viernes, 8 de febrero de 2008

Confesiones Verdaderas/VIII


Vi mis primeras doscientas películas haciendo trampa, escapándome de la escuela y metiéndome al cine sin pagar -a través de la salida de emergencia o de la ventana de los baños- o aprovechándome de que mis papás habían salido por la noche... Pagué por esos grandes placeres con dolores de estómago, sobresaltos, migrañas, sentimientos de culpa, lo que hace más intensas las emociones al recordar los filmes que vi en esa época.

Sentía una enorme necesidad de entrar a las películas. Me sentaba cada vez más cerca de la pantalla... No veía filmes de época ni bélicos ni westerns porque me era más dificil identificarme con ellos. Me concentraba en películas románticas y de misterio. A diferencia de los cinéfilos de mi edad, nunca me identificaba con los héroes, sino con los fracasados y, en general, con cualquier personaje que estuviera del lado equivocado. Es por eso que el cine de Alfred Hitchcock, devoto del miedo, me ganó desde el principio; y después de Hitchcock, el de Jean Renoir, cuyo trabajo está dirigido hacia la comprensión de los demás... "Lo terrible es que cada quien tiene sus razones" (La Regla del Juego). La puerta estaba completamente abierta y estuve listo para Jean Vigo, Jean Cocteau, Sacha Guitry, Orson Welles, Marcel Pagnol, Ernst Lubitsch, Charlie Chaplin, por supuesto, y muchos otros que, sin ser inmorales, "dudan de la moralidad de los otros" (Hiroshima Mon Amour).

Francois Truffaut en The Films in My Life (Da Capo Press, NY, 1994). Libre traducción del regenteador de este blog.

2 comentarios:

Josafat M. dijo...

Sin foto y sin referencia, se puede saber que es Truffaut quien está hablando, touché.

Hammurabi dijo...

Este libro es buenísimo. Truffaut es de mis autores favoritos, como cineasta y como amante del cine. ¿has leído el libro que le publicaron de Paidós? ¿el placer del cine? También es muy bueno. Un saludo