viernes, 31 de enero de 2014

Ambulante 2014/I



¿Cuál es el límite entre el documental y la ficción? Penumbra (México, 2013), segundo largometraje de Eduardo Villanueva (Viaje a Tulum/2011, no vista por mí), filme que se presentó en competencia en Rotterdam 2013 y luego en el FICUNAM del año pasado, provoca la pregunta en voz alta. (Aunque la respuesta más sensata podría ser, acaso, ¿importa saber cuál es ese límite?)
La película, presentada en Ambulante en la sección "Pulsos" es el perfecto ejemplo del tan debatido, llevado y traído, slow-cinema: dos ancianos, Adelelmo Jiménez y su esposa, Carlos Rodríguez (actores no profesionales) viven apartados en alguna casita en la zona rural de Jalisco. Son una pareja bien avenida, aunque no faltan las sombras: el recuerdo de la muerte de su hijo Emiliano, alguna enfermedad que tumba en la cama a Don Adelelmo, un venado que no se deja cazar.
Don Adelelmo practica la caza. No, mejor dicho, es un cazador. Es decir, lo suyo no es un hobbie: caza para vivir. Al inicio vemos cómo se levanta de su cama, sale al campo y mata una chachalaca que Doña Carlota guisa en un caldo que se ve riquísimo. Luego, le cuenta a un tipo una sabrosa anécdota de cuando mató a un tigrillo. Y, al final, vemos como caza y destaza al elusivo venadito.
La cámara de Patrick Ghiringhelli aprovecha al máximo los bellos espacios en exteriores y crea algunas imágenes notables en interiores –la escena en la que Doña Carlota es bañada por rayos de luz, la toma circular del inicio que se sostiene durante tres minutos-, aunque creo que una edición más rigurosa, con una duración más cercana a los 60 minutos, habría sido mejor.
"Pulsos" es la sección que, de acuerdo con el programa de mano de Ambulante, está dedicada a "la más  reciente producción documental en México que promueve obras con voz y visiones originales". En efecto, hay algo de original en programar una docuficción (¿o ficción documentalizada?) como Penumbra en Ambulante.
En contraste, H2Omx (México, 2013), de José Cohen y Lorenzo Hagerman, es un muy convencional filme documental pero esto no lo hace menos valioso. De hecho, creo que vale mucho más la pena que Penumbra.
Estamos ante una muy bien informada cinta documental que nos presenta el ¿irresolube? problema del agua en la ciudad de México. Sin voz narrativa alguna, pero sí con innumerables testimonios en off de diversos especialistas, investigadores, activistas y funcionarios, Cohen y Hagerman nos muestran el callejón sin salida que es llevarle agua a la zona metropolitana de la Ciudad de México, en donde viven 22 millones de personas. 
El problema, por cierto, es más o menos parejo: es cierto que los más ricos acaso no tengan que esperar la pipa del mes como sucede con cierta doñita que vive en Tlalpan, pero también vemos a un gerente de un restaurante de la Condesa que asegura tener broncas similares con el suministro del agua. Y lo peor, que atestiguamos al final: las aguas negras y contaminadas con metales pesados que salen del DF llegan a Hidalgo, en donde son usadas para el riego de las verduras que se comen los capitalinos. Algún agricultor lo dice con todas las letras: "de la ciudad nos mandan caca y nosotros les regresamos alimentos". Peor aún, esos alimentos están contaminados con cantidades criminales de cromo, plomo, estaño, antimonio, cobalto, arsénico, cadmio y el resto de la tabla periódica, y las mediciones no son cualquier cosa: los metales pesados -que han provocado, por ejemplo, una alta incidencia de cáncer en las zonas rurales de Hidalgo- sobrepasan hasta en nueve veces -es el caso del plomo- las cantidades mínimas permitidas. 
Los datos, las imágenes, los testimonios, que presentan Cohen y Hagerman son abrumadores y pareciera que no queda más remedio que la desesperanza o, de plano, la extinción. Pero, por supuesto, esto no es así: desde el inicio del documental, vemos a dos jóvenes, el ingeniero Antonio Capella y el diseñador Enrique Lomnitz, quienes con un entusiasmo hasta sospechoso llegan a Xochimilco a instalar un sistema de recolección de lluvia que puede solucionar el problema del agua de una comunidad entera. 
Claro, el trabajo de estos dos activistas -eso sí, muy prácticos, ¿habrán leído a Gabriel Zaid?- es solo una gota que -ya sé, la metáfora es chambona- se puede perder en ese océano de problemas que es la Ciudad de México y su abasto de agua. Pero son este tipo de acciones, pequeñas pero concretas, las que pueden ir solucionando broncas de esta naturaleza. El valor de este documental dirigido por Cohen y Hagerman es que que no solo muestra todos esos problemas, sino prueba que la solución a ellos es posible. El valor de H2Omx es, pues, muy didáctico, en el mejor sentido del término. 

lunes, 27 de enero de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXI



Balada de un Hombre Común (Inside Llewyn Davis, EU, 2013), Ethan y Joel Coen. La más reciente cinta de los hermanos Coen es otra comedia de humor negro en el que el personaje del título, Llewyn Davis (Oscar Isaac), un compositor y cantante de música folk de los años 60, sufre un fin de semana de pesadilla circular. 
Se entiende que Davis es un tipo de verdadero talento musical, pero también es incapaz de tomar una decisión correcta. Como su hermano del alma Barton Fink (1991) -aunque sin el tono surreal de aquella obra maestra temprana-, Llewyn Davis está acorralado en el peor infierno posible: en el autosabotaje artístico/existencial permanente y persistente, aquí, ahora y por siempre jamás. Las canciones, espléndidas, hacen más llevadera la crueldad de todo el asunto. Carey Mulligan, encabronada durante buena parte de la película, ofrece una actuación hilarante. Una injusticia que su trabajo haya pasado desapercibido en la temporada de premios. En mi Coenómetro personal, está cinta podría ser colocada por ahí, en el número 12. 

Atrapados (Deadfall, EU-Francia, 2012), de Stefan Ruzowitzky. Conocido en México por sus dramas históricos Los Herederos (1998) y la cinta ganadora al Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero Los Falsificadores (2007), el versátil cineasta austriaco Ruzowitzky debuta en Hollywood con esta palomera mezcla de thriller y drama familiar. El buen reparto (Eric Bana, Olivia Wilde, Kate Mara, Sissy Spacek, Kris Kristofferson, Treat Williams) hace más pasable la retahíla de clichés. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. 

jueves, 23 de enero de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXX



Detrás del Poder (México, 2013), de Javier Colinas. En su opera prima en el terreno del largometraje, Javier Colinas echa mano de los mismos actores con los que trabajó en el segmento "El Casco", que formó parte de la dispareja comedia Los Inadaptados (2011). Es decir, Detrás del Poder está protagonizada por Paola Núñez y Luis Arrieta quien, además, es el autor del guión de la cinta  -y, por cierto, también lo fue de Mejor Ponte a Trabajar (2010), un corto que Colina dirigiera en 2010.
La trama echa mano de una narración fragmentada, en la que la tortura de un honesto diputado "cara de niño" (Arrieta) por parte de un violento desconocido (Héctor Kotsifakis), es contrapunteada por sucesos pasados que nos van, poco a poco, descubriendo quién está "detrás del poder": un expresidente ñacañaquesco que tiene como implacable doble-agente a una femme fatale Región 4 (Núñez).
La historia, escrita por Arrieta, llena de contradicciones, casualidades y lagunas, nos exige demasiado. Un solo ejemplo: ¿a poco el torturador, que presume haber tenido una relación muy estrecha con su mamá, no sabía que ella trabajaba para el diputado "cara de niño"? Pero, igual, ¿para qué sirve ese dato? ¿Para hacer que el torturador mate al susodicho diputado en un arranque de furia? ¿Pero no se trata, más bien, de que no lo mate sino de que cambie de parecer sobre cierta votación clave en la Cámara de Diputados? En fin, qué sentido tiene gastar más espacio en esta película tan fallida. 
Un paso atrás para Colinas, pues el segmento "El Casco", que dirigió para Los Inadaptados, era lo mejor de esa malograda cinta. 

Lore (Ídem, Alemania-Australia-GB, 2012), de Cate Shortland. De lo mejor que vi en el año pasado finalmente ha merecido un modesto estreno comercial/cultural. Mi crítica, in extenso, aquí

Amor Índigo (L'Écume des Jours, Francia-Bélgica, 2013), de Michel Gondry. Insoportable catálogo de caprichos, cursilerías y churrealismo. Encabezó mi lista de lo peor que vi el año pasado. 

La Esposa Prometida (Lemale et ha'lalal, Israel, 2012), de Rama Burshtein. Una curiosidad por partida doble: opera prima de una cineasta israelí y, además, la realizadora proviene de la estricta comunidad jasídica que retrata en el filme. Pero, más allá de esta curiosidad, se trata de una magnifico filme. Escribí de él hace rato por acá.

Escándalo Americano (American Hustle, EU, 2013), de David O. Russell. Una película entretenida, sin duda, y que se deja ver sin mayor problema gracias a sus actores -especialmente Christian Bale y Amy Adams. Pero que esta cinta haya recibido tan buena crítica en USA me parece inexplicable. ¿Qué le ven los críticos gringos al cine de Russell? Misterio. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado. 

Bekas (Ídem, Irak-Suecia-Finlandia, 2012), de Karzan Kader. Exhibida en el 33 Foro de la Cineteca, hace casi un año, escribí de ella in extenso por acá. 

¿Qué le Dijiste a Dios? (México, 2013), de Teresa Suárez. La primera película mexicana que veo en el año y ya tiene su lugar apartado para lo peor del 2014. Escribí de ella hace unos días aquí mismo. 

lunes, 20 de enero de 2014

¿Qué le Dijiste a Dios?



Durante los créditos finales de ¿Que le Dijiste a Dios? (México, 2013), segundo largometraje de Teresa Suárez (Así del Precipicio/2006), el saqueado/homenajeado Alberto Aguilera Valadez aka Juan Gabriel aparece en escena enfundado en un traje color lila y, muy de abanico en mano, se avienta el clásico "Pero qué Necesidad", mientras atrás, todo el reparto de la película que acabamos de ver le hace el coro, aplaude y (dizque) baila. 
El chiste es inevitable: pues sí, Juan Gabriel, pero qué necesidad tenías de otorgar el permiso de que usaran tus canciones en un musical tan fallido, en una comedia sin chiste que, peor aún, termina en el tremendismo más injustificado y en el melodrama aleccionador más ramplón. Pero qué necesidad, de veras.
En cuanto terminan los créditos iniciales de la película ("Buenos Días, Señor Sol"), la mala comedia y la peor telenovela empiezan: mientras su frustrado marido cornudo Héctor (Alejandro de al Madrid) se va al trabajo, su frívola mujercita, la "naca de pellejo güero" Marcela (Erika de la Rosa), se acuesta con Santiago (Mark Tacher), el esposo de su mejor amiga, Marifer (Mar Contreras). Afuera, barriendo la calle, las criadas de Marcela, las hermanas pueblerinas Lupita y Martina (Olinka Velázquez y Gina Vargas), desean irse al pueblo a la boda de una parienta. Lupita es la que tiene más prisa, pues su fiel enamorado Pepe (Víctor García) la espera ("Vienes o Voy"). Martina, en contraste, no tiene ni ha tenido novio ("Yo No Nací para Amar"). Pero si las criadas sufren, la pareja de ricos cornudos también lo hacen: Héctor se siente abandonado ("Me He Quedado Solo"), mientras Marifer grita y canta algo parecido ("Debo Hacerlo") y hasta jura en sueños "No Me Vuelvo a Enamorar".
Hartos del maltrato de la atrabiliaria patrona, Lupita y Martina se cobran a lo chino, se roban varios vestidos y joyas, y se van al pueblo a la boda de marras. Allá, sin que venga a cuento, el pobre pero honrado Pepe le confiesa su amor a Lupita ("No Tengo Dinero") y ella, para compensar tal sinceridad, le entrega "Todo". Mientras todo esto sucede en ese idílico pueblito, Marifer se da cuenta finalmente del engaño, le habla al marido infiel ("Inocente Pobre Amigo") y encara a su traicionera amiga ("La Farsante"). Por ahí, en algún momento, y nomás para darle la oportunidad del echarse un palomazo, Regina Orozco, en el papel de la mamá de las dos criadas, entona "Insensible" con su vocerrón característico. Al final, todo se arreglará: Marifer correrá a Santiago en plena pachanga ("Déjame Vivir"), Pepe perdonará a la ladrona Lupita y le preguntará si quiere bailar esa noche ("El Noa Noa"), y Héctor abandonará a la mala madre y peor esposa Marcela. Todo mundo, pues, recibirá su lección: los infieles serán abandonados, la esposa sufrida se liberará, los pobres aprenderán que robar no está bien pero de todos modos serán muy felices y el espectador constatará que esto de los musicales no se le da al cine mexicano.
La premisa de usar las canciones de Juan Gabriel como hilo conductor de esta película no es muy original que digamos pero tampoco es mala idea. Después de todo, ¿qué mexicano no conoce buena parte del cancionero del prolífico michoacano, acaso el canta-autor más popular de nuestro país, en la mejor tradición de Agustín Lara o José Alfredo Jiménez? El problema no son las canciones de Juan Gabriel -que son lo mejor de la película, para acabar pronto- sino las criminales insuficiencias que muestra la directora Teresa Suárez, su equipo técnico y casi todos sus actores. 
Por principio de cuentas, no hay una sola coreografía (responsabilidad de Guillermo Téllez) que merezca llevar ese nombre. En algunos momentos la cámara de Alejandro Cantú -que en esta cinta demostró que, ni modo, no es infalible: también hace cine que se ve feo- se mueve libre por los aires, pero la mayoría de las veces el encuadre permanece fijo, lo que no estaría mal si estuviéramos viendo los cuadros coreográficos de un Bob Fosse (Dulce Caridad/1969). La bronca es que las coreografías son muy planas y, para acabarla de gozar, nadie se distingue por bailar muy bien que digamos (aunque hay que aceptar que, por lo menos, Víctor García le echa ganas).
La historia, subordinada a las canciones de Juan Gabriel, va avanzando sin que haya nada que la distinga estilísticamente (acaso el número musical de Regina Orozco sea el único que se salva de la chamusquina) y las canciones son actuadas/interpretadas/montadas de una forma tan poco imaginativa, que cualquier añejo videoclip de Juan Gabriel (digamos, ese en donde alterna con Rocío Dúrcal cantando "Déjame Vivir") parece un portento de puesta en imágenes.
Por supuesto, la película ha sido, al momento de escribir estas líneas, un éxito de taquilla. 20 millones de pesos en su primer fin de semana indican que Juan Gabriel y sus canciones son, para el público mexicano, insumergibles. El compositor de "Se Me Olvidó Otra Vez" -mi canción preferida de él: un himno a la resignación y al masoquismo que pudo haber sido escrita por José Alfredo- se lo merece. Pero también se merecía, qué duda cabe, un mejor homenaje cinematográfico.

viernes, 17 de enero de 2014

El evangelio del 2013... según ustedes/XVIII y último



Finalmente, después de 103 votos emitidos, el top-5 del 2013 según los lectores de este blog quedó así:

1. Gravedad.......................... 37%

2. Amour ............................... 21%

3. Titanes del Pacífico........... 13%

4. Antes de la Medianoche... 10%

5. Buscando a Sugarman....... 7%

Aquí terminamos con esto de las listas y seguimos viendo cine. 

miércoles, 15 de enero de 2014

El Lobo de Wall Street



Al inicio de El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, EU, 2013) hay un momento clave que se pierde en el maremagnum de carcajadas, gritos, aullidos y aplausos que ocurren un día sí y otro también en Stratton-Oakment, la compañía fundada por "el lobo de Wall Street" del título, nuestro cinicazo guía y narrador en off Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio, en otra gran actuación por la cual, ojalá me equivoque, no ganará el Oscar).
La escena en cuestión es la siguiente: después de que la cinta inicia con un desvergonzado informercial de la compañía Stratton-Oakment, con sus muy elegantes, correctos y profesionales corredores de bolsa, la voz en off de Jordan -permítanme decirle por su nombre: ¿a poco no le tienen confianza?- nos muestra cómo es en realidad el negocio que él fundó y quiénes son los trabajan en él. Estamos en una desatada orgía de voces/sudores/aullidos en la que los gritos opacan los insultos, los aplausos a los gemidos sexosos y la ingestión de coca no permite ver bien al enano que están lanzando como tiro al blanco. 
Jordan comanda a esta runfla de cavernícolas, a este Colegio de Animales (Landis, 1978), y les presenta, orgulloso, la locura de la semana: cierta asistente de sonrisa timidona ha accedido a raparse por completo frente a todo mundo con tal de recibir diez mil dólares de compensación. Nadie la está obligando, que quede claro. Ella ha aceptado gustosa. Además, necesita los billetes para una buena acción: ponerse implantes en los senos. 
Así pues, la mujer es rapada frente a esta horda de ululantes subhumanos, pero el shock del momento no dura más que unos cuantos segundo: ni Scorsese, ni la cámara de Rodrigo Prieto ni, mucho menos, los corredores de Stratton-Oakment le ponen ya demasiada atención a la susodicha mujer. Apenas la están rapando cuando Jordan anuncia la llegada de una banda musical, luego aparecen las strippers, atracito vienen los meseros con sus copas de champán, alguien se sube a una mesa... y, bueno, usted entiende: en este relajo, ¿a quién le importa que una mujer se esté dejando rapar? Luego volvemos a verla un instante, ya pelona, con sus billetotes en la mano. Tuvo sus cinco segundos de fama... y diez mil dólares de pago. A otra cosa, mariposa. 
Esta escena es clave para aprehender el tono del vigésimo-octavo largometraje scorsesiano. Apenas hay tiempo para divertirse/molestarse/asombrarse de un exceso cuando ya hay otro y otro más y otro más y otro más. Nuestro Virgilio particular no nos deja descansar un momento: se voltea a la cámara y confiesa, orgulloso, con una sonrisa radiante, digna de El Gran Gatsby (Luhrmann, 2013) que, bueno, lo que está haciendo "no es completamente legal". Por supuesto que no: lo que hace este tipo es seguir al pie de la letra, corregidos y aumentados, los invaluables consejos de su primer jefe, el hedonista de acento texano Mark Hannah (Matthew McCoughney, robándole la escena a DiCaprio), quien le da la receta clave para el éxito en Wall Street: quitarle el dinero a esos imbéciles llamados clientes, consumir harta cocaína, irse de putas todo el tiempo y... ah... sí, masturbarse por lo menos dos veces al día. No es por gusto, que quede claro: es por necesidad.
Sobre las cínicas memorias (dizque) exageradas del auténtico "Lobo de Wall Street" Jordan Belfort, adaptadas por el especialista en gángsters que odiamos amar Terence Winter (creador de Los Sopranos Boardwalk Empire), Scorsese ha creado acaso la cinta más desmadrada de su carrera. Si dudo en calificarla de obra maestra es por ese pulso narrativo digresivo, repetitivo y, a veces, hasta descuidado: voz en off que pierde el hilo de lo que está contando, un mismo discurso histérico de Jordan repetido una y otra vez para encender la codicia de sus decenas de achichincles timados/timadores, una edición suelta que no suda ni se acongoja aunque no encaje a la perfección la posición que ocupan los actores en el encuadre...
¿Dónde quedó la elegancia del director de La Edad de la Inocencia (1993), la maestría narrativa del realizador de Buenos Muchachos (1990), la contundencia visual del creador de Toro Salvaje (1980)? Sepa la bola: igual no importa, porque para acercarnos a Jordan Belfort y su aventuras/desventuras no necesitamos al Scorsese elegante sino al vugar, no a un maestro irreprochable en la puesta en imágenes sino a un cineasta juvenil, desfachatado, suelto, que no quiere perder el ritmo de lo que cuenta aunque a ratos se repita innecesariamente. Pero, ¿cómo reprocharle a Scorsese que Jordan repita un discurso si después de él, la cámara de Rodrigo Prieto vuela sobre la oficina de Stratton-Oakmont mientras Jimmy Castor se revienta en la banda sonora "Hey, Leroy, Your Mamma's Callin' You"? ¿Cómo reclamarle precisión a un cineasta que funde el inicio de "Madness" de One Step Beyond con los coros de "Hi Hop Hooray" de Naught by Nature nomás para hacer el corte a una nueva escena? ¿Cómo no sentir admiración por este venerable septuagenario que heréticamente, sin que venga a cuento, deja caer nomás porque sí burlescas referencias cinefílicas de adorados clásicos hollywoodenses (a El Mago de Oz/Fleming/1939, después que Jordan consume su primer pipa de crack), de malditos filmes de culto (Fenómenos/Browning/1932, cuando Jordan y sus impresentables compañeros se sueltan gritando "Uno de nosotros"), de intocables cintas infantiles (el baile de Jordan al estilo Umpa-Lumpa) o hasta de inolvidables personajes de tira cómica (Jordan inhalando cocaína cual Popeye con sus espinacas)?
Scorsese demuestra un vigor y una capacidad narrativa casi tiburonesca, como el propio Jordan Belfort: así como este detestable pero carismático trácala no se detiene un instante, tampoco lo hace la película. De hecho, en los pocos instantes en los que el filme pausa su flujo narrativo, la cinta se tambalea peligrosamente, como en ese escena en la que Jordan decide que no va a negociar con las autoridades ni va a renunciar a su compañía. Por un momento, al sentimentalizar a su inescrupuloso anti-héroe (le dio 25 mil dólares en lugar de 5 mil a una madre soltera: ay, no puede ser tan desalmado), al colocarlo casi vencido sobre las cuerdas, al ver como lo tiene acorralado el implacable pero resentido y pobrediablesco agente del FBI que lo persigue (Kyle Chandler), Scorsese y Winter demuestran que quieren demasiado a su monstruo. Por fortuna, la cinta se recupera de inmediato: pasado ese momento, volvemos al mismo Jordan de siempre, el que se preocupa no por la muerte de su adorada tía política sino por el lanón que puede perder porque la señora era su prestanombres, el (dizque) conquistador/mujeriego irresistible que tiene una despampanante mujer (Margot Robbie) a la que es incapaz de hacer el amor más de 11 segundos, el mismo ojete que siempre caerá parado porque después de denunciar a todos sus amigos/empleados, purgará mugres dos años de cárcel para luego convertirse en un cotizado gurú de ventas (o de personalidad o de felizología o de lo-que-sea), porque siempre sobrarán los ingenuos (¿o de plano los imbéciles?) -esos que al final asisten a su conferencia, bien sentaditos y atentos, como nosotros viendo la película- que quieran darle su dinero a tipos como él.
Un último apunte, inevitable: escribo esto horas antes de que anuncien las nominaciones al Oscar 2014, así que no sé si Leonardo DiCaprio ganará o no su cuarta nominación. No me extrañaría que lo ningunearan, aunque en este caso sí sería un escándalo. El Jordan Belfort de DiCaprio es su creación más físicamente desbordada: un atractivo Ricardo III que guiñándonos el ojo nos presume sus transas financieras, un Donald O'Connor que mueve imposiblemente su cuerpo al ritmo de "Pretty Thing" de Bo Diddley, un tintanesco fauno que se muerde el puño cuando le cuenta a su irascible papá (formidable Rob Reiner) sus andanzas sexuales y, last-but-not least, una versión pasada por Quaaludes de Jerry Lewis, cuando completamente intoxicado, en su fase "de parálisis cerebral", trata de llegar gateando a su Lamborghini. Una escena de 10 minutos de duración que debería de merecer un premio. No sé cuál: acaso no el Oscar a Mejor Actor. Pero sí el Oscar al Mejor Gateo en la Historia del Cine. 

martes, 14 de enero de 2014

El cine que no vimos/LX



La Grande Bellezza (Italia-Francia, 2013), sexto largometraje del consolidado cineasta italiano Paolo Sorrentino (Le conseguenze dell'amore/2004, El Divo/2008), inicia con una escena que, de alguna manera, advierte lo que se verá en los siguientes 142 minutos.
Un grupo de turistas se pasean por la milenaria Roma y uno de ellos, extasiado/agotado por "la grande bellezza" de la ciudad de los césares, se desmaya (¿o de plano se muere?). No importa: lo que sucede es que el turista de marras no puede con la inabarcable Roma. A ratos, uno siente lo mismo que ese pobre tipo: esta película es demasiado. Pero que conste: no es queja. Es una simple confirmación de los excesos a los que se entrega (y nos entrega) el cineasta napolitano.
La película ha sido comparada, inevitablemente, con la inalcanzable La Dolce Vita (Fellini, 1960) y Sorrentino, supongo, es consciente que no tiene sentido negar la fellinesca cruz de su parroquia. Como ya sucedía en El Divo -con citas de Coppola, Scorsese y, de nuevo, Fellini-, el cineasta no esconde tampoco aquí sus influencias: al contrario, las asume y retrabaja sin empacho alguno.
Después del citado prólogo, estamos de lleno en la fiesta de cumpleaños número 65 de Jep Gambardella (el actor fetiche de Sorrentino, Toni Servillo), una especie de Marcello Rubini del nuevo siglo o, si quiere usted, una suerte de Carlos Fuentes a la italiana: un intelectual y escritor de suprema elegancia, de inapelable seguridad, cuya presencia es necesaria en cualquier reunión que pretenda ser importante. A pesar de que Gambardella no ha escrito un solo libro desde su exitosa novela "El Aparato Humano", 40 años atrás, es tomado por toda la intelligentsia italiana como el arbiter elegantiarum de su tiempo, el Petronio de la era Berlusconi. Nadie puede prescindir de él ni de sus fiestas.
La apoteósica puesta en imágenes de la pachanga -cámara del fotógrafo habitual Luca Bigazzi- nos ubica de lleno en el caos que rodea la vida social de Gambardella y, al mismo tiempo, la soberana tranquilidad con la que él se mueve, sin permitir que nada ni nadie lo (con)mueva. Así pues, en la enorme terraza de su departamento, frente al milenario Coliseo construido por el emperador Tito y mientras todo mundo baila al ritmo de Bob Sinclair y Rafaella Carrà ("Far l'amore"), alternando con un mariachi que sale de quién sabe dónde y terminando con la ejecución coreográfica  de ese gran clásico guapachoso que se llama "Mueve la Colita", Jep se deja besar por hombres y mujeres, baila sin perder nunca la compostura y, como quien no quiere la cosa, con la seguridad de quien se sabe indispensable, prende un cigarrillo mientras todos a su alrededor se descoyuntan.
Gambardella ha jugado el mismo papel en los últimos 40 años, desde que llegó a Roma -¿como Marcello Rubini, como el propio Federico Fellini?- y a estas alturas del juego es imposible separar al ser humano del personaje. Aunque la noticia de la muerte de la única mujer que alguna vez amó lo sacude, no es claro que esa pasión juvenil pueda realmente transformarlo. Sorrentino que, sin duda, admira a su personaje, no deja de verlo desde la distancia, con la suficiente ambigüedad, por ejemplo, para no dejarnos saber si su llanto en cierto funeral es realmente espontáneo o un muy calculado y egoísta rompimiento de sus propias reglas de etiqueta ("En los funerales nunca hay que llorar si no se es deudo directo; es de mal gusto robarle la atención a los familiares del fallecido").
La película, construida como La Dolce Vita, a través de una sucesión de episodios en los que Gambardella aparece como protagonista/testigo, no pierde la oportunidad de la sátira eclesiástica -otra vieja tradición fellinesca-, con ese cardenal papable que no sabe más que de recetas de cocina o esa centenaria monja y futura santa, la Madre María (Giusi Merli, cual Madre Pasita de Calcuta) que come solo raíces, aunque estos dardos resultan más bien romos frente a esa crónica de una sociedad del espectáculo y/o intelectual (pero, ¿hay alguna diferencia?) que no parece tener otra preocupación que la siguiente fiesta, la siguiente cena, la siguiente reunión, el siguiente baile. 
Al final, pareciera que Jep ha re-encontrado el camino. Pero no hay que estar tan seguro. En una de esas, no puede resistir la siguiente pachanga, con todo y la nueva versión de "Tu Vuò Fa L'Americano" a todo volumen. 

lunes, 13 de enero de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIX



El Gran Maestro (Yi dai zong shi, China-Hong Kong, 2013), de Kar-wai Wong. Sospecho que sea en la versión que sea -en México se ha estrenado el corte "europeo" de 122 minutos-, El Gran Maestro, décimo largometraje del gran estilista de los amores frutrados Kar -wai Wong, usted estará viendo una película incompleta. Aún así, se trata del primer gran estreno que vi en el año. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Gloria (Chile-España, 2012), de Sebastián Lelio. Ya escribí hace rato de esta película, que presume una de las actuaciones del año pasado: la de Paulina García, Mejor Actriz en Berlín 2013.

Diario de Francia (Journal de France, 2012), de Raymond Depardon y Claudine Nougaret. El más reciente largometraje del veteranísimo documentalista, fotógrafo y periodista Raymond Depardon -codirigiendo aquí con su esposa y sonidista Claudine Nougaret- es una suerte de auto-antología -¿o auto-antojolía, Ayala Blanco dixit?- en la que el cineasta, por un lado, viaja caprichosamente, anacrónica cámara fotográfica en mano, por esa Francia que no conoce tan bien como los múltiples escenarios en los que ha filmado/reporteado desde 1962 (Venezuela, Chad, República Centroafricana, Chile, Biafra, Praga, Sudáfrica), mientras la mujer/colaboradora se sumerge en los archivos fílmicos del marido en los que rescata fragmentos de sus innumerables documentales, mostrando escenas reveladoras del imperialismo francés en África, los tejemanejes cínicos del candidato -y luego Presidente- Giscard D'Estaing en plena campaña electoral, cierta célebre entrevista a una antropóloga secuestrada por unos rebeldes en Chad, así como devastadores fragmentos de "cine directo" en los que una abandonada enferma mental o un franco chofer sin licencia se lamentan frente a cámara de su suerte. El resultado es un absorbente greatest-hits del propio Depardon y de la visión ética/estética que él representa: colocar la cámara, escuchar y grabar lo que ve, sin olvidar, nunca, que hay un autor detrás de esa cámara. 

El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, EU, 2013), de Martin Scorsese. Por supuesto, escribiré de ella largo y tendido en estos días, pero sólo diré, por lo pronto, que Hitchcock dirigió Frenesí (1972) cuando tenía 73 años y era una película audaz, joven, provocadora... y medio enferma. Scorsese dirige El Lobo... a sus 71 primaveras y podríamos colgarle esos mismos adjetivos a su nueva cinta. No exenta de problemas y contradicciones, se trata de la obra mayor de un gran cineasta en pleno uso de todos sus recursos cinematográficos.

viernes, 10 de enero de 2014

Y la ganadora del 2013 será...



Como cada año desde el nacimiento del blog, es hora de que los lectores de este espacio voten por la cinta del año. Las películas elegidas por los lectores de cada mes, de enero a diciembre, fueron Amour, Una Niña Maravillosa, Metal y Hueso, Oblivion, Rápidos y Furiosos 6, Buscando a Sugarman, Titanes del Pacífico, Antes de la Medianoche, César Debe Morir, Gravedad, Capitán Phillips y Jazmín Azul.
Como ha sucedido en otros años, la docena de cintas elegidas es una atractiva mezcla de cine de autor -Haneke, Allen, los Taviani, del Toro, Linklater-, alguna opera prima notable -Una Niña Maravillosa-, un documental -en este caso, Buscando a Sugarman- y los filmes hollywoodenses -blockbusters o no- que tampoco pueden faltar. Se puede votar, como siempre, aquí mismo, a la derecha. La votación estará abierta hasta el próximo viernes por la tarde. 

PS. Los ganadores de otros años han sido Batman, el Caballero de la Noche (2008), Up (2009), El Origen (2010)El Árbol de la Vida (2011) y El Espía que Sabía Demasiado (2012).

martes, 7 de enero de 2014

De tal Padre tal Hijo



De tal Padre tal Hijo (Soshite chichi ni naru, Japón, 2013), noveno largometraje de Hirozaku Koreeda (Maborosi/1995, Wandâfaru Raifu/1998, Nadie Sabe/2004, Caminando Aún/2008) y ganador del Premio Especial del Jurado en Cannes 2013, inicia y se desarrolla como un convencional melodrama familiar nipón, un gendai-geki cualquiera que, por lo menos en su planteamiento, parece un remake inconfesado de la divertida comedia de enredos La Vida es un Largo Río Tranquilo (Chatiliez, 1988).
Al igual que en la cinta francesa, dos familias completamente encontradas descubren que los hijos que han criado no son los de ellos. Así, el ambicioso y workhólico arquitecto de clase alta Ryota Nonomiya (Masaharu Fukuyama) se entera que su decepcionante hijito de seis años Keita (Keita Ninomiya) en realidad es el vástago del extrovertido e infantil tendero barriobajero Yudai Saiki (Rirî Furankî) quien, a su vez, ha criado al hijo biológico de Ryota, Ryusei (Shôgen Hwang), al lado de sus otros dos hijos. El supuesto error se cometió el día en que nacieron los dos chamacos, quienes fueron entregados por una enfermera resentida a la familia equivocada. Descubierta la bronca, empezará la difícil transición pero... ¿a qué? ¿A que el esforzado Keita se acomode con su nueva familia desmadrosa? ¿O a que el alegre chiquitín Ryusei se acostumbre a las reglas y los lujos de los Ninomiya, especialmente de su (verdadero) papá, el estirado Ryota? Pero, ¿a poco se puede cambiar así como así a un hijo que has criado como tuyo durante seis años? ¡Ni que fuera mascota! "Y yo no cambiaría ni a mi mascota", dice la claridosa señora Saiki (Yôko Maki).
Las diferencias abismales entre los Ninomiya y los Saiki, especialmente entre los dos paterfamilias, y la adaptación de los dos muchachitos a sus respectivos núcleos familiares, pareciera ser el centro dramático del melodrama. Pero he aquí que, poco a poco, el guión escrito por el propio cineasta nos muestra que la película va por otro lado. Los protagonistas no serán, entonces, los dos niños intercambiados sino, más bien, el seco Ryoto, un padre de familia que ha creído que su única responsabilidad es trabajar de más, exigirle mucho a su retoño de seis añitos y sentirse decepcionado cuando el pobre chamaco no toca bien el piano. "Eso explica todo", comenta Ryota a su mujer, Midori (Machiko Ono), cuando confirma que Keita no es su verdadero hijo. ¡Ese niño con tan poco talento no podía ser de él!
Como es costumbre en Koreeda, todo lo que he descrito es mostrado, muy a la Ozu, sin subrayar el drama ni, mucho menos, sentimentalizar a sus personajes ni a las situaciones que enfrentan. Por lo mismo, cuando Ryota se da cuenta (y nosotros con él) lo que ha hecho el rechazado Keita con cierta cámara fotográfica, el golpe emocional es mucho más fuerte. Porque, al final de cuentas, uno se convierte en padre, haga lo que haga y sea quien sea, sólo a través de la mirada de nuestros hijos. 

lunes, 6 de enero de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVIII


 De Tal Padre Tal Hijo (Soshite chichi ni naru, Japón, 2013), de Hirozaku Koreeda. El más reciente largometraje de Koreeda es un melodrama aparentemente muy convencional que, hacia la última parte, desemboca en una de las más agudas reflexiones sobre lo que significa ser padre. Escribiré de ella in extenso en unos días. 

Los Colores del Destino (Upstream Color, EU, 2013), de Shane Carruth. Algunos dirán que esta cinta es un thriller lleno de cabos sueltos.  Otros asegurarán que se trata de una alegórica historia de amor. Alguien más afirmará que tiene elementos de horror orgánico. Y los menos sofisticados dirán que es una jalada. Todos tendrán algo de razón... Mi crítica, completa, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

domingo, 5 de enero de 2014

El evangelio del 2013... según Cinephile Cine-Files/XVII


 "-Miren, vamos a tener como cinco detractores, pero no se agüiten, nadie los pela"


Hace un par de días, el buen camarada y asiduo colaborador de este blog Joel Meza me preguntó en dónde estaba la entrada referente "a la palomilla" que había hecho en anteriores años. La verdad, había decidido obviarla porque muchos de los autores de esos top-10 tienen sus propios espacios, sin contar que otros más tienen cuenta en Letterboxd y ahí han colocado sus propias listas. 
Además, hay un espacio que ha recogido más de una veintena de listas de críticos de cine (Adriana Fernández, Rebeca Jiménez Calero, Miguel Cane, Arturo Aguilar, Alejandro Alemán, Alberto Acuña, Enrique Vázquez, la mía incluso) y apasionados cinéfilos (Cristina Mendoza, Christian Guisa, Saul Baas, Mario Solano, Eduardo Martínez y otros más). Se trata, por supuesto, de Cinephile Cine-Files, editado por Dan Campos. 
Así que en lugar de ser redundantes, los invitó a descargar y leer la recopilación de Dan Campos, que está por acá. Por supuesto, la película más votada fue... Bueno, usted ya vio cuál fue. (Ah, por cierto, el top-10 de Joel Meza, desde Mexicali, está acá).

sábado, 4 de enero de 2014

En la Niebla


Exhibida hace más de un año en la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, ha vuelto a la cartelera cultural/comercial En la Niebla (V tumane, Alemania-Rusia-Letonia-Holanda-Bielorrusia, 2012), segundo largometraje de ficción del prolífico documentalista bielorruso avecindado en Alemania Sergei Loznitsa (extraordinario debut en el cine de ficción Mi Felicidad/2010). 
El filme inicia con un sostenido tracking-shot de dos minutos en el que vemos las espaldas de cuatro hombres que son llevados prisioneros por unos soldados nazis. Estamos en la Bielorrusia ocupada de 1942 y, luego sabremos, tres de esos hombres serán ejecutados por los alemanes, acusados de haber cometidos actos de terrorismo y sabotaje. El único sobreviviente de esta cuarteta de condenados, Sushenya (Vladimir Svirski), será el protagonista de este cruel relato de guerra, en el que está más que claro que morir no es lo peor que le puede pasar a alguien.
Después del prólogo, vemos como un par de partisanos, Burov (Vlad Abashin) y Voitik (Sergei Koselov), llegan una noche a la casa de Sushenya para hablar con él. Sushenya sabe muy bien a qué han venido ("¿Debo llevar una pala?", le pregunta a Burov, que solía ser su amigo). Aunque él es inocente -eso lo sabremos en uno de los varios flashbacks que interrumpen la narración en presente-, todo mundo lo ve como culpable por haber quedado vivo. Incluso la propia esposa de Sushenya -dice él en alguna plática con sus captores- lo ve diferente desde que regresó a la casa, liberado por los nazis. 
Sushenya no intenta huir: parece resignado a esa suerte de morir ejecutado por sus propios vecinos. Sin embargo, su muerte no será tan sencilla. A punto de cumplir con la tarea a la que fueron al adentrarse en el bosque, una patrulla militar alemana interrumpe la ejecución, quedando Burov gravemente herido. En lugar de correr -pero, ¿a dónde?-, Sushenya se queda con su antiguo amigo, carga con él en su espalda y espera que Voitik interceda por él cuando lleguen al campamento de la Resistencia. 
La estructura narrativa de En la Niebla es más tradicional quela de Mi Felicidad. Como apunté antes, la narración es interrumpida por una serie de flashbacks que contextualizan el pasado de cada uno de los tres personajes y por qué están en la situación en la que están. La paradoja es que Sushenya no solo es inocente de la traición por la que lo han condenado, sino que sus ejecutores no son ninguna blanca paloma, uno porque entró a la Resistencia por mera revancha -los alemanes le quitaron su auto-, otro porque no tiene la conciencia limpia -provocó la ejecución de su propia familia. 
Como en Mi Felicidad, la cámara está de nuevo en manos del rumano Oleg Mutu (La Muerte del Señor Lazarescu/Puiu/2005, 4 Meses, 3 Semanas, 2 Días/ Mungiu), quien privilegia las tomas extendidas y fluidas -hay una notable de más de tres minutos, cuando Sushenya es liberado por un oficial nazi-, capturando en el encuadre lo mismo el caos de la guerra -la toma inicial parece haber salido de un fresco realista del siglo XIX-, que la desesperación de su protagonista, incapaz de rehuír ese destino que es peor que la muerte.

viernes, 3 de enero de 2014

El evangelio del 2013... según yo/XVI



Una lista de lo mejor del año es, para mí, una invitación (a discutir por las cintas que aparecen en ella o por las que no), una guía (para revisar aquellos filmes que se desconocen) y, finalmente, una carta de presentación: este es el cine que más me interesa; el otro, no tanto. O como diría Flaubert: "esta lista de películas soy yo". (Ante esta frase, en mi rancho dirían: "no seas tan mamón").

Ok, ok. Va, pues, mi top-12 en orden de preferencia, con las críticas incluidas, si es que fueron publicadas en este blog:

1. Le Dernier des Injustes, de Claude Lanzmann. Un apéndice de Shoah (Lanzmann, 1985), acaso el más importante documental en la historia del cine, que termina teniendo vida propia: el rescate de las conversaciones que tuvo Lanzmann con cierto rabino sobreviviente del Holocausto, le sirven al realizador francés para reflexionar sobre los límites que se pueden cruzar para hacer el bien sin dejar, acaso, de hacer el mal. 

2. Buscando a Sugar Man, de Malik Bendjelloul. Un emotivo documental construido tramposamente como una cinta de búsqueda, investigación y descubrimiento. "Tramposamente"... ¿No fue hecho Nanook el Esquimal (Flaherty, 1922) así?

3. Gravedad, de Alfonso Cuarón. La película hollywoodense del año y acaso de muchos años, pues la consolidación de los más avanzados efectos técnicos y visuales al servicio de esta emocionante historia convencional de sobrevivencia puede servir de ejemplo y acicate para otras maravillas por venir.

4. Lincoln, de Steven Spielberg. Esta apasionante crónica de cómo ese animal político llamado Abraham Lincoln logró la aprobación de la 13er. enmienda es, también, otra personalísima película spielbergiana sobre un padre (¿de la nación?) y su hijo.

5. Jazmín Azul, de Woody Allen. ¿La mejor película de Allen del nuevo siglo? Probablemente. De lo que sí estoy seguro es que presume una de las mejores actuaciones en toda su filmografía: la de ese monstruo (el personaje, la actriz) que es Cate Blanchett. 

6. Lore, de Cate Shorland. Una jovencita alemana, criada en una familia nazi, tiene que sobrevivir con sus hermanitos a la derrota del nacionalsocialismo. Un viaje por el interior de Alemania que termina en el auto-reconocimento de la propia protagonista.

7. Una Noche en el Fin del Mundo, de Edgar Wright. No hubo una comedia que me divirtiera y me sorprendiera más en el año. 

8. Antes de la Medianoche, de Richard Linklater. En esta tercera parte, Jesse y Celine están casados pero... ¿siguen enamorados? Yo diría que sí: nadie se pelea de la manera que ellos lo hacen si no hay algo -o mucho- de amor de por medio.

9. Lazos Perversos, de Chan-wook Park. Por supuesto, la huella de Hitchcock -especialmente de La Sombra de una Duda (1943)- cubre el debut hollywoodense de Park, pero el coreano es mucho más que un mero copista. Su magistral puesta en imágenes termina trascendiendo el simple pastiche.

10. De Tal Padre Tal Hijo, de Hirokazu Kore-eda. Este melodrama sobre padres e hijos parece muy convencional y sin chiste hasta que, de repente, golpea con todo lo que tiene. ¿Cómo se convierte uno en padre? A través de la mirada del hijo.

11. Toata Lumea din Familia Noastra, de Radu Jude. Un tipo divorciado va a recoger a su hija para pasar un fin de semana con ella. Su exmujer le dice que la niña no puede salir porque está enferma. Esta irritante comedia de costumbres rumana termina en el desbocado terreno del absurdo.

12. En la Casa, de Fracois Ozon. Un profesor de literatura de una prepa se convierte en el mentor de un alumno que parece tener un talento natural para escribir. Y, por ende, para transformar todo lo que toca.

Dos películas que si las hubiera visto en el año de su estreno, habrían aparecido en la lista de lo mejor de ese año: Down Terrace (2009) y Kill List (2011), ambas de Ben Wheatley, el descubrimiento del año (para mí, por supuesto).

Una decena de clásicos y/o obras maestras y/o mayores que volví a ver este año y que resistieron con creces la revisada: El Joven Lincoln, Ese Obscuro Objeto del Deseo, El Mago de Oz, Será Justicia, La Sombra de una Duda, Antes del Amanecer, Furia, Trenes Rigurosamente Vigilados, Carrie: Extraño Presentimiento y La Dolce Vita.

Y, finalmente, una treintena de filmes notables que, seguramente, han aparecido en los top-10 de otros colegas y que se quedaron, por lo menos en mi lista, en la orilla. Sin un orden específico:

Campo 14: Zona de Control Total, La Noche Más Oscura, Blancanieves, Miradas Múltiples, La Bicicleta Verde, Joven y Alocada, Rosa, Ana Karenina, Los Guardianes, The Act of Killing, Monsters University, Excursionistas, El Conjuro, The Battery, Horas de Museo, Tian zhu Ding, Diego Star, Mea Maxima Culpa, La Vida de Adèle, La Grande Bellezza, Inside Llewyn David: Balada de un Hombre Común, Cuestión de Tiempo, Los Perversos, Ida, Gloria, Los Insólitos Peces Gato, Club Sándwich, Mátalos Suavemente y Pelo Malo.

jueves, 2 de enero de 2014

El evangelio del 2013... según Alberto Acuña Navarijo/XV




Como ha sido su costumbre, el cinéfago Alberto Acuña Navarijo @loungeymartinis pa' los cuates en twitter) ha compartido su lista de lo mejor y lo peor del año pasado, como sigue:

 Lo Mejor de 2013

10 - Rezeta (Fernando Frías, 2012, México). Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine UNAM (21 de febrero – 3 de marzo).

No es slow cinema. No es una ficción que juega a ser documental o viceversa. Tampoco alguna road movie que invariablemente termina en el mar. Ni otro periplo azotado a una zona rural. Es algo más simple: la fórmula boy meets girl (protagonizada por una guapa top-model albanesa y un baterista de una banda punk), combinándola con un humor desenfadado y agridulce. Por supuesto, terminando de verla a uno sólo le queda preguntarse ¿por qué no se están filmando en nuestro país más películas como esta?

9 – Vic y Flo Vieron un Oso (Vic et Flo Ont Vu Un Ours, Denis Côté, 2013, Canadá). Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine UNAM (21 de febrero – 3 de marzo).

Pareciera que es un drama lésbico con toda una serie de tiempos muertos y paneos que retratan espacios vacíos, ubicado en una cabaña en medio de la nada. O bien, un convencional estudio de personaje, dos mujeres de edades dispares, que no saben cómo expiar sus culpas, después de haber permanecido varios años en prisión. Pero de un minuto a otro se convierte en una excesiva y malsana película cercana al nouvelle horreur vague con todo y un final tan enigmático como su propio título.

8 – El Acto de Matar (The Act of Killing, Joshua Oppenheimer, 2012, Dinamarca-Noruega-Inglaterra-Suecia-Finlandia).Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine UNAM (21 de febrero – 3 de marzo).

La filmación de una delirante épica anti-comunista (donde caben musicales extraídos del imaginario bollywoodense, recreaciones del cine negro, y pasajes oníricos-lynchianos), para presentar al indonesio Anwar Congo, genocida, héroe nacional, el hombre que bien podría tener uno de vecino, y el personaje del año perteneciente a un documental. Un macabro ensayo acerca de la maldad inherente al ser humano, pero no para condenarla, sino para tratar de entender sus mecanismos y confrontar al espectador.

7 – Nada Malo Puede Suceder (Tore Tanzt, Katrin Gebbe, 2013, Alemania). Exhibida dentro del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (19 – 29 de julio) / Exhibida dentro de Semana de Cine Alemán (15 de agosto – 1 de septiembre).

Conforme va a avanzando este drama al interior de un hogar cualquiera en las periferias de Hamburgo (basado en un hecho real) el cual involucra a un paria perteneciente a un culto de punks cristianos y una familia que lo ha adoptado, sólo para poner a prueba su fe, creándole un infierno terrenal, las escenas se tornan cada vez más perturbadoras y el ambiente se vuelve insoportable. Uno de los relatos más ojetes acerca de la intolerancia y el miedo a la otredad.

6 – The Battery (Jeremy Gardner, 2012, Estados Unidos). Exhibida dentro de Macabro – Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México (23 de agosto – 1 de septiembre).

El inteligente (e inesperado) giro dentro del universo zombie… en el cual, curiosamente, lo que menos existen son los muertos vivientes. Fungiendo como hombre orquesta y con sólo seis mil dólares en la cartera, Jeremy Gardner, va tentando el terreno, con una premisa minimalista ambientada en parajes desolados, presentando las personalidades disímiles de dos sobrevivientes del pandemonium, sólo para poder desembocar en una de las secuencias con mayor nivel de claustrofobia y terror en su estado puro que ha dado el cine de género en varios años.

5 –  Big Bad Wolves (Mi Mefahed Mezeev Hara, Aharon Keshales y Navot Papushado, 2013, Israel). Exhibida dentro de Feratum – Festival Internacional de Cine Fantástico, Terror y Sci-Fi (3 – 6 de octubre).

Un indomable y oscurísimo thriller que manipula todas las reglas del género y que además se da el lujo de presumir unos desconcertantes toques de humor relacionados con temas como la pedofilia, la brutalidad policiaca así como la relación entre judíos y árabes. En estos momentos, Park Chan-wook, Kim Ji-woon y toda la generación sudcoreana está muerta de envidia.

4 – De Tal Padre, Tal Hijo (Soshite Chichi Ni Naru, Hirokazu Kore-Eda, 2013, Japón). Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine de Morelia (18 – 27 de octubre) / Exhibida dentro de Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional (18 de noviembre – 21 de diciembre).

Con esta película, Hirokazu Kore-Eda reafirmó su posición como un Yasujiro Ozu del nuevo siglo, tal vez no emulándolo en lo estético (este siempre será uno de los grandes exegetas del espacio profílmico), pero sí recuperando sus preocupaciones relacionadas con los valores y códigos éticos con los que se rige la familia prototípica japonesa. Lo de menos es que dos matrimonios se enteren que por un error en el hospital los niños que han criado no son suyos; lo importante es que Kore-Eda desnudó a este cuarteto de adultos para ver qué han hecho a favor de la perfeccionista sociedad de su país. Y el último plano, a pesar de cerrar aparentemente de forma optimista, en realidad es totalmente devastador.

3 – Mapa (Elías León Siminiani, 2012, España). Exhibida dentro de Distrital – Cine y Otros Mundos (4 – 9 de junio).

El relato autobiográfico del director español Elías León Simiani acerca de un viaje hippie-trascendental a la India para poder olvidar un fracaso romántico es una brillante docuficción que se burla de las convenciones del género, mientras que irónicamente debe de seguirlas al pie de la letra para concluir la película misma. Un juego metafílmico con varias capas para desenvolver, cuyo espíritu markeriano crea un paralelismo lingüístico que podría entenderse del siguiente modo: si funciona el cine, funciona la vida.

2 – Buscando a Sugar Man (Searching for Sugar Man, Malik Bendjelloul, 2012, Suecia-Inglaterra). Exhibida dentro de Ambulante – Gira de Documentales (8 – 21 de febrero) / Exhibida dentro del Foro Internacional de la Cineteca Nacional (12 de abril – 23 de mayo). / Estrenada el 28 de junio.

De acuerdo, de acuerdo, es chantajista, cursi, tramposa y el protagonista, Sixto Rodriguez, ese profeta folk para las clases trabajadoras, no es el primer ni el último caso donde la fama sorpresiva e injustamente nunca llegó. Sin embargo, ver a ese par de fanáticos sudafricanos describir excitadamente el momento en que recibieron la llamada telefónica de su héroe, la misma que desmitificó toda una serie de rumores que habían girado a su alrededor y que les cambió la vida para siempre fue emocionante, motivo suficiente para incluirla en esta lista.

1 – Las Historias que Contamos (Stories We Tell, Sarah Polley, 2012, Canadá). Exhibida dentro de Ambulante – Gira de Documentales (8 – 21 de febrero).

Coincidiendo con Mapa en interrogarse “¿en verdad habrá alguien a quien le podrá interesar mi historia y la forma como la cuento?”, en esta entrañable reflexión acerca de la memoria, Sarah Polley entiende perfectamente que el relatar cualquier hito verídico (en este caso su entorno familiar lleno de oscuros secretos, fracasos, dolor y resentimientos), automáticamente convierte a este en una ficción que eventualmente deberá de ceñirse a ciertos mecanismos narrativos, reafirmarse y refrendarse, para que tenga un efecto ante el interlocutor y comience una interacción, las palabras lo envuelvan y se sienta parte del mismo. Vaya, como se articula cualquier película o novela.

Lo Peor de 2013

10 – Vuelve a la Vida (Carlos Hagerman, 2010, México). Estrenada el 5 de abril.

La buena: paulatinamente los personajes outsiders y sus desgracias lumpenes han dejado de ser los protagonistas del cine documental. ¡Vaya, ya era hora!

La mala: ahora cualquier anécdota caprichosa e insignificante es merecedora de una película.

Al parecer la payola, consistente en tostadas de jaiba y empanadas de camarón, hizo efecto en más de un crítico. El comentario era exactamente el mismo: el filme los transportó a Acapulco, y se imaginaron recostados en una hamaca con un coco fizz en la mano. Sin embargo, se está ante un relato que a duras penas da material para un cortometraje acerca de un mitómano profesional que lo mismo cazaba tintoreras asesinas, que conquistaba top models extranjeras en la década de los setenta. Ya cuando se tiene que repetir hasta cuatro veces una secuencia de aíres épicos con la que se presenta a todos los involucrados en la película la cual dura una hora y media (inclusive el detrás de cámaras de la misma), se sabe que ahí no existía gran cosa que contar.

9 – Ritmo, Traición y Muerte: La Cumbia Asesina (Christian González, 2012). DVD.

Seguramente, en estos momentos, “El Combi”, o sea Jorge Luke, debe de estar revolcándose en su tumba. Duele escribirlo pero ya no sólo es rigor o inspiración de lo que carece Christian González (como ya había dejado en claro con “42 Kilómetros de Angustia” o “Rojo Orgásmico”), sino es una mínima convicción de filmar. Lo que el –todavía– “Rey del Videohome” hizo al reversionar su masterpiece de 1991, aquella que le abrió puertas y con la que se forjó un nombre, es el equivalente de haber prostituido a una hija por unos cuantos billetes, permitiendo que un par de pelafustanes se la cogieran por todos lados.

¿Dónde quedó ese espíritu arrabalero de la versión original, el cual hasta consiguió que en su momento el mismísimo “Güero” Castro declarara que era la película más naca y prosaica que había visto en su vida (palabras que González siempre ha considerado más valiosas que cualquier premio festivalero)? Se extraña muchísimo el humor negro y ojete (por ejemplo, en la secuencia del traficante de poca monta siendo sodomizado por un transexual); las locaciones tangibles (pasaron de ser pringosas a asépticas y falsas); la jiribilla de los diálogos (el único que intenta recitarlos con naturalidad es Tomás Goros y de vez en cuando le salen); la violencia y el sexo cochambroso (como ya se está volviendo costumbre con González, esas escenas que supuestamente incomodarán a más de uno por su carácter explícito, terminan siendo risueñas –manos femeninas cubriendo púdicamente genitales, coitos que se llevan a cabo sin ni siquiera bajarse la bragueta o subirse la falda–).

Pero lo que en verdad encabrona es lo que se le hizo a “Carmen”, el personaje estelar de la película, al trasladarla a esta década. De ser la protagonista de más de un sueño húmedo (gracias a la combinación de cachondería, carácter dominante, femineidad y un dejo de ingenuidad), la encarnación de Tania Robledo la convirtió en una mujer desagradable, con la que difícilmente alguien quisiera involucrarse. Sinceramente “Carmen”, la prostituta barriobajera que estaba empeñada en demostrarle a cualquiera que ella y solamente ella era “La Reina”, no merecía esto. ¡Perdónalos Eva Garbo!

8 – Entre la Noche y el Día (Bernardo Arellano, 2011, México). Estrenada el 18 de enero.

Ya conocemos la formulita de cabo a rabo: tomar a una persona común corriente para que interprete a una versión ficcional de ellal misma (en este caso un señor con una derivación de autismo) y colocarla en diversas viñetas esquemáticas (ya sea recolectando artículos sin valor y guardándolos en una vieja maleta cada vez que su abusiva familia le permite salir de casa, ya sea vagando en una zona rural, o bien, conviviendo con un campesino bienhechor), y finalmente intentar dotar a todas secuencias de algún discurso. Pero se supone que el problema que aqueja al cine mexicano es que un comediante famoso haya querido dirigir su película, o que un trío de mirreyes y lobukis hayan sido los personajes del año…

7 – Klip (Maja Miloš, 2012, Serbia-Montenegro). Exhibida dentro del Foro Internacional de la Cineteca Nacional (12 de abril – 23 de mayo).

Sólo existe algo peor que una pedestre película artsploitation que se cree más inteligente que el espectador: una película que quiere verle la cara al público. Así, las polémicas escenas sexuales de carácter explícito y crudo que aparecen a través de todo este relato acerca de la nihilista juventud serbia, las cuales supuestamente son protagonizadas por menores de edad, en realidad son realizadas por actores profesionales de cine porno. ¿Qué pasó, no que muy transgresora? Inevitable terminar irritado acabada la función.

6 – El Hombre Detrás de la Máscara (Gabriela Obregón, 2013). ). Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine de Morelia (18 – 27 de octubre).

Después de ver este auto homenaje vergonzoso y chaquetero hecho a modo por el Hijo del Santo  (donde inclusive se atreve a afirmar, ahí como no queriendo la cosa, que es mejor que su icónico padre), uno sólo quiere hacerle segunda al siempre estimable Pepe Navar, y gritar desde una de las primera filas de la sala: “¡Santito, Santito, Santito…!”.

5 – Panorama (Juan Patricio Riveroll, 2013). Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine UNAM (21 de febrero – 3 de marzo).

Un anónimo hombre de mediana edad huye del ajetreo citadino para dirigirse a algún punto indeterminado del centro del país (sí, otra vez esa premisa), para llegar a la vieja hacienda donde vive una tía izquierdista a quien hace varios años que no ve (Ofelia Medina de capa caída, interpretándose a sí misma), buscando hospedaje y un trabajo temporal. Además de eso, pues no, no ocurre mucho más. Otra película de anécdota mínima, que se caracteriza no sólo por una improvisación desastrosa y por insertar secuencias reales donde caben mítines zapatistas en los cuales participa la propia Medina o marchas que desembocan en el Zócalo; sino por una manufactura bastarda que sonrojaría a un amateur (fotografía fuera de foco, sonido directo defectuoso, emplazamientos torpes…). Tengo entendido que la película se encuentra enlatada. Por el bien de todos, ojalá así siga permaneciendo.

4 – Public Hearing (James N. Kienitz Wilkins, 2012, Estados Unidos). Exhibida dentro de Distrital – Cine y Otros Mundos (4 –  9 de junio).

Uno comprende perfectamente que cada vez existan más documentalistas nóveles que desean desafiar las reglas y que piensan en otras opciones para poder contar una historia, siempre más originales, más arriesgadas, más extravagantes. Pero caray, esto fue demasiado. El realizador registró una larga audiencia pública en la que los habitantes de un condado neoyorkino exponían sus motivos para oponerse a que Wal Mart expandiera una sucursal en la localidad, para posteriormente recrearla en tiempo real con actores. Y tal cual, de eso se trata la película, escuchar a cada uno de los participantes describiendo los inconvenientes que provocaría la apertura de una gigantesca tienda de autoservicio, mientras vemos detalles que la cámara capta con encuadres cerrados (un hombre sirviéndose refresco en un vaso, otro limpiando sus lentes, los pies de una mujer…). Tan entretenida como ver el Canal del Congreso todo un día.

3 – Tapetum Lucidum (Pablo Chavarría, 2013, México). Exhibida dentro de Distrital – Cine y Otros Mundos (4 –  9 de junio).

Paralelamente a Cumbres (Gabriel Nuncio), ese emotivo road movie fraternal inspirado en el famoso caso de nota roja ocurrido hace ocho años en la exclusiva zona residencial regiomontana que da título a la película; ese rescate docuficcionado hacia cierta actriz cubana prácticamente olvidada por el imaginario colectivo hecho por Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas en Carmita; y un nuevo tour hacia el inframundo norteño, teniendo al videohome mexploitation y al cine de acción ochentero hollywoodense como sus únicas armas, emprendido por Marcelino Calzada en la low budget En la Ciudad de la Furia; el jóven biólogo Pablo Chavarría agarró la cámara de video para hacer su propia Vete Más Lejos, Alicia. Un cine irresponsable que mal entendió aquello de la producción independiente, grabando sobre la marcha y sin tener una idea muy clara acerca del lenguaje fílmico lo primero que se cruzó en su camino, tratando de integrar esas imágenes aleatorias con una trama que involucra a una joven mujer, vendedora en una tienda de instrumentos musicales, quien desea abandonar su rutina en un pueblo donde nunca ocurre algo, aunque sin saber cómo tomar las riendas de su vida… o algo así, pues después del minuto cinco del tracking shot chambón que sigue a la chica por callejuelas hasta su casa, quien esto escribe se perdió.

2 – Los Invisibles (Les Invisibles, Sébastien Lifshitz, 2012, Francia). Exhibida dentro de Ambulante – Gira de Documentales (8 – 21 de febrero).

Un grupo conformado por hombres y mujeres que fácilmente han rebasado los setenta años, es reunido por el realizador francés Sébastien Lifshitz para que cuenten sus experiencias. Y es que resulta que a todos los une un factor en común: durante su adolescencia hicieron públicas sus preferencias sexuales, y para sacarle aún más ronchas a la sociedad conservadora de la época, muchos de ellos, se convirtieron en activistas y disidentes. Pero… ¿quiénes son estas personas, por qué precisamente ellas fueron las elegidas en participar? ¿Por qué debemos involucrarnos con estas e interesarnos en sus vidas? Pésimamente narrada y editada, la cinta nunca lo explica, ni lo justifica. Y cuando hay destellos de buen cine (aquella señora carismática que describe detalladamente cómo empezó a practicar abortos ilegales), le sigue un chiste malo (como todos con los que ha fastidiado cada vez que aparece a cuadro), dicho por aquel campesino bisexual que cuida cabras. Lo dicho: ahora cualquier hijo de vecino puede recibir su documental

1 – Matar Extraños (Nicolás Pereda y Jacob Secher Schulsinger, 2013, México-Dinamarca). Exhibida dentro de Festival Internacional de Cine UNAM (21 de febrero – 3 de marzo).

Juro que con toda la disposición del mundo, me decidí en darle una nueva oportunidad a Nicky Pereda. Quizá, esta vez sí encontraría aquella epifanía anhelada hecha por nuestro petit auteur. La manera de apreciar y concebir el cine podía cambiar en solo sesenta y tres minutos de duración. Pero... no, por desgracia nuevamente me rendí. Ocho películas después, y la cuestionable dialéctica ofrecida por Pereda (ya diseccionada a cabalidad por el autor de este blog en un extenso post dedicado al realizador), continúa intacta: ese estilo desprolijo, aquella falta de imaginación en la retórica de su lenguaje fílmico, su pereza para escribir guiones derivativos, y la insistencia de mezclar ambiguamente la ficción con el documental, en esta caso, dividiendo la historia de tres jóvenes, arquetipos del revolucionario mexicano, quienes se encuentran perdidos en algún árido paraje, con los fallidos castings para encontrar a los actores que puedan interpretar dichos personajes. Lo siento, pero  esta fue la última ocasión que le concedo el beneficio de la duda a Pereda.