lunes, 31 de marzo de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXIX y CCLXXX



Los últimos dos fines de semana estuve en Guadalajara 2014, así que estoy bastante atrasado en cuanto a la cartelera comercial se refiere -no he visto la secuela de Los Muppets, Noé, ¡Somos lo Mejor! y Todo Está Perdido- pero, bueno, espero amanarme en los próximos días, si es que el tiempo me lo permite. En fin, van unas líneas sobre lo único que pude ver en las últimas dos semanas:

Narco Cultura (México-EU, 2013), de Shaul Schwarz. Aunque este documental no presenta nada que no sepa un mexicano más o menos bien informado -y menos para quien viva en los lugares que muestra el filme-, esta cinta documental de Schwarz está realizada con eficacia y sentido narrativo. De alguna manera, es una prueba de lo que el diario sinaloense Noroeste ha llamado "la derrota cultural" frente al narco. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes 21 de marzo.

Capitán América y el Soldado del Invierno (Captain American: Winter Soldier, EU, 2014), de Anthony y Joe Russo. Esta secuela del Capitán América: el Primer Vengador (Johnston, 2011) repite el patrón de las demas secuelas de los otros Avengers (las continuaciones de Iron Man y Thor). Es decir, lo que en la primera película eran hallazgos más o menos notables, en la secuela todo se convierte en rutina vergonzosamente previsible y a veces hasta autoparódica -y sin intención. Lo peor de todo: los villanos de este episodio -un Robert Redford en la pura hueva y un tipo enmascarado tipo Bane al que nomás le falta llorar (el Soldado del Invierno del título)- de verdad apestan. ¿Dónde está Loki cuando se le necesita?

El Amigo Alemán (Argentina-Alemania, 2012), de Jeanine Meerapfel. Un melodrama romántico y (dizque) histórico que, con todo y lo bien intencionado que pueda ser, termina convertido en no más que en una convencional historia de amor entre un hombre y una mujer separados por sus distintas historias y por la Gran Historia -así, con mayúsculas- que los rodea. En el Buenos Aires de los años 50, un niño y una niña cuyos padres son imigrantes alemanes entablan una entrañable amistad que, a la larga, se transformará en amor, a pesar de sus diferentes orígenes: ella (Celeste Cid) es hija de judíos alemanes, mientras que él (tieso Max Riemelt) proviene de una familia que apenas oculta su pasado filonazista. Ya se imaginará usted lo que sigue: nada es particularmente notable.

domingo, 30 de marzo de 2014

Guadalajara 2014... en un vistazo



Ayer finalizó Guadalajara 2014. Solo que en esta ocasión no asistí solamente como crítico de cine sino que fui parte del jurado FIPRESCI, al lado del colega argentino radicado en Montreal Jorge Gutman y el español José Ramón Otero. Por vez primera, el jurado FIPRESCI estuvo encargado de premiar no a la Mejor Cinta Iberoamericana en competencia sino a la Mejor Cinta Mexicana estrenada en el Festival. Es decir, el FIPRESCI esta vez fue una suerte de Premio Mezcal de Ficción de la Crítica Internacional. 
He aquí todo lo que vi de Guadalajara 2014 y, como de costumbre, las calificaciones positivas van de una a cuatro estrellas; las negativas, de una a dos cruces. 


Conducta (Cuba, 2013), de Ernesto Daranas. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

Pelo Malo (Venezuela, 2013), de Mariana Rondón. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

Un Lobo en la Puerta (O Lobo atras da Porta, Brasil, 2013), de Fernando Coimbra. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

El Hombre de las Multitudes (O homem das multidoes, Brasil, 2013), de Marcelo Gomes y Cao Guimaraes. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

Matar a un Hombre (Chile-Francia, 2014), de Alejandro Fernández Almendras. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

Sarah Prefiere Correr (Sarah Prefère la Course, Canadá, 2013), de Chloé Robichaud. Invitado de Honor: Quebec: ** 1/2

H2Omx (México, 2013), de José Cohen y Lorenzo Hagerman. Cine Socioambiental: ** 1/2

Eco de la Montaña (México, 2013), de Nicolás Echevarría. Documental Iberoamericano: ** 1/2

Sacro GRA (Italia-Francia, 2013), de Gianfranco Rosi. Galas de Industria: **

El Desconocido del Lago/El Extraño del Lago (L'Inconnu du Lac, Francia, 2013), de Alain Guiraudie. Premio Maguey. Proyecciones Especiales: ** 

Vic y Flo Vieron un Oso (Vic + Flo ont vu un ours, Canadá, 2013). Invitado de Honor: Quebec. Retrospectiva Denis Côté: **

Curling (Ídem, Canadá, 2010), de Denis Côté. Invitado de Honor: Quebec. Retrospectiva Denis Côté: **

La Herida (España, 2013), de Fernando Franco. Largometraje Iberoamericano de Ficción: **

E Agora? - Lembra-me (Portugal, 2013), de Joaquim Pinto. Premio Maguey. Proyecciones Especiales: **

El Silencio de las Moscas (Venezuela, 2013), de Eliezer Arias. Documental Iberoamericano: **

Las Horas Contigo (México, 2014), de Catalina Aguilar Mastretta. Premio Mezcal: **

La Vida Después (México, 2013), de David Pablos. Galas de Industria: **

Hoje eu quero voltar sozinho (Brasil, 2014), de Daniel Ribeiro. Largometraje Iberoamericano de Ficción: **

Los Años de Fierro (México-EU-Canadá-Alemania, 2013), de Santiago Esteinou. Documental Iberoamericano: **

Gabrielle, sin Miedo a Vivir (Gabrielle, Canadá, 2013), de Louise Archambault. Invitado de Honor: Quebec. Función inaugural: **

Los Ángeles (México-Alemania, 2014), de Damian John Harper. Largometraje Iberoamericano de Ficción. Premio Mezcal: **

La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano. Largometraje Iberoamericano de Ficción. Premio Mezcal: * 3/4

El Cerrajero (Argentina, 2014), de Natalia Smirnoff. Largometraje Iberoamericano de Ficción: * 3/4

Bestiario (Bestiaire, Canadá-Francia, 2012), de Denis Côté. Invitado de Honor: Quebec. Retrospectiva Denis Côté: * 1/2

Entre lo Sagrado y lo Profano (México, 2014), de Pablo Márquez Cervantes. Perlas Tapatías. Premio Mezcal: * 1/2

Los Bañistas (México, 2014), de Max Zunino. Largometraje Iberoamericano de Ficción. Premio Mezcal: * 1/2

Seguir Viviendo (México, 2014), de Alejandra Sánchez. Premio Mezcal: * 1/2

Blanco (República Dominicana, 2013), de Melvin Durán. Documental Iberoamericano: *1/2

Náufrago (Cuba, 2013; 15 minutos), de Andrew Vargas. Cortometraje Iberoamericano: *1/2

Viento Aparte (México, 2013), de Alejandro Gerber Bicecci. Premio Mezcal: *

Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados (España, 2013), de David Trueba. Largometraje Iberoamericano de Ficción: *

El Amigo Alemán (Argentina, 2012), de Jeanine Meerapfel. Retratos: *

Somos Mari Pepa (México, 2013), de Samuel Kishi Leopo. Perlas Tapatías: *

Las Brujas de Zugarramurdi (España-Francia, 2013), de Alex de la Iglesia. Galas de la Industria: *

Nosotros los Nobles (México, 2013), de Gaz Alazraki. Vox Pópuli, Box Office: *

Familia Gang (México, 2014), de Armando Casas. Galas. Premio Mezcal: *

Marea (Cuba, 2013; 15 minutos), de Adam Breier. Cortometraje Iberoamericano: *

Solidaridad (Solidarity, EU, 2013; 20 minutos), de Dustin Brown. Galas: *

La Gorgona, Historias Fugadas (Colombia, 2013), de Camilo Botero. Documental Iberoamericano: *

Puerto Padre (Costa Rica-México, 2014), de Gustavo Fallas. Largometraje Iberoamericano de Ficción. Premio Mezcal: *

Cuatro Lunas (México, 2013), de Sergio Tovar Velarde. Premio Maguey. Premio Mezcal: *

No Se Aceptan Devoluciones (México, 2013), de Eugenio Derbez. Vox Pópuli, Box Office: -

Cantinflas (México, 2014), de Sebastián del Amo. Galas- Premio Mezcal: +

En el Último Trago (México, 2014), de Jack Zagha Kababie. Premio Mezcal: +

La Fórmula del Dr. Funes (México, 2014), de José Buil. Premio Mezcal. Cine para Niños: +

sábado, 29 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/Ganadores



Guadalajara 2014 terminó hoy con el anuncio y la entrega de los premios, un palmarés que, por lo menos al momento de estar escribiendo estas líneas, no parece haber encontrado oposición ni comentarios negativos de ninguna especie. En lo personal, me apena que Conducta, Pelo Malo y Matar a un Hombre se hayan ido con las manos vacías, pero las cintas electas por los distintos jurados me parecen muy valiosas. No pude ver, por desgracia, la cinta argentina Ciencias Naturales, que arrasó en la competencia oficial iberoamericana -se exhibió en función de prensa un día antes de que iniciara oficialmente el festival-, pero espero revisarla en los próximos días con más calmita en la casa.
En cuanto a la diferencia entre el Premio Mezcal y el FIPRESCI -el primero fue para el sólido filme documental Ecos de Montaña, del veterano Nicolás Echevarría; el segundo, lo otorgamos mis colegas Jorge Gutman, José Ramón Otero y yo, a Las Horas Contigo, de la debutante Catalina Aguilar Mastretta-, esto se debe a que las reglas fueron distintas. El Mezcal se otorgó a la Mejor Cinta Mexicana estrenada en el festival -documental o ficción-, mientras que los tres miembros de FIPRESCI estábamos obligados solo a elegir las películas de ficción, desechando los documentales. En todo caso, el hecho de que Las Horas Contigo haya ganado por unanimidad, muestra que la opera prima de Aguilar Mastretta vale por sí misma.

La lista de todas las cintas ganadoras, a continuación:

Mención Especial - Premio Maguey: Julia, de J. Jackie Baier (Alemania-Lituania, 2013).
Premio Maguey: Tom à la Ferme (Canadá, 2013), de Xavier Dolan. 
Mención Especial Corto Iberoamericano: Zafo (México, 2013), de Pablo Andrés Orta Zamora.
Mejor Cortometraje Iberomericano: Nunca Regreses (México, 2014), de Leonardo Díaz.
Mención Especial Premio Rigo Mora: La Última Cena (México, 2014), de Vanessa Quintanilla.
Mejor Cortometraje de Animación Premio Rigo Mora: El Modelo de Pickman (México, 2012), de Pablo Ángeles.
Premio Especial del Jurado de Cine Documental: Eco de la Montaña (México, 2013), de Nicolás Echevarría. 
Mejor Documental Iberoamericano: La Última Estación (Chile, 2013), de Catalina Vergara y Cristian Soto.
Premio del público en Infinitum a mejor película iberoamericana de ficción: Hoje eu Quero Voltar Sozinho (Brasil, 2014), de Daniel Ribeiro.  
Mención Especial Largometraje Iberoamericano: Silencio en la Tierra de los Sueños (Ecuador-Alemania, 2013), de Tito Molina. 
Premio al Mejor Guión Largometraje Iberoamericano: Ciencias Naturales (Argentina, 2014), escrito por Matías Lucchesi y Gonzalo Salaya
Premio a Mejor Fotografía: Ivo Lopes Araújo, por El Hombre de las Multitudes (Brasil, 2014), de Cao Guimaraes y Marcelo Gomes. 
Premio a la Mejor Actriz: Paula Hertzog y Paola Barrientos, de Ciencias Naturales (Argentina, 2014), de Matías Lucchesi.
Premio al Mejor Actor: Gustavo Sánchez Parra, por La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano.
Premio a la Mejor Ópera Prima: Los Ángeles (México-Alemania, 2014), de Damian John Harper.
Premio Especial del Jurado al Mejor Largometraje Iberoamericano de Ficción: El Hombre de las Multitudes (Brasil, 2013), de Marcelo Gomes y Cao Guimaraes. 
Premio al Mejor Director: Fernando Coimbra, por Un Lobo en la Puerta (Brasil, 2013). 
Premio a la Mejor Película Iberoamericana: Ciencias Naturales (Argentina, 2014), de Matías Lucchesi.
Premio Mezcal a la Mejor Película Mexicana otorgado por Ciudad Creativa Digital: Eco de la Montaña (México, 2014), de Nicolás Echevarría. 

Guadalajara 2014/VIII



La entrada de ayer estuvo dedicada a las cinco películas mexicanas menos meritorias que estuvieron en competencia para obtener el premio FIPRESCI. En la de hoy, pasemos a revisar las restantes siete cintas nacionales que, unas más que otras, aguantan la revisada.
Los Ángeles (Alemania-México, 2014) y Puerto Padre (Costa Rica-México, 2013) son dos coproducciones mexicanas realizadas por cineastas extranjeros y debutantes. En el primer caso, el antropólogo estadounidense Damian John Harper empieza su carrera en el cine con una historia ubicada en un pueblito de Oaxaca, hablada en gran medida en zapoteco y con actores no profesionales de esa región que interpretan versiones dramatizadas de ellos mismos.
Mateo (Mateo Bautista Matías) es un joven zapoteco de 17 años que está preparándose para irse a Los Ángeles del título, el destino laboral de muchos de los hombres de ese sitio, Santa Ana del Valle. Buscando protección para cuando llegue a L.A., Mateo decide entrar a la pandilla del pueblo, suerte de sucursal de la gringa, manejada por el violento Danny (Daniel Bautista), quien se enfrenta a su suegro Marcos (Marcos Rodríguez Ruiz), recién llegado del gabacho.
La cinta tiene fuerza en la descripción del ethos de ese lugar y de su gente que, para bien o para mal, está divida entre ese sitio de la sierra de Oaxaca y lo que sucede en Estados Unidos: un padre que se fue, dejó de mandar dinero y tiene otra familia; un hijo que ha traicionado a la pandilla y que espera en la cárcel ser asesinado; una ciudad -Los Ángeles- que puede significar esperanza o tragedia. O las dos cosas al mismo tiempo.
El filme de Harper no se distingue por su originalidad dramática pero sí por ese retrato que se siente genuino de un lugar y de su gente. Se trata, en todo caso, de un sólido debut. Tan es así, que obtuvo el Mayahuel a Mejor Opera Prima.
Menos original aún, pero funcionalmente realizada e interpretada, resultó ser Puerto Padre, opera prima del costarricense Gustavo Fallas. Un adolescente huérfano, Daniel (Jason), que vive en la isla de Chira, llega a la costa en busca de chamba, así que se dirige al hotel de mala muerte que maneja un tal Chico (Gabriel Retes), hermano de su padrino. Ahí, Gabriel conoce a la guapa jovencita Soledad (Adriana Álvarez), que tiene un bebé que mantener.
El guión escrito por el propio Fallas no es más que un decente melodrama de crecimiento y maduración juvenil en el cual veremos a Daniel abrir los ojos ante su origen, decidir sobre su presente y mirar hacia el futuro. Un filme correcto y poco más.
Hubo dos road-movies con protagonistas infantiles en competencia: Viento Aparte (México, 2013) y Seguir Viviendo (México, 2014). En la primera, segundo largometraje de Alejandro Gerber Bicecci, dos adolescentes, Omar y Karina (Sebastián Cobos y Valentina Buzzurro), de vacaciones con sus papás en alguna playa de Oaxaca, tiene que tomar la carretera ellos solos después de que su madre (Úrsula Pruneda) es llevada de emergencia a un hospital debido a una fulminante embolia. Así pues, con unos cuantos pesos en la bolsa, los muchachos atraviesan el país rumbo a Paquimé, Chihuahua, donde vive su abuela. En el camino, previsiblemente, se encontrarán con el México dividido y violento -pero también generoso y solidario- que este tipo de cintas obliga.
Mutatis mutandi, este tipo de narración fílmica ya le he visto hace un par de años y de manera más contundente (Un Mundo Secreto/Mariño/2012), pero no hay duda que la película de Gerber se deja ver sin mayor problema. 
Me sentí un poco más atraído por la otra road-movie, Seguir Viviendo, tercer largometraje -pero primero de ficción- de la documentalista Alejandra Sánchez (Bajo Juárez: la Ciudad Devorando a sus Hijas/2006, y la poderosa Agnus Dei: Cordero de Dios/2011). Otros dos adolescentes, Jade y Kaleb García Andrade (ellos mismos) tienen que salir huyendo de Ciudad Juárez, acompañados/cuidados por la reluctante periodista Martha (Nora Huerta), después de que la mamá de ambos -en realidad, la abuela: su mamá fue asesinada cuando los dos eran muy niños- es baleada por unos sicarios y dejada en estado de coma. 
La cinta tiene elementos documentales muy claros: la abuela de los chamacos, Norma Andrade, sí sufrió de verdad un atentado, y los dos adolescentes interpretan versiones de ellos mismos e, incluso, aparecen en pantalla dando testimonios al estilo del cine documental clásico. Este impulso semi-neorrealista se combina con elementos mucho más melodramáticos y convencionales -la historia de la periodista Martha, que aún no puede aceptar la muerte accidental de su hijito-, con todo y la aparición de Tito Vasconcelos reventándose "Silencio" en algún cabaret tropical playero y cinematográfico. 
En todo caso, la posición de la película es la que me resultó atrayente: más que refocilarse en el dolor o la justa indignación, Sánchez opta por construir un relato en el que "la vida se abre paso" a pesar de todo. No es una mirada idílica de esa tragedia que es la violencia inabarcable en este país, sino una simple y necesaria afirmación de que la vida tiene que seguir, por más que no olvidemos nunca a nuestros muertos que pueden estar, por ejemplo, "en el aire".
Los Bañistas (México, 2014) y La Tirisia (México, 2014) estuvieron en la competencia oficial iberoamericana. La primera ganó el premio paralelo Guerrero, que otorga la prensa acreditada, como la mejor ficción mexicana -yo voté por otra- mientras que La Tirisia fue el vehículo para que Gustavo Sánchez Parra se llevara su muy merecido Mayahuel como Mejor Actor.
Los Bañistas, opera prima de Max Zunino, ofrece un retrato del incierto México urbano del día de hoy: una jovencita de provincia que estudia en el DF, Flavia (espléndida Sofía Espinoza, la futura Gloria Trevi de la biopic próxima a estrenarse), no puede seguir estudiando porque hay huelga en la UAM, sus papás no le envían más lana, es echada del departamento por su propia tía y no tiene ni un peso para comer ni donde caerse muerta. Por su parte, su vecino de edificio, el viejo solitario Martín (Juan Carlos Colombo), es echado del trabajo en el que estuvo durante varias décadas y a su edad la posibilidad de conseguir otra chamba es muy remota. Abajo, en la calle, unos tipos que vienen de fuera (¿los de la CNTE?: no parecen tan bárbaros) han tomado la calle y han construido sus precarios campamentos frente al edificio donde (sobre)viven Flavia y Martín.
El guión, escrito por el propio cineasta en colaboración de su actriz, Sofía Espinoza, no se preocupa tanto por la historia sino por la descripción de sus personajes -sus características morales, su forma de ser, su manera de enfrentar la adversidad- y por la crónica de estos tiempos difíciles en los que nadie -jóvenes o viejos, provincianos o chilangos- tienen claro hacia dónde ir. Como un fresco del estado de las cosas de un momento del país, Los Bañistas no está nada mal. 
Más acabada en la forma y en el fondo me pareció La Tirisia, segundo largometraje de Jorge Pérez Solano, filmada en Zapotitlán Salinas, Puebla, un pequeño pueblo que sobrevive de la extracción de sal mineral y de lo que manda la gente que trabaja en el otro lado. Ahí vive Cheba (Adriana Paz) con sus dos hijos y esperando un tercer bebé que no es del marido Carmelo (Alfredo Herrera), que está a punto de regresar del gabacho. El verdadero papá del recién nacido es el taciturno Silvestre (Gustavo Sánchez Parra), quien también le ha hecho un bebé a su hijastra adolescente Ángeles, ante la impotencia/resignación de su esposa y madre de la muchacha, a quien ya le urge quitarse de encima a su hija para que no le termine de quitar a su hombre. 
La cámara de César Gutiérrez Miranda captura con severidad no exenta de belleza el seco panorama natural -y social y económico- de ese México profundo, la película está muy bien interpretada por todo el reparto, aunque la historia no deja de abrevar de ese fatalismo/miserabilismo que nos gusta tanto en México. Aunque, bueno, La Tirisia sí ofrece salidas, para las que se animan a dejar todo atrás, huyendo del ominoso futuro de vivir/morir atiriciada en ese tipo de pueblitos.
La mejor cinta mexicana de ficción que vi en Guadalajara 2014 -y que a la postre ganaría el FIPRESCI por unanimidad- fue Las Horas Contigo (México, 2014), opera prima de Catalina Aguilar Mastretta. Escrita por la propia directora -quien estudió un posgrado de guionismo en el American Film Institute, aparentemente con buenos resultados-, la cinta es un melodrama femenino bastante convencional, pero realizado con una seguridad formal notable y con una dirección de actores -más bien, de actrices- sin tacha alguna.
La joven ejecutiva Ema (Cassandra Ciangherotti consolidada) se entera que está embarazada de su novio "el católico" el mismo día que tiene que viajar a la casa de su abuela (Isela Vega), quien ha sido desahuciada. Ahí también está la mamá de Ema, Julieta (María Rojo), una cantante muy exitosa que, al parecer, nunca estuvo muy presente mientras Ema crecía. Ahora, conviviendo en la misma casa, esperando que la mamá/abuela muera, Ema y Julieta tendrán oportunidad de saldar sus cuentas -y dejar otras pendientes- mientras la vida avanza.
La estructura narrativa es muy limpia, hay diálogos muy vivaces (la discusión de Ema y Julieta en la cocina), apuntes irónicos dejados caer así nomás (la vieja nana que no quiere ponerse su propia ropa porque esa se mancharía) y una dirección de actores muy precisa, que no permite que nadie se salga del huacal (María Rojo, por ejemplo, sorprende con su justeza). La fotografía de Berenice Eveno inicia mostrándonos la casa de la abuela abierta e iluminada, y termina con el mismo hogar enlutado por la muerte, pero con un pasado ya reconciliado y viendo hacia el futuro. Como ya lo he escrito a lo largo de esta entrada, la vida se abre paso, con o a pesar de nosotros. Así debe ser. 

viernes, 28 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/VII



Como hace unos momentos ya se dio a conocer oficialmente a la ganadora del premio FIPRESCI a la mejor cinta mexicana de ficción estrenada en Guadalajara, ya puedo escribir libremente no de la deliberación en la que participé como jurado al lado de mis colegas Jorge Gutman y José Ramón Otero, por supuesto, pero sí compartir algunas impresiones a vuela pluma de las doce cintas que fueron revisadas. 
FIPRESCI tuvo que elegir entre cuatro películas mexicanas de la Sección Oficial Iberoamericana -Los Ángeles (México-Alemania, 2014), Los Bañistas (México, 2014), Puerto Padre (México-Costa Rica, 2013) y La Tirisia (México, 2013)-, seis que se presentaron en el Premio Mezcal -En el Último Trago (México, 2014), La Fórmula del Dr. Funes (México, 2013), Las Horas Contigo (México, 2014), Seguir Viviendo (México, 2013), Viento Aparte (México, 2013), y Cuatro Lunas (México, 2013), esta última también compitiendo por el Premio Maguey- y dos galas: Cantinflas (México-España, 2014) y Familia Gang (México, 2013).
Esta entrada está dedicada a las cintas menos afortunadas, todas ellas en el terreno del cine de género y como sigue:
Cantinflas, segundo largometraje de Sebastián del Amo (El Fantástico Mundo de Juan Orol/2012), tiene un arranque sensacional que promete una ágil y divertida biopic del comediante mexicano más famoso fuera de México. Sin embargo, como me dijera un colega al salir del cine, la película es fiel a la carrera profesional de Mario Moreno, que inició participando en obras mayores (Águila o Sol/Boytler/1938, Ahí Está el Detalle/Bustillo Oro/1940) y terminó pergeñando comedias espantosas: moralinas, convencionales y repetitivas. Así también va Cantinflas, el filme: de más a mucho menos. 
Los minutos iniciales, ubicados en los años 30, cuando el joven Mario Moreno (Óscar Jaenada) inicia a trabajar en las carpas, se encuentra con su futuro cuñado Estanislao Shilinsky (Luis Gerardo Méndez), va creando su personaje del "peladito", acuña su sobrenombre ("¡En qué cantina inflas!") y aprende a cantinflear, son espléndidos. Por desgracia, el guión del propio cineasta y Edui Tijerina se entretiene demasiado en las complicaciones que tiene Michael Todd (Michael Imperioli) en los años 50 para levantar el proyecto de llevar al cine La Vuelta al Mundo en 80 Días (Anderson, 1956), que co-protagonizaría Cantinflas en el papel de Passepartout. Así pues, el filme alterna el ascenso meteórico de Cantinflas en los años 30 -con todo y homenaje de pena ajena a Ciudadano Kane (Welles 1941)-, con la "consagración hollywoodense" -ya, que sea menos- de Mario Moreno, quien le ganara el Globo de Oro en 1957 a Marlon Brando, además de quesque era admirado por el mismísimo Charles Chaplin.
Hay otro problema grave en la cinta: a excepción de Jaenada -que, en efecto, está impresionante en su interpretación de Cantinflas- el resto de los actores no tienen oportunidad de hacer gran cosa con sus personajes, así que muy pronto la película se convierte en un desfile de cameos -que si Joaquín Cossío de "El Indio" Fernández, que José Sefami de Diego Rivera, que Ximena González-Rubio de María Félix-, un poco al estilo de La Vuelta al Mundo en 80 Días, pero sin gracia ni pertinencia algunas. El final, ubicado en la "apoteósica" ceremonia del Globo de Oro de 1957, un desastre.
En contraste, Familia Gang, segundo largometraje de Armando Casas (Un Mundo Raro/2001), tiene sus mejores momentos en los créditos finales de la película. Y es que cuando la cinta ha terminado y los créditos empiezan a aparecer al ritmo del cover de "Lo que No Fue No Será", vemos fotos harto conocidas: que si la extendida familia de los Arellano Félix, que un jovencísimo Miguel Félix Gallardo, que "el Chapo" Guzmán en Puerta Grande, que cierto narco-junior de lentecitos, que la Reina del Pacífico, que el recién recapturado Joaquín Guzmán Loera... 
Detrás de todas esas fotos hay grandes historias qué contar, pero Familia Gang opta por otra cosa -lo cual no es un delito- y en un tono de farsa desbocada que nunca termina de cuajar por completo. La comedia, es cierto, funciona de manera intermitente, cuando algunos de los chistoretes dan en el blanco (curiosamente, algunas de las mejores puntadas aparecen en los cintillos informativos que se ve en la televisión).  Lo que es cierto es que Armando Casas es un buen director de actores, por lo que el reparto en general está muy bien -Giovanna Zacarías, por ejemplo, presume una vis cómica que nunca había mostrado-, y uno puede entretenerse identificando las innumerables referencias paródicas acerca de nuestra triste realidad narco-política, pero muy poco más. 
La Fórmula del Dr. Funes, de José Buil, tampoco me convenció. Se trata de una película infantil basada en un cuento de Francisco Hinojosa que confieso no haber leído. El Dr. Funes del título (Farnesio de Bernal) es un anciano que crea una fórmula para convertirse en niño y, ya convertido en chamaco (Daniel Carrera), hace migas con el inquieto vecino Martín Poyo (Emanuel Latanzio). 
Es de aplaudirse la osadía de Buil de trabajar en un género fantástico-infantil que no es muy común en el cine mexicano, pero por lo menos desde mi perspectiva la película nunca logra transmitir ese sentido de magia y aventura a la que, supongo, debe aspirar un filme de esta naturaleza. Habría que ver qué dicen los niños a los que está destinada una película como esta. Por lo pronto, el jurado infantil del festival -un centenar de escuincles entre 3 y 12 años que votaron por las cintas para niños que se exhibieron en Guadalajara- no le dio el premio de mejor película sino que galardonó a la cinta peruana-argentina de animación Rodencia y el Diente de la Princesa (Perú-Argentina, 2012), de David Bisbano. En fin. Tengo la impresión que la fórmula del señor Buil no funcionó. 
En el Último Trago, segundo largometraje de Jack Zagha Kababie (mucho más lograda Adiós Mundo Cruel/2011), es otra comedia pero en el formato del ensemble de la tercera edad, que ya no es novedad en el cine mexicano del nuevo siglo desde Por Si No Te Vuelvo a Ver (Villaseñor, 2000). 
Cuatro ancianos que se reúnen todos los días a discutir y jugar dominó ven cómo uno de ellos, Pedro (Pedro Weber "Chatanuga") muere sin cumplir su sueño: que la servilleta en la que el mismísimo José Alfredo Jiménez escribió su primera versión de "Yo" y que le regaló a Pedro en alguna borrachera, sea exhibida en el museo dedicado al compositor en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Así pues, los tres viejitos restantes (José Carlos Ruiz, Luis Bayardo y Eduardo Manzano) salen de la ciudad de México hacia Guanajuato a cumplir el último deseo de su fallecido cuate. 
La intención es hacerle un homenaje a la música de José Alfredo Jiménez a través de esta amable road-movie gerontofílica y, por supuesto, siempre será un placer escuchar las canciones de José Alfredo. Sin embargo, la cinta no funciona: no es suficientemente emotiva ni me pareció particularmente graciosa. Eso sí, la realización es muy funcional y los veteranos intérpretes están irreprochables, y no hay nada más que agregar. 
Cuatro Lunas, segundo largometraje de Sergio Tovar Velarde (Aurora Boreal/2007) tiene como única gracia que sus cuatro melodramáticas historias de amor/desamor, encuentros/desencuentros están protagonizadas por personajes gays. Por lo demás, ninguna de las cuatro historias son especialmente interesantes, aunque los recursos de producción están bien usados y el reparto es uniformemente competente.
Un anciano poeta (Alonso Echánove) ahorra una buena lana para comprar el amor de un atractivo prostituto (Alejandro Belmonte), un niño llamado Mauricio (Gabriel Santoyo, muy bien) se enamora de su primito quien lo denuncia como maricón ante el horror de su papá (Juan Manuel Bernal), dos amigos de la infancia (César Ramos y Gustavo Egelhaaf) cuando vivían en Tepic se encuentran y descubren su mutua atracción aunque uno de ellos no quiere salir del clóset, una dizque estable pareja gay (Alejandro de la Madrid y Antonio Velázquez) sufre una crisis cuando uno de ellos nomás se llevan dándole vuelo a la hilacha.
Más allá de las escenas sexuales más o menos explícitas, el asunto es bastante convencional, aunque hay que aceptar que las historias de Mauricio y del viejo poeta enclosetado tienen un cierre muy satisfactorio. Hubo colegas que estaban indignados por la ñoñería de la cinta, pero creo que no es para tanto: ¿a poco el cine gay tiene prohibido ser cursi?   

jueves, 27 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/VI



Matar a un Hombre (Chile-Francia, 2014), tercer largometraje de Alejandro Fernández Almendras, filme en competencia en la Sección Oficial Iberoamericana y ganador del Gran Premio del Jurado en la Sección Mundial de Sundance 2014, ha provocado reacciones encontradas entre algunos colegas. Yo me encuentro entre los que la encuentras digna de atención, por su muy acabada forma pero también por su provocador y ambiguo fondo.
Jorge (Daniel Candia) es un tipo de unos cuarenta años que trabaja como cuidador/encargado en un Centro de Investigación Forestal. El hombre sabe manejar una sierra, corta madera a hachazo limpio y es un tipo fornido y bien plantado. Sin embargo, también es tranquilo, de buenas maneras, apacible y, para acabarla, diabético. Un pleito que tiene con un malandrín del barrio apodado Kalule (Daniel Antivilo) escala de manera dramática: como el tipejo le quita a Jorge su dinero y hasta su kit para inyectarse insulina, el hijo mayor (Ariel Mateluna) de Jorge va a reclamarle su proceder al malandro de marras, lo que termina con Jorgito en el hospital, baleado, y el tal Kalule encarcelado por año y medio. 
Dos años después, Jorge está divorciado -su mujer, Marta (Alejandra Yáñez), no soportaba tener a un "Gutierritos" de marido-, Kalule está libre y la historia vuelve a empezar. O, mejor dicho, a empeorar: el tipo apedrea la casa de la exmujer, maltrata a Jorgito, acosa a la otra hija Nicole a la que termina manoseando brutalmente... ¿Qué es lo que espera Jorge para actuar, más cuando es claro que las autoridades no van a resolver nada?
Fernández nos coloca, aviesamente, en una posición incómoda. Sabemos que Jorge tiene que hacer algo y, más aún, empezamos a desear que haga algo, que defienda a su familia, que se plante frente al abusivo. Después de todo, sabe manejar una sierra, es bueno con el hacha, hasta tiene una escopeta con la que espanta a un vago que prende un fuego en el bosque que él cuida. 
Finalmente, cuando Jorge se decide a tomar cartas en el asunto, Fernández logra crear una escena de suspenso tan eficaz que, desde ahora, adelanto que estará entre mis fotogramas del 2014. Lo que sigue es la puesta en extremo de alguna cruel escena autoparódica hitchcockiana. Porque, aunque en el cine parece muy fácil matar a un hombre, en la realidad no es tan sencillo. Es decir, ¿cómo hacerlo? ¿Cuál es la logística? ¿Cómo deshacerse del cadáver? ¿De qué manera se puede burlar a la policía? 
Fernández juega con todos estos elementos sin que haya una visión moral (ni moralista) discernible, lo que ha provocado que algunos planteen sus dudas éticas frente a la posición del cineasta como narrador. Y, en efecto, la ambigüedad se queda con nosotros hasta el final, cuando no sabemos bien a bien por qué Jorge toma la decisión que toma. ¿Remordimientos? ¿Cansancio? ¿Falta de imaginación? O, de plano, ¿todas las anteriores? 

miércoles, 26 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/V



Nicolás Echevarría tenía más de una década sin realizar un largometraje desde su malograda ficción Vivir Mata (2002) así que la presentación en competencia (y doble: en la sección de Documental Iberoamericano y en el Premio Mezcal) de Eco de la Montaña (México, 2013), es uno de los acontecimientos centrales de Guadalajara 2014, que ya se acerca a su recta final -el viernes por la mañana se dan a conocer los primeros premios no oficiales.
Estamos ante un importante filme documental centrado en el artista huichol Santos de la Torre, quien realizó un mural de chaquira en 1997 para la estación del metro parisino Palais Royal-Musée du Louvre. Inaugurado por los presidentes Zedillo y Miterrand con toda la pompa y el boato necesarios, la ceremonia tuvo un pequeño problema: a todo mundo se le olvidó invitar a Santos de la Torre, el autor de esa monumental pieza formada por 80 paneles. 
Muchos años después, el filme de Echevarría sigue a Don Santos en la realización de otro mural, "Viaje Sagrado a Wirikuta", desde su concepción original hasta su terminación, varios meses (¿o un año?) después. El mural -que, por cierto, se exhibió en la Expo Guadalajara a unos metros de la sala donde se estrenó Eco de la Montaña- es una suerte de paseo artístico y espiritual por las tradiciones y creencias del pueblo huichol. El propio Santos sirve de guía/narrador, mientras las cámaras de Echevarría y Sebastián Hoffman no pierden una oportunidad de compartir las dudas, los problemas, las decisiones y la vida cotidiana del gran artista wixákira que, al final, orgulloso, puede mostrar el resultado de su arte/inspiración/herencia ante la cámara que, elegante, casi alegre, va tomando vuelo. Un buen regreso de Nicolás Echevarría.
Eco de la Montaña es un documental más convencional que algunos otros que he podido ver de la competencia iberoamericana. Si esto los hace más logrados o no, ya no estoy tan seguro. Tómese el caso de La Gorgona, Historias Fugadas (Colombia, 2013), de Camilo Botero, y El Silencio de las Moscas (Venezuela, 2013), de Eliezer Arias. 
Las dos películas documentales tienen una puesta en imágenes muy similar, que me remitió a la reciente obra mayor El Lugar Más Pequeño (Huezo, 2010). Es decir, las dos cintas están formadas por testimonios que escuchamos en off -no hay cabezas parlantes de ninguna especie-, mientras las imágenes se suceden, pero no ilustrando lo que oímos, sino extendiendo/acompañando/contradiciendo esas mismas voces.
Terminé prefiriendo El Silencio de las Moscas, acaso porque el tema me resultó más cercano y fácil de aprehender. Un letrero explicativo nos ubica en los Andes venezolanos, una idílica zona rural en la que ha habido una epidemia de suicidios desde los años 90, una tendencia que no ha disminuido desde entonces. La película nos presenta dos casos centrales, el de María José -una jovencita homosexual que se ahorcó para cumplir un pacto de muerte con su compañera-, y el de Nancy -una muchachita ya casada que también se quitó la vida-, a través de los testimonios de sus respectivas madres. El realizador Arias nos muestra otros casos de hombres, jóvenes o viejos, que también se han quitado la vida por las razones más disímiles (que porque "ya no funcionaba como hombre", que por dificultades económicas, que por esto o por aquello) y, finalmente, el ethos de ese bellísimo lugar de la Venezuela profunda, donde la violencia, el machismo, el alcohol y la precariedad monetaria dominan. 
Las mamás de María José y Nancy se encuentran al inicio -que es el final- para compartir sus experiencias y su dolor, para asegurarse mutuamente que hay que seguir viviendo, aunque "la mitad de sus vidas" se haya ido con la muerte de sus hijas. Un filme duro y, al mismo tiempo, esperanzador.
La Gorgona... está construida de una forma similar: escuchamos testimonios, pero no vemos a nadie hablar. Lo que vemos en pantalla son las imágenes hipnóticas de una prisión abandonada que se encontraba en La Gorgona del título, una isla del Pacífico colombiano en el que enviaban a los condenados por homicidio. La prisión estuvo funcionando desde 1960 hasta 1985 -en la actualidad es un parque nacional- y lo que escuchamos a lo largo del filme son los testimonios de quienes manejaban la prisión y de quienes, custodios o presos, sobrevivieron a ella. La única ilustración proviene de imágenes animadas, porque el resto del filme está invadido por los sonidos naturales de la isla y por la visión de la naturaleza victoriosa, que avanza sobre las ruinas de esa cárcel de la que era (casi) imposible escapar. 
En la forma, la cinta dirigida por Botero es impecable y se nota el arduo trabajo de investigación que está atrás de ella. Aún así, la película se termina estancando en algún momento, pues los testimonios que escuchamos se vuelven repetitivos. Eso sí, las imágenes son tan atractivas que hay momentos que dejé de escuchar las voces para ver solamente esos paisajes, esos animales, esa naturaleza. 

martes, 25 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/IV



Hay películas malogradas que son más interesantes, en sus fallas o insuficiencias, que las cintas más "acabadas" o "redondas" -para usar un par de adjetivos que suelo usar con frecuencia. Es el caso de El Cerrajero (Argentina, 2014), segundo largometraje de Natalia Smirnoff (Rompecabezas/2009), que fue presentado a inicios de este año en Sundance y que se exhibe aquí en Guadalajara en la competencia oficial iberoamericana.
La película parte de una premisa fantástica. En abril de 2008, los buenos aires de Buenos Aires están de malas: una nube negra y maloliente cubre la ciudad, provocando inquietud en la población y algún tipo de enfermedades. Sebastián (El Estudiante/Mitre/2011 Estebán Lamothe) es el cerrajero del título, un hombre de crísticos 33 años de edad que vive solo, sin deseos de compromiso con nada ni con nadie. Cuando su novia más o menos de planta Mónica (Erica Rivas) le dice que está embarazada -aunque no está segura que el bebé es de él-, la primera reacción de Sebastián es recomendarle el aborto. Pero Mónica ya había abortado antes y prefiere pensarlo un tiempo antes de tomar una decisión.
Sea por la extraña nube negra que cubre la ciudad, sea por el estrés provocado por la posibilidad de tener un hijo, sea por la razón que sea, un buen día, haciendo un trabajo de cerrajería, abriendo la puerta de un departamento, Sebastián se queda tieso y, sin poder evitarlo, le suelta alguna dolorosa verdad al cliente respectivo: que si le está poniendo los cuernos a la mujer, que si el jefe no le hará nunca caso a ella la secretaria, que a cierto tipo nadie lo quiere ni lo han querido, que otro por allá es un hipócrita que no hace otra cosa que mentirse a sí mismo. 
No hay explicación racional para ese don que, sin desearlo, le apareció a  Sebastián de improviso. Y precisamente por ese mismo don Sebastián termina haciendo migas con Daisy (Yosiria Huaripata), una joven criada peruana cuyo novio había robado en un lugar que fue a arreglar el emproblemado cerrajero que no quería saber de la vida de nadie y que ahora, aunque no quiera, sabe de la vida de quien lo contrata. Aunque, vuelta de tuerca obliga, él mismo tiene problemas graves que debe confrontar, con don o sin don de clarividencia.
La premisa es ingeniosa, la química entre Lamothe y Huaripata es agradable, y la realización de Smirnoff es muy limpia y funcional. Si la película termina dejando un cierto dejo de decepción es, acaso, porque la propia cineasta/guionista no supo cómo cerrar la historia. Vamos, la cinta se interrumpe, más que se termina. De cualquier forma, vale mucho más la pena que otras cintas más redonditas y convencionales, como Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados (Trueba, 2013), que también está en competencia. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/III



La buena racha del cine brasileño en Guadalajara 2014 se confirmó con el tercer largometraje carioca en la competencia oficial: Un Lobo en la Puerta (O Lobo atrás da Porta, Brasil, 2013), opera prima de Fernando Coimbra, ganador del Premio Horizontes en San Sebastián 2013 y, espero, ganador de algo en esta edición de Guadalajara. Por lo menos el Mayahuel a Mejor Actriz para Leandra Leal no sería mala idea.
Estamos en Río, tiempo presente. La cinta inicia con la desaparición de una niña que fue recogida de la guardería, supuestamente, por una amiga de la mamá. Sin embargo, resulta que la madre, Sylvia (Fabiula Nascimento), no mandó a nadie por la chamaca. Cuando llega a recoger la niña y se entera que alguien se le adelantó, se levanta la denuncia respectiva y un joven inspector (Antonio Saboia) inicia los interrogatorios.
Los primeros minutos del filme nos instalan en un escenario casi fársico: la policía parece más obsesionada en averiguar la vida íntima de Sylvia y su marido, Bernardo (Milhem Cortaz), que encontrar a la niñita perdida. El inspector no se detiene, tampoco, para soltar un comentario imprudente por aquí y por allá. Sin embargo, muy pronto nos daremos cuenta que, acaso, esas preguntas sobre cómo anda el matrimonio de Sylvia y Bernardo no están de más. La aparición de una guapa jovencita llamada Rosa (impresionante Leandra Leal), antigua amante de Bernardo, empieza a enturbiar la situación.
Las declaraciones ministeriales se van sucediendo ante el joven inspector, mientras los episodios retrospectivos van reconstruyendo los acontecimientos que llevaron a la desaparición de la niña y el filme, por su parte, se va construyendo entre mentiras, engaños, certezas y fatalidades. El guión escrito por el propio cineasta debutante Coimbra es ejemplar por su balance de humor, suspenso y sorpresas, pero quien termina apoderándose de la película es la señorita Leal, quien logra entregarnos un personaje con múltiples matices: sensual, frágil, calculadora, vengativa, esfinge... Viendo su currículum en la IMBD me entero que básicamente es una actriz de televisión que ha hecho muy poco cine. Por los resultados de esta cinta, creo que la industria brasileña debería darle más trabajo. E, insisto, en Guadalajara 2014, deberían premiarla. 
A propósito de premios. La multipremiada cinta que vi el día de hoy, Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados (España, 2013), de David Trueba, me resultó decepcionante. Acaso esperaba demasiado de ella, por los seis Goya 2014 que ganó, incluyendo el de Mejor Película. La realidad es que se trata de una palomera road-movie, bien actuada, más o menos graciosa, pero al final de cuentas bastante convencional.
Antonio (irreprochable Javier Cámara, Mejor Actor en el Goya 2014) es un profesor de inglés en la España franquista de mediados de los 60. Cuando Antonio se entera que en Almería está John Lennon filmando una película, decide tomar la carretera para tratar de encontrarse con él, pues tiene algo muy importante que decirle con respecto a sus canciones, ya que él las utiliza en su salón de clases para enseñar inglés. En el camino, sube a su auto a Belén (Natalia de Molina), una muchacha que está huyendo de algo que muy pronto averiguaremos y, después, a Juanjo (Francesc Colomer), un jovencito de 16 años que salió de su casa, harto de su papá autoritario (Jorge Sanz). Los tres finalmente llegarán a Almería y, previsiblemente, resolverán buena parte de las broncas que arrastran cada uno de ellos. 
El título de la cinta proviene de Strawberry Fields Forever ("Living is Easy with Eyes Closed") de Lennon y, por supuesto, la presencia en España del Beatle más famoso en un momento en el que la dictadura de Franco empezaba su lento declive, con la cultura musical cambiando y el pelo largo imponiéndose, es parte de la ambición alegórica del guión escrito por el propio Trueba. Una ambición bastante edulcorada, para mi gusto.
Hubo un momento -¡que tiemposh Señor Don Shimon!- en el que este tipo de películas eran dirigidas por Carlos Saura y todas ellas, debo subrayar, las recuerdo infinitamente superiores. Pero, bueno, yo que sé: a la Academia española y a un buen sector de la crítica de España les ha fascinado este catálogo de clichés que, eso sí, por lo menos están muy bien interpretados por su efectivo reparto. Espero que el Jurado de Guadalajara 2014 no se compre este relato amable pero forzado sobre el franquismo en retirada.  

domingo, 23 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/II



Ya que no puedo escribir sobre el cine mexicano de ficción que estoy viendo -esta vez ejerzo de Jurado FIPRESCI que premiará la Mejor Cinta Mexicana de Ficción estrenada en el Festival y, por supuesto, no puedo adelantar mis preferencias-, déjenme escribir de dos filmes valiosos que están en la competencia oficial iberoamericana.
Hoje eu quero voltar sozinho (Brasil, 2014), fue una sorpresa. La vi porque a esa hora, entre película y película, no tenía otra opción así que entré a la sala sin saber con qué me iba a topar. La cinta es la opera prima de Daniel Ribeiro, ganadora doble en Berlín 2014: del premio FIPRESCI y del Teddy, que se otorga al mejor filme con temática gay exhibido en el festival.
Leo (Ghilherme Lobo) es un joven preparatoriano invidente que tiene como única amiga a la solitaria Giovana (Tes Amorim), que sueña con encontrarse con su primer amor. El propio Leo no ha podido aún dar su primer beso porque, ¿quién se podría enamorar de un ciego? Al salón de clases llega Gabriel (Fabio Audi), un atractivo muchacho que muy pronto hace migas con Leo y Giovana, más con él que con ella. ¿Será simple afinidad de caracteres o será algo más profundo?
Hoy Yo Quiero Volver Solo -ese es el título en español traducido literalmente- es una muy agradable cinta romántica y de crecimiento juvenil por partida doble -o triple, si tomamos en cuenta a Giovana. El trío de amigos se van acercando/alejando uno del otro en la medida que las relaciones entre ellos se van haciendo más complejas. La realización del debutante Ribeiro es muy funcional y los tres jovencitos están impecables. Nada más, pero nada menos. 
En lo personal, me entusiasmó más El Hombre de las Multitudes (O homem das multidoes, Brasil, 2013), basada vagamente en el cuento homónimo de Edgar Allan Poe y dirigida a cuatro manos por el director de ficción Marcelo Gomes (Cine, Aspirinas y Buitres/2005, Érase una Vez, Verónica/2012) y el documentalista Cao Guimaraes (El Fin del Sin Fin/2001, El Alma del Hueso/2004), que recién acaba de ser homenajeado con una retrospectiva en el Cinema Global 2014 en la Ciudad de México. La mirada minuciosa del documentalista Guimaraes se encuentra con la sensibilidad y el humor del mejor Gomes y el resultado es notable.
Juvenal es un solitario operador del metro en la emblemática Belo Horizonte, ciudad natal de Guimaraes. Desde las primeras imágenes, la cámara de Ivo Lopes Araújo aísla a Juvenal en el encuadre cuadrado 3 x3: sólo él aparece en foco, rodeado de las multitudes del título. El tipo camina y observa, se detiene frente a un aparador, se sienta y ve "con minucioso interés la innumerable variedad de figuras, atuendos, portes, andares, rostros y expresiones de los semblantes", como dice el narrador del cuento original de Poe. Juvenal sonríe ante la felicidad de los demás, aunque él no es feliz. Vive en un pequeño apartamento, su refrigerador está siempre vacío y la única conversación que tiene es consigo mismo.
Pero el observador Juvenal es también observado. Margo (Silvia Lourenco), su compañera de trabajo, controladora del metro, lo ve continuamente en las cámaras de vigilancia. Ella misma, aunque tiene una personalidad mucho más abierta, tampoco es el ejemplo de una vida social muy emocionante que digamos: cuando llega del trabajo, no hace más que alimentar a sus peces de computadora. Un buen día, sin venir a cuento, Margo le pide a Juvenal que sea su testigo en su boda. 
Guimaraes y Gomes -autores ellos mismos de la adaptación del relato de Poe- logran sostener con alfileres un relato construido en base de las miradas de este par de personajes pasivos y de una multitud de pequeños detalles que se van acumulando y se vuelven significativos por el emplazamiento de la cámara de Lopes Araújo o por el exacto acomodo de los actores, como esa suerte de imagen especular de Juvenal y del padre de Margo en la boda de ella, por ejemplo.
La música y el diseño sonoro de O Grivo -colaborador habitual de Guimaraes- acompañan a la perfección las soledades de Juvenal y Margo, y cierta canción, "Felicidade", interpretada en la escena de la boda, llega a transmitir un genuino pathos pues, a estas alturas del juego, nos hemos acostumbrado a nuestros dos protagonistas. Mejor aún: nos han llegado a interesar. Y, claro, queremos que todo termine bien, con boda incluida. Pero, ¿era esa boda?

sábado, 22 de marzo de 2014

Guadalajara 2014/I



El país invitado en Guadalajara 2014 es Canadá o, más específicamente Quebec. Por lo mismo, la cinta con la que se inauguró ayer el festival fue Gabrielle, sin Miedo a Vivir (Gabrielle, Canadá, 2013), filme francófono que fue enviado por Canadá a competir por el Oscar 2014 por Mejor Película en Idioma Extranjero. Aunque el filme no fue nominado, es más que comprensible la elección de la Academia Canadiense de Cine. Gabrielle… es una decente feel-good movie sobre un tema amigable, con una realización funcional y un excelente reparto. Vamos, se trata de una elección convencional pero segura como película inaugural. De hecho, Gabrielle… fue elegida también como Mejor Película en los Genie 2014 –el Oscar canadiense, pues- y su actriz protagónica, Gabrielle Marion-Rivard, ganó el Genie a Mejor Actriz.
La Gabrielle del título es una muchacha locuaz y alegre de 22 años de edad que nació con Síndrome de Williams –una discapacidad permanente de origen genético, que se manifiesta en una serie de complicaciones físicas y mentales- y que vive en una casa junto con varias personas que tienen otro tipo de discapacidades, bajo la supervisión de cuidadores profesionales. Ahí, la siempre jovial Gabrielle –la alegría es una característica del síndrome de Williams- conoce a Martin (Alexandre Landry, uno de los pocos actores profesionales que aparecen en el filme), un muchacho de 25 años que tiene un leve retraso mental. Gabrielle y Martin son parte de un coro que cantará en una fecha próxima acompañando a Robert Charlebois, un famoso intérprete québécois.
La historia es muy sencilla y los conflictos muy directos: Gabrielle y Martin se enamoran, quieren ser independientes, la sobreprotectora madre de él no quiere saber nada al respecto y la hermana mayor de Gabrielle –que es muy cercana a ella- va a irse a vivir fuera de Canadá. La directora y guionista Louise Archambault logra lidiar con todos estos clichés melodramáticos de una manera tan limpia como astuta.
Es decir, no hay chantajes sentimentales de ninguna especie, el manejo de los actores –la mayoría, jóvenes y adultos con auténticas discapacidades, incluyendo a la propia Gabrielle Marion-Rivard- es más que ejemplar, y el desenlace resuelve algunos de los problemas planteados y deja otros más sobre la mesa. Como suele suceder en la vida misma.
Otra cinta que tiene como protagonista a una mujer con algún tipo de discapacidad es La Herida (España, 2013), opera prima del editor vuelto cineasta Fernando Franco, Mejor Director Novel en el Goya 2014. La película está en Guadalajara en la sección competitiva iberoamericana. 
Ana (Marián Álvarez, Mejor Actriz en el Goya 2014 y en Mar de Plata 2014) es una mujer de unos treinta años de edad que vive todavía con su madre (Rosana Pastor). Trabaja como enfermera, trasladando al hospital a ciertos pacientes que necesitan algún tipo de terapia. Se supone que tiene un novio, con el que no logra comunicarse por teléfono, chatea continuamente con algún tipo que tiene deseos suicidas, come muy poco o casi nada, sufre de insomnio y, cuando nadie la ve, se quema la piel con un cigarrillo o se corta los muslos con una navaja. También, sin razón alguna, roba en tiendas. Nomás porque sí.
El guion del propio Franco y Enric Rufas nunca aclara qué tiene Ana y el porqué de su comportamiento. Seguramente es un tipo de ansiedad, algún trastorno psiquiátrico nunca atendido, pero la definición clínica es lo de menos. La cámara de Santiago Racaj, privilegiando las tomas sostenidas, sigue de cerca a Ana: no se despega de su espalda, de su nuca, de su cuerpo, un poco al estilo de los Dardennes y su ya bien conocida body-camera. La cámara no tanto como un medio de observación y estudio, sino casi de contacto físico.
Hacia el final, ya no estamos seguro del sentido del título del filme: ¿la herida es la que se auto-inflige Ana? ¿Es la herida como identificación vital de la protagonista? ¿O es simple, cruel, adjetivo? ¿Es ella la mujer herida que, en soledad absoluta, está imposibilitada para curarse? 

martes, 18 de marzo de 2014

Cinema Global 2014/II



El Alma del Hueso (A Alma do Osso, Brasil, 2004) es un largometraje documental en el que su director, Cao Guimaraes, nos exige algo sencillo y, a la vez, demandante: capacidad de ver, paciencia para observar, empatía para entender. El epígrafe con el que abre el filme, proveniente de Joao Guimaraes Rosa, "la soledad es mucho de nosotros mismos", nos advierte que el viaje audiovisual que haremos estará marcado por la soledad que define al observado.
Desde el inicio lo vemos, delgado, correoso, sucio, viviendo en una especie de cueva. El hombre se levanta, lava sus trastes, canturrea, recoge algo por ahí, limpia algo por allá. Parece la rutina de cualquier anciano solitario en cualquier parte del mundo. El largo prólogo de 14 minutos en el que seguimos la rutina de este viejo sin nombre nos ubica en el tono del filme: un imperativo por ver, atestiguar, seguir. En ocasiones, como es costumbre en el cine de Guimaraes, el naturalismo de las imágenes es alternado con abstracciones visuales y los sonidos ambientales son acompañados por música atonal, incluso primitiva. Los formatos se alternan también: el súper 8 -manejado por el propio Guimaraes- convive con el vídeo digital, a cargo del cineasta y sus habituales colaboradores Beto Magalhaes y Marcos M. Marcos, este último también responsable del sonido. 
No será hasta el minuto 43 cuando finalmente escuchamos la voz cascada y tartamudeante del anciano, quien habla a la cámara de sus sueños, canta con una guitarra y, después, lo vemos platicando -más bien, se diría que adoctrinando- con un grupo de niños y jóvenes que lo rodean. Poco a poco accedemos a más rasgos de su personalidad, a más información: el hombre tiene 71 años, vive de una pensión mínima otorgada por el gobierno y es obvio que sufre de algún tipo de problemas psiquiátricos, pues recuerda que fue tratado con electroshocks en el pasado. Lo cierto es que su soledad no parece preocuparle mucho: es su decisión, su forma de vida, su vida misma. 
Al final del documental, una serie de letreros nos informa: el anciano se llama Dominghinos da Pedra y tiene 41 años viviendo en esas cuevas de la región de Itambé do mato Dentro, en Mina Gerais. Hemos sido testigos, pues, de una forma de vida extrema, la de un loco, la de un asceta, la de un hombre anónimo cualquiera.
Un impulso similar, pero mucho más festivo y abierto, se puede encontrar en El Fin del Sin Fin (O Fim do Sem-Fim, Brasil, 2001), largometraje documental dirigido por Guimaraes al lado del infaltable Beto Magalhaes y Lucas Bambozzi.
Estamos a fines del siglo pasado y este trío de cineastas se pasearon por 9 estados de Brasil y por innumerables ciudades del gigantes sudamericano (Río, Salinas, Belo Horizonte, Sao Paulo, Salvador, etcétera), recogiendo testimonios no del fin del mundo ni del fin de una época, pero sí del fin de ciertas formas de vida, de trabajo, de profesión. 
Así pues, por las cámaras manejadas por el mismo trío de cineastas, desfila una serie de geniales anacronismos vivientes: una partera, un campanero, un bolero, un relojero, un elevadorista, ¡un acomodador de cine! (¿todavía había en Brasil en el año 2000?), un fotógrafo de parque, ¿un reparador de encendedores?, un profeta que adivina el estado del tiempo, una doña que fabrica lámparas de keroseno y algunas deliciosas extravagancias, como ese "maestro de gallos" que, muy serio, muestra cómo le enseña a los plumíferos a cantar (dice que incluso hizo cantar a una gallina); ese anciano "benshi" que acostumbraba narrar/comentar/actuar las películas silentes niponas para la extensa comunidad japonesa del Brasil; o ese extravagante Virgilio, un tal Paulo Marques de Oliveira, un dizque "científico" que sabe todo de todo y que, como dijera la inolvidable canción popular del siglo XIX mexicano, afirma que sabe de "química, retórica, botánica/botánica, retórica/y sistema decimal". 
La forma del filme se corresponde con el tema: la edición -responsabilidad también de los tres cineastas- superpone varias imágenes, de tal forma que todo lo que vemos se va encadenando casi de forma natural. Algo similar sucede con la toma de las imágenes: aunque la película fue realizada en gran medida con vídeo digital, los anacrónicos granos reventados de las cámaras de súper 8 y 16 mm. se intercalan en momentos claves, mientras los testimonios se suceden, contradictorios (un "cordelista" que se lamenta del fin de su profesión por tanta modernidad, interrumpe su choro para contestar su teléfono celular, diciendo: "Aquí nomás, echando puras mentiras"), regocijantes ("Naces, creces, vives, te vuelves estúpido, te casas y mueres", dice un viejo escribano retirado) o las dos cosas a la vez, porque aunque todos los participantes de este documental saben que su profesión -su vida misma, pues- está cerca del fin, tampoco se lamentan demasiado de eso. Ellos viven y siguen viviendo. Hasta el final sin fin. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXVIII



No vi mucho este fin de semana largo. De hecho, de la cartelera comercial solo pude ver El Crimen del Cácaro Gumaro (México, 2014), tercer largometraje de Emilio Portes (Conozca la Cabeza de Juan Pérez/2008, Pastorela/2011) escrito en colaboración del Botellita de Jerez Armando Vega Gil y el Güiri-Güiri Andrés Bustamante. El resultado, para acabar pronto, es consternante. Pero, primero, déjeme hacer una larga digresión, como sigue:
La decadencia del más grande comediante que ha dado este país, German Valdés "Tin-Tan", llegó muy rápido, debido al exceso de trabajo. Entre Calabacitas Tiernas (Martínez Solares, 1949) y El Vizconde de Montecristo (Martínez Solares, 1954) hay solo cinco años pero en ese lapso Tin-Tan apareció en 20 filmes, en 19 de ellos como protagonista. No hay comediante que aguante ese ritmo sin desgastarse y Germán Valdés no tenía por qué ser excepción. De ahí en adelante, durante el resto de los años 50, Tin-Tan y el equipo que lo rodeaba mostraron signos de una decadencia cada vez más lastimosa. Y, sin embargo, de vez en vez, sacaban la cabeza, ayudados por el muy mexicano relajo. Cintas como Lo que le Pasó a Sansón (Martínez Solares, 1955) o Los Tres Mosqueteros y Medio (1957) funcionaban a medias porque no se tomaban nunca en serio, porque los anacronismos eran manejados con soltura (Oscar Pulido le le pedía a "su reina" bailar el chachachá, los mosqueteros cantaban "Oye Mosquetero/Paga lo que Debes"), porque no se descartaba nunca la gracejada más absurda (Sansón -o sea Tin Tan- era llamado chichimeca) y porque había un grupo de actores dispuestos a tomarse muy en serio eso de hacer reír (algún mandamás bíblico era presentado como "el joven príncipe que acaba de cumplir sus primeros cien años" y luego aparecía un Andrés Soler con lentes negros y levantando su cascada voz). 
A lo que voy es que ninguna de esta cintas de la etapa decadente de Tin-Tan es especialmente lograda. No son más que una retahíla de sketches carperos unidos por la más elemental de las premisas: la parodia, sea de alguna anécdota bíblica o de una novela clásica. Y, sin embargo, reto al lector a que deje de ver Lo que le Pasó a Sansón o Los Tres Mosqueteros y Medio si llega a encontrárselas en la tele. Son películas muy menores, realizadas apenas funcionalmente y, sin embargo, algunos de sus chistes siguen dando en el blanco y sus repartos no tienen desperdicio. Vamos, es cierto: esos filmes son puro relajo. Un relajo disruptivo y caótico: divertido, pues. No es el caso de El Crimen del Cácaro Gumaro
La larga digresión tintanesca tenía este objetivo: subrayar que el problema no es el guión mal-hilvanado de Portes-Vega Gil-Bustamante ni que la película no sea más que una parodia (del cine de arte, de los festivales de cine, del consumo cinéfilo en México, de los espectadores tragapalomitas, de las mejores/peores cintas mexicanas de los últimos años, etc., etc., etc.) ni que la historia apenas funcione como un simple excipiente para una serie de sketches. El asunto es que el filme no es lo gracioso que debería ser. Así de simple.
Bustamente, quien interpreta a Don Cuino Meléndez de la Popocha -pariente cercano de Don Perpetuo del Rosal- es el corrupto alcalde de Ciudad Güepez. Ahí, los dos hermanos Gumaro (Carlos Corona) y Archimboldo (Alejandro Calva) se disputan la herencia de su padre (Eduardo Manzano), el dueño del único cine del lugar. Mientras Gumaro quiere remodelar el cine Linterna Mágica, "Archi" quiere demolerlo para poner un Oxxo. O un estacionamiento. O lo que sea, pero algo que deje mucho dinero.
A lo largo de la cinta, entonces, veremos a los dos hermanos darse en la torre una y otra vez, en un desmadroso universo fársico que tiene destellos de dibujo animado de la Warner, destellos de eficaz comedia física y mucho de puro pinche relajo mexicano, pero no del más gracioso. Y si bien algunas veces el humor da en el blanco -el rolling gag del mutilado es chistoso al inicio, el slapstick que pasa al fondo del encuadre está bien montado, los "nortes" que les da Don Cuino por teléfono a los gringos para que vengan a salvar a Güepez están cotorros-, la realidad es que el mismo problema que mostraba Portes en su anterior filme, Pastorela, vuelve a aparecer aquí, pero a lo bestia: una mera acumulación de puntadas, una ausencia de disciplina, un grupo de actores perdidos en sus propios recursos y una serie de cameos que no tienen sentido, a no ser el objetivo de echar relajo con los cuates. Que si Juanito, que si Jis y Trino, que si Chabelo, que si Alberto Rojas, que si Alfonso Zayas, que si Kate del Castillo, que si hasta el "temido crítico" Silvestre López Portillo (bájenle, bájenle: mi estimado Silvestre es un pan de Dios y no le tienen miedo ni sus talibanes).
Insisto, el relajo, por sí mismo, no necesariamente es malo si las dosis son pequeñas y si, por lo menos, sus ejecutores tienen algo de gracia tintanesca. El problema es que, tarde o temprano, el relajo por el relajo mismo agota, se agota y nos agota. Para decirlo en palabras de su muy citable fenomenólogo, el filósofo Jorge Portilla, el relajo puede expresar una "conducta de disidencia", sí, pero también puede volverse "la expresión de una voluntad de autodestrucción". O, como en este caso, de autosaboteo. Y es que la comedia es algo demasiado serio como para echar puro pinche relajo.

domingo, 16 de marzo de 2014

Cinema Global 2014/I


"Éramos muchos y parió la abuela", dice el fatalista apotegma demográfico. Pues sí: marzo es el mes de los festivales de cine México. No hay un solo día de marzo en el que no esté marchando un festival fílmico en este país: el mes inició con el FICUNAM y terminará con el de Guadalajara. En el ínter, el Riviera Maya inició cuando el FICUNAM aún no finalizaba y Cinema Global programó sus primeras funciones cuando estaba clausurando Riviera Maya y finalizará dos días después del inicio del festival de Guadalajara. Ufff: ni queriendo se puede cubrir toda la festivalitis mexicana. (Nota al calce, dedicada a los organizadores festivaleros: si saben que hay otros once meses disponibles en el año, ¿no? Ah, y antes que piensen el octubre: en ese mes está programado Morelia. De nada).
En fin. Por lo menos la programación de estos cuatro festivales no es mala. Del FICUNAM 2014 ya escribí por aquí y aunque no fui al Riviera Maya, a la distancia pude constatar que los filmes programados hicieron que valiera la pena el viaje -digo, para los que viajaron hasta allá. En cuanto a Guadalajara, la selección competitiva -de la cual ya he podido ver algunos filmes- es más que decente. Y en cuanto a Cinema Global, al que está dedicado esta entrada, su programación no solo es interesante sino hasta necesaria.
Cinema Global, habría que hacer la precisión, no es tanto un festival, sino que forma parte de uno: del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Creado por la asociación civil 2.12, Cinema Global tiene como objetivo "brindar la posibilidad al público de la Ciudad de México de acceder a materiales difíciles de encontrar en los espacios habituales de exhibición cinematográfica, generando así nuevas experiencias y construyendo nuevos públicos". Esta octava edición de Cinema Global, del 12 al 23 de marzo, está dedicada al cineasta y artista visual brasileño Cao Guimaraes (Belo Horizonte, Brasil, 1965), cuya obra es prácticamente desconocida en México. De ahí lo necesario que resulta Cinema Global.
Cao Guimaraes se mueve entre el documental, el ensayo, las artes visuales y ocasionalmente la ficción -como por ejemplo, su último largometraje, el encantador O Homem das Multidoes (2013), realizado en codirección con Marcelo Gomes, filme que no está programado en Cinema Global pero sí estará en competencia en Guadalajara 2014. Su obra no descarta el capricho/hallazgo más personal -algunos de sus cortos realizados en México, como Tras los Ojos de Oaxaca (2006) o Peyote (2006), a exhibirse en Cinema Global- ni el riesgo formal en el que se fusionan el documental de la naturaleza, el ensayo filosófico, el cine no narrativo y hasta el performance callejero.
Tómese el caso de Ex Isto (Brasil, 2010), inclasificable quinto largometraje de Guimaraes. El filme está basado en la novela Catatau, de Paulo Leminsky, que plantea una hipótesis poética/ridícula: ¿qué tal si René Descartes (1595-1650) hubiera visitado el Brasil del siglo XVII? ¿Y luego, qué tal si conociera el Brasil contemporáneo? ¿Qué haría, qué dijera, qué vería? O, más bien, ¿con qué asombro vería esa inabarcable naturaleza del pasado, estas inabarcables ciudades del presente?
Así, pues, Descartes (espléndido Joao Miguel), se pasea por los escenarios naturales del Brasil, observando con asombro animales y plantas, mientras su voz en off divaga en reflexiones científicas y filosóficas, sacadas/saqueadas tanto de la propia novela original Catatau como del Discurso del Método de Descartes. La cámara -manejada por el propio Guimaraes y sus inseparable colaborador Beto Magahaes, además de Alexandre Baxter- divaga también, sumergiéndose en más de una ocasión en la hipnotica abstracción visual: por acá un animal reptando, por allá la lluvia que se convierte en una fascinante danza de formas y colores.
En la segunda parte del filme, Descartes se encuentra en alguna ciudad brasileira -¿Recife?- que explora con creciente asombro: sus calles, sus mercados, su gente, su comida y hasta su música -en cierto momento, mueve muy bien la cadera a ritmo de una cumbia interpretada por algún grupo callejero. Esta segunda parte es una suerte de documental urbano con performance incluido -o viceversa-, pues Miguel, vestido como el científico del siglo XVII se pasea por las calles ante la mirada indiferente/curiosa de los transeuntes que, es de suponer, están acostumbrados a ver cosas mucho más extrañas. Pero no a través de la cámara de Guimaraes.

*Ex Isto se exhibe hoy en La Casa del Cine a las 21 horas.

sábado, 15 de marzo de 2014

Riviera Maya 2014... en un vistazo.



No pude ir, por desgracia, al Riviera Maya Film Festival 2014 -este marzo ha estado intenso, entre el Oscar, FICUNAM, Cinema Global y luego Guadalajara- pero gracias a una pequeña ayuda de mis amigos -algunos distribuidores, Festival Scope, mi asistencia a otros festivales, etcétera- ya he visto una buena parte de la programación. Va la lista de lo que ya había visto y de lo que vi en estos dísa, a distancia. Como siempre, las calificaciones positivas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces.

Un Toque de Pecado (Tian zhu ding, China, 2013), de Zhangke Jia. Panorama autoral: ***

Detective Ciego (Man Tam, Hong Kong-China, 2013), de Johnnie To. Gran Público: ***

Diego Star (Ídem, Canadá-Bélgica, 2013), de Frédérick Pelletier. Planetario: ***

Blindaje de Paja (Wara no tate, Japón, 2013), de Takshi Miike. Gran Público: ** 1/2

Un Campo en Inglaterra (A Field of England, GB, 2013), de Ben Wheatley. Gran Público: **

González (México, 2013), de Christian Díaz Pardo. Gran Público: **

La Vida Después (México, 2013), de David Pablos. Plataforma Mexicana: **

Grigris (Ídem, Francia-Chad, 2013), de Mahamat-Saleh Haroun. Planetario: **

TIR (Ídem, Italia-Croacia, 2013), de Alberto Fasulo. Planetario: **

El Lugar del Hijo (Argentina-Uruguay, 2013), de Manuel Nieto. RiveraLab Presenta: * 1/2

Manto Acuífero (México, 2013), de Michel Rowe. Plataforma Mexicana: * 1/2

Cumbres (México, 2013), de Gabriel Nuncio. Plataforma Mexicana: * 1/2

Café (México, 2014), de Hatuey Viveros. Plataforma Mexicana: * 1/2

Somos Mari Pepa (México, 2013), de Samuel Kishi Lop. Plataforma Mexicana: *

Lejanía (México, 2013), de Pablo Tamez Sierra. Platarforma Mexicana: *

Tip Top (Ídem, Francia-Bélgica-Luxemburgo, 2013), de Serge Bozon. Gran Público: +

Ajedrez de Computadora (Chess Computer, EU, 2013), de Andrew Bujalski. Gran Público: +

Navajazo (México-Francia, 2014), de Ricardo Silva. Plataforma Mexicana: +

El Resto del Mundo (México-España, 2014), de Pablo Chavarría Gutiérrez. Plataforma Mexicana: +

Muerte en Arizona (México-Bolivia, 2014), de Tim Dirdamal. Plataforma Mexicana: ++

jueves, 13 de marzo de 2014

Riviera Maya 2014/III



El chadiano Mahamat-Saleh Haroun es conocido en México por su cuarto largometraje, Un Hombre que Llora (2010), que fue exhibido, hace algunos años, en la Cineteca Nacional. El Riviera Maya 2014 ha programado su siguiente largometraje, Grigris (Ídem, Francia-Chad, 2013), en la sección "Planetario", destinada a mostrar filmes comprometidos con los problemas que aquejan al mundo en el que vivimos. 
Y, en efecto, Grigris cumple con creces el objetivo de la sección. La historia, escrita por el propio cineasta, está centrada en el "Grigris" del título, el apodo "de buena suerte" que lleva un joven chadiano llamado en realidad Souleymane Démé (él mismo). 
"Grigris" vive en condiciones precarias en N'djamena, la capita de Chad. Se gana la vida ayudando a su padrastro en su (dizque) estudio fotográfico o a su mamá que lava ajeno y, por las noches, se desata bailando cual John Travolta discapacitado en algún antro, para que la entusiasmada concurrencia lo premie con algunos billetes. He escrito "discapacitado" porque "Grigris" tiene su pierna izquierda paralizada, aunque esto no impide que, en la pista de baile, se aviente unas explosivas rutinas en las que usa, de hecho, su propia pierna inservible como parte del espectáculo.
La enfermedad de su padrastro -a quien ve como su propio padre-, la deuda impagable con el hospital, la falta de dinero y la aparición de Mimi (Anaïs Monory), una bellísima jovencita que sueña con ser modelo, impelen a "Grigris" a trabajar en negocios sucios con un gangster local (Cyril Guei), con los trágicos resultados previsibles.
Las premisas melodramáticas son obvias y más aún las vueltas de tuerca que encaminan al quinto largometraje de Haroun a los terrenos del thriller, pero la cinta se deja ver sin problemas hasta su -ese sí- inesperado desenlace, en gran medida por la atractiva personalidad del joven Démé, un actor no profesional que, por lo que he leído, fue descubierto por el cineasta precisamente por sus impresionantes habilidades dancísticas. Por él vale la pena ver la película.
También bastante convencional pero más lograda es Blindaje de Paja (Wara no tate, Japón, 2013), chorrogésimo largometraje del incansable y versátil Takeshi Miike. La cinta estuvo en competencia en Cannes 2013 -al igual que Grigris, por cierto- pero creo que este filme de Miike pertenece más a los multiplexes de todo el mundo que al estirado festival francés.
La historia, escrita por Tamio Hayashi basada en una novela de Kazuhiro Kiuchi, es una suerte de western (¿o eastern?) urbano. Un sádico violador y asesino de niñas, Kunihide Kiyomaru (Tatsuya Fujiwara, muy en su papel de andrógino pervertido), es capturado por la policía de Fukuoka. La última víctima del criminal fue una niña de 7 años, nieta de Ninagawa (el veterano Tsutomu Yamasaki, el viejo funerario de Violines en el Cielo/Takita/2008), uno de los hombres más ricos del Japón que, muy enfermo, ha colocado una recompensa por la muerte de Kiyomaru por mil millones de yenes -unos 130 millones de pesos, ahí nomás pa'l gasto. 
Cinco policías nipones, encabezados por el atormentado pero honorable teniente Mekari (Takao Ohsawa), tendrán la responsabilidad de llevar a Kiyomaru de Fukuoka a Tokio en menos de 48 horas para que sea juzgado, con todo Japón dispuesto a echarse al plato al desalmado criminal por toda esa billetiza. Más aún: Ninagawa está dispuesto a pagar 100 millones de yenes solo por el intento de asesinar a Kiyomaru, de tal forma que los cinco sufridos cuicos tendrán que detener a un guardia de la prisión, a una enfermera, a un chofer de un trailer repleto de nitroglicerina, a otros policías comprados por Ninagawa, al papá de otra de las víctimas y así hasta llegar a las dos horas de duración, mientras pasan de un camión blindado a un tren a un auto particular a un taxi a andar a pata, hasta llegar al agotador desenlace.
Por supuesto, estamos ante una suerte de derivación de algún western clásico (El Tren de las 3:10 a Yuma/Daves/1957, por ejemplo) realizado y producido con el vigor típico de Miike. Las escenas de acción se suceden con eficacia, los actores están muy justos encarnando a sus respectivos clichés y todo el asunto es, insisto, bastante convencional pero compulsivamente visible. Se antoja que alguien le comprará los derechos a Miike para hacer el remake hollywoodense respectivo.
Más difícil de refritear por Hollywood es Detective Ciego (Man Tam, China-Hong Kong, 2013), el más reciente largometraje del también muy prolífico cineasta hongkonés Johnnie To. Aunque se antoja que una adaptación gringa podría funcionar, lo cierto es que el cine de To tiende a estar mucho más enraizado en los géneros nacionales hongkoneses y en su arbitraria mezcla tonal.
Detective Ciego es muchas cosas a la vez: buddy-movie policial, comedia slapstick, farsa desatada, película de acción violenta, historia de amor y algunas otras cosas más. No se trata de falta de disciplina por parte de To y sus cuatro guionistas -uno de ellos, el infaltable Ka-Fai Wai- sino de uno de los elementos distintivos del cine comercial hongkonés, que gusta de este tipo de mezclas excéntricas. Si uno está acostumbrado a este tipo de narraciones -con todo y sus digresiones que, al final de cuentas, resulta que sí agregan información o interés a la historia central-, entonces Detective Ciego resultará irresistible, con todo y sus limitaciones y servidumbres.
El detective ciego del título, Johnston (la estrella Andy Lau), está retirado de la fuerza policial por desprendimiento de retina, pero de todas formas es usado por su antiguo compañero Szeto Fat-Bo (Tao Guo) para capturar a los más elusivos malandrines, pues Johnston tiene una capacidad intelectual sin parangón y una suerte de sexto sentido que le ayuda a resolver los casos más complicados. Johnston es contratado por una joven policía en ascenso, Ho (la también estrella Sammy Cheng), para que le ayude a encontrar a Minnie, una antigua amiga de la adolescencia que un buen día desapareció sin dejar rastro. 
La búsqueda de Minnie es interrumpida por los casos que Johnston va resolviendo en el camino -un asesinato cometido en las oficinas del forense, la captura de un asesino serial de mujeres abandonadas-, mientras que Ho, irremediablemente, se va enamorando del extravagante y tragón Johnston que, para rizar el rizo de las digresiones genéricas, también trata de volverse a encontrar con cierta despampanante maestra de tango del que se enamoró cuando todavía podía ver. 
To no solo va mezclando un género tras otro mientras avanza la cinta, sino que echa mano de innumerables recursos narrativos -algunos de ellos, poco usados en este tipo de filmes, como que las víctimas de los asesinatos "hablen" con Johnston para darle pistas o reclamarle sus errores-, de tal forma que el interés en la película no decae nunca. Es cierto que To ha hecho cosas mucho más interesantes y de alcances más serios que Detective Ciego -digamos, Una Vida sin Principios (2011), vista en el primer Riviera Maya- pero, vaya, nadie hace obras maestras todos los años. Ni siquiera To.