sábado, 3 de julio de 2010

Cine Polaco Contemporáneo/II


La historia de La Boda (Wesele, Polonia, 2004), opera prima de Wojtek Smarzowski, pudo haber sucedido en cualquier lugar de México. De hecho, da la impresión de haberse visto en una película mexicana. En la discutida y discutible Mecánica Nacional (Alcoriza, 1972), para ser precisos.

Estamos en la Polonia post-comunista del nuevo siglo. El transa y cuenta-chiles hombre de negocios Wieslaw Wojnar (extraordinario Marian Dziedziel, lo mejor de la película) es el anfitrión de la boda de su bella hija Kaska (Tamara Archiuch). Desde el inicio, queda claro que todo lo que puede salir mal en una boda, saldrá mal en ésta. Pero no se trata de mala suerte: la fiesta no es más que un excipiente dramático a través del cual se mostrará una sociedad polaca corrupta hasta la médula.

Un camarógrafo que llega tarde a la boda a grabarla, un cura centavero que enseña el cobre a la primera provocación, una cena en mal estado que manda a todos los invitados al baño, un abuelo que no quiere heredar en vida dos hectáreas de tierra, el ostentoso regalo problemático de un Audi para el novio bueno-para-nada, una banda que se niega a tocar porque no le han pagado la música, una serie de juegos repulsivos en plena fiesta -y yo que pensaba que el baile húngaro era lo más vergonzoso en una boda-, un novio briago que quiere más a su Audi que a la novia, un chorro de mierda cual metáfora nada sutil de todo lo que oculta la sociedad polaca en su drenaje de costumbres familiares y valores entendidos...

Smarzowski dirige con vigor este caos que se muestra bien organizado, visual y narrativamente hablando. Eso sí: La Boda no es la película más elegante ni la más sutil que usted verá en mucho tiempo. La sátira que dirige el cineasta -autor él mismo del guión- a su misma sociedad es brutal, más aún porque el esperpento más desatado se impone sobre el humor, casi ausente. Y esto termina irritando. Cansando, incluso.

Y algo más, que sucede también con la ya mencionada Mecánica Nacional mexicana, como bien lo señaló Ayala Blanco en La Búsqueda del Cine Mexicano: el representante primero y último de toda la corrupción, el avieso padre de familia, resultará, al final de cuentas, un ser lamentable y patético, digno no tanto de lástima sino de solidaridad. De hecho, hay cierta grandeza trágica en todo lo que le sucede al señor Wojnar y por eso, al final de cuentas, la sátira termina diluyéndose en la simpatía que uno siente hacia ese pobre patriarca al que todo le ha salido mal, por más que haya seguido fielmente las reglas de la podrida sociedad en la que vive.


La Boda se exhibe hoy y mañana en la Cineteca Nacional dentro del ciclo Cine Polaco Contemporáneo.

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