jueves, 31 de octubre de 2013

DOCSDF 2013/III



La tentación era imposible de resistir. Además, para ser francos, ¿qué sentido tiene resistirla? Me refiero a la cineasta Shula Erenberg, directora de Rosario (México, 2013), filme documental exhibido fuera de concurso en la sección "Hecho en México" del DOCSDF 2013. La tentación era convertir este filme documental en una franca hagiografía de la luchadora social, exdiputada en dos ocasiones y Senadora de la República (2006-2012) Rosario Ibarra de Piedra, fundadora del Comité "Amnistía" -que luchó por la amnistía de los presos políticos durante el gobierno de José López Portillo-, transformado luego en "Eureka", dedicado a la búsqueda de los desaparecidos de la llamada "Guerra Sucia" de los años 60/70.
La cineasta Erenberg no cuestiona en ningún momento a su entrevistada, quien aparece en el encuadre tal y como la hemos conocido desde siempre: una mujer de una sola pieza, apasionada de sus ideas, escéptica y desconfiada del poder, tan intransigente como maniquea (en algún momento llega a comparar a los desaparecidos políticos con el panteón patrio: Morelos, Hidalgo, Zapata, Madero, et al). Sin embargo, sería absurdo reprocharle a los hacedores de Rosario que hicieran algo que, en primera instancia, no están dispuesto a hacer: a complejizar una figura pública que merece, por otro lado, todo el respeto y la admiración posibles.
En las primeras imágenes del filme vemos a doña Rosario ver una serie de idílicas películas caseras en las que sus dos Jesuses (su marido, el Dr. Jesús Piedra; y su hijo, también Jesús Piedra) aparecen felices de vida en una fiesta familiar, en un viaje, en un lugar turístico. Es el único momento en todo el documental en el que vemos a la señora conmovida: unas lágrimas se asoman en su ajado rostro, acostumbrado a enfrentar de tú a tú a los poderosos.
El testimonio de doña Rosario -y de su inseparable hija/asistente/secretaria Claudia- es el hilo conductor del filme, de tal manera que el documental no solo lleva su nombre: de alguna manera, le pertenece. La desaparición de su hijo Jesús Piedra Ibarra en 1975, acusado de haber participado en el fallido secuestro del ingeniero Eugenio Garza Sada como miembro de la Liga Comunista 23 de septiembre, la hizo despertar al activismo político. Así, esta pequeñita mujer de clase media acomodada, esposa de un médico 17 años mayor que ella, madre de familia común y corriente, se convirtió en la Madre Coraje que todos conocemos: haciendo guardia un jueves sí y otro también en la Secretaría de Gobernación, confrontando 43 veces a Luis Echeverría, viajando en 18 ocasiones a Naciones Unidas, hablando con  Nazar Haro o Gutiérrez Barrios, dirigiendo a centenares de madres idénticas a ellas (solo 152 de Sinaloa) en busca de sus hijos desaparecidos...
La otra parte de la vida pública de doña Rosario -como candidata presidencial, como diputada federal, como Senadora de la República primero del PRD y luego del PT- apenas si se toca por encima, pues lo que le interesa a Erenberg -y ni se diga a la santa señora- es la lucha por los desaparecidos y el desnudamiento del pasado criminal del Estado mexicano, y no tanto los intríngulis politiqueros en los que, sin querer o queriendo, tuvo que participar en algún momento Rosario Ibarra de Piedra. Tampoco se cuestiona, en ningún momento, la validez de la lucha armada de la Liga Comunista 23 de septiembre, organización a la que pertenecía Jesús Piedra. 
Por supuesto, me queda claro que el uso de métodos violentos e ilegales en contra de esos "subversivos" -o de esos "héroes", según doña Rosario-, sea la detención arbitraria, el secuestro, la tortura y hasta el asesinato, no se justifican en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, pero también habría sido valiosa la reflexión acerca de los métodos violentos por los que optaron esos centenares de jóvenes sinaloenses/guerrerenses/regiomontanos de los años 60/70, víctimas al final de cuentas de la actividad criminal del Estado.  Pero, bueno, ya se sabe: el cine militante no hace periodismo, sino construye un discurso. No es un defecto, es una característica. Pero hay que estar consciente de ello. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

DOCSDF 2013/II



Somos Viento (México, 2013), realizado, editado, postproducido y animado por un grupo llamado Kolektivo Kolibrí, tiene todos los defectos del cine militante y muy pocas de sus virtudes. 
El documental -que apenas es poco más que un cortometraje, pues dura 36 minutos- nos muestra el conflicto que está sucediendo en este momento en varias comunidades oaxaqueñas del Istmo de Tehuantepec, en concreto las que viven de la pesca alrededor de los médanos del Istmo: San Dionisio del Mar, San Mateo, Álvaro Obregón y otras más.
En concreto, las comunidades indígenas bini'za e ikoots se oponen al proyecto de un gran Parque Eólico que tiene planeado construir 132 aerogeneradores para producir, los 365 días del año, cerca de 400 megawatts con el fin de dotar de energía eléctrica a medio millón de hogares. Como se trata de energía (aparentemente) verde, el rechazo violento de esas comunidades parece retrógrada, absurda, irracional. Sin embargo, los indígenas tienen sus razones: ellos viven en comunidades pesqueras en las que la construcción de esos aerogeneradores -y el zumbido que provocan- ahuyentarán, dicen, a los peces. También las múltiples cabezas parlantes hablan de corrupción de las autoridades, compra de los habitantes (que por una lancha, que por una camioneta), sin faltar las amenazas de muerte. Es imposible poner en duda todo lo anterior -ya sabemos cómo se las gasta el capitalismo global-, pero el Kolektivo Kolibrí confía demasiado en la pureza de esas comunidades y de sus usos y costumbres.
En algún momento, de hecho, se afirma que los partidos políticos y sus divisiones llegaron a pervertir a los indígenas y a sus leyes basadas en usos y costumbres. Sin embargo, basta revisar algunos casos de esos idealizados usos y costumbres -la discriminación política hacia la mujer en el mismo estado de Oaxaca, para no ir tan lejos- como para recordar que no necesariamente esos pueblos indígenas -solamente por ser pueblos indígenas- tienen siempre la razón.
El argumento que suena más sólido es el que cuestiona la realidad de la energía eólica supuestamente verde. Según los realizadores de Somos Viento, las compañías que producen este tipo de "energía verde" -en este caso, Mareña Renovables- ganan luego la posibilidad de contaminar sin ser penalizados. Es decir, por cada megawatt de energía eólica producida ganan cierta cantidad de "puntos" que les permite contaminar a discreción. Si esto es cierto, la opción por la energía verde no es más que una hipocresía de los gobiernos y las corporaciones y como tal debe ser denunciado.
El Kolektivo Kolibrí tiene clara su indignación, más claro aún el bando en el que está, pero la realización del filme es muy elemental y su visión acrítica e idílica de los pueblos y sus luchas me han provocado una enorme desconfianza. Vamos, no es que confíe más en un capitalista desalmado, pero soy demasiado escéptico para comprar un discurso tan maniqueo y facilón como el que se construye en este mediometraje.
Mucho más cercano y emotivo -aunque el tema no sea ninguna novedad- resulta De Cometas y Fronteras (México-EU-España, 2013), mediometraje de la española radicada en Nueva York Yolanda Pidival.
Estamos en Tijuana, prácticamente en la línea. La cámara de la cineasta y ¿su hermana? Carmen sigue a cuatro personajes/personas que viven en la más dura realidad fronteriza pero que no renuncian a sus sueños. Edie Escobar tiene 15 años, es un experimentado "pollero" y, también, un exitoso criador de gallos de pelea. Entre su peligrosa labor de sacarle la vuelta a la migra y su arriesgada inversión de comprar, criar y llevar a pelear a su gallo giro, mantiene a su mamá y a su papá, enfermo de diabetes.
Carmela tiene 9 años y, junto con su agotado papá cuarentón y su hermanito pequeño, se llevan en el basurero, juntando fierro viejo, cobre o cualquier cosa que tenga valor. A lo largo de la cinta Carmela cumple con la tarea escolar de escribir un cuento sobre su vida, la frontera y Estados Unidos. Voltea al cielo en donde vuela su papalote y descubre que allá arriba, por fortuna, no hay fronteras.
Los hermanos Jorge y Jaime, de 11 y 10 años de edad, no solo sueñan con ser luchadores profesionales: ya lo son, de alguna manera. Después de salir de la escuela, toman una esquina, se ponen unas máscaras hechizas por su mamá y se avientan unas manchincuepas mientras el semáforo está en rojo. Para ellos, es trabajo: con esa lana comen ellos y sus papás.
Las condiciones de vida retratadas en el documental de Pidival son duras pero más dura es la reciedumbre de estos chamacos que se quejan poco, reclaman menos y, aún así, tienen tiempo de jugar y soñar en la posibilidad de una vida mejor. Hay pocos reproches que hacerle a este documental que retrata con sencillez estas difíciles formas de vida en la frontera norte. No hay idealizaciones, pero tampoco chantajes ni miserabilismos. 


Somos Viento se exhibe hoy en Jaima Parque España a las 18:15 horas.

De Cometas y Fronteras se exhibe hoy en Cinemex Plaza Insurgentes a las 21:45 horas.


martes, 29 de octubre de 2013

DOCSDF 2013/I



El Octavo Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DOCSDF 2013) inició el pasado viernes 25 pero no habíamos podido escribir como se debe debido a que estábamos todavía en Morelia 2013. De aquí en adelante y hasta su conclusión, el domingo 3 de noviembre, espero dar cuenta de una parte de la programación que he podido revisar hasta el momento.
La selección competitiva de corto documental mexicano está formado por diez filmes de menos de 30 minutos de duración. He podido ver varios, como sigue:
Tanto La Ahorcadita (México, 2013; 24 minutos), de Carlos Torres y Pierre Saint-Martin, como El Imaginario y su Túnel (México, 2012; 25 minutos), de Javier Quiñones Sánchez, tocan temas similares e, incluso, en regiones geográficas muy cercanas.
La Ahorcadita nos presenta el testimonio -y la representación actuada- de un mito nacido en el pueblo de Todos los Santos, en Baja California Sur. Sucede que, a inicios del siglo pasado, una quinceañera llamada Matilde Martínez fue asesinada por su malosa suegra y, con la ayuda del marido de la muchacha -quien por cierto ya estaba embarazada-, arrastraron el cadáver para ahorcarlo, con la idea de hacer pasar el crimen como suicidio. La tradición indica que la muchacha sigue penando por esos lares y el árbol en donde fue encontrada la susodicha "ahorcadita" es un lugar de peregrinaje en el que mujeres a punto de parir o que quieren formar familia van a pedirle sus favores a Matilde. 
La cinta podría haber formado parte de un programa de televisión sobre tradiciones y mitos campiranos: convencional pero elegante foto en blanco y negro, una decena de infaltables cabeza parlantes y una representación actuada del desafortunado destino de la "ahorcadita".
Ligeramente más interesante es El Imaginario y su Túnel que, de hecho, podría exhibirse en algún programa televisivo al lado de La Ahorcadita. Esta vez no estamos en Baja California Sur sino en su estado vecino, Golfo de Cortés de por medio. Es decir, en Sonora.
En Ures, un municipio que se encuentra en el centro de Sonora y que en algún tiempo, durante el siglo XIX, fue capital del estado, la gente jura y perjura que hay una serie de túneles construidos bajo el pueblo. El cronista de Ures afirma muy convencido que todo es una invención y que, a excepción de cierto túnel que iba de la Casa del Gobernador a la Correción, no hay una sola evidencia de que en el pueblo se haya construido un laberinto de túneles, supuestamente para ocultarse de los apaches.
Sin embargo, por más que el susodicho historiador diga y vuelva a decir que todo es un mito, los viejos del pueblo no están muy dispuestos a abandonar sus sueños, sus testimonios o los vagos (¿o inventados?) recuerdos de la infancia. Llegará el momento en el que uno de ellos estará dispuesto a que una retroexcavadora haga hoyos delante de su casa, con el fin de comprobar de que todo es cierto. El filme coquetea con el suspenso hacia el desenlace: ¿se encontrarán por fin los míticos túneles o no? Y, al final de cuentas, ¿importa si se encuentran?
Abundan los testimonios de El Imaginario y su Túnel. En La Parka (México, 2013; 29 minutos), dirigido por Gabriel Serra y exhibido en la sección "Hecho en México" y fuera de la competencia, hay un solo testimonio durante todo el filme. Es el de Efraín Jiménez García, "la Parka" del título, un matarife que trabaja en un rastro de La Paz, los Reyes, Estado de México. Una leyenda al final nos informa que Efraín sacrifica 500 toros al día durante 6 días a la semana y esta chambita la ha hecho en los últimos 25 años. Saque usted cuentas.
Las imágenes son más fuertes que el testimonio de Efraín, que llega a ser repetitivo y no es muy articulado. La cámara de Carlos Correa Reynoso captura en su labor cotidiana a la impasible "parka", a quien escuchamos -siempre en voz en off- reflexionando sobre lo que hace y por qué lo hace. Inevitablemente, habla sobre la vida, sobre su muerte y el sacrificio de esas reses que, dice, "sienten como uno". Igual las mata porque, claro está, nosotros nos las comemos.
El mejor corto que he podido ver de la competencia es Las Montañas Invisibles (México, 2012; 13 minutos) que acaba de ganar Mejor Cortometraje Documental en Morelia 2013. La cinta, por su tema y su impecable realización, nos remite a El Lugar Más Pequeño (2010), la obra mayor de Tatiana Huezo sobre la guerra civil en El Salvador. 
Las Montañas Invisibles, por su parte, está ubicada en Atoyac de Álvarez, lugar en el que varias mujeres -esposas y madres de desaparecidos en la guerra sucia contra Lucio Cabañas- hablan en off mientras las vemos sumergidas en sus labores cotidianas. La brevedad del filme ayuda a que sea doblemente contundente, más aún cuando vemos los datos finales en pantalla: solo en Atoyac de Álvarez hay 450 desaparecidos de esa época. El puñado de mujeres que aparecen en el filme es apenas un pequeño segmento de una añeja historia de injusticia, dolor y crímenes que no debe ser olvidada. Esas montañas de Guerrero no pueden -no deben- seguir siendo invisibles. 

lunes, 28 de octubre de 2013

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLVI y CCLVII



Dos semanas en una, pues estuve bastante ocupado en Morelia 2013. Como sigue:

Gravedad (Gravity, EU, 2013), de Alfonso Cuarón. Todavía no me recupero totalmente de la emoción causada por este espectáculo hollywoodense de primer nivel. Sin duda, por lo menos desde esta atalaya, el mejor blockbuster gringo del año y por mucho. Espero tener tiempo para volver a él con calma.

El Hombre de Hielo (The Iceman, EU, 2012), de Ariel Vromen. Un intenso Michael Shannon interpreta a un auténtico matarife de la mafia que se escabechó más de cien cristianos. La cinta está bien producida y el reparto es notable -Chris Evans, desprovisto de traje de superhéroe, está irreconocible-, pero el guión escrito por el propio cineasta se pierde en divagaciones. Escribí una nota crítica para Primera Fila del Reforma del 18 de octubre.

Desde Muy Muy Atrás (The Way Way Back, EU, 2013), de Nat Faxon y Jim Rash. Una convencional pero muy bien hechecita -y mejor actuada- comedia de crecimiento juvenil con un solitario adolescente (Liam James, el hijo de la detective workhólica de la cancelada teleserie gringa The Killing) madurando en las típica vacaciones playeras, al lado de su mamá divorciada (Toni Collette) y su futuro padrastro ojete (Steve Carrell). Sam Rockwell, en un papel secundario, se roba la película entera. Mi crítica, en el Primera Fila del Reforma del 18 de octubre. 

Malaventura (México, 2011), de Michel Lipkes. A casi dos años de su presentación en el FICUNAM 2011, he aquí el modesto estreno de la opera prima de Lipkes. Escribí de ella hace rato por acá. 

Gebo y la Sombra (O Gebo e a Sombra, Portugal-Francia, 2012), de Manoel de Oliveira. El más reciente largometraje del centenario de Oliveira fue exhibido hace un año en la 54 Muestra Internacional de Cine. Por aquí rescataré un texto alusivo a esta cinta en los próximos días.

Camille Claudel 1915 (Ídem, Francia, 1915), de Bruno Dumont. La Pasión de Juliette Binoche: la gran actriz francesa está impresionante como la artista plástica del título, enviada a un manicomio por su propio hermano, el poeta católico Paul Claudel (Jean-Luc Vincent). Tratándose de Dumont, esto no es exactamente la biopic típica de la famosa estudiante/amante de Rodin. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. 

Adore, la Piel del Deseo (Adore, Australia-Francia, 2013), de Anne Fontaine. Churrazo telenovelero que no lo salva ni las buenas actuaciones de Naomi Watts y Robin Wright. Mi nota crítica en el Primera Fila  del Reforma del viernes pasado.

Besos de Azúcar (México, 2013), de Carlos Cuarón. Estamos ante otra visión/versión más de Romeo y Julieta -escalada por el balcón incluida- o, si quiere una referencia más cercana, otro Amar Te Duele (Sariñana, 2002), nomás que musicalizada con Beethoven. El resultado es una muy irregular cinta juvenil/romática en la que el treceañero Nacho (César Kansino), que vende piratería y porno en el puesto de su abusivo padrastro Joao (Enrique Arreola, muy en su papel), se enamora de la  niña de su edad Mayra (Daniela Arce), que es la hija de una temible lideresa de vendedores ambulantes. Al final de cuentas, la diferencia entre los dos es de estatus económico, porque social y culturalmente, Nacho y Mayra tienen ausencia de padre, una madre que no los atiende y hermanos que son una molestia -o una fuente de abuso sexual, como en el caso de Mayra. 
La película es un batidillo de gratuidades, desperdicios, oportunidades perdidas y referencias cinefílicas: gratuidad de habla escatológica (¿quién insulta en México de la forma que lo hacen los personajes de Cuarón?), la premisa de la conquista por el baile se deja caer a las primeras de cambio, abundan los personajes que no aportan gran cosa (Hector Jiménez, tan gracioso como desperdiciado), hay guiños cinefílicos por aquí y por allá (que si Los Cuatrocientos Golpes, que si Butch Cassidy) y, para rizar el rizo, una broma pa' uno de los Charolastras, pues el perfume con el que se quiere aromatizar un horrendo colchón meado se llama "Gael García for Men". Qué cosas. 

Amaneceres Oxidados (México, 2010), de Diego Cohen. Varios años tarde llega el estreno de la opera prima de Cohen. La verdad, bien se pudieron haber tardado otros años más, pues la película es muy fallida. Alejandro (Armando Hernández), un  joven discapacitado físico (¿y también mental?, ¿tiene retraso?, ¿es obsesivo-compulsivo?, ¿o solo tiene una muy leve parálisis cerebral?: sepa la bola) trabaja en un supermercado de quinta, dirigido por el amable Hernán (Ari Brickman). Ahí, un buen día, entra a trabajar la preciosa Andrea (Ximena Romo) que, inexplicablemente, se interesa por el tímido, excéntrico e inarticulado Alejandro. 
El filme presume una muy controlada puesta en imágenes -elegantes travellings laterales, buen manejo del encuadre horizontal abierto, tomas extendidas bien ejecutadas-, un reparto cumplidor -por ahí aparece el fallecido Alán Chavez en el papel del hermano menor de Alejandro-, pero el guión es un desastre. Si la primera hora podía funcionar como una minimalista historia de amor cotidiano, la última media hora todo se va al traste, pues el Cohen guionista no sabe qué hacer con sus personajes. 

Somos lo que Hay (We Are What We Are, EU, 2013), de Jim Mickle. La historia original de Jorge Michel Grau es trasladada a algún lugar de la América profunda, en un pueblito asolado por el mal tiempo y las inundaciones. En el bosque viven los Parker, una familia solitaria -papá, mamá, dos hijas, un niño pequeño- que cada año cumple con un rito ancestral de canibalismo. Si en la cinta mexicana homónima iniciaba con la muerte del patriarca, aquí vemos la muerte accidental de la mamá, lo que provoca que la hija mayor, Iris (Ambyr Childers), sea la responsable de seguir la tradición, pues entre los Parker la encargada de dirigir el "sacrificio" de cada año es la mujer de mayor edad. 
La cinta se beneficia por el convincente retrato que hace del fanatismo religioso en el que descansa todo el asunto del canibalismo, el reparto está excelente y Mickle logra algunos momentos bastante asquerosos algo que, tratándose del género, es un elogio. Hacia el final tengo la sensación que a Mickle y a su coguionista Nick Damici se le van las cabras al monte, pero esto no echa a perder por completo una satisfactoria película de horror. 

La Gloria de las Prostitutas (The Whore's Glory: a Tryptich, Alemania-Austria, 2011), de Michael Glawogger. Presentada en el pasado Foro de la Cineteca, escribí largo y tendido de ella por acá. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Morelia 2013... en un vistazo




La lista de lo que vi en Morelia 2013, en orden estricto de preferencia, con algunas críticas incluidas. La calificación positiva va de una a cuatro estrellas; la negativa de una a dos cruces. 

Trenes Rigurosamente Vigilados (Ostre Sledovane Vlaky, Checoslovaquia, 1966), de Jiri Menzel. La Nueva Ola Checoslovaca: ****

Blue Jasmine (EU, 2013), de Woody Allen. Estrenos internacionales: *** 1/2

Gravedad (Gravity, EU, 2013), de Alfonso Cuarón. Película de inauguración: *** 1/2

Lore (Ídem, Alemania-Australia-GB, 2012), de Cate Shortland. El Instituto Goethe presenta: *** 1/2

The Act of Killing (Dinamarca-Noruega-GB, 2012), de Joshua Oppenheimer, Christine Cynn y otros. Documentales: ***

Oh, Boy. 24 Horas en Berlín (Oh Boy, Alemania, 2012), de Jan Ole Gerster. El Instituto Goethe presenta: ***

Inside Llewyn Davis (EU, 2013), de Joel y Ethan Coen. Estrenos Internacionales: ***

La Bicicleta Verde (Wadjda, Arabia Saudita-Alemania, 2012), de Haifa Al-Mansour. Estrenos Internacionales: ***

La Vie d'Adèle, Chapitre 1&2 (Francia-Bélgica-España, 2013), de Abdellatif Kechiche. Estrenos Internacionales: ***

Ida (Polonia-Dinamarca, 2013), de Pawel Pawlikowski. Estrenos Internacionales: ***

Los Insólitos Peces Gato (México, 2013), de Claudia Saint-Luce. Largometraje Mexicano: ***

Blackout Capítulo 4 "Una Llamada a Neverland" (México, 2013; duración: 14 minutos), de Manuel Camacho Bustillo: ***

Una cuestión de Tiempo (About Time, GB, 2013), de Richard Curtis. Estrenos Internacionales: ***

Workers (México-Alemania, 2012), de José Luis Valle González. Lartometraje Mexicano: ** 1/2

Heli (México-Alemania-Francia-Holanda, 2013), de Amat Escalante. Función de gala: ** 1/2

La Jaula de Oro (México-España, 2013), de Diego Quemada-Diez. Largometraje Mexicano: ** 1/2

Quebranto (México, 2013), de Roberto Fiesco. Largometraje Documental Mexicano: **1/2

El Cuarto Desnudo (México, 2012), de Nuria Ibáñez. Largometraje Documental Mexicano: **1/2

Mayor (Rusia, 2013), de Yuri Bykov. Semana de la Crítica: ** 1/2

Pozitia Copilului (Rumania, 2013), de Calin Peter Netzer. Estrenos Internacionales: ** 1/2

Alucardos, Retrato de un Vampiro (México, 2011), de Ulises Guzmán. Función Especial: ** 1/2

Elevador (México, 2012), de Adrián Ortiz Maciel. Largometraje Documental Mexicano: **1/2

Estatuas (México, 2013; duración 17 minutos), de Roberto Fiesco. Cortometraje Mexicano: ** 1/2

Camille Claudel, 1915 (Ídem, Francia, 2013), de Bruno Dumont. Invitado Especial: **

Aningquaq (EU, 2013; duración: 7 minutos), de Jonás Cuarón. Cortometraje Mexicano: **

La Banqueta (México-España, 2013; duración 21 minutos), de Anaïs Pareto Onghena. Cortometraje Mexicano: **

Europa Report (EU, 2013), de Sebastián Cordero. Estrenos Internacionales: **

González (México, 2013), de Christian Díaz Pardo. Largometraje Mexicano: **

La Vida Después (México, 2013), de David Pablos. Largometraje Mexicano: **

Las Montañas Invisibles (México, 2012, duración: 12 minutos), de Ángel Linares. Cortometraje Mexicano Documental: **

Los Años de Fierro (México, 2013), de Santiago Esteinou. Largometraje Documental Mexicano: **

B-Boy (México, 2013; duración: 22 minutos), de Abraham Escobedo Salas. Cortometraje Mexicano Documental_ **

La Zandunga (México, 1937), de Fernando de Fuentes. Homenaje a Arturo de Córdova: **

La Casa Triste (México, 2013; duración: 13 minutos), de Sofía Carrillo. Cortometraje Mexicano de Animación: **

A los Ojos (México, 2013), de Michel y Victoria Franco. Largometraje mexicano: ** 

Somos lo que Hay (We Are What We Are, EU, 2013), de Jim Mickle. Estrenos internacionales: * 1/2

Manto acuífero (México, 2013), de Michael Rowe. Largometraje mexicano: * 1/2

Paraíso (México, 2013), de Mariana Chenillo. Largometraje Mexicano: * 1/2

Penumbra (México, 2013), de Eduardo Villanueva. Largometraje Mexicano: * 1/2

El Regalo (México, 2013; duración: 6 minutos), de Sergio Umansky. Cortometraje Mexicano: * 1/2

Algo tan Pequeño (Mëxico, 2013, duración: 9 minutos), de Gabriel Mariño. Cortometraje Mexicano: *

Porcelana (México, 2013; duración: 12 minutos), de Betzabé García. Cortometraje Mexicano: *

Purgatorio, un Viaje al Corazón de la Frontera (México-EU, 2012), de Rodrigo Reyes. Cine sin Fronteras: *

Lejanía (México, 2013), de Pablo Tamez Sierra. Largometraje Documental Mexicano: *

Mi Villano Favorito 2 (Despicable Me 2, EU, 2013), de Pierre Coffin y Chris Renaud. Programa Especial: *

Somos lo que Hay (México, 2010), de Jorge Michel Grau. Función Especial: *

Cielito Lindo (México, 1936), de Robert Quigley y Roberto Gavaldón. Homenaje a Arturo de Córdova: *

Somos Mari Pepa (México, 2013), de Samuel Kishi Leopo. Largometraje Mexicano: *

Guten Tag, Ramón (México-Alemania, 2013), de Jorge Ramírez-Suárez. Estrenos Nacionales Fuera de Competencia: *

Electrodoméstico (México, 2013; duración 13 minutos), de Erick de Luna Fors. Cortometraje Mexicano de Animación: *

Lluvia en los Ojos (México, 2013; 7 minutos), de Rita Basulto. Cortometraje Mexicano de Animación: *

Dry Gulch (México, 2012; duración: 12 minutos), de Alejandro Ayala Alberola. Cortometraje Mexicano de Animación: *

Aviéntame (México, 2013; duración: 14 minutos), de Haroldo Fajardo. Cortometraje Mexicano: *

Camille Regresa (Camille Redouble, Francia, 2012), de Noémie Lvovsky. Estrenos Internacionales. El Tour de Cine Francés Presenta: +

Adore, la Piel del Deseo (Adore, Australia-Francia, 2013), de Anne Fontaine. Estrenos Internacionales: +

Besos de Azúcar (México, 2012), de Carlos Cuarón. Funciones especiales:  +

sábado, 26 de octubre de 2013

Morelia 2013/VII y última



Finalizó Morelia 2013, un festival que, en los pocos años en los que he asistido, ha ido mejorando en cada emisión. Por principio de cuentas, la programación de la competencia mexicana de ficción ha sido la mejor no solo en la historia del FICM -uno puede constatarlo al ver las anteriores competencias- sino, de hecho, de cualquier otro festival mexicano contemporáneo. Para acabar pronto, había por lo menos tres películas notables en la competencia nacional de ficción -Los Insólitos Peces Gatos, Workers y La Jaula de Oro, en orden de preferencia personal-, otras dos que no se quedaron muy atrás -A los Ojos, González y La Vida Después- y otras que, aunque no tan logradas, tampoco provocaron pena ajena, como suele suceder con la selección de otros festivales nacionales. (Aclaro que por cuestiones de agenda no pude ver Las Horas Muertas ni Club Sandwich, pero por los comentarios leídos y escuchados, tampoco ninguna de ellas desentona demasiado con el resto de las películas).
Queda un solo aspecto que hay que mejorar para la próxima edición de Morelia: la programación de funciones para crítica y prensa del documental. Esto mismo estuve proponiendo durante años en Guadalajara -este año finalmente me hicieron caso- y esto mismo estaré proponiendo de aquí en adelante con respecto a Morelia. El documental merece la misma atención, si no en la exhibición comercial, por lo menos sí en el ámbito festivalero. Digo. Por lo menos.
En cuanto a la premiación, no tengo grandes objeciones. Creo que fue una inexplicable omisión que Los Insólitos Peces Gato -la mejor cinta nacional del 2013, por lo menos desde mi perspectiva- se haya ido en blanco, pero debo aceptar que la ganadora a la Mejor Película, Workers, vista en Guadalajara 2013, es mi segunda cinta favorita nacional. Y que la ganadora del Premio del Público, La Jaula de Oro, también está entre lo mejor del año.
En cuanto al documental, el triunfo de El Cuarto Desnudo fue más que justo. Su única competencia real era Quebranto que, por otra parte, sigue ganando premios y reconocimientos por todas partes. Aquí mismo, la cinta de Fiesco volvió a ganar el Premio de la Prensa, galardón que también había obtenido en Guadalajara -como votan los mismos, era lógico.
En fin, la lista de ganadores aquí abajito:

La casa triste, de Sofía Carrillo: Mejor Cortometraje de Animación. 

La banqueta, de Anaïs Pareto Onghena: Mejor Cortometraje de Ficción. 

Las montañas invisibles, de Ángel Linares: Mejor Cortometraje Documental.   

B-boy, de Abraham Escobedo Salas:  Mención Especial a Cortometraje Documental.  

El cuarto desnudo, de Nuria Ibáñez: Mejor Largometraje Documental.  

Elevador, de Adrián Ortiz Maciel: Mención Especial a Largometraje Documental.
 
Premio Guerrero de la Prensa a Mejor Largometraje Documental: Quebranto, de Roberto Fiesco.

Premio Guerrero de la Prensa a Mejor Largometraje de Ficción: La jaula de oro, de Diego Quemada-Diez. 

Premio del Público: La jaula de oro, de Diego Quemada-Diez.
 
Mejor Actriz de Largometraje Mexicano: Adriana Paz en Las horas muertas de Aarón Fernández.

Mejor Actor de Largometraje Mexicano: Harold Torres y Carlos Bardem en González de Christian Díaz Pardo.

Premio al Mejor Primer o Segundo Mejor Largometraje Mexicano: La jaula de oro, de Diego Quemada-Diez.

Mención Especial en Largometraje Mexicano: Las horas muertas, de Aarón Fernández.  
 
Mejor Largometraje Mexicano: Workers, de José Luis Valle.

viernes, 25 de octubre de 2013

Morelia 2013/VI



Al salir de ver Europa Report (EU, 2013), del ecuatoriano internacionalizado Sebastián Cordero, alguien me aseguró que esta cinta de ciencia ficción era el perfecto antídoto en contra de Gravedad (Cuarón, 2013). Yo diría, más bien, que se puede ver como una modesta pieza de acompañamiento.
En un futuro cercano, Europa Ventures, una compañía privada aeroespacial, reúne a media docena de sus mejores astronautas europeos y los envía a una importantísima misión: explorar Europa, una de las lunas de Júpiter, pues se ha demostrado que hay agua bajo su superficie, lo que puede indicar la presencia de vida.
El filme, con el diseño de producción del talentoso y ubicuo Eugenio Caballero, y la cámara (más bien, cámaras) de Enrique Chediak, echa mano del formato tan de moda del “found footage”, pues se supone que lo que estamos viendo es una edición de todas las horas del trágico viaje espacial, a través de las ocho cámaras situadas dentro de la nave.
Cordero sostiene muy bien la tensión de principio a fin, el reparto multinacional –la rumana Anamaria Marinca, el sueco Michael Nyqvist, el sudafricano Sharlto Copley, et al- hace bien su trabajo y la película, al final de cuentas, resulta una efectiva B-movie de horror espacial.
Mis últimas tres películas en Morelia fueron de competencia: dos de largometrajes de ficción y una de documental. Lejanía (México, 2013), opera prima documental del egresado del CCC Pablo Tamez Sierra, explora cierta desgracia familiar que ocurrió hace casi medio siglo, cuando la mamá del cineasta era apenas una niña.
Echando mando películas caseras en 8 mm, videos recientes, fotografías de todo tipo y testimonios claves con cabezas parlantes de por lo menos tres generaciones de la familia Sierra entre Ensenada y la Ciudad de México, Tamez y su editor Javier Campos nos entregan un complejo tejido emocional/familiar que aún muestra cicatrices que no han sanado por completo. Una suerte de exploración y exorcismo familiar en pantalla grande.
Somos Mari Pepa (México, 2013), también opera prima, pero de ficción, de Samuel Kishi Leopo, surgió a partir de Mari Pepa (2011), un cortometraje con el que el joven cineasta jaliciense ganó el Ariel 2012 a Mejor Cortometraje. Debo confesar que no he visto el citado corto pero sospecho que la historia de Somos Mari Pepa se acomodaba mucho mejor a una duración más breve.
Alex (Alejandro Gallardo) es un adolescente mechudo que, junto con otros tres amigos de la prepa, tiene una banda de “punk-rock” –la "Mari Pepa" del título- en la que cantan –es un decir- rolas con letras tan sutiles como “I wanna cum in your face” o “No te vuelvo a acompañar a misa si no me las vas a dar”.
El sueño de Alex es ganar cierta “guerra de bandas” que se llevará a cabo en la ciudad, pero todo parece conspirar en contra. Sus tres camaradas están en otro rollo –uno tiene una novia que le gusta "One Direction", otro empieza a trabajar en una paletería después de que no pudo entrar a la Universidad y el otro parece estar atraído por cierto tío buchón que toca pura música de banda en su chica camionetota-, su abuela con la que vive empieza a mostrar signos de demencia senil, es hora que no puede llegar ni a primera base con una muchacha y, para acabarla de gozar, unos malandrines le bajan su guitarra eléctrica.
La película tiene sus virtudes y defectos en la misma área: la frescura e inexperiencia de sus jóvenes actores y la reproducción exacta de su vocabulario, su ethos, su ecosistema vital. Dicho de otra manera: pasamos 90 minutos con una bola de plebes malhablados, desmadrosos, huevones, indolentes pero, también, simpáticos, generosos y hasta tiernos. ¿Qué tanta paciencia tiene usted con este tipo de muchachos y la horrenda música que tocan? Conste: es pregunta. 
Creo que Somos Mari Pepa fue la película más floja dentro de la competencia en Morelia 2013 pero, de cualquier manera, no deja de tener sus virtudes. 
González (México, 2013) también tiene lo suyo, aunque creo que su director, Christian Díaz Pardo, muestra su influencia scorsesiana de forma demasiado obvia.
En un cuarto de un multifamiliar de la Ciudad de México vive el González González del título (Harold Torres), un silencioso pobre diablo que, sin empleo, busca chamba de lo que haya y donde haya. Siempre de saco, siempre de corbata, González consigue trabajo en un Call Center de una tal Iglesia de la Luz Universal, regenteada por el carismático pastor brasileiro Elías (Carlos Bardem excelente). González aprende rápido a ofrecer consuelo a todos los desesperados que llaman por algún problema (que si una enfermedad, que si el trabajo, que la falta de dinero, que si unos pensamientos incestuosos), para luego mandarlos a escuchar una grabación en la que les pide una lana para “el Señor”.
González encuentra su vocación: quiere convertirse en pastor como Elías y hasta se imagina alternando con él en su programa de televisión. Muy pronto González se hace llamar pastor y hasta conquista a una compañera de trabajo (Olga Segura) con un cuento o con otro. A su mamá, que le llama desde algún punto de la provincia mexicana –y a la que nunca escuchamos ni vemos- le promete que ya merito le manda ese dinero que le hace falta. Por supuesto, estas fantasías tendrán que chocar en algún momento con la realidad… ¿o no?
González es una re-elaboración de El Rey de la Comedia (Scorsese, 1982) en la que un patético pobre-diablo se rebela ante su propia mediocridad, tratando de convertirse, por las buenas o por las malas, en aquello que sueña ser. Como ejercicio de estilo no es malo y tanto Torres como Bardem ofrecen interpretaciones excelentes. De cualquier forma, no creo que esté al nivel de lo mejor de Morelia 2013: Los Insólitos Peces GatoWorkers y La Jaula de Oro

jueves, 24 de octubre de 2013

Morelia 2013/V



Morelia 2013 programó dos cintas que parten exactamente de la misma premisa: se trata de Pozitia Copilului (Rumania, 2013), ganadora del Oso de Oro y del FIPRESCI en Berlín 2013, exhibida en Morelia dentro de la sección de Estrenos Internacionales, y Mayor (Rusia, 2013), presentada como parte de la Semana de la Crítica de Cannes en Morelia 2013. En los dos filmes, un niño es atropellado por alguien que tiene el suficiente poder para salirse con la suya. En los dos casos, los homicidas imprudenciales demuestran que, de cualquier forma, tienen algo parecido a la conciencia. 
En Pozitia Copilului -Child's Pose su título en inglés- la adinerada mamá dominadora Cornelia Keneres (Luminita Gheorghiu) se entera que su único hijo, el treintón Barbu (Bogdan Dumitrache), ha atropellado y matado a un niño de 14 años en algún pueblito del interior rumano. Cornelia sale de Bucarest con el fin claro de que a su retoño -que no quiere verla, por cierto, ni en pintura- no le "arruine la vida" ese "lamentable accidente". Cornelia se muestra capaz de todo -amenazar, apabullar, sobornar, aplastar- aunque también pareciera que ni ella ni su malcriado hijo madurón son inmunes a los remordimientos. Un sólido drama realizado con incesante cámara en mano, alejada del cine contemplativo con el que se ha hecho famoso el cine rumano en la última década. Se trata del tercer largometraje de Calin Peter Natzer, de quien no hemos visto nada en México.
Mayor, por su parte, es el segundo largometraje de Yuri Bykov. Aquí también hay un atropellamiento: el mayor del título, el eficaz oficial de policía Sergey Sobolev (Denis Shvedov), mata a un niño de siete años cuando este se atraviesa en una carretera, en algún lugar del interior de Rusia. El hombre iba demasiado rápido pues le habían avisado que su mujer estaba a punto de parir. Cuando sucede el accidente, lo primero que hace Sergey es llamar a sus compañeros policías, encerrar a la histérica madre Irina (Irina Nizina) en su carro y, cuando llega un inescrupuloso colega (el director Bykov, muy en su papel), todo se arregla de tal forma que pareciera que nomás falta que la mamá y el niño muerto tengan que pedir disculpa al homicida imprudencial.
El problema es que Sergey tiene conciencia, no es un mal policía y, pasado el impulso de borrar toda evidencia de su culpa, trata de hacer lo correcto y enmendar su error. Demasiado tarde: el mecanismo de corrupción se ha iniciado y nadie está dispuesto -mucho menos sus jefes- a echarse para atrás. Mayor es un emocionante thriller policial que también funciona como desazonante crónica de la endémica corrupción en la Rusia contemporánea. 
Seguramente usted sabe que Quentin Tarantino vino a Morelia por tercera vez y, en esta ocasión, solamente de paseo. Es decir, no ha venido a dictar conferencias, a dar entrevistas, a presentar nada: llega al cine, se mete en él y, como cualquier hijo de vecino, disfruta lo que está viendo. He coincidido con él en dos funciones y las dos relacionadas con el homenaje que Morelia 2013 le ha organizado a Arturo de Córdova a 40 años de su muerte. Alguien escribió en twitter una verdad de a kilo: mientras muchos le sacan la vuelta a ver cine mexicano clásico, he aquí que Tarantino se tomó su tiempo para llegar a tiempo y ver La Zandunga (México, 1937), de Fernando de Fuentes; y Crepúsculo (México, 1945), de Julio Bracho. A esta segunda función, por cierto, también asistió el gran cineasta independiente gringo John Sayles. Yo había visto las dos películas hace muchos años en la televisión, pero nunca en la pantalla grande. (Y nunca a unas butacas de Tarantino).
La Zandunga es un simple triángulo amoroso en el que la bellísima Lupe (Lupe Vélez, nada menos) le rompe el corazón al pueblerino oaxaqueño Ramón (Rafael Falcón) aunque ella está enamorada del atractivo marinero jarocho Juancho (Arturo de Córdova con un curioso acento veracruzano). La historia está ubicada en el Istmo y eso le da la oportunidad a De Fuentes -y a sus fotógrafos Alex Phillips y Rox Fisher- para montar unos vistosos bailables oaxaqueños. Sin embargo, más allá de la vivacidad de la Vélez -al verla en pantalla uno entiende por qué dicen que enloquecieron con ella varios gringos- y la personalidad de un muy joven Arturo de Córdova, quienes terminan robándose el filme son Joaquín Pardavé y "el Chaflán" López, como el ridículo alcalde ("¡A callar!") y su borrachales secretario.
En cuanto a Crepúsculo, se trata de un melodramón psicológico típico de Bracho: solemne, verborreico, pero elegante, con una bellísima Lilia Michel, una despampanante Gloria Marín y un Arturo de Córdova perfectamente atormentado por su pasión hacia la Marín, que lo ha arrastrado a tener impulsos homicidas. Por supuesto, el estilo de Bracho, con esas interminables parrafadas dichas con emoción y enjundia por todos sus actores, es ahora completamente anacrónico, aunque cuando estaba viendo la película no pude dejar de pensar que Tarantino habría estado encantado dirigiendo, por ejemplo, a Julio Villarreal, que se echa un choro de aquellos en cierta escena climática. 
También vi otra película protagonizada por Arturo de Córdova: Cielito Lindo (México, 1936), dirigida a cuatro manos por Roberto O'Quigley y Roberto Gavaldón, fotografiada a cuatro manos por Jack Draper y Gabriel Figueroa, con la colaboración en el guión -y en la asistencia de dirección- de Emilio Fernández y con un cameo del propio codirector Gavaldón, quien interpreta a un personaje muy menor.
La historia es, para variar, otro triángulo amoroso en el México revolucionario, entre un Arturo de Córdova ¿cantarín?, un valiente Pepe Ortiz como el amigo/hermano de Arturo de Córdova y la guapa rancherita Lupita Gallardo que, sin querer, termina en medio de tan bragados muchachos revolucionarios. La película es una auténtica curiosidad, pero muy disfrutable y más aún cada vez que aparece "el Chaflán" López como el inseparable escudero de Arturo de Córdova.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Morelia 2013/IV



Lo mejor de un festival como el de Morelia es que si uno ya agotó las películas en competencia en el día o no hay un estreno internacional que a uno le llame la atención, siempre quedan los clásicos que se programan cada año y, en esta ocasión, hasta en anacrónicos (y extrañados) 35 mm. El clásico en cuestión es Trenes Rigurosamente Vigilados (Ostre Sledované Vlaky, Checoslovaquia, 1966), la obra maestra de Jiri Menzel y una de las películas emblemáticas de la Nueva Ola Checoslovaca de los años 60.
La vi por vez primera hace poco más de dos décadas -también en pantalla grande, curiosamente- y ahora, en esta segunda re-visión, me ha parecido aún más valiosa. 
Si usted recuerda, la cinta está ubicada en un pueblito checo en la época de la ocupación nazi. El joven Milos Hrma (inolvidable Václav Neckár) empieza su chamba como despachador de trenes, siguiendo la tradición familiar de hacer todo lo posible por no trabajar y vivir del presupuesto. Eso sí, aunque el país está invadido por los alemanes, Milos tiene otra preocupación: dejar de ser virgen porque aunque él asegura que es muy hombre, el problema es que cuando tiene una mujer al lado deja de serlo. El médico le informa que padece de eyaculación precoz y que cuando esté con una muchacha piense en otra cosa -en el fut, por ejemplo- pero ni el diagnóstico ni el consejo le sirven de mucho.
Esta comedia negra es hilarante, mordaz y, sin embargo, no es ajena a cierta calidez hacia sus personajes, especialmente por el jovencito Milos, conmovedor, ridículo, patético y, al final de cuentas, hasta heroico. Por cierto, el desenlace es, acaso, el más cruel de todas las películas de la Nueva Ola Checoslovaca. Y esto es ya decir mucho. En definitiva, una obra maestra y, seguramente, la mejor película que veré en Morelia este año.
Otro personaje inocente -aunque nunca tan interesante como Milos- es el bien interpretado por el muy gracioso Kristyan Ferrer en Guten Tag, Ramón (México-Alemania, 2013), el más reciente largometraje de Jorge Ramírez-Suárez (Conejo en la Luna/2004; el segmento del elevador de Los Inadaptados/2001), cinta presentada fuera de concurso.
La película es una fantasía inmigrante que resulta bastante simpática buena parte del tiempo, hasta que el cineasta/guionista se enamora demasiado de su inverosímil premisa y, en el desenlace, echa a perder buena parte de sus logros. De todas formas, la cinta puede aguantar el palomazo sin mayor problema y, con todo y su invasiva música melosa, podría tener buena taquilla en el momento del estreno.
El Ramón del título (Ferrer) es un joven duranguense que, después de tratar de cruzar cinco veces al otro lado -y ser retachado las mismas cinco veces- decide mejor probar suerte al otro lado del Atlántico, en Alemania, donde vive la tía de un amigo que le puede echar la mano. La película está repleta de coincidencias oportunistas-maravilloso-fantásticas; Ramón consigue la lana para comprar el vuelo redondo a Alemania, inmigración lo deja pasar sin mayor problema, aunque no encuentra a la tía se encuentra con mucha gente amable que le ayuda, se vuelve maestro de baile latino de un grupo de viejitos retirados, se convierte en el hijo-nieto de una amable anciana solitaria, una preciosa empleada de una tienda no tiene más que atenciones con él... Creo que me expliqué: pareciera que, a excepción de un par de personajes por ahí, en Alemania están esperando con los brazos abiertos a todos los mexicanos alegres, guapachosos y comedores de chiles que podamos mandarles.
Ramírez-Suárez eligió con tino a su actor protagónico, porque el jovencito Ferrer sostiene la película con su simpatía, su carisma, sus ojos picarescos y su fácil sonrisa. Como su "hada madrina", Ingeborg Schöner permanece del lado correcto del melodrama, Ella tiene una extensa y efectiva escena en la que su personajes y el de Ferrer comparten confidencias -ella en alemán; él en español- y aunque los dos no se entienden nada, logran transmitir que realmente se comprenden más allá de las palabras. El problema, insisto, es que llega el desbocado final que, incluso para esta amable fantasía, es de plano inverosímil.
La siguiente película que vi es, hasta el momento, lo mejor de la competencia: la muy emotiva Los Insólitos Peces Gatos (México, 2013), multipremiada (en Locarno y Toronto) opera prima de Claudia Sainte-Luce. 
Estamos en Guadalajara. La joven demostradora de salchichas Claudia (Ximena Ayala) es hospitalizada de emergencia debido a un apendicitis y ahí, esperando la cirugía, conoce a Martha (Lisa Owen) y a sus cuatro hijos: la dura hija mayor Ale (Sonia Franco), la gordita (in)feliz Wendy (Wendy Guillén), la preciosa Mariana (Andrea Baeza) y el menor de todos, el inquieto Armando (Alejandro Ramírez Muñoz).
Martha, que convalece de una enfermedad grave, es una mujer alegre, curiosa, que muy pronto no solo hace migas con la silenciosa Claudia sino que, de hecho, la termina invitando a comer a su casa, después a pasar la noche con ellos hasta que, sin querer, la huérfana Claudia termina siendo parte de la familia: una especie de segunda hermana mayor, enfermera sustituta, educadora en tipos de besos, cómplice de las pintas de los hermanitos menores, encargada de dotar de "ruffles verdes" o chocolates a la antojadiza Martha, más todo lo que se acumule en la semana aunque, pensándolo bien, ¿quién adopta a quién?
La debutante Sainte-Luce, con la ayuda de la veterana cinefotógrafa Agnès Godard, demuestra un eficaz manejo del espacio en interiores -esa toma inicial extendida con la cámara tomando a los distintos miembros de la familia llegando a la cada, cada quien en lo suyo-, además de una sensible dirección de actores -no hay una sola interpretación fuera de tono- y, por si fuera poco, el guión escrito por la propia directora no descuida ni un solo personaje. 
Más aún: la emotiva secuencia final nos remite, acaso no de manera intencional, a un auténtico clásico del cine mexicano. ¿Exagero si afirmo que desde la despedida de Doña Luisa García viuda de García en Vuelven los García (Rodríguez, 1947) no había una escena similar tan emotiva? A lo mejor sí, pero me vale. 


martes, 22 de octubre de 2013

Morelia 2013/III



Una Cuestión de Tiempo (About Time, GB, 2013), tercer largometraje como director del exitoso guionista Richard Curtis (responsable de los guiones de Cuatro Bodas y un Funeral/Newell/1994, Un Lugar Llamado Notting Hill/Michell/1999, las cintas de Bridget Jones; director/guionista de Realmente Amor/2003) es una irresistible -por lo menos para mí- cursilada. Supongo que califica como placer culpable  del año, pero qué remedio.
El día que Tim (Domhnall Gleeson) cumple 21 años, su extrovertido y alegre papá (Bill Nighy), le dice un secreto: todos los hombres de la familia, por alguna razón, tienen la habilidad de viajar hacia el pasado. O para ser más específicos, a viajar a momentos pasados de la propia vida. No hay mucho truco: solo hay que meterse a un lugar oscuro, cerrar los ojos, apretar los puños, pensar en ese momento que se quiere volver a vivir y ya está. 
Por supuesto, esta habilidad le sirve a Tim para tratarse de encamar con la despampanante muchacha (Margot Robbie) de visita en el verano, para que la obra de teatro de cierto dramaturgo misántropo (Tom Hollander) no fracase, para tratar de cambiarle la vida a su desafortunada hermana (Lydia Wilson) y, claro está, para conquistar a la mujer de sus sueños, la americana Mary (Rachel McAdams). Tim descubrirá de inmediato que eso de viajar al pasado es fácil; lo difícil es que aún así, uno pueda lograr todo lo que quiere.
La cinta, inevitablemente, nos remite a la obra maestra del cine hollywoodense de los 90 Hechizo del Tiempo (Ramis, 1993), solo que en un tono más blando y mucho menos oscuro. De todas formas, la película atrapa -insisto: por lo menos a mí- por la habilidosa mezcla de humor y melodrama, por el encanto de la versátil señorita McAdams, por el siempre infalible Bill Nighy y por la presencia del joven Gleeson en su primer papel protagónico, quien logra transmitir carisma, inteligencia y vulnerabilidad al mismo tiempo. 
Una estimada y estimable colega me advirtió que Los Años de Fierro (México, 2013), documental mexicano en competencia, era una especie de Mi Vida Dentro (Gajá, 2007) solo que en versión masculina. Sin duda,hay algo de ello en el segundo largometraje de Santiago Esteinou aunque esta afirmación no es un defecto sino, de hecho, un elogio.
Estamos en la cárcel texana de Hunstville, en la que el fornido cincuentón César Fierro, condenado a muerte por el asesinato de un taxista, espera su ejecución desde hace más de 30 años. Los realizadores sugieren que, acaso, Fierro es inocente. De lo que no hay duda, eso sí, es de las flagrantes violaciones a los procedimientos legales, que debieran haber invalidado el juicio original de 1979, tal como lo sugirió un juez e distrito. Sin embargo, los jueces federales dijeron otra cosa y la Suprema Corte no quiso tocar el tema. 
Si la cinta se queda en la memoria, no es tanto por la denuncia judicial en sí -aunque claro que la denuncia es pertinente- sino por la emotiva crónica del amor fraternal entre César y Sergio, su expansivo hermano menor, quien vive en las calles de Ciudad Juárez después de haber dejado su "carrera" de ladrón consumado. El corazón de la cinta está, de hecho, en esas largas conversaciones del cineasta con los dos hermanos que hace décadas que no se ven.
Ida (Polonia-Dinamarca, 2013), el más reciente largometraje de Pawel Pawlikowski, no estaba en mi agenda festivalera. Sin embargo, un cambio de planes de último minuto hizo que me metiera al cine, sin saber nada de la cinta, a no ser que acaba de ganar el premio a la Mejor Película en Londres 2013. El cambio de planes fue providencial porque, seguramente, de otra forma no podría haber visto este espléndido filme.
En elegante blanco y negro y en el anacrónico formato académico 4:3 (la cámara es de Lukasz Zal), he aquí que en la Polonia de inicios de los 60, la huérfana novicia Anna (Agata Trzebuchowska) es obligada a pasar unos días con una tía que no conoce, antes de tomar los votos para convertirse en monja. La tía de marras se llama Wanda Gruz (Agata Kulesza, inolvidable en Róza/Smarzowski/2011), una implacable jueza, alcohólica, fumadora y con el sarcasmo a flor de piel. Sin decir agua va, Wanda le informa a su sobrina -a la que nunca había querido conocer- que es judía, que su nombre verdadero es Ida Lebenstein y que sus papás -Wanda es hermana de Roza, la madre de la futura monja- fueron ejecutados durante la Segunda Guerra Mundial. Después de soltarle toda la sopa, Wanda le propone a Anna/Ida ir al pueblo en donde vivían los Lebenstein para que la muchacha sepa algo más de esa familia que no recuerda.
Durante la primera hora, Ida es una ágil y divertida road-movie, centrada en las personalidades encontradas de la guapa pero feroz tía burócrata, y la serena y bella sobrina casi monja. En la última media hora, cuando se ha descubierto las razones de la dura personalidad de Wanda, parece que la película perderá el rumbo, pero no sucede así. Al final de cuentas, la muchacha tendrá que decidir si quiere vivir como esa Ida que no pudo ser o como esa Anna que es ahora. La cinta tiene un desenlace discutible, arriesgado, pero justo.
El domingo lo terminé con el remake gringo de la cinta mexicana de caníbales Somos lo que Hay (We Are What We Are, EU, 2013), dirigido por Jim Mickle (Tierra de Vampiros, 2010).
La historia original de Jorge Michel Grau es trasladada a algún lugar de la América profunda, en un pueblito asolado por el mal tiempo y las inundaciones. En el bosque viven los Parker, una familia solitaria -papá, mamá, dos hijas, un niño pequeño- que cada año cumple con un rito ancestral de canibalismo. Si en la cinta mexicana inicia con la muerte del patriarca, aquí vemos la muerte accidental de la mamá, lo que provoca que la hija mayor, Iris (Ambyr Childers), sea la responsable de seguir la tradición, pues entre los Parker la encargada de dirigir el "sacrificio" de cada año es la mujer de mayor edad. 
La cinta está beneficiada por el retrato que hace del fanatismo religioso en el que descansa todo el asunto del canibalismo, el reparto es muy competente y Mickle logra algunos momentos verdaderamente asquerosos lo que, tratándose del género, es un elogio. Hacia el final tengo la sensación que a Mickle y a su coguionista Nick Damici se le van las cabras al monte, pero esto no echa a perder por completo una satisfactoria película de horror. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Morelia 2013/II



En la secundaria, cuando hacíamos fila para algo, no faltaba el chistoso que gritara "chorizo, chorizo", y entonces empezaba el desmadre: empujones, gritos, manotazos. No sé si alguien de mi secundaria estaba la tarde del sábado haciendo cola para entrar a la sala 1 de Cinépolis Centro en Morelia, pero el desorden de ese momento me recordó mis lejanos tiempos de secundaria.
El asunto se (medio) justifica, pues se programaron en la misma sala, en funciones consecutivas, tres de las cintas más esperadas del festival: la ganadora de la Palma de Oro 2013 La Vie d'Adèle, el más reciente filme de los hermanos Coen y la (casi) unánimemente alabada Blue Jasmine, de Woody Allen. De hecho, en este último caso, no solamente no había una sola butaca libre -como en las dos anteriores películas- sino que, además, no había un solo escalón libre en las escaleras. 
Como estas tres cintas -programadas en la sección de Estrenos Internacionales- se exhibirán en las próximas semanas, ya tendremos tiempo y espacio para escribir más de ellas. Por lo pronto, unos comentarios a vuela pluma:
La Vie d'Adèle, Chapitre 1&2 (Francia, 2013), sexto largometraje de Abdelatiff Kechiche (La Culpa la Tiene Voltaire/2000, La Venus Negra/2010), se extiende por tres horas, aunque no seré yo quien se queje por la duración... en este caso, por lo menos. 
La Adèle del título (Adèle Excharchopoulos) es una adolescente que, dice en una escena clave, "le falta algo". Cuando hace su aparición la un poco mayor artista plástica Emma (Léa Seydoux), rondándola/acosándola/conquistándola, Adèle descubrirá qué es exactamente eso que le hacía falta: la pasión sexual. Mucho se ha escrito de las intensas escenas sexuales entre las dos actrices y, en efecto, hay muy poco que se deja a la imaginación. Hay una escena en particular, que dura cerca de 10 minutos, que se vuelve particularmente fascinante -o incómodo, según cada quien- pues las dos muchachas aparecen fusionadas/fundidas en un solo cuerpo. El trabajo de las dos actrices -nombradas junto con el director al ganar la cinta la Palma de Oro en Cannes 2013- es impresionante, en especial el de la jovencita Excharchopoulos que, más allá de su atractivo y su belleza, muestra que tiene el suficiente aplomo para sostenerse no solo en las gráficas escenas sexuales sino en todas las demandas emocionales de su personaje. 
Inside Llewyn Davis (EU, 2013), de los hermanos Coen, es otra comedia de humor negro en el que el personaje del título, Llewyn Davis (Oscar Isaac), un compositor y cantante de música folk de los años 60, sufre un fin de semana de pesadilla circular. Se entiende que Davis es un tipo de verdadero talento musical, pero también es incapaz de tomar una decisión correcta. Como su hermano del alma Barton Fink (1991) -aunque sin el tono surreal de aquella obra maestra temprana-, Llewyn Davis está acorralado en el peor infierno posible: en el autosabotaje artístico/existencial permanente y persistente. Las canciones, espléndidas, hacen más llevadera la crueldad de todo el asunto. Carey Mulligan, encabronada durante buena parte de la película, ofrece una actuación hilarante.  
Otra actuación femenina notable -más bien: creo que puede ser definitoria- es la de Cate Blanchett en Blue Jasmine (EU, 2013), la más reciente película de Woody Allen. 
Todo mundo sabe que Allen ha sido un maestro en lograr grandes actuaciones de sus actrices, pero aún así la señora Blanchett sorprende en serio. De hecho, es probable que, con el paso del tiempo, Blanchett vaya a ser recordada por el personaje de esta ricachona venida a menos, alcohólica, empastillada, auto-ilusionada, histérica, insoportable, patética... Vamos: todo esto y más. Blanchett/Jasmine es un monstruo, en el mejor -y en el peor- sentido de la palabra. 
Por lo demás, estamos ante una de las películas más crueles que ha dirigido el septuagenario cineasta que parece tener la manda de hacer cine hasta que le quede el último aliento. Ojalá que así sea. Por supuesto, volveré a esta cinta en el momento del estreno.
Pero volvamos a la competencia de largometraje mexicano de ficción. A los Ojos (México, 2013) es el tercer largometraje de Michel Franco -dirigiendo aquí con su hermana Victoria-, quien se ha concentrado en realizar películas que, mal que bien, bien que mal, intentan "épater-la-bourgeoisie", como dirían los clásicos. En la fallida Daniel y Ana (2009) había un secuestro express y un incesto; en la muy lograda Después de Lucía (2012), el bullying, un secuestro y un asesinato; ahora, en A los Ojos, el tema son los niños de la calle y... bueno, no voy a decir qué sigue, aunque la sinopsis misma de la película deja entrever el tema. En cuanto a los resultados, este filme no es tan satisfactorio como Después de Lucía pero tampoco es el desastre que fue Daniel y Ana. 
Mónica (Mónica del Carmen, muy justa) es una seria trabajadora social que ayuda a niños y jóvenes de la calle -drogadictos, huérfanos, abandonados- a través de la Casa Alianza. La mujer es dedicada, profesional e, incluso, acaso hace más de lo que debiera, pues parece preocuparse genuinamente por el adolescente drogadicto Benjamín (Benjamín Espinoza), quien empezó a fumar mota desde los 6 años y no tiene dónde quedarse. Mónica tiene otro problema personal, familiar, que parece imposible de resolver: su único hijo Omar (Omar Moreno) tiene una enfermedad degenerativa que le puede provocar ceguera y la lista de espera para recibir una donación de córneas en el Seguro Social es demasiado larga.
El giro en la historia es más o menos previsible, pero de todas formas la segunda parte del filme es realmente inquietante. En todo caso, no deja de sorprender que Casa Alianza México haya apoyado esta película que, en efecto, retrata en un tono documental y sin concesiones la situaciones de los niños y jóvenes de la calle pero que, al mismo tiempo, cuestiona el papel de las instituciones de beneficencia o, por lo menos, de la gente que trabaja en ellas. Lo cierto es que la película nunca deja de provocar, una intención que, después de tres filmes, podemos decir que es emblemática en la obra de Franco.