miércoles, 26 de noviembre de 2008

50 Muestra Internacional de Cine/XI y última


La Quimera del Oro (The Gold Rush, EU, 1925) fue el segundo largometraje dirigido por Charles Chaplin para su propia compañía, la United Artists, fundada en 1919 por el cineasta británico y sus socios David W. Griffith, Douglas Fairbanks y Mary Pickford. La película fue una de las más exitosas de Chaplin tanto en el terreno financiero como artístico, aunque significó también la tácita aceptación de que se había equivocado en su anterior cinta, Una Mujer de París (1923), en la cual Charlot no actuó y que, además, fue concebida como una sofisticada comedia de costumbres y no como la típica comedia sentimental con slapstick que había sido -y seguiría siendo hasta el final- su marca de fábrica como director. Y es que aunque Una Mujer de París fue bien recibida por la crítica -y hoy en día, de hecho, es una de sus cintas más discutidas y alabadas-, la película fue un descomunal fracaso taquillero, hecho que obligó al pragmático cineasta a volver a su fórmula ya probada.

En este sentido, La Quimera del Oro, por supuesto, es una de las muestras más acabadas del estilo fílmico y el discurso dramático chaplinescos. Considerada por algunos como su obra maestra -el mismo Chaplin afirmó que si había una película por la que quería ser recordado, era precisamente ésta- La Quimera del Oro muestra un balance perfecto entre el sentimentalismo romántico y el demencial slapstick del mejor Charlot. Hay varias escenas memorables: el vagabundo (Chaplin) y su compañero de cabaña (el infaltable Mark Swain) devoran con fruición un zapato hervido; enloquecido por el hambre, Swain se imagina a Chaplin como un enorme y suculento pollo; soñando que está divirtiendo a su enamorada Georgia (Georgia Hale) y a sus frívolas amigas, Chaplin "baila" con dos panecillos como improvisados pies y, por supuesto, la emocionante e hilarante secuencia en la que Chaplin y Swain están a punto de despeñarse cuando su pequeña cabaña se balancea en un desfiladero.

Sin embargo, hay otra escena menos recordada, nada hilarante y nada sentimental, que muestra a un Chaplin mucho más sofisticado de lo que aparece a primera vista en casi todos sus filmes. En cierto momento, en la fiesta de Año Nuevo que está festejándose en el bar del pueblo, en medio de las risas, bailes, cantos y gritos, se va imponiendo lentamente el silencio, las lágrimas y las miradas perdidas de los buscadores de oro, de las chicas del pequeño tugurio, de los ancianos estragados por la soledad. Es un privilegiado instante de gran cine que transmite una sensación de sutil melancolía, años luz del desvergonzado sentimentalismo del que siempre fue -y sigue siendo- acusado Chaplin. Sólo por re-descubrir esta escena -y otras más- vale la pena volver a ver este inevitable clásico chaplinesco.


La Quimera del Oro se exhibe hoy miércoles y mañana jueves en la Cineteca Nacional.

7 comentarios:

Joel Meza dijo...

Uf, La Quimera del Oro en cine.
Esa escena del llanto en Año Nuevo, genial.

El Duende Callejero dijo...

Genial. Lástima que se esté tan lejos. Por cierto, qué versión será... La muda, sólo con música, o la de los cuarenta, narrada por Chaplin ¿?

Diezmartinez dijo...

Está remasterizada. No tiene la narración en off.

El Duende Callejero dijo...

Perfecto.

adayin dijo...

Ahi estoy. Ya. Nada de NFL hoy
Promise!!

Joel Meza dijo...

Esta función sí es algo para agradecer hoy... ahora a averiguar qué necesita el instituto de cultura local para traer la cineteca al rancho.

Josafat M. dijo...

¿Todos los directores tendrán su película por la cuál quieran ser recordados?