jueves, 17 de febrero de 2011

Nanook el Esquimal


Aprovechando que Ambulante 2011 va viento en popa, la Cineteca Nacional -que, de hecho, es una de las sedes del festival itinerante de documentales- ha programado este mes de febrero un miniciclo titulado "Historia del Cine Documental" y precisamente el día de hoy exhibirá, a las 20 horas y en la sala 5, la legendaria Nanook el Esquimal (Nanook of the North, EU-Francia, 1922), opera prima del patriarca del cine documental Robert Flaherty.
Aunque no el primer largometraje documental en la historia del cine, Nanook el Esquimal es, sin lugar a dudas, la primera obra maestra del documental, una de las tres grandes avenidas fílmicas existentes -las otras son, but of course, el cine de animación y, claro está, el cine de ficción.
Nanook... surgió, en parte, como una extensión natural de la propia vida de Flaherty pero también a partir de la mera casualidad. Hijo de un audaz minero de origen irlandés, Flaherty trabajó varios años en compañías mineras americanas y canadienses como prospector -o sea, "buscador" de minerales- y así llegó, en 1910, a los terrenos que una década más tarde filmaría en Nanook...: el noreste de Canadá, la bahía Hudson, las desconocidas -y prácticamente vírgenes- islas Belcher, la enorme península de Ungava. De 1910 a 1914 exploró estos territorios para la compañía minera con la que trabajaba, compartiendo la vida con los habitantes de esa región, los esquimales, a los que empezó a conocer y apreciar.
En 1913, en una de sus muchas exploraciones, el dueño de la compañía le sugirió a Flaherty que se llevara una de esos "aparatos nuevos" con él -es decir, una cámara de cine- para completar visualmente el concienzudo diario que Flaherty escribía de manera cotidiana. Para 1915 Flaherty había filmado unos 70 mil pies con imágenes de los habitantes de esos territorios en su vida cotidiana -cazando, construyendo iglús, haciendo sus artesanías- y aunque logró editar y mostrar mucho de este material, el propio Flaherty terminó desechándolo por "amateur". Sin embargo, así nació la idea de hacer un filme documental sobre la vida de los esquimales, plan que no pudo llevarse a cabo hasta varios años.
Para 1920, Flaherty estaba listo: no sólo llevaba consigo suficiente película y varias cámaras sino, también, el equipo para revelar y editar el filme sobre la marcha: su idea era mostrar lo que iba realizando a los propios esquimales para que ellos supieran qué estaban haciendo y de esta manera participaran de manera conciente. Es decir, con todo y que Flaherty siempre tuvo una idea rousseauniana del "hombre primitivo", siempre los vio como iguales a los que había que tratar con respeto.
Nanook el Esquimal sigue quitando el aliento 90 años después de su realización y sigue planteando las mismas preguntas de siempre sobre la naturaleza del cine documental y del cine a secas. Como es bien sabido, Nanook... no muestra una realidad tomada casualmente por la cámara de cine sino una realidad cuidadosamente reconstruida y, hasta cierto punto, (re)inventada para esa misma cámara. Flaherty, por ejemplo, eligió entre una docena de esquimales a quien sería el protagonista de su filme, el Nanook del título ("Oso" en esquimal), un alegre hombrón que, efectivamente, era famoso en la zona por ser un gran cazador de osos polares. Sin embargo, desde el inicio, Flaherty le dejó claro las necesidades dramáticas a su protagonista. Así, por ejemplo, la ropa con la que aparece Nanook en el filme no era la que él usaba normalmente: para esa época, los años 20 del siglo pasado, los esquimales vestían con ropas occidentales, por lo que Flaherty le pidió a Nanook que no llevara puesta ropa "de hombre blanco" sino vestimenta tradicional hecha con pieles de animales.
Hay también otros elementos fáciles de identificar como falsificaciones necesarias: el proceso por el cual Nanook, su mujer Nyla y sus hijitos hacen un iglú enmedio de la inmensidad de los hielos canadienses es completamente real -vamos, es hielo de verdad y el iglú fue hecho, en efecto, en una hora, como nos dicen los intertítulos- pero, después, las escenas del interior del iglú fueron filmadas en otro iglú mucho más grande y, además, abierto del techo para poder dejar pasar la luz.
Más aún: la emocionante caza de una enorme morsa de dos toneladas de peso es verídica -así como lo vemos en pantalla, así sucedió-, pero la cacería de una foca, que se encontraba abajo de una gruesa capa de hielo, está montada. La foca es real y sí la cazaron, pero en otro sitio: cuando vemos a Nanook y a los demás luchando por sacar del hielo a la enorme foca muerta, lo que estamos viendo, en realidad, es una notable actuación... O, si se quiere, una notable recreación de la realidad... que es exactamente lo que hacen los grandes actores.
Por supuesto, la línea entre la realidad y la recreación de la realidad está completamente borrada y Flaherty, habrá que decirlo, nunca intentó ocultar sus técnicas de filmación ni de franca dirección de sus personajes/actores lo que, en cierto momento, le atrajo el rechazo de algunos teóricos que alegaban que lo que él hacía no era, en realidad, cine documental, sino un tipo distinto de ficción.
Vieja discusión que, a estas alturas del juego, está superada: Flaherty hacía cine documental y etnográfico con el fin de capturar la auténtica esencia -"el auténtico espíritu", decía él- de las personas con las que vivía -a Nanook lo siguió durante un año entero- y si en el camino tenía que distorsionar un poquito acá y otro poquito allá, ¿qué importancia tenía? A lo mejor Nanook no había cazado esa foca en ese momento, pero había cazado otras más, muchas más, cuando la cámara estaba apagada. Menos mal que Flaherty estaba por ahí para re-crear esos momentos, para re-inventar esas aventuras... ¿No se trata de esto el cine, insisto? ¿El cine a secas?

Nanook el Esquimal se exhibe hoy, a las 20 horas, en la Cineteca Nacional.

9 comentarios:

Tyler dijo...

Este documental es mudo Ernesto? se ve muy requete bueno...

Diezmartinez dijo...

Sí, es silente. Está en la red, legalmente, y en una edición de Criterion.

Joel Meza dijo...

Chin, hace como 15 años me lo platicaste y sigo sin verlo.
Debo dejar de ser tan desidioso.
Uno de estos días.

Tyler dijo...

algo que se me olvidó comentar el otro día que vi la de Nausicaa es que quien sabe que tienen los mundos creados por Miyazaki que siempre dan ganas de vivir en ellos

no importa que sean decadentes como ese de Nausicaa, idilicos como ese de Porco Rosso, lindos como el de Kiki entregas a domicilio, o fantasticos como el de Chihiro...

(esto obviamente era un off topic je)

Tyler dijo...

por cierto, un cuate de aqui de la oficina no ha visto Inception, por lo tanto hoy se la presté para que la vea el fin

ya le dije que qué envidia me da porque la va a ver por primera vez y que su vida esta a punto de cambiar

jo

Tyler dijo...

por cierto, crees que gracias al ticher y su epico juay de rito la cinta del hopkins sea el taquillazo de la semana Ernesto? y de paso gane aqui en tu blog?

Joel Meza dijo...

Su vida está a punto de cambiar... por Inception.
Tyler, ¿'tás seguro que no vives ya en otro mundo

Diezmartinez dijo...

Tyler: Sí, tienes razón. Algo tiene los mundos de Miyazaki que quisieras estar ahí -no sé si vivir en ellos, la verdad pero por lo menos sí conocerlos. En cuanto a juay-de-rito, no podría haber salido mejor para la distribudora.

Tyler dijo...

Joel,

pues aún no, pero yo creo que si pudiera si me la pasaría soñando varias horas al día je

ese pensamiento es lo mas perturbador que me dejó esa película, que si pudiéramos yo creo que a muchos nos gustaría estar en nuestra propia mente creando y destruyendo mundos, volando o haciendo lo que nos gustara mas, como cuando Cobb y su equipo van a visitar a Yusuf y el les enseña a esas personas que iban a soñar 4 o 5 horas al día...

ese pensamiento todavía me persigue, me acecha jajaja

pero a final de cuentas no hace eso una buena película? cuando no puedes dejar de pensar en ella por mucho tiempo? al contrario de cuando ves una cinta tan olvidable que al siguiente dia ya ni te acuerdas de se trataba? jajaja

Ernesto,

bueno no dan de ganas de vivir en todos y cada uno de ellos pero por lo menos en el de Kiki entregas a domicilio o en el de Porco Rosso claro que si, casi son poéticos los lugares donde viven esos personajes...