jueves, 18 de junio de 2009

Revisando a Chaplin/XIV


En Armas al Hombro (Shoulder Arms, EU, 1918), Charlot aparece en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, enfrentado a las tropas alemanas. Ahí, sufre las inclemencias del tiempo francés, realiza varios actos heroicos, se enamora de la bella de rigor (infaltable Edna Purviance) e, increiblemente, llega a capturar al mismísimo Kaiser aunque todo esto... en un sueño.

El filme número 64 dirigido por Charles Spencer Chaplin, de casi 50 minutos de duración, fue producido para la First National contra los consejos de Cecil B. de Mille, quien había intentando convencer a Chaplin que una cinta bélica en tono cómico no podía ser una buena idea. Se dice que, incluso cuando la película estaba terminada, Chaplin mismo pensó en enlatarla porque consideró que era un filme fallido. En buena hora no lo hizo, porque estamos ante uno de los irrebatibles clásicos chaplinescos que ofrece al espectador algunos momentos antológicos: Charlot usando un queso en mal estado como arma bacteriológica contra los alemanes, el retrato satírico de un pequeñín oficial alemán al que Charlot nalguea como si fuera un niño maleducado, el genial camouflage de árbol usado por Charlot para destantear al enemigo y, técnicamente hablando, los dollys perfectamente bien ejecutados en el interior de una trinchera, 40 años antes de una escena similar de la Patrulla Infernal (1957) kubrickiana.

Armas al Hombro es más una película cómico-pacificista que bélico-propagandista: las hazañas heroicas de Charlot son realizadas sólo en sueños, las condiciones de vida de los soldados americanos son mostradas con cruda comicidad (recuérdese la escena del dormitorio inundado, por ejemplo) y hay que señalar que los soldados alemanes son vistos con cierta simpatía, sin desprecio, hasta con algún rasgo de solidaridad de parte de Chaplin (el soldado germano que le agradece a Charlot que castigara a su abusivo general).

Armas al Hombro está disponible en DVD en varias versiones. Yo recomendaría revisar esta película en la edición contenida en The Chaplin Revue, en donde uno puede ver, como extras, varias escenas que Chaplin decidió eliminar en el corte final. Es claro por qué Chaplin decidió obviar esos minutos: en esas escenas borradas, Charlot es un abrumado paterfamilia con tres hijos en ristre y una esposa monstruosa y descomunal que, inteligentemente, nunca la vemos por completo. Así pues, Charlot es muy pobre, no parece vivir feliz y cuando, de manera sorpresiva es reclutado, no puede menos que respirar con alivio: prefiere la guerra a la dificil vida marital. Hasta ahora se piensa que Chaplin decidió borrar todas estas secuencias -que, por lo demás, son muy graciosas- debido a que era claro que si Charlot iba a la Gran Guerra no era por su patriotismo, sino por huir de su esposa y sus tres hijos por mantener. Una burla nada sutil al patrioterismo que toda guerra de antes, de ahora, de siempre, le exige al ciudadano común.

3 comentarios:

Joel Meza dijo...

El dormitorio inundado es mi escena favorita (¡esa vela flotando!).

Mauricio/mauroforever dijo...

Esta, temo decir, es laúnica que no he visto de Chaplin. Siempre se me ha ido. La veré. ¿Ya revisitate Monsieur Verdoux o estás sólo en the tramp? (En otras cosas,como lo intuía, debo decir que de manera muy retrasada que vi Mr. Lonely ayer y me ha encantado. Hasta postee algo en mi nuevo blog.No entiendo tanto odio hacia Harmony porparte de ti y tus lectores:=( )
Saludos!
P.D. Les dejo la dirección del nuevo blog si de plano su odio hacia Harmony es tanto que quieren mentarme la madre: http://unperdidoenelsiglo.wordpress.com.com )

Diezmartinez dijo...

Hace tiempo que no veo Verdoux. De seguro la veré de nuevo para esta serie de entregas.

Sí, ya leí tu lectura (valga la rebuznancia) en tu blog. Pero, bueno, no es odio. Por lo menos no de mi parte: más bien cierto pasmo porque, de verdad, nunca he podido terminar de ver ninguna de sus cintas. Eso sí: la que llegé más lejos fue esta. Mr. Lonely. Vi más de la mitad.