domingo, 21 de junio de 2009

La Jetée


Ante el inminente estreno en México -porque en algunos lugares de Europa ya tuvo corrida comercial- de la opera prima de Jonás Cuarón Año Uña (Cuarón, 2007), no me pareció mala idea volver a ver, por enésima ocasión, La Jetée (Francia, 1962), la insólita foto-novela de ciencia-ficción de 28 minutos dirigida por Chris Marker, obra que ha sido la fuente de inspiración/saqueo lo mismo de Terry Gilliam (12 Monos, 1995) que de Alex Proyas (Ciudad en Tinieblas, 1998), los hermanos Wachowsky (Matrix, 1999), o, más recientemente y en un tono muy distinto, del ya mencionado joven Cuarón.
El inasible Marker (Francia, 1921) que, como nuestro admirado Gabriel Zaid, tiene por costumbre no dar entrevistas de ninguna especie ni asistir a homenajes o encuentros públicos, fue uno de los miembros fundadores de Cahiers du Cinéma aunque nunca perteneció a la nueva ola francesa, fundada por los jóvenes rebeldes Truffaut, Godard, Chabrol y compañía. De una generación más vieja, Marker fue etiquetado -contra su voluntad, por cierto- como parte del grupo de la Orilla Izquierda, en donde se encontraban cineastas, intelectuales y escritores como Agnès Varda, Jean Cayrol, Alains Resnais y otros más.
Filmada -mejor dicho: fotografiada y montada- al mismo tiempo que su discutido filme documental de cinéma vérité Le Joli Mai (1963), La Jetée es, como su propio subtítulo nos advierte desde el inicio, una photo-roman, es decir, una foto-novela que, aparentemente, debería funcionar como una bofetada al principio mismo de lo que es el cine: la imagen en movimiento. En realidad, genial y perversamente, es todo lo contrario: el cine nunca ha estado más oníricamente vivo que en esta obra maestra de Marker.
En poco menos de media hora, este pequeño relato que se cierra implacablemente sobre sí mismo, inicia con la reflexión en off de nuestro omnisciente narrador (Jean Négroni) acerca del sentido final de nuestros recuerdos, de nuestra memoria: el recuerdo infantil del bello rostro de cierta Mujer (Hélène Chatelain) atormenta a nuestro protagonista (Davos Hanish), que sobrevive cual rata de coladera en un derruído París subterráneo, después de una apocalíptica Tercera Guerra Mundial. El núcleo humano sobreviviente ha elegido a ese Hombre para una tarea muy especial: viajar al pasado y luego al futuro, con el fin de buscar una salida al estado lamentable en el que la Humanidad se encuentra. No hay máquina del tiempo: la ruta de ese viaje es la propia mente del Hombre, que tiene el extraño don de materializarse en/por/gracias-a sus recuerdos en ese pasado en el que, a través de distintas sesiones, aparece junto a esa añorada Mujer que lo acepta sin hacer preguntas. Para ella, él es su "fantasma": entre los dos existe una liga que el Hombre no puede entender por completo, pero sí la puede sentir. En acaso la más bella secuencia de la cinta, el rostro de la Mujer adorada adquiere movimiento durante unos cuantos segundos: un instante de magia pura.
Durante esos segundos -dos, tres, cuando mucho- el cine tradicional aparece para desvanecerse de nuevo. El resto del relato cinematográfico (¿o de plano foto-novelístico-gráfico?) está conformado sólo por un conjunto de fotos fijas tomadas por el propio Marker y Jean Chiabaut: de los rostros de los actores, de los espacios abiertos de la campiña francesa, de las siniestras escenas en interiores en ese París destruido del futuro, de ruinas reales de la Segunda Guerra Mundial, de un imaginado futuro con encuadres e iluminación expresionistas... La foto-novela de Marker es una elaboradísima pieza visual/auditivia, no una mera acumulación de imágenes fotográficas: algunas secuencias -por ejemplo, cuando el Hombre viaja del presente a su pasado- están separadas por contundentes fundidos en negro, la escena del parque en el que Hombre y Mujer pasean está realizada cual si fuera un foto-reportaje periodístico con todo y uso del corte directo, la petición de los hombres del futuro a nuestro protagonista parece una sesión de fotos de vanguardia, mientras que en la mágica escena en donde vemos los ojos de la Mujer abrirse, las imágenes avanzan en un dulce fundido encadenado. Y en cuanto al sonido se refiere, Marker crea, también, un ambiente genuinamente onírico a través de esos incesantes murmullos y la música ad-hoc de Trevor Duncan.
Y, bueno, en cuanto a ese final rompe-cocos... ¿Qué sería la ciencia ficción fílmico-especulativa sin esta extraña cinta que se cierra en el espiral de un recuerdo infantil finalmente, trágicamente, recuperado? Una obra maestra irrepetible.


5 comentarios:

Mauricio/ mauroforever dijo...

Una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Hace ya mucho, escribí una capsula al repecto:

toda nuestra vida se reduce a una imagen, sólo a una; la existencia, así como la lucha por extraer algo de ella, es la creación constante de momentos que nos permitan reencontrarnos con esa imagen, cuyo significado nos eludió la primera vez que se desdobló ante nosotros, hundiéndonos en la pérdida y la desesperación. la esperanza romántica prevalece: si nos reencontráramos con la imagen, si sólo pudiéramos hacerlo, quizá esta vez sería diferente, seguro que sería diferente.

la jetée, la obra maestra de chris marker que inspiró twelve monkeys, está en youtube, junto a los videos de edgar y los ridículos de britney. 26 minutos de belleza anticinematográfica. la imagen se impone al movimiento, siempre.

Saludos Ernesto!

F. V. R0DEL0 dijo...

Les recomiendo el número de la revista de fotografía Luna Córnea dedicado al tiempo, viene un artículo muy chido sobre La Jetée.

Anónimo dijo...

Excelente recomendación EDM, me gusto muchisimo esta película, las peliculas pausadas se gozan mas, así, como tu haces al fin de año las imagenes que se te quedan grabadas en la memoria, de eso se trata el cine, es una imagen dos segundos, o una foto, una pintura que se queda contigo y no se va, aunque es ciencia ficción, esta peli me recordo mas a LUZ SILENCIOSA, y a IN THE MOOD FOR LOVE, y otras varias, e igual te dan muchas ideas para hacer cine, por cierto al casi al final se ve que el protagonista tiene una playera de EL SANTO EL ENMASCARADO DE PLATA, sabras algo al respecto?, me despido es que tengo que devolver unas cintas de video, American Psycho.

Diezmartinez dijo...

Sí, tienes razón. Lo había olvidado. En una de las últimas fotos se ve que el protagonista lleva una playera de un luchador con el nombre El Santo. Marker, habrá que recordar, fue crítico de cine antes de convertirse en cineasta. Acaso de ahí viene su conocimiento de El Santo, pues algunas cintas mexicanas de luchadores viajaron bien a todas partes, incluyendo Europa. Pero, la verdad, esto es sólo una hipótesis mía. Saludos, anónimo.

Champy dijo...

Parteaguas definitivo concluyente e influyentisimo.

Los grandes clásicos encumbrados después, el que me menciones, algo le encontrarás.

Por revelaciones como esta, es que todo ha valido la pena.

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