semi-desértico de Oaxaca. La temporada es baja y no hay nadie alrededor. Aunque, la verdad sea dicha, madre e hijo no necesitan de alguien más: toman el Sol al lado de la alberca, se ponen bloqueador, se comen sendos club-sándwiches, platican tonterías (que si Prince es sexy o no) y, por supuesto, ven en la tele documentales de la naturaleza.
Este idílico equilibrio madre-hijo se romperá cuando llegue al hotel Jazmín (Danae Reynaud Romero), una atractiva gordita de 16 años, que llamará la atención de Héctor. Las distintas reacciones de Paloma al ver cómo su único hijo se le va de las manos ante la influencia de esta sonsacadora muchachita son tan graciosas como patéticas.
Prudencio se descubre ante nuestros ojos como una talentosa actriz cómica mientras que, como de costumbre, Eimbcke se muestra como un auténtico maestro tanto en el manejo del encuadre –esas tomas fijas de dos personajes que son invadidas por la tercera en discordia-, como en la creación de ciertas escenas inolvidable, como la del “Juego de los Castigos” del final.
¿Por qué una película como esta no gana en ningún festival -salvo San Sebastián-, ningún Ariel, ninguno de los nuevecitos Premios Fénix? Acaso porque no hay inmigrantes, acaso porque no hay violencia, acaso porque no hay sufrimiento ni drama. Aunque, pensándolo bien, Club Sándwich sí tiene algo de drama. Pero no es una tragedia. Ni tampoco es para llorar. 
Simplemente, Héctor está creciendo y Paloma lo sabe y, aunque no le guste, lo acepta. Así es la vida. ¿Para qué azotarse por ello? 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Grandes Héroes



Grandes Héroes (Big Hero 6, EU, 2014), el más reciente largometraje animado de la casa Disney –sin Pixar, a no ser la producción ejecutiva de John Lasseter- es una genérica cinta de súper-héroes en la que un adolescente gringo de origen japonés llamado Hiro, utiliza al robot-enfermero Baymax, creado por su nerdoso hermano mayor Tadashi, para cumplir una venganza. En esta búsqueda de revancha –que, por supuesto, no se cumplirá: esta es una película infantil- acompañarán al chamaco una cuarteta de estudiantes universitarios de robótica, a los que el genio juvenil Hiro les diseñará armas especiales basadas en sus intereses e inclinaciones.
El diseño de la ciudad futura en la que se lleva a cabo la acción –Fransokyo, un híbrido arquitectónico y cultural de San Francisco y Tokio- es ingenioso, y hay por ahí una escena de persecución callejera muy bien ejecutada, pero el guión de la cinta es demasiado convencional y sigue fielmente las reglas de mostrarnos el origen de un grupo de súper-héroes –el adolescente Hiro, sus cuatro amigos universitarios y el robot Baymax: los seis grandes héroes del título en inglés- sin moverse un ápice de las fórmulas ya establecidas por el mundo de los cómics. Y, la verdad, en un ambiente cinematográfico en el que vemos media docena de películas de monitos heroicos al año, una como esta no se distingue para nada de las demás.
Al inicio, la cinta prometía un camino más original o, por lo menos, más ligero, cuando Hiro y Baymax empiezan a conocerse. De hecho, hay una escena muy graciosa en la que a Baymax –una cruza del  muñeco de Michelin  y la Eva de Wall-E (2008)- se le está acabando la batería y habla, se mueve y camina como si estuviera borracho. Los animadores hicieron tan buen trabajo en estos minutos que me hicieron recordar las actuaciones de los borrachales Chaplin y “Fatty” Arbuckle en cierto hilarante one-reeler llamado The Rounders (Chaplin, 1914).
Pero en cuanto inicia la acción, lo poco que se había ganado en novedad se pierde. Aparece un villano misterioso sacado de la manga, los enfrentamientos se suceden sin que haya en ningún momento un sentido de urgencia en la historia y, por más que el discurso moral del filme sea irreprochable (la venganza es mala, hay que saber lidiar con las pérdidas, hay que crecer y madurar), la intercambiable historia evita que el filme tenga el impacto que se podría haber deseado.
Aunque, claro, el susodicho Baymax puede servir para vender muchos juguetes esta próxima Navidad. A lo mejor era lo único que buscaba Disney. Ya veremos si en eso sí dio en el blanco.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Una Pareja + Tonta



Una Pareja de Idiotas (Hermanos Farrelly, 1994) es una cinta muy importante para mí. Aclaro: no creo que sea una película importante en sí misma. Es más: ni siquiera se trata del mejor filme de los hermanos Farrelly, quienes harían sus mejores obras inmediatamente después de aquella cinta, que fue su opera prima. Me refiero a Locos por el Juego (1996), Loco por Mary (1998), Irene, Yo… y Mi Otro Yo (2000) y Amor Ciego (2001).
Durante esos años, de fines de los 90 a inicios del nuevo siglo, no hubo mejores hacedores de comedia en Hollywood que los Farrelly: cada una de esas cuatro cintas combinan de forma eficaz un slapstick desbordado con la clásica comedia de costumbres y un irreprochable buen corazón nunca ñoño ni políticamente correcto. Por desgracia, todo por servir se acaba y desde Amor Ciego los Farrelly no han levantado vuelo, por más que algunas de sus cintas posteriores –como Pegado a Ti (2003) o Amor en Juego (2005)- aguanten el palomazo del fin de semana.
Por eso, después de tantos años de andar de capa caída, los Farrelly optaron por un movimiento desesperado: volver a sus disparejos –pero exitosos- orígenes y realizar la tardía secuela de Una Pareja de Idiotas, es decir Una Pareja + Tonta (Dumb and Dumber To, 2014), con sus dos estrellas protagónicas: Jim Carrey y Jeff Daniels.
Por los números de la taquilla gringa del pasado fin de semana, la apelación a la nostalgia dio resultado y los Farrelly han logrado el triunfo económico que se les había negado desde hace una década. Por desgracia, los resultados, en cuanto a la calidad de la comedia se refiere, no son tan halagüeños.
Ya la película original, Una Pareja de Idiotas, era una mediocre slapstick-comedy que, a excepción de algún inspiradísimo e hilarante gag –la muerte de cierto rarísimo búho, el último de su especie, provocada por una burrada de los dos protagonistas-, no podía presumir más allá de la notable interpretación física de Carrey y el impresionante rapport cómico entre él y Daniels.
Una Pareja + Tonta es más de lo mismo. Los amigos del alma Lloyd (Carrey) y Harry (Daniels) vuelven a la carretera, ahora para buscar a la hija del segundo, pues la madre de la muchacha (cateadísima Kathleen Turner, riéndose de sí misma) la dio en adopción 20 años atrás. Harry necesita a su hija pues es la única que puede donarle un riñón, ya que está en peligro de muerte.
Los gags escatológicos más asquerosos (hay una escena en la que los dos comen su respectiva caca) se combinan con el slapstick más burdo (la escena inicial en la que Harry le quita el catéter a Lloyd) y con la comicidad más elemental pero efectiva (los dos imbéciles buscan una dirección y terminan en el mismo lugar de donde salieron). Eso sí, los esforzados Carrey y Daniels se lucen de tal manera –el primero tiene una escena formidable comiéndose un hot-dog- que uno termina lamentando que los Farrelly no hayan escrito algo con más sustancia para el mejor lucimiento de sus dos actores.
Pero al inicio apunté que Una Pareja de Idiotas fue una cinta importante para mí. Me refiero a que fue importante porque gracias a ella me di cuenta de una regla básica de la crítica de cine que he tratado de seguir desde entonces, no siempre con mucho éxito, debo confesar. Me explico: cuando reseñé esa película hace 20 años, anoté todos los defectos de ella y terminé con una frase que iba más o menos así: “¿Una Pareja de Idiotas? No: en el cine vi a muchos más riéndose a carcajadas”.
Al día siguiente, un lector, de forma muy comedida, me escribió un correo electrónico. Sí, estaba bien que fuera duro con esa comedia particularmente mediocre, pero ¿por qué tenía que insultar al público llamándole idiota? El lector tenía toda la razón. Uno puede y debe escribir sobre lo que ve en la pantalla, pero insultar a la gente que paga su boleto era y es inaceptable.
Por lo mismo, desde entonces he evitado -no siempre con éxito- usar adjetivos que dicen más de quien los escribe que de la película (“cinta apantallapendejos”, “filme solo apto para ignorantes”), por más que ese tipo de definiciones siguen siendo muy populares entre críticos y comentaristas de cine.
Ahora sí, una última confesión: ahora que vi Una Pareja + Tonta debo aceptar que reí, en un par de veces. Como un auténtico idiota. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIII



Birdman o la Inesperada Virtud de la Ignorancia (Birdman: or (The Unexpected Virtue of Ignorance), EU, 2014), de Alejandro González Iñárritu. ¿La mejor cinta de González Iñárritu? Por supuesto: tampoco era tan difícil. El asunto es que, además, se trata de una de las mejores películas del año. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Una Pareja + Tonta (Dumb and Dumber To, EU, 2014), de Peter y Bobby Farrelly. La tardía secuela de Una Pareja de Idiotas (Hermanos Farrelly, 1994) es más de lo mismo, es decir, la historia es un mero excipiente para permitir una avalancha de gags escatológicos y slapstick no del todo logrados. Muy lejos de lo mejor de los Farrelly.

Grandes Héroes (Big Hero 6, EU, 2014), de Don Hall y Chris Williams. Como si no tuviéramos suficiente con media docena de películas súper-heroicas al año, la casa Disney -sin Pixar- ha producido esta cinta animada en la que un genio adolescente echa mano de un robot-enfermero construido por su hermano mayor para derrotar a un villano muy equis. La primera parte de la cinta, cuando el protagonista, Hiro, y el susodicho robot, Baymax, empiezan a conocerse, es de lejos lo mejor del filme. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Nolanómetro




Por solicitud del camarada Orlando Santos, (@Orsan en tuiter), va mi nolanómetro, como sigue:

1. El Origen

2. Amnesia

3. Interestelar

4. El Gran Truco

5. El Seguidor

6. Batman, el Caballero de la Noche

7. Insomnia

8. Batman, El Caballero de la Noche Asciende

9. Batman Inicia

viernes, 14 de noviembre de 2014

57 Muestra Internacional de Cine... en un vistazo



Ha iniciado la 57 Muestra Internacional de Cine y aquí, como de costumbre, iré dando cuentas de las cintas que vea a través de la siguiente lista y de algunos textos que iré publicando por acá. Como siempre, la calificación positiva va de uno a cuatro asteriscos; la negativa, de una a dos cruces.



Conducta (Cuba, 2013), de Ernesto Daranas: ***

Ida (Ídem, Polonia, 2013), de Pawel Pawlikowski: ***

Güeros (México, 2014), de Alonso Ruizpalacios: ***

Fuerza Mayor (Force Majeur, Suecia-Francia-Dinamarca-Noruega, 2014), de Ruben Östlund: ***

Dos Días, una Noche (Deux Jours, Une Nuit, Bélgica-Francia-Italia, 2014), de Jean-Pierre y Luc Dardenne: ***

Cenizas del Pasado (Blue Ruin, EU, 2013), de Jeremy Saulner: ** 1/2

Relatos Salvajes (Argentina-España, 2014), de Damián Szifrón ** 1/2

Adiós al Lenguaje (Adieu au Language, Francia, 2014), de Jean-Luc Godard: **


jueves, 13 de noviembre de 2014

57 Muestra Internacional de Cine/II




Exhibida hace un año en Morelia 2013, ha llevado finalmente a las salas mexicanas, vía la 57 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, Ida (Polonia-Dinamarca, 2013), el más reciente largometraje de Pawel Pawlikowski. Desde aquel lejano octubre de 2013, cuando pude ver Ida, la cinta ha ido acumulando, con toda justicia, reconocimientos al por mayor: Mejor Cinta en Londres 2013, ganador del FIPRESCI en Toronto 2013, nominado a Mejor Cinta en los Premios del Cine Europeo y filme enviado por Polonia al Oscar 2015, entre muchos otros premios más.
En elegante blanco y negro y en el anacrónico formato académico 4:3 (la cámara es de Lukasz Zal), he aquí que en la Polonia de inicios de los 60, la huérfana novicia Anna (Agata Trzebuchowska) es obligada a pasar unos días con una tía que no conoce, antes de tomar los votos para convertirse en monja. 
La tía de marras se llama Wanda Gruz (Agata Kulesza, inolvidable en Róza/Smarzowski/2011, cinta criminalmente inédita en México), una implacable jueza, alcohólica, fumadora y con el sarcasmo a flor de piel. Sin decir agua va, Wanda le informa a su sobrina -a la que nunca había querido conocer- que es judía, que su nombre verdadero es Ida Lebenstein y que sus papás -Wanda es hermana de Roza, la madre muerta de la futura monja- fueron ejecutados durante la Segunda Guerra Mundial. Después de soltarle toda la sopa, Wanda le propone a Anna/Ida ir al pueblo en donde vivían los Lebenstein para que la muchacha sepa algo más de esa familia que no recuerda.
Durante la primera hora, Ida es una ágil y divertida road-movie, centrada en las personalidades encontradas de la guapa pero feroz tía burócrata, y la serena y bella sobrina casi monja. En la última media hora, cuando se ha descubierto las razones de la dura personalidad de Wanda, parece que la película perderá el rumbo pero, contra todo pronóstico, no sucede así. Al final de cuentas, la muchacha tendrá que decidir si quiere vivir como esa Ida que no pudo ser o como esa Anna que es ahora. La cinta tiene un desenlace discutible, arriesgado, pero justo.

martes, 11 de noviembre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXII



Interestelar (Interstellar, EU, 2014), de Christopher Nolan. El noveno largometraje de Nolan está mucho más cercano al cine de Capra -o a cierta sentimental cinta fantástica beisbolera llamada El Campo de los Sueños (Robinson, 1989)- que al cine de Kubrick o de Tarkovsky, como algunos insisten. Y eso es bueno, por cierto, como ya lo argumenté por acá.

Nubes de María (Clouds of Sils Maria, Francia-Suiza-Alemania, 2014), de Olivier Assayas. El más reciente largometraje del infalible Assayas -es hora que no veo una cinta de interés firmada/filmada por él- es un fascinante juego meta-cinematográfico al servicio de sus tres actrices -Juliette Binoche, Kristen Stewart y Chloe Grace Moretz-, especialmente la primera. Mi crítica, en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Pelo Malo (Venezuela, 2013), de Mariana Rondón. Vista hace un año, en la competencia de La Habana 2013, finalmente ha llegado a México en un modesto estreno cultural-comercial el tercer largometraje de Rondón, un melodrama de crecimiento juvenil que tiene como protagonista a un niño muy especial, Junior (sensacional Samuel Lange Zambrano), quien tiene el "pelo malo" del título. Junior quiere tener el pelo lacio y, también, quiere otras cosas más. En contraste, su mamá (Samantha Castillo) quiere y espera del chamaquito otra cosa muy diferente. Y el problema es que en la Venezuela del agonizante Comandante Chávez, los deseos de Junior son insostenibles. Incluso, hasta subversivos. Ya que espero escribir algo más extenso de esta cinta, una de las mejores obras latinoamericanas del año pasado, terminaré aquí agregando que su desenlace tiene la misma fuerza del mejor cine alegórico y antifranquista de Carlos Saura.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Interestelar



Hace 30 años, en la Universidad, tuve una maestra de Física Moderna que era una nulidad como docente pero, eso sí, era muy simpática. Nadie del salón sacó algo útil de esa clase, a no ser una calificación alta y aprobatoria, por supuesto.
De cualquier forma, tengo la sospecha que aunque me hubiera dado clases Stephen Hawking habría sido lo mismo: esos temas centrales de la física teórica como la relatividad, la relación ente el tiempo y la masa con la velocidad, los agujeros negros y la probabilidad de hacer viajes en el tiempo nunca me interesaron mucho.
Perdón por iniciar la crítica de Interestelar (Interstellar, EU, 2014) con esta digresión, pero debo confesar que durante varios segmentos de esa película, recordé esas clases de Física Moderna en las que la bendita profesora se hacía pelotas con temas que, evidentemente, no entendía ni dominaba. Nunca importó demasiado en realidad: ella hacía como que explicaba y todos los estudiantes hacíamos como que le entendíamos. Y todo mundo contento.
Algo similar me ocurrió al ver las sesudas explicaciones de Interestelar. Aunque es evidente que Christopher Nolan y su hermano Jonathan saben de física teórica más que mi lejana maestra universitaria -incluso para la escritura del guión recibieron la asesoría del destacado físico teórico Kip Thorne, quien aparece en los créditos como productor ejecutivo-, la realidad es que tampoco es necesario poner demasiada atención en ello. Vamos, usted haga como que le entiende a todo y se la pasará mejor.
Al final de cuentas, todas esas disquisiciones sobre la relatividad y los viajes en el tiempo -con el consabido ejemplo del papelito doblado, que juro haber visto en alguna otra parte- terminan siendo un mero McGuffin para el resultado que ha obtenido Nolan en su más reciente filme: no hacer su propia 2001: Odisea Espacial (Kubrick, 1968), como algunos han dicho, sino su propio y muy personal El Campo de los Sueños (Robinson 1989). 
He aquí, pues, El Campo de los Sueños... Espaciales: en un futuro distópico más o menos cercano, el granjero Cooper (Matthew McCounaghey) y su precoz hijita Murph (Mackensie Foy) descifran un mensaje -dictado por un fantasma, por un alien, por diosito o por los hermanos Nolan- que lo hace llegar a las oficinas secretas de la NASA que, en vista de la crisis alimenticia y económica que vive el planeta, supuestamente habían sido cerradas. En realidad, no ha sido así: un grupo de científicos, liderados por el sabio y melancólico Dr. Brand (Michael Caine, ¿quién más?) dirige un proyecto que podría significar la salvación de la humanidad. La misión imposible es viajar a través de un agujero de gusano que se encuentra cerca de Saturno para llegar a otra galaxia en donde, aparentemente, hay por lo menos tres planetas en los que podría haber condiciones para sostener la vida humana. Cooper, un antiguo astronauta que se quedó sin empleo al cerrar la NASA, ha sido enviado ahí por ese "fantasma" (o "alien" o Dios o lo-que-sea) para ser el líder de esa expedición, por lo que dejará en la Tierra a su adolescente hijo Tom (que crecerá para convertirse en un amargado Casey Affleck) y a su precoz hijita Murphy (que crecerá para convertirse en una brillante pero resentida Jessica Chastain ya de adulta).
Señalé antes a El Campo de los Sueños y no a 2001 como la inspiración (¿involuntaria?) de Interestelar porque, a diferencia de las preocupaciones filosóficas de Kubrick, Nolan apuesta aquí por temas mucho más terrenales, humanos y sentimentales, por más que sucedan en otra galaxia o, incluso, en otra dimensión. Básicamente, lo que dice Nolan en Interestelar es que todo se reduce al poder (¿irracional?) del amor. Nuestra especie ha aprendido a sentir cosas inútiles -digamos, a amar a nuestros familiares ya fallecidos- y acaso por eso mismo -y no por nuestra capacidad de usar la razón- merecemos sobrevivir. Por eso mismo, como en El Campo de los Sueños, Cooper encontrará la última justificación a su misión imposible cuando se reencuentre finalmente con su hija. Sí, pues, se trataba de salvar a la humanidad, pero también (¿y principalmente?) de salvar su relación con su hija.
Como suele suceder con la mejor obra de Nolan -e Interestelar, a bote pronto, me parece de lo mejor-, los inevitables lastres que arrastra su cine -en este caso, los ya mencionados choros fisico-teóricos, la profusión de diálogos redundantes y el (para mí) flagrante miscast de Anne Hathaway en el papel de una competente astronauta- nunca hunden por completo una magistral narración siempre fluida que llega a ser deslumbrante visualmente -esa entrada al agujero negro, esa ola inmensa que se traga la nave espacial-, genuinamente emocionante -ese montaje paralelo espacial/terrenal- y eficazmente sentimental, como en esa toma extendida en la que vemos a Cooper darse cuenta de las consecuencias de la teoría de la relatividad. 
Se trata de un momento notable, único, en la obra de Nolan. ¿Digno de Kubrick? Nah, para nada. Digno de Capra. O de Phil Alden Robinson, si usted quiere. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

57 Muestra Internacional de Cine/I



En los festivales de cine es común que en las funciones especiales y/o de prensa, al terminar la cinta exhibida, vengan los aplausos -o, a veces, los abucheos o incluso las risas burlonas. Sin embargo, no recuerdo otra ocasión en la que los aplausos hubieran llegado en el prólogo.Y fueron aplausos entusiastas, por cierto. Me refiero al segmento inicial de Relatos Salvajes (Argentina-España, 2014), tercer largometraje del cineasta argentino Damián Szifrón, exhibido en el pasado Festival de Morelia y con el cual ha iniciado la 57 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.
 En efecto, al terminar "Pasternak", el primero de los seis episodios que conforman Relatos Salvajes, el público que llenaba la sala soltó una carretada de aplausos, seguidos de una serie de francas risotadas cómplices. Desde el inicio, el cineasta y guionista Szifrón tuvo en sus manos al público de ese abarrotado cine y no soltó hasta el final. 
La cinta tiene un par de virtudes innegables: por un lado, cada uno de los relatos, centrados en actos de violencia, revancha y/o corrupción, presumen algún giro tan ingenioso como inesperado; y en segunda instancia, la realización de Szifrón es impecable, tanto en su muy profesional puesta en imágenes, como en el trabajo uniformemente competente de su extendido reparto. Dicho lo anterior, el defecto central -que en este tipo de obras es también una característica- es que todo el asunto resulta inevitablemente disparejo. Ni modo: hay algunos Relatos Salvajes que son mejores que otros.
El segmento inicial, "Pasternak", el que provocó los aplausos ya descritos, involucra una increíble venganza casi cósmica planeada por un pobre fracasado nunca visto en pantalla. En "Las Ratas", una mesera (Julieta Zylberberg) tiene la oportunidad de vengarse de un prestamista (César Bordón) que provocó el suicidio de su padre, aunque al final resultará que la verdadera protagonista de la historia es cierta cocinera (sensacional Rita Cortese) con mucha más iniciativa. "El más fuerte", acaso el mejor en su realización, inicia como un copia/homenaje de la precoz obra maestra spielbergiana Duelo a Muerte (1971) -el ojete conductor de un Audi (Leonardo Sbaraglia) es perseguido/acosado por "un negro resentido" (Walter Donado) en alguna carretera desierta del interior argentino-, aunque luego la historia se transforma en un demencial episodio de violencia escatológica que, más allá de la obligada lectura alegórica-social, resulta digna de algún corto animado de la casa Warner musicalizado al ritmo de "Lady Lady Lady". "Bombita" muestra el kafkiano laberinto burocrático que tiene que enfrentar cierto ingeniero experto en demoliciones (Ricardo Darín) cuando una grúa se lleva injustamente su automóvil. En "La Propuesta", otro segmento con claros tintes alegóricos, un poderoso empresario (Óscar Martínez) entra en otro laberinto -este de corrupción generalizada- cuando trata de salvar de la cárcel a su hijo (Alan Daicz), quien atropelló a una mujer y luego huyó. Y en "Hasta que la Muerte Nos Separe", el único episodio que me resultó flojo por lo excesivamente caricaturesco -en una cinta que de por sí no le teme al trazo grueso- , la fiesta de una boda termina en un auténtico caos cuando la novia (Erica Rivas) descubre que su novio (Diego Gentile) le ha sido y le es infiel.
Algunos de los relatos de Zsifrón tienen un discurso que terminan resultando paradójico (¿o contradictorio?), no sé intencionalmente. Por ejemplo, en "La Propuesta", los únicos dos personajes con algo parecido a una conciencia serán no solo el adolescente ricachón dispuesto a entregarse a la autoridad sino, llegado el momento, el empresario millonario y corruptor, harto de esa misma corrupción que ya lo rebasa. O vea "Las Ratas": el único personaje dispuesto a hacer algo es una psicópata cansada de ver que todo mundo se queja pero "nadie mueve un dedo". 
Zsifrón no muestra tener una agenda "políticamente correcta": la mirada que impone sobre sus personajes es de una misantropía que agarra parejo. No hay héroes -porque realmente "Bombita" no lo es- pero si villanos y por doquier. Estamos en un mundo caótico, cruel, hobbesiano. Las fieras que acompañan los créditos iniciales lo decían todo: para evitar ser depredado hay que convertirse en depredador. Se trata de una mirada profundamente pesimista de la naturaleza humana, sin duda. Pero también inquietantemente divertida. Entre el pesimismo y la risotada.

jueves, 6 de noviembre de 2014

DOCSDF 2014... en un vistazo




El Docsdf 2014 inició el pasado jueves -y finalizará el próximo sábado 8 de noviembre- en catorce sedes, incluyendo la Cineteca Nacional. Como ha sido una constante en los últimos años, el Docsdf presenta una extensa selección de cine documental mexicano, iberoamericano e internacional en competencia, además de funciones especiales y retrospectivas/homenajes -en esta ocasión, dedicada a Les Blank. Como de costumbre, he aquí la lista de los filmes programados que he podido ver, en orden de preferencia. De uno a cuatro asteriscos, la evaluación es positiva; de una a dos cruces, negativa.

Burden of Dreams (EU, 1982), de Les Blank. Homenaje a Les Blank: ***

Eco de la Montaña (México, 2013), de Nicolás Echeverría. Largometraje Mexicano: ** 1/2 

La Danza del Hipocampo (México, 2014), de Graciela Domínguez Ruvalcaba. Largometraje Mexicano: ** 1/2

Domar el Tiempo (México, 2014), de Ángel Estrada Soto. Largometraje Mexicano: ** 1/2

Hasta el Fin de los Días (México, 2014), de Mauricio Bidault. Largometraje Mexicano: **

My Name is Salt (India-Suiza, 2013), de Farida Pacha. Largometraje Internacional: **

La Hora de la Siesta (México, 2014), de Carolina Platt. Largometraje Mexicano: **

Los Años de Fierro (México-EU-Canadá-Alemania, 2014), de Santiago Esteinou. Largometraje Mexicano: **

Werner Herzog Eats His Shoe (EU, 1979; 22 minutos), de Les Blank. Homenaje a Les Blank: **

Café (México, 2014), de Hatuey Viveros. Largometraje Mexicano: * 1/2

Entre lo Sagrado y lo Profano (México, 2014), de Pablo Márquez. Largometraje Mexicano: * 1/2

Purgatorio: un Viaje al Corazón de la Frontera (México, 2013), de Rodrigo Reyes. Doctubre 1B: *

Lejanía (México, 2013), de Pablo Tamez. Largometraje Mexicano: *

La Primera Sonrisa (México, 2014), de Guadalupe Sánchez. Largometraje Mexicano: *

miércoles, 5 de noviembre de 2014

"Dejad que los Nolanbelievers vengan a mí..."


Estampita milagrosa tomada del TL de @Bernserker

martes, 4 de noviembre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXI



Party Girl (Ídem, Francia, 2014), de Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger y Samuel Theis. La ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2014 es una suerte de re-elaboración de la mucho mejor Gloria (Lelio, 2013) -la cinta chilena, no la biopic de la Trevi- cuya máxima gracia es que la protagonista, Angélique Litzenburger, interpreta una especie de versión de sí misma, a tal grado que sus hijos en la cinta son sus retoños en la vida real, incluyendo al codirector Samuel Theis. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

La Leyenda de las Momias de Guanajuato (México, 2014), de Alberto Gutiérrez. El más reciente filme animado de la casa productora Ánima Estudios (desde Magos y Gigantes/Couturier y Sprowls/2003 hasta la aún sin estrenar Ana y Bruno/Carrera/¿2015? pasando por el trancazo taquillero Don Gato y su Pandilla/Mar/2011 y la serie televisiva El Chavo Animado) es la tercera parte -y seguramente no la última- de la muy redituable saga de los "cazafantasmas" mexicanos que inició con La Leyenda de la Nahuala (Arnaiz, 2007) y continuó con La Leyenda de la Llorona (Rodríguez, 2011).
La historia es similar a las dos cintas anteriores: un equipo variopinto liderado por el niño Leo San Juan (Benny Mendoza) llega al Guanajuato de 1810 a rescatar a Xóchitl, la chacha/amiga de la popis Teodora (Mayté Cordero), que llegó a la ciudad en busca de charamuscas y ya no regresó. A Leo lo acompañan, además de la chica-de-la-Ibero Mayté, el viejo español Don Andrés (Andrés Coutirier) y el Alebrije (Rafael Inclán). Al llegar a la ciudad, se dan cuenta que las calles de Guanajuato están invadidas por momias (en realidad, zombis, pero como no hay "Zombis de Guanajuato"...), que han sido traídas del mundo de los muertos por un obsesionado francés que buscaba revivir a su mujer fallecida hace tiempo. Siguiendo la moda contemporánea del dominio de las heroínas en el cine de acción y en el animado, la audaz Valentina (Ale Müller), una niña vestida de hombre que busca limpiar el nombre de su padre muerto, será más activa y valiente que el propio Leo.
Aunque la calidad de la animación ha mejorado de manera sustanciosa -de hecho, hay una secuencia notable: la del brujo rancherón que explica la historia, por si los niños o sus papás han estado distraídos-, también es cierto que Ánima no puede competir con las compañías allende el Bravo ni, tampoco, con las que están al otro lado del Océano Pacífico. La diferencia entre una y las otras sigue siendo abismal.
De cualquier forma, pareciera que esto no le importa demasiado al público infantil mexicano ni a sus papás, quienes han hecho que cada cinta de Ánima Estudios sea, en mayor o en menor medida, un éxito taquillero. El humor, lleno de anacronismos, es muy elemental, pero Rafael Inclán y Eduardo España, quienes le prestan su voz a una pareja/dispareja de alebrijes (uno, barriobajero; el otro, hippioso), son unos auténticos profesionales, capaces de sacar una sonrisa de las piedras. Por ellos, es posible que los sufridos pater-familias soporten un poco más todo el asunto.