miércoles, 2 de febrero de 2011

El Cisne Negro


Vamos a la primera obviedad: el tema central de El Cisne Negro (Black Swan, EU, 2010), quinto largometraje de Darren Aronofsky, no es el ballet, como tampoco era la lucha libre el centro dramático de El Luchador (2008). Lo que le interesa a Aronofsky son sus personajes: no tanto lo que hacen -bailar ballet, practicar la lucha libre, dedicarse a las matemáticas, vivir en las drogas- sino tratar de entender qué los lleva a hacer los hacen. Es decir, qué los arrastra a esos extremos, qué los obliga a sacrificar todo, qué los empuja a cruzar el límite. En este sentido, El Cisne Negro es, creo, el ejemplo más depurado de su cine que nos ha entregado Aronofsky.
Va la segunda obviedad: Natalie Portman tiene el Oscar en la mano. Su actuación como la desequilibrada, paranoica, obsesiva/compulsiva y automutilada Nina es el tipo de trabajo que le encanta premiar a Hollywood. No sólo por el retrato genuinamente fascinante de una mente y un cuerpo enfermos, sino por el evidente esfuerzo físico que le demandó el papel a Miss Portman, tanto por la interpretación del ballet -ella es la que baila prácticamente en todas las tomas- como por el hecho de que es su cuerpo y su rostro -en primer plano, en close up- los que ocupan el 90% del tiempo de pantalla. Cual Falconetti del nuevo siglo, Portman convierte su propio sufrimiento en una masoquista bella arte.
El Cisne Negro va de menos a mucho más: de una trama que parece apuntar a un convencional melodrama femenino de competencia y superación, el filme se mueve rápidamente hacia un histérico y desatado melodrama de horror psicológico que igual toma elementos del clásico Las Zapatillas Rojas (Powell y Pressburger, 1948) -la búsqueda de la perfección artística a toda costa- que de Repulsión (Polanski, 1965) -la visión de una psique enferma- o del cine de Hitchcock, con esa posesiva madre (Barbara Hershey) casi tan monstruosa como la de Carrie: Extraño Presentimiento (De Palma, 1976).
Por lo mismo, no extraña que Aronofsky se entregue a los excesos. Y es que este filme no es una representación realista de "El Lago de los Cisnes", sino la desbordada exploración de las neurosis de una joven mujer que está dispuesta a todo para "ser perfecta" -ojo: no bailar perfectamente, sino "ser perfecta", que es muy distinto. Así, la cámara de Matthew Libatique no conoce descanso -ni tripié- porque la desequilabrada Nina no descansa nunca, en ningún momento: no en su casa, con su horrenda madre atosigándola; no en los ensayos, con su manipulador director (Vincent Cassel) presionándola; no en su camerino, cuando el propio espejo se le rebela/revela; no entre sus compañeras, entre quien está su más peligrosa competidora (bellísima Mila Kunis); no en sus sueños, cuando se deja llevar por sus deseos reprimidos para poder asir ese lado oscuro que necesita para "ser perfecta".
La puesta en imágenes de Aronofsky termina convertida en un maelstrom de histeria temática y visual -cortes cada vez más abruptos, cámara mareadora/giratoria, close ups al rostro doloroso de Portman, doppelgängers como para otras tres películas- que, ni modo, me ganó por completo. Y es que si vas a hacer un melodrama de esta naturaleza, hay que ir por todo, sin temor al ridículo. Y, por lo visto, Aronofsky es a lo que menos le teme.

23 comentarios:

Champy dijo...

Así es mi estimadisimo (te fijas como ahora si te quiero?). Con las letras excatas.

Éstas mentes conocen y hacen del exceso su caracteristica de vida, es muy dificil entenderlo de fuera. Creo que lo que hace Darren es adecuado para adentrarnos, para abrirnos la puerta a la mente de Nina, que entremos o no, ya es otro pedo.... pero ya es de cada quien asumir los propios.

Se la rifó el Aronofsky.

2046

Champy dijo...

Ok.

Aclaro.

Se la rifo Aronofsky pero ésta semana debe ganar Fish Tank!

2046

Josafat M. dijo...

Las virtudes que usted anota son los defectos que yo le veo, el hecho de que los personajes sean movibles a otros contextos me parece débil, bien Nina pudiera ser una actriz de teatro queriendo ser la mejor para un rol y veo ahí una obra no completa, no redonda, contrario a digamos, Pi o Requiem for a dream, en ésas, los personajes están como pez en agua. Y lo absurdo de Black Swan es lo que más me empujó a detestarla, los momentos de la metamorfosis me sacaron unas carcajadas. Las convenciones de terror metidas a huevo también me hicieron bostezar, me recordó a las tensiones utilizadas en manera de broma en Shaun of the dead, sólo que aquí no van, no es una comedia (¿o sí?); se sienten cero emocionantes e incluso hasta molesto que lo intentaran más de una vez. Por último, esos doppelgängers utilizados como coartadas fáciles para justificar inconsistencias se me hace de lo más tramposo, me refiero más claramente rumbo al final de la cinta. He aquí pues, mis razones, Sr. Diezmartínez, (creo) es la primera vez que las menciono más o menos extendidamente.

mapki dijo...

He empezado a leer este comentario, y he parado porque aún no vi la película. Lo leeré en cuanto la vea, me gusta tu estilo por otros anteriores. Por ello, te sigo desde este momento xD

Diezmartinez dijo...

Josafat: COmo suele suceder, vimos la misma película pero no tuvimos la misma percepción de ella. Suele suceder.

Mapki: Muchas gracias. Desde México, un abrazo.

Tyler dijo...

doppelganger es lo mismo que alter ego Ernesto?

Diezmartinez dijo...

Exacto, Tyler: el otro yo malvado.

El Zarco dijo...

Hola, 1er. o 2o. comentario que hago, nomas para celebrar que por fin coincidomos en lo que vimos en pantalla.
Normalmente las peliculas que me gustan acaban hechas pomada completamente o en parte por estos lares :D

Saludos y ¿adonde se mandan las quejas para que reforma te de más de una película pa' criticar a la semana?

Diezmartinez dijo...

Zarco: Pues manda una carta o un correo a Primera Fila de Reforma. Y si consigues más firmas, mejor... Un saludo.

Anónimo dijo...

Vaya, pensaba que ese tal doppelganger era uno grandote que peleaba con Rocky.

Joel Meza dijo...

No, el que peleaba con Rocky se llamaba Boris Malosnov.
Y como este fin de semana tampoco llegó al rancho, pues seguiré pensando tonterías como ésta.

Diezmartinez dijo...

Joel: Menos mal que se te da. Digo, eso de las tonterías.

Aarón Avilés dijo...

Creo que estoy de acuerdo con casi todo lo que dijo. Pero no me terminó de convencer. Por alguna razón, pienso que es tan buena como mala. A lo mejor los extreme close ups tan intensos me alejaron de la película en lugar de acercarme. Me quedo con The Wrestler.

Diezmartinez dijo...

Quiobo, Aarón. Bueno, tampoco trato de convencer de nada. Un abrazo.

El Duende Callejero dijo...

Confieso que, en un mundo perfecto, comprenderíamos que no hay nada más hermoso que ver a un trapecista cayendo al vacío sin red de protección y sin ser parte de su acto. Esos segundos que dura su caída antes de escuchar el crack de sus huesos haciéndose turrón, son decadentemente sublimes como espectador amodorrado que sólo fue al circo esperando ver precisamente eso: un accidente que pueda cargar el adjetivo "fatal". Claro, en un mundo perfecto aceptaríamos que somos unos sádicos a los que el dolor ajeno les causa un gusto enorme y hasta nos hace salivar.

¿Lo digo por la interpretación de la Portman en este Patito Feo oblicuo? No, lo digo por Aronofsky, que al hacer esta película se ha pegado un santo madrazo y sin que fuera parte del acto, que lo hace merecedor de una ovación de pie sin importar si "me gustó" o "no me gustó" la película. Quedarme con eso, el "gusto" o "disgusto" es una mera reducción al criterio, puesto que aquí estábamos frente a un acto conocido, rutinario: un cineasta al que le gustan los excesos y los personajes llevados al límite. Pagamos el boleto porque comprendemos que como todos van a hablar de la película, hay que arrugar el ceño y decir: meh, he visto mejores. Pero madres... El trapecista dio un giro de más y sobres, hasta rebotó.

Yo nada más por ese rebote y esos huesos rotos (que lo pondrán convaleciente una temporada, haciendo Wolverine 2) le doy hasta el Nobel de Cinematografía, si existiera.

No hay nada más patético que un trapecista que, antes de iniciar su acto, ponga él mismo la red y encima, se amarre un arnés teatralmente (Fincher y su Red Social o el menospreciado por los "que dan premios", Nolan caben aquí). O trapecistas que hacen rutinas nada más (_________ Apunten al director de su preferencia).

Madrazos como estos, se recuerdan y se aplauden y se agradecen de vez en cuando. Es lo que hace que valga la pena ir al circo de vez en cuando.

Diezmartinez dijo...

Duende: Has hablado -bueno, escrito- bien y de buenas, mi (no tan) pequeño saltamontes. Quien quiera ver espectáculos perfectos, que busque en otro lado.

El Duende Callejero dijo...

Jo... Ayer volví a ver La Red Social. Me impresionó el score nominado al Oscar, co-escrito por el loco de Reznor... Sí... Y lo hizo porque no recuerdo absolutamente nada de él siendo que como ya la había visto en dos ocasiones antes, y tampoco recordaba nada de él, ahora podría decirse que estuve atento. Pero no, ni una nota o melodía ni nada. De esa película me quedo con la edición en Final Cut que se mandaron y ya. Esos diálogos de sit-com me marean.

lourdes_11_10 dijo...

Profesor (no se como llamarlo por aquí y decirle Ernesto me parece raro) muchas personas me habían dado buenas criticas de esta película y ver la suya de verdad me motiva a verla... veo muy pocas películas a causa de mi bajo presupuesto y selecciono muy bien las que voy a ver. De verdad que me gustaría poder llevar más clases de cine, me interesó mucho pero siento que soy una completa ignorante en estos temas.

¿Cree que leer su blog me ayude a aprender un poco? ¿o solo a decidir que películas ir a ver?

Lulú Ramos

Diezmartinez dijo...

Lulu: Leer el blog no puede hacerte daño. Y por lo demás, hay que ver mucho cine, del clásico especialmente, y leer algún buen libro de apreciación de cine, como El Arte Cinematográfico, de David Bordwell. Y, claro, puedes preguntar todo lo que quieras, aquí y en otros lados. De eso se trata aprender. Saludos.

Anónimo dijo...

Acabo de descubrir el blog! por lo pronto lo único que puedo decir es que me agrada (mucho) que respondas a los comentarios y des consejos, orientación bibliográfica, etc. Bien por eso! Abundan los críticos-intelectualosos y sectarios. saludos

Diezmartinez dijo...

Anónimo de las 16:50: Bienvenido a los comentarios y gracias.

Joel Meza dijo...

Pos ya la ví y ahora puedo entender qué vio cada uno de los que comentan aquí, empezando contigo, Ernesto. No me entusiasmó como a tí, a Champy y a El Zarco; no me pareció ridícula como a Josafat; creí por un momento que me quedaba con el Duende y su analogía del trapecista pero... eso se lo dejaría al Aronofsky de esa mamucada gigantesca de La Fuente de la Vida. Ahí sí se dio un santo guamazo que me hizo decir "no jodas..."

Esta de Cisne Negro, por un lado, no me parece un acto de trapecio tan arriesgado como Pi. No me parece que lo que vemos de la mente de Nina sea tan canijo como para pensar que no hay red abajo, como en Pi nuevamente o en Réquiem por un Sueño. Por el contrario, sí es medio molesto tanto acercamiento, como dice Aarón Avilés y tanta sugerencia visual y auditiva de que Nina está tronando mentalmente. Fuera del personaje de la mamá y por todo el melodrama entre las bailarinas y el director, para mí, El Cisne Negro es apenas como 1.5708. La mitad de Pi, pues.

Joel Meza dijo...

Por cierto, leí con el Ebert que Portman se aventó diez meses estudiando ballet para hacer esta película. Qué tontería: si no se trataba de aprender a hacerlo tan bien como para bailar de verdad el Lago de los Cisnes; simplemente se necesitaba hacerlo lo suficientemente bien para lograr un par de buenas tomas de cada escena. ¿Así o más acolchonadita la red, Duende?

O a ver, ¿a poco Bárbara Hershey se la pasó diez meses abusando de chamaquitas para lograr la imagen perfecta de la mamá sádica?

Parafraseando a Sir Lawrence Olivier: intenta actuar, mi niña.